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2009/11/12

> Berria: Artea > ARTE CONTRA UN CRIMEN HOMOFOBO


  • Arte contra un crimen homófobo
  • Una exposición colectiva condena en A Coruña el asesinato de dos gays en Vigo. Un jurado condenó en Vigo a un hombre que mató a dos homosexuales con 57 puñaladas. No lo mandó a la cárcel por asesinato sino por provocar un incendio tras cometerlo. Tras escuchar al autor, entendió que había tenido un "miedo insuperable" a ser violado. El Superior acaba de anular la decisión y volverá a ser juzgado para alegría de las familias de los fallecidos y del colectivo gay, que atacó la primera de las decisiones por homófoba.
  • Faro de Vigo, 2009-11-12 # Ana Rodríguez . A coruña
Crimen en la calle Oporto de Vigo. Un total de 57 puñaladas acaban con la vida de dos homosexuales. El acusado fue absuelto de los cargos de asesinato porque un jurado popular entendió que había sufrido "un miedo insuperable" a ser asesinado y violado. Fue condenado por incendio, no por acabar con la vida de las víctimas. Por homófoba, esta sentencia levantó las iras del colectivo gay. De los hechos ocurridos en julio de 2006, nació una exposición colectiva que forma parte de la tercera edición del festival A Coruña Visible, que pretende reivindicar la visibilidad y la defensa de la igualdad real del colectivo homosexual a través del cine, el teatro, la música y las artes plásticas.

El Tribunal Superior de Xustiza anuló la decisión del jurado y el jucio tendrá que volver a repetirse. 57 puñaladas fueron las que recibieron los dos asesinados y 57 puñaladas es el título de la exposición, que se abre el próximo martes en el centro coruñés de Os Rosales y cuya inauguración oficial será el próximo día 19.

La muestra no trata sólo de este crimen, sino que hace referencia a todos aquellos que sufren discriminación, pena de cárcel, tortura o muerte tan sólo por su orientación sexual en muchos lugares del mundo. El coordinador del festival, Pablo Peinado, explica que no muy lejos, en Italia, se suceden las agresiones a personas en la calle "por ir de la mano o darse un beso" o en Uganda se estudia promulgar una ley contra los homosexuales, "simplemente por el hecho de ser homosexuales".

"Algunas de las obras de la exposición están apegadas a la obra en sí –por ejemplo, a través de imágenes de periódicos– y otras piezas reflexionan sobre la homofobia en general", destaca Peinado, que estuvo acompañado ayer en la presentación del festival por la concejal de Servicios Sociales, departamento que financia el festival, cuyas actividades son gratuitas.

Más de cuarenta artistas participan en la exposición 57 puñaladas, comisariada por Jesús Gironés. La muestra se estrenó en la versión madrileña del festival Visibles. Los autores buscan "reivindicar la libertad, dentro de una reflexión sobre la homosexualidad, la libertad pansexual y el respeto a la diferencia".

Un día después de la apertura de la exposición, tendrá lugar el primero de los espectáculos del programa, en el teatro Rosalía, el de Enrique Ramil, que presentará en el marco de este festival los temas de su primer trabajo, además de versionar grandes temas de artistas.

2009/11/05

> Berria: Erakusketa > LA EXCITACION JAPONESA DE PICASSO

  • La excitación japonesa de Picasso
  • La obra 'sexual' del artista y su colección de estampas orientales, en paralelo. Por primera vez se exhiben grabados nipones de su colección privada. La coincidencia de composición de algunas imágenes resulta sorprendente
  • El País, 2009-11-05 # Catalina Serra . Barcelona
Que a Picasso le gustaba el sexo más que la miel al oso es cosa sabida. Toda su obra rezuma erotismo y así ha quedado claro en las diversas exposiciones sobre el tema que se han venido haciendo estos años. Lo que no era tan conocido es que atesoraba una excelente colección de estampas eróticas japonesas y que éstas, además, le influyeron en algunas de sus series de grabados. Pues, aunque no hay una estricta correspondencia formal, sí que pueden apreciarse curiosas coincidencias de composición en la manera de acoplarse de los amantes o en el interés por forzar la postura de manera que se aprecien los órganos genitales con pelos (nunca mejor dicho) y señales. Un poco a la manera de los shunga japoneses, una versión erótica de los ukiyo-e, de utilidad meridiana, en la que la delicadeza del dibujo no impide mostrar los coitos con todo detalle.

En este sentido, puede considerarse todo un acontecimiento la exposición que ayer se inauguró en el Museo Picasso de Barcelona. Por primera vez se exhiben 19 de los 61 grabados japoneses que atesoraba el propio Picasso, y que ahora guardan sus familiares. Además, el montaje aventura esta hipótesis de las coincidencias a partir de una exhaustiva investigación surgida, curiosamente, de una intuición.

Según explicó ayer el director del Museo Picasso, Josep Serra, todo comenzó con una visita a una exposición en el Barbican de Londres sobre arte y erotismo a la que el museo había dejado algunos grabados. "Aunque muy alejados entre sí, había también estampas eróticas japonesas y a la salida pensé que había algo familiar entre ellas y las de Picasso", comentaba ayer. "A la vuelta a Barcelona comenzamos a buscar y encontramos un pie de página en el catálogo de la exposición que habíamos presentado sobre la colección particular del artista en la que se decía que también había atesorado 61 grabados japoneses, la mayoría eróticos. Hablamos con los herederos, conseguimos que nos dejaran los grabados, que se exponen así por primera vez, y en la investigación que han realizado Malén Gual y Ricard Bru, los comisarios de la exposición, se han encontrando nuevas coincidencias de las que hasta ahora nada sabíamos".

Fue así como lo que tenía que ser una pequeña exposición de gabinete fue creciendo hasta acabar convirtiéndose en toda una delicatessen para amantes del artista y, también, del erotismo. "Para adelantarme a cualquier comentario pienso que el erotismo de los shunga es una lección de cómo se tiene que entender y vivir la sexualidad de manera sana y divertida", añadió Serra, que indicó que a la puerta de la muestra sólo habrá un letrero advirtiendo que incluye imágenes con sexo explícito.

Imágenes secretas, que así se titula la exposición, se organiza en dos grandes apartados. El primero se centra en el japonesismo que, un poco ya desfasado, vivió Picasso en su juventud. Había tenido mayor impacto en la generación anterior, pero aún así, aunque fuera indirectamente, no fue ajeno a este gusto por la línea estilizada y los colores planos que tanto fascinaron a los postimpresionistas. Con todo, en este apartado lo más curioso y también más potenciado tiene que ver con la influencia que tuvo entre los artistas europeos un famoso grabado de Katsushika Hokusai en el que una mujer tiene relaciones eróticas con un enorme pulpo. Buceadora y pulpo (1814) tuvo múltiples versiones de la mano de Rodin, Rops, Victor Hugo y, naturalmente, el mismo Picasso, del que se exhibe el dibujo Mujer y pulpo (1903), obra de la que, hasta ahora, sólo se conocía su reproducción en blanco y negro.

El segundo apartado se concentra en la colección de estampas de Picasso, por otra parte de gran calidad, que se contraponen a sus propios grabados, especialmente a la serie Rafael y La Fornarina, de 1968. Aquí es donde las coincidencias compositivas parecen más bien influencia.
  • ¿'Japonesismo' malagueño?
  • El País, 2009-11-05 # Agustí Fancelli
"Detesto el exotismo. Nunca me han gustado los chinos, los japoneses ni los persas", escribía Picasso a su amigo Guillaume Apollinaire en 1904, por la época en que se instalaba en el casón Bateau-Lavoir de Montmartre. Un año después, accedía al cenáculo de los hermanos Stein, Leo y Gertrude, de la Rue Fleurus. "En el transcurso de la velada, el hermano de Gertrude Stein enseñó a Picasso un portafolio tras otro con estampas japonesas. Solemne y obediente, Picasso miraba estampa tras estampa y escuchaba las descripciones. Le dijo en voz baja a Gertrude Stein: 'Tu hermano es muy simpático, pero como todos los americanos [...] te enseña estampas japonesas. Moi, j'aime pas ça (a mí no me interesan)", escribe la autora en su Autobiografía de Alice B. Toklas. Hay que tomar con distancia la descripción de esta escena. Gertrude hacía campaña para que su hermano suprimiera de las paredes del piso las obsesivas estampas japonesas que coleccionaba y las sustituyera por obras de Cézanne y Picasso, el cual realizaría poco tiempo después un célebre retrato de la escritora.

Con afirmaciones tan rotundas como las que preceden, montar una exposición sobre la relación del pintor con la iconografía japonesa parece cuanto menos osado. Y sin embargo, Picasso no se desprendió nunca de su colección de estampas orientales que empezó a reunir a partir de 1911. Seguramente veía el japonesismo, introducido en Europa a partir de mediados del XIX y que triunfaría con el modernismo, como una imposición de la generación anterior. La de Casas, Rusiñol y Nonell en Barcelona y, más allá de los Pirineos, la de los impresionistas: Van Gogh, Gauguin, Toulouse-Lautrec. Por eso, su acercamiento al estilo en los primeros años del siglo pasado es fragmentario, y no es de extrañar que el cartel que pintó en 1901 para la geisha Sadayakko, cuyos espectáculos embelesaban a las vanguardias, quedara a medio hacer.

Pero las estampas eróticas siguieron a Picasso en sus numerosos cambios de domicilio. Y es significativo cómo influyeron en su serie de grabados Suite 347, realizada cuando contaba casi 90 años y en la que no esconde su condición de voyeur. El mérito de esta exposición consiste en rastrear a lo largo de una vida esa pasión oculta, incluso negada, pero siempre presente.

2009/10/20

> Berria: Erakusketak > EL MUSEO SE CALIENTA

  • El museo se calienta
  • El Thyssen inaugura la primera exposición en un museo español dedicada al placer sexual, como medida de choque para frenar sus malos resultados en el último año
  • Público, 2009-10-20 # Isabel Repiso . Madrid
"Bienvenidos a bordo". Guillermo Solana, director del Thyssen, equiparó ayer la nueva exposición temporal del museo, Lágrimas de Eros, con un producto de entretenimiento puro. En pocos minutos la vendió como "un proyecto sin precedentes" que ha sido objeto de "la campaña mediática más larga y preparada con más antelación del museo", para concluir con lo que llamó "los créditos de nuestra película", en referencia a quienes directa o indirectamente han hecho posible la muestra.

Lágrimas de Eros, comisariada por el propio Solana, propone un viaje a la representación de la pequeña muerte del orgasmo como anticipo de la muerte irreversible, idea que adelantó Georges Bataille en su ensayo homónimo de 1961. "Era el tema más a mano, el más evidente", según Solana. Porque a diferencia de Venus, esta exposición no nace del semen de ningún dios, sino de un momento particularmente doloroso en la vida del director artístico: "Me encontraba en el punto más bajo de mi trayectoria, porque algunos de mis proyectos no habían tenido el éxito que yo esperaba. Eso me indujo a reflexionar sobre el planteamiento de las exposiciones. Lo que he querido con Lágrimas es llegar a todo el mundo". Y qué mejor que hacerlo con un tema que ha calado en la Historia del Arte desde la Antigüedad grecolatina hasta la fecha. "Esa era la ventaja y la desventaja, porque corría el riesgo de convertirse en una novela mía, en una creación arbitraria", precisó.

La exposición, que permanecerá abierta hasta el 31 de enero a caballo entre el Thyssen y la sala de Las Alhajas de Caja Madrid, reúne 119 pinturas, esculturas, fotografías y vídeos que van del siglo XVI a la actualidad. Los saltos históricos son continuos en cada una de las 12 salas, que se centran en mitos grecolatinos y de la tradición judeocristiana.

La primera sala ya anticipa al espectador el espíritu ecléctico de la muestra, confrontando la fotografía de una joven en la playa de Hilton Head Island (1992) con dos pinturas que reflejan el desnudo femenino en el siglo XVIII (El nacimiento de Venus, de Amaury-Duval; y Bañista, de Bouguereau) y una de 1998 (Honeymoon Nude, de John Currin).

Historias fáciles
La convivencia del arte contemporáneo con grandes maestros del pasado se enmarca en un discurso que intenta dar claves al espectador para entender el cambio de paradigma de una época a otra. "Hemos querido hacer un andamio hecho de historias fáciles de reconocer", afirmó Solana, quien se disculpó a priori por su selección incompleta, que recoge el mito de las sirenas pero no el del minotauro, ni el de Orfeo y Eurídice.

Tras una primera sala dedicada al nacimiento de Venus, la segunda sala se centra en Eva y la Serpiente. El salto que impulsa la modernidad en la representación de este tema radica en la expulsión de Adán, centrándose en una visión de la tentación centrada en el cuerpo femenino acariciado por el reptil. Los desnudos de las actrices Nastassja Kinski (por el fotógrafo Richard Avedon) y de Rachel Weisz (por James White) aparecen junto a una litografía de Toulouse-Lautrec y dos pinturas del pintor Von Stuck, exponente del art nouveau, cuyos títulos El vicio y El pecado beben de la lectura bíblica.

