Mostrando entradas con la etiqueta José-Miguel Ullán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José-Miguel Ullán. Mostrar todas las entradas

2009/05/26

> Berria: In memoriam > JOSE-MIGUEL ULLAN, EL ULTIMO CLASICO

  • José-Miguel Ullán, el último clásico
  • ABC, 2009-05-26 # Tomás Cuesta
EL polvo vuelve al polvo, el dolor se disuelve en la cotidianidad castrada. Alguien farfulla entonces: «Pero la vida sigue», sin querer asumir que hasta aquí hemos llegado y no existe más cera que la que arde en las palabras. José-Miguel Ullán se nos murió en Madrid, con aguacero, a deshoras de un sábado. Y la memoria escuece, palpita, va a su aire. Es una herida insomne por la que respiramos a trancas y a barrancas. «Pero la vida sigue...», zurea la salmodia del buen samaritano, mientras la jarca de los heraldos negros -tahúres de un azar inapelable- reanudan la timba y echan a rodar los dados.

«Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios, como si ante ellos, / la resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma... ¡Yo no sé!». En ése no saber, la sabiduría arraiga. Ése es un laberinto en el que sólo los muy grandes se arriesgan a expresar lo inexpresable. Vallejo, por supuesto. José-Miguel Ullán, qué duda cabe. Porque, al fin y a la postre, y si de penar se trata, no hay ni medias tintas ni mediocres verdades. O César o nada.

Son tantos los huérfanos de Ullán -tantos los que le aman y los que le desaman- que no hay nadie que pueda hacerse cargo de su inmenso legado. Apostillar, a estas alturas del partido, que era un militante del lenguaje, es un gesto banal, puesto que subrayar lo obvio desluce más que aclara. Asegurar, en cambio, que el idioma español acaba de perder a su postrero clásico es menos evidente si es preciso encararse con los que, a la que te descuidas, tiran del comodín de las vanguardias. ¿Fue vanguardista Ullán? Sin cortarse ni un pelo y a calzón quitado. Pertenecía a la estirpe de Fray Luis, de San Juan de la Cruz, de Góngora, de Villamediana... Un hatajo de excéntricos. Pura -y dura- «avant-garde».

En este país, no obstante, la etiqueta es el hombre y el estilo (o lo que por tal despachan) una zafia fritanga de lugares comunes e impostura impostada. A José-Miguel Ullán, culpable de subvertir lo culto con requiebros canallas, le condenaron al estante de los raros los mismos que, hoy por hoy, fatigan las imprentas con juegos funerarios. ¡El que te entienda que te compre!, pregonaban antaño. Y le compraban poco, claro. Otro gallo le habría cantado si, en su día, no les hubiese hecho probar sus espolones a los canarios flauta.

Allí dónde se halle, resulta tentador imaginarle con los ojos rientes y un brote de ironía a flor de labios: «Ahora sí que a críptico no habrá quién me eche el guante». ¿Tendrá presente aún aquella cita de Desnos con la que sofocaba a los alérgicos a sus oscuridades? «Un analfabeto cree que el alfabeto es el hermetismo por antonomasia». Hablar y no parar. ¿Cómo no recordar el gesto estupefacto del señor director -o sea, ¡¡¡EL DIRECTOR!!!, perdón por la redundancia- que preguntó qué claves utilizaba en los artículos y, a guisa de respuesta, recibió un diccionario?

Lo que llega a pensarse: «Si me encontrasen muerto / sobre el último verso / (que a veces, Amarilis, no se sabe), / ¿qué no dirías?». Que cegaron su boca con la peor mortaja. Que el epílogo ha sido demasiado amargo. Que nunca encontraremos una voz tan cercana. Y, otrosí, que las lágrimas...

¿Las lágrimas? ¡Qué clásico!