La misma visión acusatoria se prolonga en las salas Sirenas y esfinges (cuyas representaciones remiten a "monstruos que encarnan a la mujer fatal", según el texto de la muestra) y en Las tentaciones de San Antonio. Las contorsiones de Kate Moss (obra de Marc Quinn) y la mirada animal de Patti Smith (retratada por Mapplethorpe) forman parte de esos monstruos que nutren las aventuras de Ulises y que completan el fotógrafo contemporáneo Tom Hunter con su revisión del mito de Hilas y los pintores Corot y Courbet en La fuente y Las olas, respectivamente.

En su afán por hacer de la muestra un conjunto pansexual que reúna todas las orientaciones sexuales, Solana recupera la homosexualidad masculina mediante el mito de la muerte de Jacinto en los brazos de su amante, el dios Apolo. La planta baja de la sede de Caja Madrid ofrece un repaso por el ideal de belleza masculino, desde Rubens y Francesco Furini al neoclasicismo francés de Jean Broc y Claude-Marie Dubufe.

Si algo rechina en Lágrimas... es el choque entre la apuesta formal arriesgada (con la mezcla caótica de movimientos y disciplinas) y una semántica conservadora, en la que el hombre prevalece sobre la mujer (en ningún momento se recuperan mitos lésbicos, pero sí gays, como los de la sala del Martirio de San Sebastián y en la citada de Apolo y Jacinto) y se obvia la crítica feminista de Kiki Smith, cuando aporta piezas tan explícitas como una María Magdalenaencadenada (1994).

Descafeinado, por favor
Sí están lecturas arriesgadas que provocaron la ira de la Curia, como la estatua de Rodin Cristo y la Magdalena (1095), perteneciente a la colección de la baronesa, que representa a la Magdalena con la cabeza hundida en el torso herido del primero. Pero siempre dentro de un decoro ajeno a "bajas escalas", matizó Pío Díaz de Tuesta, director de programas de la Fundación CajaMadrid, socio del Thyssen en la muestra. De hecho, un artista tan explícito como el fotógrafo Robert Mapplethorpe, del que se echa de menos algo más duro, está representado con una pieza suave.

La presencia de mitos paganos, sin embargo, restaura un cierto equilibrio. Es el caso de la planta baja de la sala de Las Alhajas, en la que El sueño de Endimión reduce el cuerpo masculino a un objeto pasivo y vulnerable. El ejemplo más mediático es el vídeo del futbolista David Beckham mientras duerme (por Sam Taylor-Wood, 2004), cuya lectura se enriquece con los lienzos de Rubens, Guercino y LucaGiordano, y con la escultura de Canova.

El efecto espejo salpica toda la exposición, que se empeña en enfrentar la revisión de diferentes artistas sobre un mismo mito, a veces, con un remake copiado palmo a palmo. Es el caso de la fotografía La herida (2004), de Édouard Levé, y el lienzo San Sebastián curado por Irene (1635), de Francesco del Cairo. O de las versiones fotográficas, de La Piedad de Marina Abramovic y de Sam Taylor-Wood, nietas de la escultura homónima de Miguel Ángel (ausente de la muestra). "Hemos querido que cada una de las salas generase diálogos entre los artistas", dijo Solana, que ayer abrió las puertas a un modelo de museo más popular.

> Berria: Erakusketak > EL ARTE DEL DESEO

  • El arte del deseo
  • Catálogo de erótica ilustrado. Rodin, Rubens, Warhol, Rousseau, Cézanne y Picasso conviven en ‘Lágrimas de Eros’, la exposición del Thyssen y la Fundación Caja Madrid que explora los rincones mal iluminados del deseo y que abre con la intención de convertirse en la muestra de la temporada en la capital.
  • ADN, 2009-10-20 # Begoña Gómez
Georges Bataille anunció en el prefacio de su Lágrimas de Eros que su objetivo en el libro es "abrirla conciencia ala identidad del orgasmo (o pequeña muerte) y de la muerte definitiva". El museo Thyssen de Madrid y la Fundación Caja Madrid toman ahora esa obra, que en su publicación, en 1961, llegó a estar en Francia en el Índice de Libros Prohibidos, como manual de perversiones para la exposición que abre hoy al público y ya se perfila como la exposición de la temporada en Madrid -permanece abierta hasta el 31 de enero-.

Relecturas del mito
Aunque el comisario y director artístico del Thyssen, Guillermo Solana, la ha descrito como "pan sexual", la mayor parte de las 121 obras que forman la muestra (pinturas, esculturas, fotografías y vídeos) no se presentan con un tema erótico. Aunque ¿qué han sido algunos mitos en la historia del arte, tanto bíblicos como grecorromanos, sino una gran excusa para mostrar urgencias y turgencias?

De ahí que el museo haya optado por observar la evolución de algunos temas universales. Eva, por ejemplo, solía aparecer con Adán, ambos separados por el árbol y la serpiente. Pero en los últimos siglos, los artistas empiezan a encontrar a Eva y su relación con el bífido mucho más interesante. La vemos así en obras de Gauguin, Toulouse Lautrec y en dos fotografías contemporáneas: una de Richard Avedon con Nastassia Kinski y la de Rachel Weisz por James White. Weisz, al igual que David Beckham (que se expone en la Fundación Caja Madrid, en la parte Tánatos del recorrido, la que erotiza la muerte), aparecen en los preservativos del merchandising de la exposición y que le han dado fama extra artística.

Otra gran excusa para el lado oscuro desde el Renacimiento: la expresión entre éxtasis y dolor de San Sebastián atravesado por las flechas. Se unen los puntos y sale un icono gay y del sadomasoquismo. Su equivalente femenina bien podría ser Andrómeda. Ella sufre el bondage en forma de ataque del monstruo marino, sin poder desencadenarse de la roca. Rubens y Millais se recrearon en su cuerpo desnudo, mientras que los surrealistas le dieron una lectura sádica.

El museo no oculta que con el sexo busca un blockbuster. Solana confesó ayer en la presentación que la idea le surgió de una "crisis personal" y que, como respuesta, buscó "más audacia", y más público.

2009/10/19

> Berria: Erakusketak > BECKHAM DESLUMBRA ENTRE LOS GRANDES DE LA HISTORIA DEL ARTE

  • Beckham deslumbra entre los grandes de la historia del Arte
  • Se abre al público en el Museo Thyssen la exposición 'Las lágrimas de Eros', un recorrido por la historia del erotismo de la mano del arte
  • El País, 2009-10-19 # Angeles García . Madrid
La historia del erotismo es la historia de la humanidad y, por tanto, es también la historia del Arte. Esta es la tesis que se cuenta en Lágrimas de Eros, la exposición que se abre al público en la Fundación Thyssen y en Caja Madrid y que, con toda seguridad, será la exposición de la temporada. Con 119 obras procedentes de museos y colecciones privadas de todo el mundo, Guillermo Solana, conservador jefe del Thyssen, ha comisariado una exposición tan original como arriesgada. Construida sobre la base de los grandes mitos de la Antigüedad, la exposición habla de todas las orientaciones posibles del deseo: heterosexualidad, homosexualidad masculina y femenina, voyerismo, exhibicionismo, sadomasoquismo, decapitación y suicidio. Belleza y placer, muerte y orgasmo se dan la mano es esta peculiar muestra en la que la escultura y pintura clásica se intercalan con la fotografía y el vídeo. Caravaggio, Rousseau, Cezanne Picasso, Dalí, Oscar Domínguez, Antonio Saura, Rodin, Courbet, Edvard Munch, Man Ray, Louise Bourgeois,Warhol, Maplethorpe, Bill Viola y Sam Taylor-Wood son algunos de los artistas representados.

Guillermo Solana, responsable artístico del Thyssen desde hace cuatro años, confesó que la idea de montar esta exposición le vino a la cabeza hace año y medio. "Estaba en un momento muy bajo. Los proyectos parecían haber tocado techo y las expectativas no eran las mejores posibles. Vivía un momento de algo parecido a la depresión. Si seguía, tenía que cambiar el rumbo del museo y conseguir que, de verdad, vinieran a estas salas toda clase de personas. Supe que tenía que encontrar una fórmula con más compromiso, más audacia y más valor de la que hasta entonces habíamos utilizado El erotismo está en todas nuestras relaciones y es la mejor forma de llegar a todo el mundo."

El andamiaje de la exposición se levanta sobre mitos tan reconocibles como Eva, las sirenas, Endimión, San Sebastián....Todas las salas mezclan obras de maestros del pasado con artistas contemporáneos.

En el espacio del Museo Thyssen, la exposición se abre con Venus, la diosa de la belleza y sigue Eva y la serpiente, Esfinges y sirenas, Las tentaciones de San Antonio, El martirio de San Sebastián, Andrómeda encadenada y el Beso. En Caja Madrid las salas recrean los mitos de Apolo y Jacinto, Cleopatra o la agonía voluptuosa, Magdalena penitente, cazadores de cabezas y, la sala estrella de la exposición: El sueño de Endimión. Aquí está David Beckham durmiendo, el vídeo de 20 minutos de duración realizado por Sam Taylor-Wood. Como el joven pastor Endimión, el bello futbolista aparece entregado a un sueño eterno. Con el torso desnudo, se le ve en un profundo descanso. A veces acomoda su cabeza sobre la almohada o desplaza su tatuado brazo sobre la cabeza. Eso es todo. Pero si en la presentación a la prensa ya fue la pieza más contemplada, cabe suponer que va a ser la obra más popular de esta peculiar exposición.

Su único posible rival de estrellato van a ser los preservativos fabricados expresamente para el merchandaising de la muestra. La caja, con tres unidades, reproduce el cuadro Eva y la serpiente de Jan Gossaert y se vende por 3'5 euros.

> Berria: Erakusketak > LA MIRADA EROTICA DEL ARTE

  • La mirada erótica del arte
  • El Correo, 2009-10-19 # Eduardo Laporte
El pasado mes de junio, una conocida firma de ropa norteamericana desplegó una enorme valla publicitaria en la que se podía ver a tres jóvenes, con los vaqueros anunciados, en actitud sexual con una sola mujer. Una imagen nítidamente erótica que escandalizó a muchos de los paseantes del neoyorquino SoHo, que mostraron su rechazo a esa sensualidad en gran formato. Un fenómeno, el de apelar al deseo, que podría parecer nuevo, pero que se remonta a las primeras manifestaciones artísticas y que tiene ya en la Biblia una presencia considerable. «Lo perverso está en la cabeza, no en las obras», sostiene Guillermo Solana, director artístico del Thyssen y comisario de la muestra, que aclara, no obstante, que las obras seleccionadas «son para todos los públicos».

'Las lágrimas de Eros' podrá verse en Madrid del 20 de octubre al 31 de enero y toma su título de la última obra de Georges Bataille (1897-1962), 'Les larmes d'Éros'. Bataille fue un singular pensador que iba para sacerdote pero que acabó haciendo de los prostíbulos sus verdaderos templos, y que dejó huella en autores como Foucault o Derrida. En este caso, Solana se ha apoyado en él para dar cuerpo teórico a este recorrido por el erotismo en el arte. Un viaje al corazón del deseo que, como señala el comisario de la exposición a 'Territorios', no está pensado para erotómanos. El objeto de la exposición es acercar a los amantes de la Historia del Arte el trabajo de creadores consagrados como Rubens, Dalí, Picasso, Rodin, Bill Viola, Paul Gauguin, Richard Avedon o Max Ernst en torno a lo erótico.

La exposición recorre el arco que va del romanticismo al simbolismo, y del surrealismo a las manifestaciones contemporáneas, en las que se pueden contemplar obras como la filmación estática del futbolista David Beckham mientras duerme, de Sam Taylor-Wood. Entre esos polos, una amplia representación del arte barroco y renacentista, en un total de 121 obras que han sido seleccionadas no por su impacto, sino por el enfoque que los artistas dieron a esa realidad tan compleja como es la que emana de lo sexual.

En los templos
El visitante atento que accede a un templo cristiano podrá comprobar que muchos de los frescos incluyen escenas con relativa carga erótica. Cuerpos desnudos, alusiones al paraíso perdido, al pecado, a la tentación. Una pulsión, la sexual, que encuentra su cobijo en el arte y espacio en el seno de la Iglesia. La exposición se nutre de más de una docena de mitos, de los que la mitad proceden de la cultura grecorromana y la otra mitad de las Sagradas Escrituras. «La Biblia está cargada de historias potencialmente explosivas, que los artistas han interpretado y plasmado con bastante frecuencia», señala el comisario Solana. Y cita como ejemplos a 'Lot embriagado por sus hijas', que Furini Francisco pintó en 1635 y en donde se ve a dos muchachas desnudas, sus hijas, ante la mirada absorta del padre. O las que tienen a Salomé y el bautista como protagonistas, cargadas de una tensión sexual sutil, nada escandalosa, pero de una gran intensidad latente.

Capítulo aparte merece la serie dedicada a los sansebastianes, representantes, tras el 'San Sebastián' de Tiziano, de la sensualidad homosexual. La obra del pintor italiano -ausente en la exposición-, de 1570, se convirtió con el tiempo en icono de lo gay por su gesto ambiguo, por su belleza clásica y por unas flechas en las que algunos vieron un símbolo fálico. En los años veinte, el dramaturgo Tennesse Williams le dedicó un poema, San Sebastian de Sodoma, y la etiqueta homosexual acompañará a este santo del siglo III que se 'exhibe' en el Thyssen hasta en diez lienzos distintos. Unos motivos homoeróticos de los que, según Solana, empieza a haber referencias en el Renacimiento, pero que no se hacen patentes hasta el siglo XIX.

El enfoque homosexual se une a otros enfoques como el fetichismo, el voyeurismo, el exhibionismo o la sexualidad llevada al terreno de lo soñado, como en los cuadros de Dalí o Paul Delvaux. Distintos abordajes a los 'tormentos de la pasión' que cada artista reflejó según su sensibilidad.

Símbología
La representación de esas pasiones, más o menos ocultas, afloran con mayor precisión a través de objetos y de símbolos. Los tacones de aguja, los diversos instrumentos del 'sadomaso', los látigos, el cuero, se emplean hoy para representar el erotismo, como en otras épocas se emplearon motivos como la serpiente, la manzana... o el agua. El líquido elemento aparece en varias obras como una llamada al 'pecado'. Ya Freud, recuerda Solana, apuntaba que los elementos secundarios pueden ser más sugerentes que los propios órganos sexuales y el agua juega un notable papel en este sentido. El montaje audiovisual de Bill Viola es buena prueba de ello.

Son varias las mujeres que se muestran en todo su esplendor en esos ambientes acuáticos, entre las que destaca, por su voluptuosidad y sus rotundos senos, 'La mujer en las olas' de Gustave Courbet. Este pintor francés, fundamental exponente del realismo decimonónico, es popularmente conocido por un controvertido cuadrito, 'El origen del mundo', que muestra un sexo femenino casi en primer plano y que estuvo largo tiempo oculto por lo impactante de sus formas. El Museo Thyssen negoció sin éxito el préstamo con el Musée d'Orsay; es una de las joyas de la corona y no se desprenden de él tan fácilmente, pero a cambio se hizo con la exuberante modelo de las olas.

Pero más allá de los símbolos, 'Las lágrimas de Eros' también se detiene en el desnudo puro y duro, aunque siempre respetando unas directrices moderadas. No figuran, digamos, las prostitutas arrabaleras de García-Alix que mostró el Reina Sofía la temporada pasada, sino desnudos clásicos que apelan más a lo sensual que a lo explícitamente sexual. A veces, es precisamente el exceso de ropa, de tela, el que puede provocar un morbo mayor, una inquietud desconocida: es el caso del famoso cuadro 'Les Amants', de Magritte, incluido en la muestra y en el que aparece una pareja con las cabezas completamente cubiertas. De fondo, también el mar.

Condones de reclamo
Si ya de por sí todo lo que tenga que ver con el sexo supone un buen gancho para atraer visitas, esta exposición ha contado con un reclamo de márketing extra, idea personal de la baronesa Thyssen, Carmen Cervera. Se trata de una serie de preservativos con motivos artísticos -cuadros de la exposición programada- que se pondrán a la venta en la tienda del museo y cuyos beneficios irán a parar a diversas fundaciones de obra social. Una iniciativa saludable que promueve el arte y el sexo seguro y que, por lo pronto, ha dotado de una enorme publicidad gratuita a esta exposición temporal que abrirá sus puertas el próximo martes. Quizá así se supere la cifra de los 220.000 visitantes que acudieron a la muestra dedicada a Henri Matisse el pasado verano. El comisario y director artístico del museo prefiere curarse en salud. «Ha tenido mucho éxito en los medios, pero a veces el público no sigue a los medios», previene. Será una buena oportunidad para conocer si el erotismo, derrumbadas las prohibiciones, sigue teniendo su fuerte carga atractiva.

2009/08/15

> Berria: Argitalpenak > EL ARTE DE LESBOS

  • El arte de lesbos
  • Las manifestaciones artísticas de las relaciones lésbicas evolucionaron desde el machismo del XIX a la actual apuesta por la visibilidad
  • Ideal, 2009-08-15 # Juan Luis Tapia . Granada
Es paradójico que el arte lésbico esté asociado a la misoginia y a los albores de la emancipación de la mujer a finales del siglo XIX. A lo largo de la historia y en diferentes culturas aparecen manifestaciones artísticas de amor entre mujeres, pero tendrán su máxima proliferación en las vísperas del siglo XX.

La aparición de un feminismo militante e ideológico forzó la maquinaria mediática netamente machista y se lanzó una campaña de desprestigio de las mujeres que, por supuesto, utilizó el arte del momento. Darwin fue el culpable, en gran parte ideológica, de esta misoginia, al elegirse como justificación uno de los apartados más negativos de su teoría sobre la evolución, el que afirma que las mujeres no habían sido capaces de participar en el gran proceso evolutivo que estaba llevando a cabo el hombre intelectual.

Ciencia y arte se aliaron para crear unos estereotipos femeninos que contrarrestaron y combatieron avances del movimiento de emancipación de la mujer. La especialista Elina Norandi en el libro colectivo 'Lesbianas, discursos y representaciones' (Ed. Melusina), destaca a una serie de artistas que participaron en aquella ofensiva pictórica antifeminista, entre ellos Georges Callot, Eliseu Visconti, Pierre-Georges Jeanniot, Louis de Schryver y Joseph Granie, entre otros.

Los artistas ofrecieron una imagen de las lesbianas en las que aparecían mujeres ridículamente masculinizadas o bien jóvenes bellas y sensuales abandonadas a juegos amorosos entre ellas, pero siempre dispuestas a hacer partícipes de éstos a los hombres. Los cuerpos femeninos se muestran con todos los fetichismos posibles.

Las dos amigas
Las féminas aparecen vestidas con zapatos de tacón, medias negras, ligueros, joyas y otras lencerías, y siempre próximas a una estética ligada al tema de la prostitución y en parejas, dando lugar a un clásico de la época llamado 'las dos amigas'. En esta línea se encuentran obras firmadas por Auguste Rodin, Edgar Degas y Henri de Toulouse-Lautrec. Una vez irrumpen las vanguardias artísticas, la presencia de estas 'dos amigas' de claro contenido misógino permanece en algunas creaciones de George Grosz, Egon Schiele, Otto Dix y Marc Chagall.

Mientras, en España, al margen de la vasta producción sobre el tema de Picasso asociada al ámbito artístico francés, también proliferaron las 'dos amigas'. En este sentido, Elina Norandi destaca las obras de Manolo Hugué: «Durante las dos primeras décadas del siglo XX esculpió varias parejas de mujeres, que aunque no representan escenas explícitamente sexuales, sí evidencian una fuerte tensión sexual entre los personajes».

Norandi sitúa en esta línea española a los pintores Josep de Togores, Marià Pidelaserra y Francisco Iturrino, quienes en algunas de sus composiciones explotan, según la especialista, «el erotismo destinado a un público voyeur y no se dejan de vincular las relaciones lesbianas a la prostitución y la pornografía».

Ellas
Las vanguardias continuaron la tendencia misógina de representación de las relaciones lésbicas, pero también facilitaron la incorporación de la mujer al mundo de la creación artística, donde muchas encontraron una vía para la emancipación. Algunas de estas siguieron repitiendo unos «arquetipos establecidos». En este apartado, Elina Norandi cita a la danesa Gerda Wegener, «a cuya autoría se deben las imágenes que ilustran 'Les Délassements d'Eros', una obra de los años veinte. Por otra parte, empiezan a aparecer mujeres que proyectan en sus lienzos la mirada de la experiencia vivida, como Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Romaine Brooks, Gluck, Alice Austin, Frances Hodgkins y Leonor Fini, entre otras.

La especialista no encuentra artistas similares en España, pero se queda con la pintura de Ángeles Santos titulada 'La tertulia', donde se observa a un grupo de cuatro mujeres representativas de lo que se llamó 'la nueva mujer', aquellas emancipadas que participaban de la vida pública y cultural.

El establecimiento por las armas del régimen dictatorial y la sucesiva implantación de leyes represivas borrará de la actividad artística española cualquier representación lésbica. Elina Norandi señala que «sí que ha habido destacadas artistas que eligieron relacionarse con otras mujeres, pero este hecho sucedía de una forma absolutamente subrepticia y secreta, por lo que sus manifestaciones plásticas giraban en torno a temas convencionales».

La segunda oleada feminista, en los años setenta, tendrá como resultado una serie de artistas que reflejarán el 'feminismo lesbiano'. «Artistas como Sandra de Sando, June Redfern, Liz Atkins, Kate Charlesworth, Sheila Sullivan, Mónica Sjoo, Emily Andersen o la pareja formada por las holandesas Diana Block y Marlo Broekmans demuestran encontrar una fuerza especial en ser lesbianas y en su capacidad para relacionarse amorosamente con otras mujeres», relata Norandi.

Una de las preocupaciones de estas artistas consiste en cómo mostrar las relaciones entre mujeres sin que el cuerpo femenino siga estando expuesto a la mirada masculina. Algunas autoras han solucionado el problema con elementos que funcionan como símbolos del sexo de la mujer y usan flores, frutos, caracoles y esponjas, que sustituyen a la vagina. En esta línea se encuentran Harmony Hammond, Betsey Damon, Jody Pinto y Fran Winant, así como la pareja de españolas Ana Carceller y Helena Cabello, y la artista Nuria Martínez Seguer.

Esta tendencia coexiste con aquellas que prefieren dar visibilidad a los cuerpos femeninos. Consideran que si el cuerpo lesbiano no se ve, no ocupa un lugar en las representaciones plásticas. Es en el campo de la fotografía donde se halla un mayor número de artistas por la visibilidad, donde destaca la norteamericana Chloe Atkins, quien después de firmar un proyecto sobre bodas lesbianas, cuenta con 25.000 repartidas por los locales nocturnos de San Francisco. Otra de las artistas que pertenece a este movimiento es Jill Posener, que retrata parejas de chicas acariciándose mientras pasean por los puentes sobre el río Támesis o desnudas en la intimidad de la cama, o practicando sexo oral.

Se trata de dar visibilidad a la condición lésbica transcendiendo las limitaciones y tópicos machistas, mostrándose las relaciones entre mujeres desde el objetivo de ellas mismas.

  • Las 'butch' y las 'femme'
En los años noventa surge una estética llamada S/M Lesbian (lesbiana sadomasoquista), que se identifica con aquellas mujeres que defendieron la visión pornográfica de las féminas en los años ochenta. En esta tendencia surgen las 'butch' y las 'femme', para denominar a los roles lésbicos, es decir una traslación del sistema de géneros heterosexuales al lesbianismo. Estos roles se reflejan en la producción artística actual. La mujer 'butch' aparece masculinizada. La 'femme' se muestra como una especie de parodia de la mujer heterosexual, ya que se trata de tipos que repiten todos los tópicos del cuerpo femenino como objeto sexual, donde aparecen con ligueros, tacones altísimos, minifaldas, pelucas rubias y maquillaje muy llamativo. No obstante, según matiza Elina Norandi, «las imágenes producidas próximas al marco teórico del lesbianismo S/M y de los juegos de roles presentan como elementos constantes la ironía, el humor y la subversión de los esquemas sexuales establecidos».

Las artistas españolas Helena Cabello y Ana Carceller han trabajado especialmente la representación de mujeres masculinas, o sea de 'butch, y en sus instalaciones muestran a las mujeres en ese ejercicio masculino, que consideran no es de «únicamente patrimonio de los hombres» y que cualquier persona puede adoptar esas maneras.

  • Las españolas del LSD
La especialista Elina Norandi destaca de entre las artistas españolas que apuestan por unas creaciones donde se manifiesta la condición lésbica al colectivo LSD (Lesbianas Sin Duda), un grupo constituido en Madrid en 1993. A esta formación pertenecen Estíbaliz Sadaba, Virginia Villaplana, Itziar Okariz, Azucena Vietes, Fefa Vila, Beatriz Preciado, Carmela García, María José Belbel, Marisa Maza, Liliana Couso Domínguez, Floy Krouchi, Katuxa Guede, Pilar Vázquez y Arantza Gaztañaga, entre otras.

Los trabajos de estas mujeres fueron mostrados en la revista 'Bollozine'. En otra de las publicaciones, en 'Non Grata', se dedicaban espacios al cine, música, fotografías y demás creaciones realizadas por las mujeres.