2009/05/25

> Berria: In memoriam > ADIOS A JOSE-MIGUEL ULLAN, UN POETA TRANSVERSAL

  • Adiós a un poeta transversal
  • José-Miguel Ullán logró sintetizar en su polifacética obra vanguardia y tradición, la alta cultura y la popular. Críticos y autores destacan su singular figura
  • El País, 2009-05-25 # Javier Rodríguez Marcos • Madrid
"Un poeta que admirar. Un autor necesario para entender la historia de la poesía española en una de sus alas". Así definió ayer Antonio Gamoneda a José-Miguel Ullán, fallecido el sábado a los 64 años. El ala a la que se refiere el premio Cervantes de 2006 es la de la "ruptura" respecto a la tradición. Y respecto a sí mismo. "Sería difícil encontrar en España una obra tan marcada por la diversidad progresiva. O por la progresión diversificada. Ésa era la pauta de Ullán, y en ella alcanzó cotas muy altas", explicó Gamoneda, que recordó que había conocido al poeta salmantino cuando éste era "un mozalbete". "Su muerte me ha dejado tocado", dijo el autor de Arden las pérdidas.

También el poeta y crítico Miguel Casado, responsable del volumen Ondulaciones (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores), que recogió el año pasado toda la poesía de Ullán, subrayó la "transversalidad" de un escritor que colaboró con pintores y músicos y que ejerció de periodista, editor y comisario de exposiciones. "Es una figura descomunal, única. No encuentro otra comparable", afirmó Casado, que ya en 1994 se había ocupado de la edición de la antología Ardicia para la colección Letras Hispánicas de la editorial Cátedra, una colección de clásicos que, por su eco en la enseñanza universitaria, llevaba décadas funcionando como toque de consagración para los escritores vivos.

Miembro como los novísimos de Castellet de la generación de los años setenta, el autor de El jornal supo mezclar en sus primeros libros el lenguaje "moderno" con las preocupaciones del realismo social hasta entonces en boga. Es lo que explica Ángel L. Prieto de Paula, catedrático de la Universidad de Alicante y autor de Musa del 68 (Hiperión), un ensayo de referencia sobre la generación de Ullán: "Atinó a percatarse de que usar el mismo lenguaje del sistema para criticar al sistema no hacía más que apuntalarlo", dice Prieto, que destaca en el poeta de Villarino de los Aires su personal mezcla de alta cultura y cultura popular, de poesía discursiva y poesía visual. "El hilo conductor de su obra es el proceso, la búsqueda. Cuando encontraba lo que buscaba, rompía con ello. De ahí que no tenga un título que podamos considerar emblemático. Su propio discurso repudiaba eso".

Hasta ayer mismo pudieron verse algunas de las piezas de poesía visual de José-Miguel Ullán en el Instituto Cervantes de Madrid, dentro de la exposición colectiva Escrituras en libertad. Allí compartió espacio con clásicos como Joan Brossa, Francisco Pino o Isidoro Valcárcel Medina. Antonio Gómez, también presente en la muestra, recuerda que si bien la parte más conocida de la obra plástica de Ullán son los agrafismos, que funden la escritura con la pintura abstracta, es su primera etapa, basada más en el letrismo y las tachaduras, la que lo convirtió en "un pionero".

Por su parte, el poeta y musicólogo José Ramón Ripoll destacó el conocimiento que el autor de Tàpies, ostinato tenía de la música contemporánea. Además de sus colaboraciones con el compositor Luis de Pablo (Pocket Zarzuela, Relámpagos y Circe de España), Ripoll subrayó que Ullán supo teñir su poesía con "una musicalidad que no es la de la métrica tradicional española, sino la del dodecafonismo y la música atonal europeos. Conseguía que las letras se emanciparan y las sílabas produjeran una eclosión de sonidos".

¿Y puede un poeta tan singular servir de modelo? Para Prieto de Paula, la escritura de Ullán "no es fácil de reconocer y, por lo tanto, no es fácil de reproducir; no cristaliza en una fórmula que se pueda imitar". Miguel Casado comparte esa opinión: "Los grandes poetas son siempre únicos. No crean escuela. Nos abren la mirada y los oídos. No enseñan el camino. El camino está ahí. Y uno tiene que fiarse de sus propios ojos".

  • La belleza de la palabra
  • El País, 2009-05-25 # Juan Goytisolo
En medio de tanta promoción interesada y oportunismo generacional con los que se disfrazan muchas mediocridades, la obra de José-Miguel Ullán, con su busca minuciosa de la palabra bella y exacta y su elaboración singular del poema la erigían en un referente indispensable para cuantos amamos la poesía que brota del silencio: la que vertebró la vida entera de Ullán frente al bullicio mediático y los teatrales aspavientos de los que confunden hondura y visibilidad. Poesía reunida (1968-2007), editada por Círculo de Lectores, quedará como uno de los mejores testimonios de la perdurabilidad de la palabra en nuestra lengua durante las últimas décadas.