Además de la edición de estas revistas, el colectivo llevó a cabo dos proyectos fotográficos, 'Es-Cultura lesbiana' y 'Monstruosidades'. En estos trabajos, según Elina Norandi, «reflexionan sobre la necesidad de la visibilidad del cuerpo lesbiano en toda su dimensión política y de la diversidad de su existencia, así como de la construcción de una iconografía que simbolice su realidad». Estos conceptos guiaron la revista de pensamiento feminista 'Queer'.
  • Título: 'Lesbianas, discursos y representaciones'.
  • Coordina: Raquel Platero. Elina Norandi es autora de 'Amor y deseo entre mujeres: representaciones plásticas en el arte contemporáneo'.
  • Editorial: Melusina.
  • Páginas: 388.
  • Precio: 20 euros.

2009/07/29

> Berria: Erakusketak > EL THYSSEN, ENTRE EROS Y DAVID BECKHAM

  • El Thyssen, entre Eros y David Beckham
  • El museo madrileño mostrará el lado oscuro del erotismo en su primera gran exposición del otoño
  • El País, 2009-07-29 # Angeles García . Madrid
David Beckham vuelve a Madrid pero no para jugar al fútbol. El ex galáctico lo hace en forma de objeto artístico como protagonista de un vídeo, El sueño de David, de Sam Taylor-Wood (Londres, 1967) en el que se puede contemplar al jugador en una siesta de 67 minutos de duración. La pieza forma parte de la exposición Las lágrimas de Eros, que el próximo mes de octubre se podrá ver en la Fundación Thyssen. Serán 120 obras en las que los maestros antiguos se miden con los artistas contemporáneos.

Comisariada por el director artístico del museo, Guillermo Solana, es la primera vez que la fotografía y el vídeo cobran categoría artística en este museo. Solana explica que ha tomado prestado el título de la muestra de un libro de Georges Bataille, Les larmes d'Éros, y que también ha incorporado algunas de sus ideas sobre el erotismo.

Dividida entre la sede del Museo Thyssen y Caja Madrid, el núcleo central de la exposición se sustenta sobre la pintura y la escultura europeas del siglo XIX con clásicos como Canova, Ingres, Delacroix, Millais, Moreau, Rodin... hasta llegar al surrealismo y toda la estela que este movimiento trajo consigo. La mitología clásica y la tradición judeocristiana han inspirado incontables obras maestras de fuerte carga erótica.

La exposición arranca con un espacio dedicado al nacimiento de Venus: la famosa fotografía de Man Ray, Las lágrimas, y la Venus de Amaury-Duvel, darán la bienvenida al recorrido. Después, se irán sucediendo las sorpresas. Junto a La encantadora de serpientes, de Henri Rousseau El Aduanero, se mostrarán las fotografías de gran formato de Nastassja Kinski, retratada por Richard Avedon, o de Rachel Weisz fotografiada por James White con una enorme serpiente recorriendo su cuerpo desnudo.

Otra de las grandes sorpresas de la exposición será la contraposición de las clásicas mujeres misteriosas de Courbet o Corot frente a la concepción que del mundo femenino tienen la escultora Louise Bourgeois o el fotógrafo Robert Mapplethorpe, quien firma un impactante retrato de la cantante Patti Smith en blanco y negro.

Pero sin duda, la gran sorpresa la constituirá la proyección del vídeo de David Beckham. Filmado en 2004 en un hotel madrileño por la videoartista Sam Taylor-Wood, se expuso ese mismo año en la National Portrait de Londres. La visión durante una hora larga del rostro y el torso del jugador resucitó entonces la polémica de hasta dónde llegan las fronteras del arte. Taylor-Wood explicó entonces que había querido mostrar una imagen vulnerable del jugador, una imagen alejada del triunfador. El resultado es una mezcla sorprendente entre erotismo y belleza.

2009/05/31

> Berria: Feminismoak > DO FEMININO AO FEMINISTA

  • Do feminino ao feminista
  • Na arte galega actual cada vez con máis frecuencia perséguese transgredir as férreas e patriarcais normas de xénero e de sexualidade. Son artistas que cuestionan os roles preestablecidos de home e de muller, rexeitando categorías e actitudes coercitivas
  • Xornal, 2009-05-31 # Anxela Caramés
No panorama creativo galego destes últimos anos tense dado unha positiva evolución cara plantexamentos feministas que cuestionan a relación sexo-xénero supostamente dada pola natureza, entendendo o poder que o social ten na construción, polo tanto cultural, desas identidades. Así, nun primeiro momento, durante os anos setenta, as artistas comezaron a traballar nunha liña máis esencialista, isto é, en torno ao concepto do feminino, reivindicando por unha parte o corpo, que sempre fora tratado como obxecto para convertirlo en suxeito, e por outra, o mundo íntimo e privado da muller; uns modos de facer que normalmente perténcelles ás xerazóns anteriores, que con todo se manteñen nun continuum feminino que chega ata hoxe, como no caso de Andrea Costas. E de aí ata o momento presente no que as e os artistas máis xoves cuestionan esa unicidade universal para falar de múltiples subxectividades, xa desvencelladas aos roles de xénero, os cales son tradicionalmente considerados como binarios, é dicir, opostos e contradictorios, máis que complementarios, da masculinidade e a feminidade.

Este tránsito deixouse ver na continuación da xa histórica A arte inexistente. As artistas galegas do século XX, comisarida por Rosario Sarmiento tamén para o Auditorio de Galicia; isto é, Marxes e mapas. A creación do xénero en Galicia, na que Chus Martínez e Xose Manuel Lens buscaban xerar reflexión sobre o feito de ser muller e artista. O certo é que ambas funcionan a modo de contenedor visibilizador das artistas galegas -o cal é importante- independentemente de que os seus intereses sexan ou non feministas. Non obstante, e xa nunha perspectiva máis posicionada criticamente -malia sen pretender adscribirse aínda a categoría de feminista-, fixéronse outras exposicións que abordaron problemáticas como a violencia de xénero en Fisuras do cotiá. 9 narradoras no relato da violencia, do devandito tandem comisarial, a ruptura e a rebeldía ante os estereotipos femininos que amosa Boas pezas ou a precarización do traballo textil das mulleres neste mundo “glocalizado” que denuncia Maquila Boutique, ambas as dúas concebidas pola artista e profesora universitaria Mar Caldas.

Precisamente da factoría pontevedresa é de onde están a saír artistas novas que non dubidan en falar alto e claro sobre temas de xénero, aparte das xa máis coñecidas María Ruido ou Carme Nogueira, para as cales as claves dos feminismos vertebran e actúan como un eixe que atravesa os diversos temas do seu obxecto de interese: a memoria, o mundo laboral en relación ás mulleres, os usos do espazo público e privado... cada unha na súa liña de traballo persoal: a primeira a través da performance nos seus inicios e últimamente mediante o vídeo documental frente as intervencións-instalacións da segunda, nas que a interacción co tecido social e o traballo co contexto local eríxense como parte definitoria do proceso aberto das súas propostas creativas. Ou galegas formadas fora como é o caso de Sabela Dopazo Vieites, integrante do colectivo O.R.G.Í.A. (Organización Reversible de Géneros Intermedios e Artísticos), xurdido en Valencia, especialmente interesado na hibridación en tódalas as súas vertentes, nas prácticas drag-king ou o hirsutismo feminino. Mais volvendo a facultade galega Belas Artes, atopámonos uns novos linguaxes, máis próximos a teorías construccionistas e queer, que veñen dados en grande medida polas ensinanzas da vizcaína Yolanda Herranz, cun traballo conceptual centrado en xogos lingüísticos deconstructivos en clave feminista, da cántabra Chelo Matesanz, que resignifica a costura nunha crítica a esa labor asignada ao “anxo do fogar”, de Xoan Anleo cos seus cuestionamentos acerca da masculinidade hexemónica ou de Xose Manuel Buxán Bran na súa implicación coa imaxinería homoerótica.

Deste modo xurden artistas como a ovetense Mónica Cabo, adicada a visibilización do desexo lésbico e o cuestionamento subversivamente queer dos xéneros, ao igual que algúns traballos fotgráficos de Raquel Durán, así como os bodegóns de dildos e obxectos de limpeza que constrúe a vallisoletana Sara Sapetti, ou a ironización dos estereotipos das esceas domésticas presente nas fotografías de Maribel Castro, nos debuxos de Natalia Rey ou nos bordados de “El ama de casa pervertida” (Cris Carvalho e Pablo Huertas), así como a reutilización de bonecos e a reciclaxe de obxectos cargados de historias persoais que fan Antía Moure ou “Las pingüinas” (Sara García e Natalia Umpiérrez). Con todo, noutros casos, como o de Rita Rodríguez, que apesar de ter comenzado a traballar artisticamente nun colectivo feminista, “Cállate, zorra!”, na súa traxectoria este substracto é difícilmente rastreable, a no ser na perfomance Kiss me -na cal solicitaba aos visitantes da Catedral de Santiago que a bicasen, a modo de limosna, nos beizos pintados de vermello, o único espazo baleiro que permitía a bolsa de lixo que a cubría- ou nun proxecto colaborativo no que anda metida agora.

Por último, cómpre sinalar unha obra que nestes días cobra especial vixencia por un asunto realmente desafortunado; estoume a referir a Asuntos Internos, de Xoan Anleo e Uqui Permui, seleccionada por Juan Vicente Aliaga para o ciclo de proxeccións “Relendo o mito e a historia con ollos raros” que tivo lugar no CGAC ao longo destas dúas últimas semanas. Nesta peza videográfica entrevistan a mulleres que retan dalgún modo aos roles de xénero convencionais, como unha das poucas mariñeiras que chegan a traballar nese medio, ou por outro lado, a coñecidas activistas galegas, como a sindicalista Laura Bugallo, presidenta de TransGaliza. Xustamente coincide que ela foi detida o mércores pasado, acusada dun suposto delito de falsificación nos papeis dos migrantes aos que axuda a tramitar os seus permisos de residencia, a maioría deles traballadoras sexuais.

Afortunadamente ás veces a arte baixa do seu pedestal para contribuír aos cambios sociais e políticos, aparecendo como ferramenta de lanza no sentido que Adorno otorgáralle á crítica cultural, porque non debemos esquecer que a construción de imaxinarios propios resulta imprescindible para promover calquera transformación, ou incluso revolución, do tipo que sexa.

2009/03/09

> Berria: Urteurrenak > MAPPLETHORPE SIGUE SIENDO FUENTE DE INSPIRACION 20 AÑOS DESPUES DE SU MUERTE

  • Mapplethorpe sigue siendo fuente de inspiración 20 años después de su muerte
  • El conjunto 'El momento perfecto' del fotógrafo mezcla tradición clásica con la sutileza del gris
  • Noticias de Gipuzkoa, 2009-03-09 # EFE • Madrid
El fotógrafo estadounidense Robert Mapplethorpe murió hace veinte años, el 9 de marzo de 1989, y su legado ha influido en el lenguaje visual de artistas contemporáneos y asimismo en la apertura de la comunidad gay.

El sida condujo hacia la muerte a Mapplethorpe, quien ya en vida consiguió su deseo: ser un referente en la Historia de la Fotografía de finales del siglo XX, sobre todo tras la polémica que generó a título póstumo su retrospectiva The perfect moment (El momento perfecto).

En el verano de 1989, tras su muerte, su obra fue más conocida debido a la polémica política y moral que generó la intención de la Corcoran Gallery of Art, de Washington, de abrir esa muestra. Pero no fue posible, y además hasta el Congreso de EEUU puso en entredicho el apoyo de la Asociación Estatal de Educación Nacional (NEA, en inglés) por su financiación parcial de El momento perfecto . Esta oposición generó que la figura de Robert Mapplethorpe (Nueva York, 1946 - Boston, 1989) fuera reivindicada públicamente por artistas estadounidenses y se convirtiera en un símbolo de la libertad artística y de la libre opción sexual.

Pero más allá de esta controversia, la obra de Mapplethorpe es de obligado estudio por los interesados en la fotografía porque elevó al podio del arte las escenas de desnudos masculinos y femeninos, al copiar la armonía compositiva de la tradición artística clásica -desde la griega hasta la manierista-.

Así, por ejemplo, su instantánea Thomas and Dovanna (1986) se compara con la ejecución tanto en escultura como en grabado que diversos artistas han llevado a cabo de la escena mitológica del rapto de Sabina por un romano.

Pero, ante todo, Mapplethorpe vertió su talento en su sensibilidad intuitiva para captar la luz en sus dos principales etapas: en los años 70, el desnudo de sus amantes y amigos famosos, y más tarde, las flores, como sutil revelación de un erotismo alegórico y de gran elegancia de la Naturaleza vegetal primigenia.

Mapplethorpe conquistó a través de su lente la gama de grises de la piel de raza negra que le transmitieron sus modelos y en este punto es comparable con el trabajo de dos fotógrafas completamente diferentes: la germana filonazi Leni Riefenstahl y la española Isabel Muñoz.

Su educación visual en materia fotográfica fue autodidacta y entre sus maestros reconoció que le gustaba la obra de grandes clásicos como Julia Margaret Cameron, Nadar, Edward Weston, Man Ray, Cecil Beaton y F. Holland Day.

2009/02/28

> Elkarrizketa: Luis Antonio de Villena > EL DESNUDO MASCULINO, DEL PRETEXTO A LA LIBERTAD

  • Entrevista: Luis Antonio de Villena
  • El desnudo masculino, del pretexto a la libertad
  • A propósito de su libro Héroes, atletas, amantes (Península), el escritor español habla de los disimulos que alimentaron la iconografía del varón desde la Edad Media hasta el siglo XX y de la vigencia sofocante del canon occidental de belleza
  • La Nación, 2009-02-28
Hay en el escritor español Luis Antonio de Villena una veta de dandismo posmoderno, apreciable en sus camisas de colores subidos, en sus abundantes anillos y en su conversación, donde se mezclan los adjetivos coruscantes y el habla coloquial madrileña desbordante de color. Al culto de la personalidad, sobre todo la literaria, le ha dedicado algunos ensayos como los que integran Corsarios de guante amarillo . Sus poesías ( La belleza impura ) y novelas ( Amor pasión , Divino , El bello tenebroso , El burdel de Lord Byron , que obtuvo el Premio Azorín, entre otras) son ricas en imágenes y descripciones que hablan de un gusto por el arte y de un conocimiento de su historia que también han dado origen a los libros Caravaggio y Miguel Ángel . Ahora acaba de publicar Héroes, atletas, amantes. Historia esencial del desnudo masculino (Península), una investigación en la que muestra la evolución de un género y que permite curiosas reflexiones de orden social.

Con la misma amable autoridad con que ordena un whisky al camarero de un café de Madrid, De Villena se explaya sobre su última obra: "Me interesaba mostrar cómo y por qué el desnudo masculino sufrió una serie de peripecias ligadas con las costumbres y la moralidad imperantes. La historia de ese género artístico es la de una serie de pretextos que, por último, en el siglo XX, se dejan a un lado. Entonces, por fin, los artistas tienen la libertad de recrear un cuerpo sin otra razón que no sea el deseo de mostrar la carne libre de velos".

-Supongo que esa "novela" del cuerpo en el arte comenzó con los griegos.
-Los griegos fueron los primeros a quienes se les ocurrió poner un desnudo fuera de un templo, al aire libre, como un elemento de placer estético. Aclaremos que el desnudo masculino fue anterior al femenino en un siglo. Por supuesto, no estoy hablando de las imágenes que se han usado como elementos sacros o mágicos en tiempos muy anteriores a la Grecia clásica. A pesar de la primicia de los desnudos masculinos, hay más obras de ese tipo dedicadas a las mujeres por la actitud de la Iglesia católica respecto de este tema. Después de la época clásica, pagana, con el triunfo del cristianismo, los desnudos fueron prohibidos. Y esa prohibición regía tanto para el cuerpo del varón como para el de la mujer. Hasta el siglo XV esa restricción siguió en vigor con bastante rigidez, después todo se hizo más flexible, porque los humanistas redescubrieron la Antigüedad. La única desnudez permitida en el arte medieval era la de Cristo en la Cruz o en el descendimiento, porque no había nada de erótico en ella. Pensemos que los estilos de la Edad Media, el románico y el gótico, eran, podríamos decir, anticarnales: no podían despertar ninguna sensualidad. Por si fuera poco, el sexo de Jesús estaba cubierto por lo que se dio en llamar "el paño de pureza", de modo que la desnudez, aun la de Cristo, era muy relativa.

-¿Cuándo empieza a establecerse una diferencia entre el desnudo masculino y el femenino?
-La Iglesia era, por supuesto, la que impuso la prohibición. En un primer momento, estaba peor visto mostrar a una mujer sin ropas porque ella era la clásica fuente de concupiscencia. Pero después, por influencia del humanismo y de la visión renacentista, las cosas se consideraron de modo distinto. Los pintores y los escultores eran hombres, por lo tanto, resultaba "natural" que buscaran pintar o esculpir cuerpos femeninos; las autoridades eclesiásticas miraron con más comprensión a los artistas que exaltaban el esplendor de la carne femenina. La concupiscencia de esos creadores, en todo caso, se ajustaba a las leyes de la naturaleza; en cambio, resultaba antinatural que un artista se consagrara a reflejar en sus obras la belleza del varón. Casi no había artistas mujeres y a ninguna se le habría ocurrido, de todos modos, pintar un desnudo masculino (lo que no hubiera sido contra natura), sino como emblema, jamás para destacar las cualidades sensuales del otro sexo. Artemisia Gentileschi, la gran pintora renacentista, nunca hubiera hecho nada semejante. Pintaba como pintaba un hombre, salvo en ciertos detalles. Lo que sí conviene señalar es el prestigio que el mundo clásico con sus desnudos ejerció sobre el Renacimiento y sus artistas. Las historias mitológicas se prestaban a que los héroes y los dioses aparecieran desnudos, al amparo del culto por la Antigüedad que había ganado incluso y, sobre todo, a los miembros de la iglesia, a los papas, cardenales y obispos. Ese mismo prestigio hizo que se narraran los episodios bíblicos al modo de los grecorromanos y, por lo tanto, también en las pinturas y en las esculturas relacionadas con la historia sagrada aparecieron hombres desnudos. Esos varones podían corresponder al tipo del joven, del atleta, o sea del amado, según la división establecida por Platón, o al del Hércules Farnesio, un hombre adulto, con barba, mucho más fornido, el amante de acuerdo con el criterio platónico.

-Usted habló de los desnudos emblemáticos. ¿A qué se refiere con esa expresión?
-El interés por la cultura clásica, grecorromana, que se produce con el humanismo y que da origen a las grandes obras del Renacimiento, hace que resurja el interés por los cuerpos desnudos, como se los veía en la Antigüedad, pero para evitar la censura religiosa, sobre todo en el caso de la carne masculina, se pintaban o se esculpían figuras religiosas de santos o mártires que, por las circunstancias de sus muertes o de sus vidas, podían aparecer sin ropas. Esa clase de obras permitió canalizar el interés por los cuerpos varoniles y el impulso homoerótico de muchos artistas, a menudo inconsciente. Por eso abundaron las esculturas y los cuadros que mostraban a San Sebastián como un joven de cuerpo hermoso, a veces lánguido como el de un adolescente melancólico, a veces más fuerte, herido por las flechas. A San Sebastián se le permitía lucirse desnudo porque se tenían que ver los lugares donde había sido herido por las flechas. De todos modos, conviene aclarar que San Sebastián no murió por esas heridas sino por la peste. Las flechas se colocaban en los lugares donde aparecían en general las llagas de los enfermos de peste. Otro detalle curioso es que, al principio, no se representaba a San Sebastián como un hermoso muchacho, sino como un adulto con barba. Pero pronto la hagiografía hizo de él un muchacho atractivo. También se podía pintar desnudo o casi desnudo y con los rasgos de un hermoso joven a San Juan Bautista, que se suponía había muerto en la plenitud. Como, por otra parte, había predicado en el desierto, consumido por el calor, resultaba lógico que anduviera sin ropas por el mundo.

-La imagen del joven desnudo como símbolo no fue privativa de la Iglesia.
-No, desde ya. Durante la Revolución Francesa, abundaron los muchachos envueltos en banderas. Y lo mismo ocurrió durante la Revolución bolchevique. Este es un caso curioso porque se suponía que el marxismo había llegado para promover todas las libertades pero, salvo en los primeros tiempos, apenas el estalinismo se afirmó, el puritanismo más severo dominó la URSS. Stalin tenía la misma moral sexual que Pío XII. Los varones sólo podían desnudarse en el arte para envolverse en una bandera roja. En eso, los comunistas eran muy parecidos a los nazis, aunque quizá más severos. Los nazis, con el culto del cuerpo y la exaltación de la raza aria, permitían que se desarrollara una iconografía en la que la imagen del varón desnudo como emblema era central. Arno Breker, el gran escultor alemán, uno de los artistas preferidos de Hitler, había esculpido una estatua de un joven gigantesco con una antorcha en la mano, sin ropas, que se llamaba El Partido , y que estaba en la puerta del Partido Nacionalsocialista en Berlín. El mundo neoclásico de los siglo XVIII y XIX, con el auge de las ideologías, estuvo lleno de pretextos para mostrar cuerpos en libertad, símbolos de vigor, de renovación. En algunos casos, los resultados son alarmantes. En el Arco de Triunfo de París, por ejemplo, hay un galo fortachón, con una armadura, con cota de mallas, que abraza a un muchachito desnudo en una actitud que hoy desencadenaría, sin excusas ideológicas, un escándalo. Hubo muchos de esos desnudos ambiguos. La muerte de Jacinto, de Jean Broc, exhibe la lánguida figura de dos jóvenes, Apolo y Jacinto agonizante, en una actitud de amor romántico o decadente tan explícita que sólo el fervor mitológico puede amparar. Este cuadro, desconocido durante mucho tiempo, que roza la cursilería, hoy se ha convertido en un ícono gay. A todo esto, Broc era un hombre de familia, con una vida intachable, sobre cuyas inclinaciones nunca hubo la menor sombra. La obra fue comprada por un conde, menos diáfano, y cuando el conde murió, su esposa, la condesa, se apresuró a vender esa tela perturbadora. Quien también pintó muchos desnudos masculinos emblemáticos fue Girodet, pero los de él no pertenecían al tipo lánguido, salvo El sueño de Endimión , sino más bien al heroico. Llegó a representar desnudo a Napoleón. Por supuesto, se trata de un retrato idealizado. El cuerpo no es el del emperador, en la vida real bajo y gordito, sino el de un modelo imaginario probablemente, y perfecto. Tan sólo en el siglo XX, los artistas pueden representar cuerpos de varones por el simple hecho de que son hermosos o que les resultan atractivos desde un punto de vista plástico o físico. Han aparecido, desde la década de 1960, una serie de pintores y escultores que han subrayado la belleza masculina, o simplemente han mostrado el cuerpo de hombres aunque no fueran hermosos, sin ningún tipo de excusa ni justificación, simplemente por ellos mismos. Eso ha canalizado una tendencia homoerótica en el arte, que ya existía pero que estaba encubierta. Las obras de Andy Warhol, de David Hockney, de Pierre et Gilles, de Francis Bacon, así como las fotografías de Robert Mapplethorpe, de Bruce Weber, de Herb Ritts, algunas de ellas, de marcas comerciales, son representativas de esa corriente.

-¿Qué cambios ha habido en el ideal de belleza masculina en Occidente?
-Lo asombroso es que no hubo cambios. Si uno toma el Doríforo de Policleto, del siglo V a. de C., y compara a ese joven con las fotos de los modelos en ropa interior de Armani o de Versace, se advierte que en veintiséis siglos no ha cambiado el arquetipo de varón. La escultura y los modelos actuales tienen el mismo tipo de cuerpo, de cabeza y de perfil. Claro que ahora se representan imágenes más reales del cuerpo humano, no sólo del masculino. En los cuadros de Francis Bacon o de Lucien Freud aparecen hombres heridos, enfermos, deformes, lo que yo llamo "el cuerpo herido". Esto sólo se da en el siglo XX. Cuando uno mira, por ejemplo, los Sebastianes atravesados por flechas, observa que tienen hasta ocho dardos clavados en las carnes y no expresan dolor. El dolor físico, el deterioro de la edad, en sentido profundo, son adquisiciones del siglo XX. Hay informaci0nes sociales que revelan hasta qué punto el canon griego influyó en el criterio de belleza de Occidente. En España y, en general, en toda Europa, las comunidades étnicas donde se registran menos casos de prostitución femenina o masculina (me refiero, sobre todo, a los inmigrantes sin documentos o desempleados) pertenecen a los países andinos o a México. Los ecuatorianos, los peruanos y los mexicanos casi no se prostituyen. Sus tipos físicos no se corresponden con el canon clásico y no gustan. Por supuesto, hay excepciones notables, pero son eso, excepciones. En cambio, los indios del llano, los indios amazónicos, se asemejan a occidentales "exotizados" y tienen más éxito erótico entre los europeos y los norteamericanos. Hay, en ese sentido, una discriminación estética hecha según el criterio de Occidente. Así como le dije que el canon masculino no varió, sí hubo una pequeña variación en el femenino. El ideal actual de mujer responde a un cuerpo más delgado, más afinado que el del período clásico y renacentista.