De darse lo fatal, pues todo llega, / que no nos falte el renuente en sueño / de procurarse la frugal manera / de convertirlo, amoratado, / en lirio.

  • Súbita y deslumbrante
  • El País, 2009-05-25 # Julio Ortega
Volviendo a leer la poesía reunida de Ullán en la magnífica edición de Miguel Casado (Ondulaciones) entendí que su trabajo (una verdadera acción poética) nos ha acompañado a lo largo de estos 40 años con la rara constancia de su fe en nosotros (o en nos-otros), sus lectores. La suya es una poesía que empieza por poner a prueba el alfabeto, verificando tanto su condición material como su calidad aleatoria. Si lo primero es la grafía, lo otro es la sintaxis. Explorar esa constelación de signos, como otro golpe de dados, lo llevó a la composición gráfica y a la pintura. Y no es casual que concitara la complicidad de Tàpies, Chillida, Saura, Arroyo y Rojo, entre otros; y que abriera un espacio gozoso y feraz de lenguajes entrecruzados, unos de ida, otros de vuelta, que a su modo exploraron luego Julián Ríos y Frederic Amat, cuyo extraordinario recorrido del bosque de signos es de la misma estirpe. Cada libro de artista de Ullán es un asteroide de esa constelación imaginada como otro museo de la creatividad más libre, la gratuita.

Más que para una deconstrucción crítica, su poesía regresa al alfabeto para rehacer el camino del lenguaje en una sintaxis abierta pero no abstrusa, barroquizante pero liviana, y capaz siempre de humor y asombro. Venía del gran modernismo internacional, de las vanguardias trashumantes, de la literatura trasatlántica, y sus interlocutores fueron César Moro, Octavio Paz, Haroldo de Campos, Juan Goytisolo, José Ángel Valente, Severo Sarduy...

Implacablemente libre
Pero no era un poeta programático, ni mucho menos normativo, y felizmente careció de imitadores. Fue, es impecablemente libre. No escribió dos páginas iguales porque escribía de nuevo cada vez, en el presente sucesivo y pródigo donde nos cita para recomenzar el gran juego de nombrar. Su trabajo se despliega con una fuerza creadora irrestricta, abriendo el lenguaje por dentro, como si hablar fuera milagro. La poesía de José-Miguel Ullán es un ejercicio de liberación. O sea, un largo aprendizaje.

También por ello, su escritura desbordaba los moldes genéricos. Lo que empieza como grafismo prosigue como suma lexical compacta, notación desglosada, prosa de ironía lujosa, glosas y parodias de humor benévolo; y sagas de rara resonancia lírica, donde la poesía súbita y deslumbrante se debe a las pocas palabras que en el acto de sustituirse se encienden. Sus sumas barrocas están hechas de restas lúcidas. El poema es esa dicción de lo entrevisto.

"Mas las palabras del cantor quien no las cree no las entiende", escribió. Le debemos la fe que puso en nuestra libertad.

> Berria: In memoriam > JOSE-MIGUEL ULLAN: DISTANTE POETA DE LA MODERNIDAD

  • José-Miguel Ullán: Distante poeta de la modernidad
  • El Mundo, 2009-05-25 # Luis Antonio De Villena
José-Miguel Ullán era hombre de apariencia bronca y aún esquiva, aunque en su intimidad era cordial y con mucho sentido del humor. Poco dado a los encuentros plurales, había dejado crecer alrededor suyo la leyenda de poderoso sombrío dispuesto a arrollar a sus enemigos. Por eso, en su época más activa, la gente del mundillo literario le conocía como el Malo. Creo que a él le gustaba esa aureola de hombre difícil. Era esencialmente poeta (aunque no sólo) y sus tres primeros libros estarían en la estela de la poesía social: El jornal, Amor peninsular (1965) y Un Humano Poder de 1966,el año que se exilió en Francia.