-Usted habla de la primacía del canon occidental de belleza, pero los negros, hombres y mujeres, hoy son considerados muy atractivos y sus cabezas no responden a las normas clásicas.
-Es cierto. Por una parte, sus cuerpos, sobre todo durante la juventud, son muy hermosos y responden a la imagen ideal de los occidentales. Por otra, el triunfo de la belleza negra se puede equiparar al del cactus en la decoración. El cactus nunca se había usado como adorno hasta 1920, más o menos, porque era una planta con pinchos. Empezó a usarse en calidad de tal por influencia del cubismo. Los rasgos de los negros, como las formas angulosas del cactus, cobraron prestigio con las vanguardias artísticas de principios del siglo XX. Antes, aunque una persona de raza negra resultara atractiva, no se lo reconocía. La valorización que hace Picasso del arte africano y el entusiasmo por el jazz crearon un prestigio y llevaron a descubrir un tipo de hermosura diferente. No obstante, los negros considerados hermosos, mujeres y hombres, son aquellos cuyas caras se acercan más al ideal griego. Un bantú no es ofrecido como modelo. Por otra parte, son muchos los negros que se planchan el pelo y se arreglan para parecerse a los blancos. Algo semejante ocurre con las otras razas. Los chinos y los japoneses llegan a ser estrellas de Hollywood, son vistos como figuras seductoras, pero sobre todo si se "occidentalizan" mediante el maquillaje y la ropa. En ese sentido, el canon occidental ha influido en el concepto de belleza en todo el mundo. Ejerce una especie de imperialismo. Ese hecho estético tiene hasta hoy, como señalé, consecuencias sociales de importancia fundamental.

2009/02/13

> Iritzia: Rafael Argullol > LA ESTIMULANTE DESESPERACION DE BACON

  • La estimulante desesperación de Bacon
  • El Prado conmemora con una gran retrospectiva el centenario del nacimiento del artista británico. Sin ideales y sin moral a los que agarrarse, supo dirigir su inmenso talento a la exploración de la carne
  • Anatomías inacabadas, cuerpos troceados... Bacon empieza donde Miguel Ángel terminó. El pintor tenía una relación casi obsesiva con el tema de la crucifixión de Cristo
  • El País, 2009-02-13 # Rafael Argullol • Escritor
A Francis Bacon le gustaba recordar que el otro Francis Bacon, el ilustre humanista inglés, era un antepasado suyo y que nada admiraba tanto como la mentalidad desprejuiciada del Renacimiento. Y a su modo Bacon tuvo, en efecto, algo de artista renacentista en una época en la que, sin embargo el ideal del Humanismo parecía destrozado para siempre.

La contradicción era insuperable. Bacon reconocía la maestría de Piero Della Francesca o Durero pero aún era más evidente para él el dominio del caos, al que consideraba al gran protagonista del siglo XX, una centuria de guerra y brutalidad que negaba rotundamente las ensoñaciones utópicas de su pariente, el autor de La Nueva Atlántida.

Este fervor imposible de Bacon por el Renacimiento puede conducirnos al que a mí me parece el más claro precedente del pintor, ese viejo Miguel Ángel del Juicio Final que tras sentir la fascinación florentina por la belleza física expresa el horror corporal y que no duda en autorretratarse patéticamente en el pellejo de San Bartolomé. Si observamos este autorretrato, sus facciones sin carne, su distorsión virulenta, su mirada perdida en medio del naufragio, podríamos apostar que Francis Bacon esta ahí casi entero con siglos de anticipación.

Es verdad que, más cercanos en el tiempo, están los surrealistas a los que sigue en su desprecio por la realidad aparente o los expresionistas, de los que aprende la violencia de la mirada y del trazo, o Picasso, sobre todo el Picasso cubista, que le revela una nueva arquitectura corporal, o Munch, cuyas máscaras hace suyas, o Goya, el más confesadamente próximo, en especial tras la revelación de las Pinturas Negras o, desde luego, Rembrandt, cuya Lección de anatomía será llevada hasta las últimas consecuencias. No obstante, tal vez ninguna obra como el autorretrato descarnado de Miguel Ángel nos sugiere con tanta fuerza sintética la doble faceta de sacrificador y de sacrificado que Francis Bacon se exigía en su pintura.

Naturalmente las diferencias también son evidentes. La furia sacrificadora del anciano Miguel Ángel procede de su angustia religiosa. El viejo artista ya no puede creer en las resplandecientes ideas sobre la armonía a las que fue introducido en su juventud por los neoplatónicos de Lorenzo de Medici: tras la exaltación del cuerpo ha llegado el momento del sacrificio expiatorio para salvar el alma. En sus esculturas finales Miguel Ángel ejerce al unísono de verdugo y de víctima. El resultado todavía hoy despierta enconadas discusiones por su carácter visionario respecto al futuro del arte.

Anatomías inacabadas, cuerpos troceados. Francis Bacon empieza por donde Miguel Ángel ha terminado. Su arte también está vinculado al sacrificio pero la naturaleza de este sacrificio es completamente distinta. El viejo Bacon, según propias declaraciones, lo último que espera es salvar un alma en la que nunca ha creído; el joven Bacon tampoco, previamente, se había hecho grandes ilusiones en medio de la Europa ensangrentada en la que se hace pintor. Su sacrificio, identificado con su arte, es el de un hombre solitario, insatisfecho, que crece entre éxitos profesionales y amores miserables, depredador y presa simultáneamente.

Sin ideales a los que acogerse y sin morales a las que agarrarse el talento de Bacon se dirige a la exploración de la carne. Si sus maestros renacentistas trataban de conseguir los cadáveres de los condenados para estudiar la anatomía humana, para poder así expresar el espíritu a través del cuerpo, como defiende Leonardo, Francis Bacon se abalanza sobre sus modelos para rescatar el caos, que late en su interior. En la excitada desesperación del pintor no hay lugar para el espíritu. El hombre es únicamente caos. Como el sexo, que lo mueve, como la muerte, que lo engulle. Como el mundo, en definitiva.

La reiteración del sacrificio en la pintura de Bacon explica su dependencia casi obsesiva con respecto al motivo de la crucifixión. Desde 1933 pero sobre todo desde Tres estudios con figuras y una crucifixión, de 1944, este tema se va enriqueciendo paulatinamente hasta convertirse en central. También en este caso el artista británico quiere poner en evidencia sus sólidas conexiones con la tradición clásica de la pintura europea. No obstante su Crucificado ofrece una radicalidad sin precedentes por su violencia casi insoportable. Tal vez sólo el Crucificado de Grünewald, con su desasosegante tormento, sea el adecuado antecesor de los de Bacon.

A éste le interesa remarcar la carnalidad violada de Cristo como manifestación del dolor de la condición humana y de la brutalidad de una época cruzada por la guerra, la tortura y el exterminio. El artista mismo se presenta abiertamente como víctima propiciatoria: "Cada vez que entro en una carnicería encuentro extraordinario no estar en el lugar del animal". El Crucificado de Bacon se confunde con el animal colgado sobre el mostrador de la carnicería como si hubiera una ininterrumpida continuidad en el sufrimiento de la carne. Esta perseguida confusión se hace explícita en la célebre obra titulada Painting, de 1946, quizá la más determinada para la consagración del artista al ser adquirida pocos años después por el MoMA de Nueva York: en un Gólgota atrapado en la atmósfera claustrofóbica de una carnicería un buey, abierto en canal, se nos muestra como Cristo en la cruz.

Pese a todo la exploración de la carne, aunque volcada siempre hacia el lado oscuro del ser humano, tiene la recompensa de extraer la belleza sombría del caos. Para avanzar en esta dirección Bacon utiliza, como aliados, los recursos tecnológicos modernos. Frente a otros pintores, que lo juzgan negativamente, adora el ojo frío y neutral de la cámara fotográfica. El pincel, convertido en bisturí, opera quirúrgicamente el cuerpo, lo despedaza para, liberado su caos interno, recomponerlo otra vez. En esa aventura llega un momento en el que al artista no le valen sólo los modelos de carne y hueso. Necesita ir más allá, necesita ver en su interior. Los talleres en los que trabaja Bacon, que siempre reproducen el caos que le obsesiona y magnetiza, acaban repletos de esos retratos de las entrañas, las radiografías médicas -con especial predilección por las dentarias-, que constituyen sus guías para acceder al interior de la carne.

Al fin y al cabo, Francis Bacon es por encima de todo un retratista excepcional que parte, como en las distintas facetas de sus pinturas, de la concepción clásica para demostrar, al final del recorrido, la subversión del cuerpo. No hay mejor ejemplo de este camino singular en la pintura moderna que sus variaciones alrededor de El Papa Inocencio X de su amado Velázquez. Creo que quien quiera comprender, de un solo golpe, la evolución de la visión pictórica europea puede contrastar ambas representaciones. El retrato velazqueño es en cierto modo la culminación del ojo centrípeto del Renacimiento, un ojo deseoso y necesitado de armonía. En relación a él Bacon aparece como un fin de trayecto. Y no obstante hay una belleza enigmática en su laberinto de cuerpos despedazados y en esa mirada, errática, condenada a la dispersión.

2009/02/11

> Berria: Erakusketak > ¿ARTE O PORNOGRAFIA?: UN MUSEO VIENES INVITA A UN VIAJE POR "EL LADO OSCURO"

  • ¿Arte o pornografía?: un museo vienés invita a un viaje por "el lado oscuro"
  • EFE, 2009-02-11 # Viena
Fetichismo, sodomía, felaciones de todo tipo y escenas de sexo explícito no suelen formar parte del programa de los museos, aunque sí están presentes en "The Porn Identity. Una expedición al lado oscuro", que se inaugura mañana en la galería Kunsthalle de Viena.

La pornografía ha invadido el día a día, se encuentra en los medios, en la cultura y en el arte, pero todavía es un fenómeno invisible, lleno de tabúes, por lo que el conocido museo ha organizado un exposición para indagar por qué.

La primera sorpresa, un cartel que advierte: "Prohibida la entrada a menores de 18 años". Para poder visitar la exposición es obligatorio mostrar un documento de identidad a la entrada.

"La pornografía es aquello sobre lo que todos hablan y nadie espera que lo pillen con ella", apuntó Gerald Matt, el director de la galería dedicada al arte contemporáneo.

La muestra trata de ofrecer una imagen crítica, tanto de los tabúes sobre el sexo como sobre la industria del porno y su claro sexismo.

La muestra cuenta con instalaciones de vídeo, esculturas y decenas de pantallas que parecen lanzar un reto al espectador: diferenciar el simple porno comercial de la obra de creadores consagrados.

El trabajo de videoartistas que han tratado el tema del sexo, como Carolee Schneemann y Lawrence Weiner, se mezcla con otras películas pornográficas, desorientando al espectador.

Esa mezcla está buscada por los comisarios de la muestra, que han defendido que la pornografía ha calado en todos los sectores de la sociedad y tratan de hacerlo evidente cambiando el contexto del porno, del espacio privado a las salas de un museo.

La penetración del porno en la sociedad "inunda los medios, que en su carácter 'voyeurista' y su fiebre por buscar la provocación actúan como una forma de pornografía latente", explicaron los comisarios en el catálogo de la exposición.

"Hemos tratado de mezclar el poder de las imágenes carnales con una visión crítica sobre su contenido", valoró uno de los responsables de la muestra, Thomas Edlinger.

El filme "La naranja mecánica", de Stanley Kubrick, también tiene un hueco con una reproducción creada por la artista Liz Moore de la escultura de una mujer de rodillas que aparece en la película.

Con un sentido más explícitamente crítico resulta el "Establo" expuesto por el artista estadounidense Tom Burr, con una clara alusión a la domesticación y a la animalización del ser humano.

Otra de las instalaciones es una maquina de bolas "Playboy" con unas piernas de mujer que atrapan al jugador.

Más explicito y sin pretensiones resulta la "Rainbow Wall" (muro arco iris) con decenas de pantallas que muestran escenas de las películas más famosas del género.

2009/02/07

> Iritzia: Francisco Calvo Serraller > BACON, LA SENSUALIDAD DE LA HERIDA

  • Bacon, la sensualidad de la herida
  • Fue un pensador no académico, como Velázquez, del que tomó el ser un pintor de la existencia mucho antes de la invención del existencialismo
  • El País, 2009-02-07 # Francisco Calvo Serraller
Miraba de cara a la vida, que es también la muerte. Se centró de forma radical en la naturaleza mortal del hombre, lo cual le ha convertido paradójicamente en inmortal. Es el pintor de esa depredadora máquina deseante que es el cuerpo animal. El Museo del Prado, el Metropolitan y la Tate celebran la obra del artista en el año de su centenario

Aunque se comprenda la ansiedad de un artista al no ser él y lo que hace sino un mero objeto histórico de la interpretación aleatoria de otros mortales, no saberlo aceptar es prueba irrefutable de patética debilidad. A Francis Bacon no le asustó la historia, ni renegó formar parte de ella, ni mucho menos ser él mismo pasto de historias, quizá porque, al contrario de lo que se suele decir al respecto, no es que fuera ateo, algo por completo irrelevante porque no despoja a nadie de tener creencias, sino que se centró de forma radical en la naturaleza mortal del hombre, lo cual le ha convertido paradójicamente en inmortal. Esta reflexión me parece la introducción obligada ante el hecho de que, a más de tres lustros de su muerte en Madrid y justo en el año de su centenario, la Tate Gallery de Londres, el Museo del Prado y el Metropolitan Museum de Nueva York se hayan concertado para ofrecernos, con algunos matices diferenciales en cada una de las tres instituciones mencionadas, la quizá mejor retrospectiva de este pintor británico. Rememorando la que tuvo lugar en 1962, se asombraba ya Alan Bownes, en el texto de presentación de la exposición dedicada en 1985 por la Tate, de que este museo le hubiera dedicado dos retrospectivas aun estando Bacon vivo, con lo que, si sumamos esta tercera póstuma, el resultado es que ha sido celebrado a razón de una gran muestra cada veintipocos años, un verdadero récord en una época como la nuestra donde la renovación y el cambio se buscan con desesperada compulsión. ¿Por qué entonces, en vez de entregarnos al banal juego mitomaniaco de mitificar y desmitificar, no nos planteamos qué ha hecho tan imprescindible a Bacon para nosotros, al margen de que nos guste o no nos guste como si fuera un helado con sabor a coco? La respuesta a esta pregunta es obvia y palpable: está en la pintura y en la forma de pintar Bacon.

Apuntaba al principio que Bacon pintó desde la historia, con la historia y para la historia, o, si se quiere, desde el pasado, con el presente y para el porvenir, algo complejo y emocionante que, sin embargo, los historiadores del arte solemos interpretar reductoramente como un amasijo de influencias recibidas y aportaciones originales, como si fuera posible discriminar eso tal cual. El acervo artístico de Bacon era, desde luego, impresionante, como se subraya en la alargada serie de ídolos artísticos que se le atribuyeron, entre los que están Miguel Ángel, Velázquez, Rembrandt, Ingres, Daumier, Van Gogh, Picasso, Matisse, Soutine, Fautrier, Giacometti...

Por otra parte, Bacon decía no interesarle ningún artista británico salvo Constable y Turner, lo cual era evidentemente una exageración defensiva más que una simple provocación, porque no sólo tuvo en cuenta, por ejemplo, a Stanley Spencer o a Graham Sutherland, sino que buscó el cuerpo a cuerpo, esa forma de amistad, con sus mejores compatriotas más jóvenes y, por tanto, potencialmente rivales, con cuyo compadreo se creó ese rótulo publicitario de la Escuela de Londres, que puede tomarse como una fórmula trivial salvo cuando se hace la lista de sus componentes. Y es que Bacon, como Picasso, se desafiaba con los colegas históricos y actuales que le merecían crédito, la única manera que tiene de crecer quien es ya de por sí verdaderamente grande.

Según he ido contemplando a lo largo de las décadas la obra de Bacon lo que finalmente me ha cautivado más ha sido algo así como lo que llamaría su física pictórica, o, mejor, el relieve material, de materia física, de su manera de pintar, siempre tan extremadamente contrastada; esto es: en medio de la planitud monocromática radical, que hace de la superficie del lienzo como una pantalla luminosa, no pocas veces, mirabile visu, ¡naranja!, densos cuajarones de empaste versicolor.

Se puede rastrear ciertamente esta tendencia en la forma de dar el color intenso y plano remontándonos a Ingres, pero el retorcimiento empastado y las gruesas salpicaduras al desgaire que tensan hasta lo increíble la plana pantalla luminosa no encuentran, a mi modo de ver, otra razón que la genialidad esquizoide de un artista que obliga a que el pasado pictórico táctil y óptico se conjugue con la fotografía y el cine.

Hay, sin duda, mucho más, como, por ejemplo, que este astuto enamorado de la joie de vivre pictórica meridional, encarnada por Bonnard, Vuillard, Valloton y Matisse, los desafiase demostrando que hay una sensualidad tan rotunda y compacta como la solar en medio de una noche alumbrada con luz eléctrica. Se puede comprobar, no sin un escalofrío, contemplando el panel central del Tríptico inspirado por el poema de T. S. Eliot 'Sweeney Agonistes' (1967), donde, al fondo de una estancia en cuyo primer plano hay una silla cubierta por un montón de ropa masacrada, vemos una ventana con una persiana de tela azul oscuro a medio cerrar que nos descubre una negra noche cerrada. ¿A quién sino a un enloquecido glotón del placer más carnal se le puede ocurrir semejante maravillosa extravagancia?

Sí; pero, además, resulta que Bacon era un pensador, que no es lo mismo que, como se decía en el clasicismo antañón, un "pintor filósofo". Bacon fue un pensador no académico, como Velázquez, del que no sólo tomó sus exquisitas maneras retractivas, sino el ser un pintor de la existencia mucho antes de la invención del existencialismo. No me extraña que la obra de Bacon haya atraído a tantos filósofos contemporáneos como Deleuze, Lyotard o Leiris, por no hablar de críticos pensantes como Sylvester o Dupin. No en balde Bacon es el pintor de la irredenta carnalidad, en la que se confunden los niveles biológicos orgánicos, rompiendo con toda la trabajosa jerarquía construida al efecto. Es el pintor de esa depredadora máquina deseante que es el cuerpo animal: en realidad, que es toda la materia tal y como la imaginamos, moteada por agujeros negros dinamizadores. En este sentido, Bacon es Bacon, su supuestamente antepasado filósofo; es Hobbes; es Hume; es Lamarck; es Darwin... Pero eso y mucho más, aunque desde una perspectiva poética; es decir: incursivamente abierta y, por completo, dramática. Una enorme boca abierta que todo lo traga y todo lo grita; que simultáneamente engulle y expele; un voraz respiradero.

Aunque sabemos que ya pintaba durante la década de 1930, en tantos aspectos decisiva para él, Bacon se lanzó a la fama en el ecuador de la siguiente década, justo al concluir la Segunda Guerra Mundial que había dejado Londres como una ruinosa inmundicia. Lo hizo con unos cuadros de impresionante materia cenicienta, que hoy no han perdido su negra frescura. Luego hizo estallar el color porque seguramente se percató de que allí era donde la tragedia de lo sensual cobrara más conminante vibración, un poco como la sentencia que Esquilo puso en boca de Agamenón, que a Bacon le gustaba repetir, de que "el hedor de la sangre me hace sonreír", lo cual no hay que tomarse como una truculencia, sino como una definición de la paradoja que constituye el vivir. Bacon no era truculento, ni macabro, ni cruel, ni pesimista, ni toda la retahíla de estos adjetivos estigmatizadores para los malos de opereta.

Miraba de cara; o sea: sin pestañear, a la vida, que es también la muerte. Lo hacía con el entusiasmo de los amantes, que es justo la condición de los grandes artistas. Finalmente, había visto y comprendido el hermoso y deslumbrante surco de luz que se abre en cada herida del humano cuerpo mortal. Llamémosle, así, pues, el poeta de la vulnerabilidad.

2009/01/25

> Berria: Erakusketak > VIAJE POSTUMO DE BACON A MADRID

  • Viaje póstumo de Bacon a Madrid
  • Murió en Madrid en 1992. Ahora, uno de los pintores más valorados regresa a España de la mano de una gran exposición en su santuario, el museo que adoraba, el Prado.
  • El País, 2009-01-25 # Julia Luzán
La primavera en Madrid se alargaba aquel junio de 1956. Los plátanos centenarios del paseo del Prado cubrían de sombra las zonas donde el sol empezaba ya a calentar en exceso. Dos hombres de mediana edad, vestidos con pantalón y americana oscura, se fotografiaban el uno al otro en la balaustrada del Museo del Prado, con el hotel Ritz al fondo. Su aspecto delataba de inmediato su condición de extranjeros. Francis Bacon y su amigo Peter Lacy se encontraban de paso en España camino de Tánger -la ciudad marroquí, imán para homosexuales, escritores y artistas, que Truman Capote, William Burroughs, Allen Ginsberg, Paul Bowles y la generación beat hicieron suya-, donde Lacy debía cumplir una oscura deuda con el propietario del bar Dean's y tocar allí el piano por las noches. Era la primera vez que el pintor (Dublín, 1909-Madrid, 1992), entraba en el lugar donde se exhibían las obras maestras de su adorado Velázquez, que conocía de sobra a fuerza de observar La Venus del espejo en la National Gallery de Londres: "Si no se entiende esa obra, no se entiende mi pintura".

Manuela Mena, jefa de conservación del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado y comisaria en Madrid de la gran exposición retrospectiva sobre Bacon, organizada por la Tate Britain de Londres y el Metropolitan de Nueva York, desconoce cómo fue aquella primera visita del artista, pero sí recuerda el aspecto entonces del museo, un lugar apacible, silencioso, sin turistas, solitario y oscuro, con suelos de madera que crujían con las pisadas. "Había siempre poca gente, y aunque ahora nos parezca mentira, no tenía luz artificial, los cuadros debían contemplarse con la que entraba desde el exterior. ¿Cuántos días estuvieron aquí, cuánto tiempo pasó Bacon en el Prado? No podemos saberlo. A él le gustaba Velázquez y en esa primera visita debió de verlo todo".

Un siglo antes, en 1865, Édouard Manet experimentó el mismo impulso que el pintor inglés atormentado y transgresor "que pinta monos locos", como decía Allen Ginsberg, y acudió al Prado para ver la obra de los grandes maestros españoles. Ambos peregrinaron para observar de cerca las pinceladas, la composición, la forma de hacer tan moderna, tan colorista, de Velázquez, Goya, Zurbarán, El Greco o Ribera.

De haber vivido, Francis Bacon hubiera cumplido este próximo otoño 100 años. El segundo de los cinco hijos de Cristina y Edward, ingleses protestantes, nació un 28 de octubre en Dublín. Su padre, un ex militar, entrenador de caballos de carreras que afirmaba ser descendiente del filósofo Francis Bacon, inculcaba disciplina, orden y mando en la familia. De aquellos años, el pintor recordaría después la soterrada violencia en el ambiente, el inicio de la I Guerra Mundial y el paso de las tropas del regimiento de caballería cercano a su casa. También las frecuentes crisis de asma que sufría: "Me acuerdo", le confesó al crítico de arte David Sylvester en 1979, "de que me inyectaban morfina y la relajación que me producía era fabulosa. No querían darme mucha porque temían que me volviera adicto".

Eran años en que Bacon viajaba a Madrid con bastante frecuencia. Un amor español tenía la culpa. Como cuenta Michael Peppiatt, su biógrafo y amigo, tras la gran exposición que la Tate Britain le dedicó en 1985, un joven llamado José tuvo la oportunidad de verla y quiso manifestar su entusiasmo al pintor. Le escribía cartas a la galería Marlborough, a mano, con una cuidada letra. A Bacon, que jamás contestó a ningún mensaje, aquel detalle le hizo gracia, le entró curiosidad por conocerle y quedó fascinado por aquel hombre "tan bien educado, rico y sofisticado", que hablaba varios idiomas y amaba la pintura y era casi 50 años más joven que el artista. Un octogenario Bacon se subió con pasión al último tren que pasaba por su vida, un regalo inesperado. Cobró nuevas energías y sus estancias en España se multiplicaron. "En algunas de aquellas visitas que hizo a Madrid vino también al Prado y tuve el honor y la suerte de conocerle", cuenta Manuela Mena. "Me llamó él directamente y le acompañé en varias ocasiones. Me pidió entrar en el Prado los lunes, el día en que el museo está cerrado. Lo único que quería ver era Velázquez y Goya, no deseaba contemplar nada más".

Se quedaba solo ante los cuadros, con José unos pasos detrás. Miraba, remiraba, pero no tomaba ni un apunte. "Un artista de esa categoría no hace bocetos. Estudiaba las pinceladas, que es donde está todo, muy de cerca, con mucha concentración". Iba de cuadro en cuadro de Velázquez; se paraba ante Las meninas un buen rato, pasaba a Los borrachos, luego al Pablo de Valladolid. "Bacon observaba la materia de los cuadros como quien se recrea en la piel de un amante". Dice Manuela Mena que en aquellos años se le veía contento, y describe al hombre que conoció como "tremendamente tímido, muy dulce, muy agradable, muy educado. Lo más interesante de él era la mirada, penetrante y brillante como pocas he visto, muy clara. Era una persona que cuando te miraba, te miraba sólo a ti". Piensa en el artista como un hombre cercano y rememora para la periodista uno de sus recuerdos más preciados: "Me mandó un ramo de flores, el más bello que me han regalado en la vida. Eran flores de primavera, de todos los colores y mezclados de una manera que tuvo que ser él personalmente quien las eligiera".

Su personalidad, fuerte, bronca, como su obra, hizo de Bacon un ser atormentado. A los 16 años su padre le descubrió vestido con la ropa interior de su madre y, sin contemplaciones, le echó de casa. Sobrevivió como pudo, de chico para todo, de acompañante de gentlemen, y gracias a las tres libras semanales que le enviaba, a escondidas, su madre. Pasó una larga temporada en Berlín, sumergido en una atmósfera como la de El ángel azul, la película de Josef von Sternberg con Marlene Dietrich. Para alguien como él, llegado de una sociedad extremadamente puritana, Berlín fue una fiesta. "Todas las tardes hacíamos la ronda de bares y cabarés. Encontraba eso fantástico, me divertía de lo lindo. No lo vi de inmediato, pero aquello me marcó profundamente". También vivió tres meses con una familia francesa, en Chantilly, para aprender el idioma. Allí, en el Museo Condé, se produjo una de las primeras revelaciones que le impulsarían a pintar. Descubrió La matanza de los Inocentes, de Poussin. "El mejor grito en pintura... Aquel cuadro me produjo una enorme impresión". De regreso a Londres trabajó como decorador de interiores, y se metió tanto en el papel que llegó a diseñar tapicerías y muebles con estructuras de hierro y acero en el estilo tubular de Le Corbusier.

En esa singular vinculación de Bacon con España se encuentra también Picasso. Su primer motor hacia la pintura. Fue tras ver una exposición de dibujos de Picasso en la galería Paul Rosenberg en París hacia 1928 cuando Bacon realizó sus primeros dibujos: "Las obras de Picasso en 1926-1930, sus años de surrealismo con esas figuras aisladas, solitarias, en las playas, me produjeron tal choque que me entraron ganas de pintar. ¿Por qué no lo intento, me dije?". Lo hizo, aunque, llevado por sus impulsos, el pintor destruyera luego la mayor parte de sus primeras obras.

Los ojos de Bacon, como los de Picasso, apresaban las imágenes para devolverlas transformadas en una pintura que no intenta contar historias, sino "colgarse del sistema nervioso del espectador".

Finalizada la II Guerra Mundial, en1945, Bacon regresó a la pintura con más energía. Sus Tres estudios para la base de una crucifixión, claramente inspirados por Picasso, son el punto de partida de los primeros cuadros que le hicieron famoso. Las pinturas de un ateo que reflejan los instintos animales de los humanos. La memoria de la guerra reciente se palpa en los desnudos masculinos, agresivos y violentos. Su primer tríptico de la Crucifixión, con la gran boca abierta que devora al espectador, estará en una de las salas del Prado.

En los años cincuenta, su pintura da un giro. Bacon descubre a través de fotografías el Inocencio X, de Velázquez, "uno de los más grandes retratos que se hayan pintado nunca". Bacon lo representa con la boca abierta, aullando, lo que el crítico de Time Robert Hughes llamó "una mancha surgiendo de la oscuridad como un ectoplasma carnívoro", en jaulas de vidrio o entre barrotes. "Siempre me han obsesionado los movimientos de la boca, su forma y la de los dientes... Me gustan el brillo y el color que tienen, y siempre he querido ser capaz de pintar la boca como Monet pintaba una puesta de sol".

Bacon descubrió España y su modo de vida con pasión. Comenzó a estudiar español, hacía pinitos lingüísticos y acentuaba con énfasis las zetas. Los españoles poco o nada sabían de aquel hombre sin aristas, de permanente flequillo, un autorretrato de sí mismo, y menos, de su grandeza como artista. Sólo pudo verse una pequeña muestra de sus obras en la Fundación Juan March de Madrid en 1978, ya muerto Franco. La gran antológica que llega ahora al Prado es el desquite, el homenaje tardío al hombre excesivo, al pintor de la soledad, del sexo, de la vida.

"Cuando Miguel Zugaza [director del Museo del Prado] comentó que estaba pensando en hacer esta exposición y que quería que me encargara yo de ella, sentí que estaba en lo cierto, que era lo correcto que Bacon viniera a Madrid y al Prado. Me pareció que encajaba perfectamente dentro de lo que es el museo, siempre volcado al futuro". Manuela Mena impulsa claramente este homenaje singular y cercano al pintor inglés que amó el Prado. "Es el sitio natural para uno de los más grandes artistas contemporáneos, que vino aquí con tanta pasión y que, además, como él decía, debía tanto a Velázquez y a Goya".

Mena lleva trabajando tiempo con sus colegas de la Tate Britain de Londres. Ha visto de cerca los esfuerzos por lograr obras del artista para la exposición. "Bacon es dificilísimo porque muchas de sus obras están en colecciones privadas y la valoración económica de sus cuadros es elevadísima [por su Tríptico de 1976, el millonario ruso Roman Abramóvich pagó no hace mucho más de 55 millones de euros], lo que hace que la gente se lo piense mucho antes de ceder cualquier obra. Pero hay unos préstamos impresionantes. Se ha conseguido lo que se quería".

La leyenda de Bacon en España se alimenta con los recuerdos de los pocos que le trataron en sus cortas estancias en Madrid. Hablan de los lugares donde tomaba copas, de los paseos por la ciudad y de aquel día aciago, un 28 de abril de 1992, en que murió en la clínica Ruber de Madrid. Harto de estar confinado por problemas de salud (le habían extirpado un tumor del riñón) en su casa-estudio de Reece Mews, en Londres, decidió viajar a Madrid para ver a su amigo José. Poco después se sintió enfermo y su estado llegó a ser crítico. Respiraba con dificultad y le diagnosticaron una neumonía. Un ataque al corazón acabó con su vida en la habitación 417 del Ruber. Fue la hermana de las Siervas de María, Sor Mercedes, quien le cerró los ojos. El 30 de abril su cuerpo fue incinerado en el cementerio de la Almudena, solo, sin testigos, como él quería.

En las salas temporales del Prado, las obras se expondrán como Bacon siempre quiso, detrás de un cristal: "No utilizo ningún barniz y el vidrio ayuda a dar unidad al cuadro. Me gusta también la distancia que el cristal crea entre lo que he hecho y el espectador; me gusta que el objeto, por así decirlo, esté lo más lejos posible". La retrospectiva recoge asimismo parte del archivo de Bacon: grabados, libros, recortes de periódico, fotografías de gimnastas, de hombres desnudos, fotomatones de él, de sus amantes, George Dyer, Peter Lacy; de amigos, como el pintor Lucian Freud, o instantáneas de Hitler, de corridas de toros, de toreros... El mundo íntimo, la base pictórica de Bacon.

"Quienes vienen habitualmente al Prado", asegura Manuela Mena, "se sentirán noqueados ante las imágenes tan tremendas de alguno de los cuadros de Bacon. Y por otro lado, aquellos que acuden a museos de arte contemporáneo y vean a Bacon en el Prado se darán cuenta de que hay una unión absoluta entre el arte del pasado y el actual. No hay diferencias. No hay barreras. La gente tiene que venir con los ojos muy abiertos y dejarse llevar por las reacciones que le provoca la obra de arte".

2009/01/15

> Berria: Artea > ¿PUEDE SER LA PORNOGRAFIA ARTE POLITICO?


  • ¿Puede ser la pornografía arte político?
  • Santiago Sierra usa el sexo en su nueva obra como símbolo del miedo a la inmigración. "Lo que no aplauda las virtudes del poder, provoca", dice con enfado el creador
  • El País, 2009-01-15 # Isabel Lafont • Madrid
Provocar, según el diccionario de la Real Academia Española, es "irritar o estimular a alguien con palabras u obras para que se enoje". Desde que Édouard Manet escandalizara con su Desayuno sobre la hierba (en el que una mujer desnuda y un hombre vestido comparten pic-nic sobre la hierba) en 1863, toda una tradición de artistas se ha empeñado en romper las propias reglas del arte, las de la religión y la moral, incluso las de la legalidad. Con todos ellos se llega a la perplejidad, cuando no al rechazo frontal. Y, siempre, el debate: ¿Es el efectismo el camino más corto a la notoriedad? ¿Dónde acaba la creación y empieza el ego del artista?

Santiago Sierra (Madrid, 1966), a su pesar, forma parte de una casta de artistas a los que cuesta no calificar de transgresores. Hoy inaugura en la galería Helga de Alvear (en Madrid) su último trabajo, Los penetrados, un vídeo de 45 minutos en ocho actos. Muestra todas las combinaciones posibles de penetración anal entre grupos de hombres y mujeres de raza blanca y negra.

Los proyectos de Sierra nunca han pasado inadvertidos. En 2003 tapió el pabellón español en la Bienal de Venecia e impidió el acceso a quien no presentara un DNI español; en 2006 quiso llenar de monóxido de carbono una sinagoga en Alemania -la acción fue cancelada ante la protesta de la comunidad judía (a pesar de que pretendía ser un acto a su favor)-; en 2007 construyó unos módulos a partir de los residuos fecales humanos que manipulan los intocables en la India; y el pasado 1 de enero instaló en una aseguradora londinense un contador que registrará todos los fallecimientos que se produzcan este año en todo el mundo.

No es difícil hacer una lectura política de sus obras. Por eso, quizás, el artista no oculta su profundo disgusto cuando se le pregunta si se siente un provocador: "Lo que no sea un aplauso permanente a las virtudes del poder es siempre una provocación", dice con enfado. "Me parece muy impertinente preguntarle eso a un artista con 20 años de carrera y un ritmo de trabajo tan intenso y serio como el mío. Me parece, además, que con esa pregunta se pretende ponerme a la defensiva y se evita profundizar en mi trabajo, colocándome un sambenito simplista y envenenado", afirmaba ayer mientras supervisaba el montaje de la exposición. "No, no me siento así. Yo soy un artista de mi época. Así me siento porque eso es exactamente lo que soy".

Para la realización de Los penetrados, Sierra colocó anuncios en busca de voluntarios que quisieran participar en el proyecto a cambio de 250 euros. En total, se seleccionaron unos 70 participantes. "Si te interesa, puedes ver trabajos del artista en su página... Teclea Santiago Sierra en Google. El vídeo sólo se proyectará en galerías de arte... No es pornografía", decía el anuncio. ¿Y entonces, qué es? "Probablemente sea pornografía. Entiendo que la pornografía son imágenes de gente fornicando y nada más, sin trama, y eso es Los penetrados. No intento colocarme por encima de un director de pornografía porque realmente no lo estoy. Creo que la pornografía tiene algo muy magnético. Te quedas enganchado mirando y te sitúas en otra dimensión mental, en un plano que nos acerca al instinto y nos aleja de lo reflexivo. Así que me parece perfecta para activar y mirar lo que de instintivo tiene la política".

Nunca ha sido amigo de explicar sus trabajos: "Eso es Hollywood, que da todo bien mascado a un público que subestima y al que desea convencer. En mi trabajo la gente tiene libertad para pensar por sí misma. No es necesaria mi guía". Su último proyecto, sin embargo, entronca con dos de sus preocupaciones constantes en su trayectoria: la inmigración y la cuestión racial. "La tradicional paranoia de los blancos hacia los negros o de los europeos con los africanos tiene que ver con un fuerte pánico, pues pensamos que tarde o temprano habrán de cobrarse justicia por nuestras codiciosas canalladas pasadas y presentes", señala Sierra. "Pero esa paranoia blanca también tiene que ver con el miedo a una sexualidad que nos rebaje, con que enamoren a nuestras hembras y a nuestros machos más que con que nos quiten el trabajo; el trabajo sólo lo quita el patrón. Las reflexiones políticas y las actuaciones que de ellas se derivan son algo más primario de lo que comúnmente se cree", añade.

Para Sierra, el arte sin intención es inútil y, por tanto, "una fachada": "Freud despreciaba a los surrealistas al considerar que sólo cuando miramos para otro lado aflora el inconsciente. No se puede ser inconsciente conscientemente. De un modo similar, el arte aparentemente menos político es el más instrumentalizado políticamente. Todo arte es político, pero normalmente quien se fotografía con el poder asegura tener sólo un interés poético".

Provocaciones históricas que siguen provocando
- 'El origen del mundo', de Gustave Courbet, es sin duda, una de las pinturas más provocadoras de la historia. El artista pintó en 1866 este óleo en el que de forma realista se ve el tronco de una mujer desnuda con el pubis abierto en primer plano. Durante un siglo sus propietarios lo tuvieron escondido bajo otro cuadro.
- 'Fontaine', de Marcel Duchamp, lleva más de cien años estimulando debates y enojos. En 1917, Duchamp presentó este urinario como pieza en una exposición y desde entonces el arte nunca ha sido lo mismo.
- 'Merde d'artista', de Piero Manzoni. Fue otra vuelta de tuerca realizada en 1961. Consiste en 90 latas de conserva cuya etiqueta dice que contienen cada una 30 gramos de excrementos. Su precio e influencia no ha dejado de crecer.
- 'Cómo explicar los cuadros a una liebre muerta', de Joseph Beuys, es una mítica acción realizada por el artista-chamán en 1965 en la que, efectivamente, Beuys realizó el ritual de explicarle la exposición al animal.
- 'Shout', de Chris Burden, es el paradigma de las abundantes performance que en los setenta llevaron la violencia contra el propio cuerpo al límite. Crearon una amplia escuela aún en activo, aunque los de ahora, como Sierra, prefieren que las acciones las hagan los otros. Ante una cámara de vídeo, en 1971 Burden dejó que un amigo le disparara en el brazo. Fue un tiro para la historia.
- 'La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo', el famoso tiburón en formol que presentó en 1992 Damien Hirst, fue el primer "escándalo" del líder de un grupo de artistas que usan la provocación como tema.