Nacido en Villarino de los Aires (Salamanca) en 1944, en 1966 se marchó a París por desacuerdo con el franquismo y por no querer hacer el servicio militar. Allí estuvo 10 años, haciendo cursos en la École Pratique des Hautes Études y dirigiendo las emisiones en español de France Culture. Al regresar a España comenzó una tarea muy variada a menudo relacionada con las artes plásticas. Fue subdirector de la revista Guadalimar, dirigió un programa en TVE llamado Tatuaje y otros dos programas en RNE. En 1972 -en Las Palmas de Gran Canaria- había publicado Maniluvios.

Por entonces era ya muy amigo de José Ángel Valente, al que antologaría tiempo después. Al volver a España, publicó en Visor De un caminante enfermo que se enamoró cuando fue hospedado (1976) y ese mismo año Alarma. Como finalmente fue obligado a hacer el servicio militar, de ahí saldría el poemario Soldadesca (1979) que ilustraron muchos artistas plásticos amigos. Desde Enrique Brickmann o Eduardo Chillida hasta Antonio Saura, Tàpies o Zóbel. Además de colaborar con músicos, hizo ediciones de poesía -frecuentemente, de sus propios libros- ilustradas por pintores y escribió libros sobre otros artistas.

Su poesía raramente es convencional. Un tratadista la haría entrar en los apartados de poesía experimental o poesía visual: abundan los tachados, las frases cortadas, las imágenes, los ideogramas que a veces no lo son, etcétera. Como en Manchas nombradas (1984), Rumor de Tánger (1985), La dictadura del jaykú (1993) y varios más, entre los que destacó Tardes de lluvia/Animales impuros, editado en México en 1995. Órganos dispersos (2000), Ni mu (2002), Con todas las letras (2003), hasta llegar a la reunión de su poesía completa, editada este año, bajo el título de Ondulaciones. De cuando en cuando con ráfagas meditativas o líricas.

Además de su labor literaria y de colaboración plástica, ilustraciones y poesía visual, Ullán fue subdirector de Diario 16, donde fundó y llevó el suplemento literario Culturas, lleno de colaboraciones mexicanas, pues tuvo siempre estrechas relaciones con México, tanto que el recientemente desaparecido Rafael Conte (que era amigo de Ullán) solía decir: «Culturas, el primer suplemento cultural de México en España».

Fue en ocasiones columnista de El País, y fundó dos colecciones de poesía: Poesía/Cátedra, de esa editorial, y Ave del Paraíso, enteramente propia. Casado y con dos hijas, Ullán se divorció -singular en todo- para vivir con Manuel Ferro, que conocía desde los primeros años 80, y que era su compañero silencioso e inseparable y con el cual contrajo matrimonio recientemente.

Aunque a Ullán no le importaba acercarse a temas de muchos (así la copla, dicen que llegó a hacer alguna canción para Rocío Jurado), lo suyo era la continua indagación en una poesía y un arte esencialmente para pocos. Le viene bien por ello el título que él mismo puso a su prólogo a la antología de Valente Noventa y nueve poemas (1981): De la luminosa opacidad de los signos. Por cierto, su amistad con el hipersensible Valente, terminó truncada.

A Ullán le gustaba aparecer como raro y difícil, aunque no sería extraño encontrar entre sus líneas o grafismos un deseo oculto de proximidad. En cualquier caso resulta evidente que hizo muy bien lo que hizo, y que en las formas exclusivas y apartadizas de su trobar clus fue un maestro, un hombre de innegable y arduo talento. Fue uno de los caminos de la modernidad plural, que quizá él mismo no reconocía.

José-Miguel Ullán, poeta, nació en Villarino de los Aires (Salamanca) el 30 de octubre de 1944 y murió en Madrid el 23 de mayo de 2009.

2009/05/24

> Berria: In memoriam > JOSE-MIGUEL ULLAN, POETA

  • José-Miguel Ullán, poeta
  • Autor de una obra radical, inteligente y disconforme
  • El País, 2009-05-24 # Juan Cruz
Es una devastación. Ayer fue Rafael Conte, hoy es José-Miguel Ullán. Los juntó París, una pasión para ambos; y los ha juntado la horrible casualidad de la muerte. Ayer incineraron a Conte, ayer noche murió José-Miguel Ullán, un poeta radical, inteligente y disconforme, cuya obra exigente se hizo (como hicieron sus obras Augusto Monterroso o Juan Rulfo) tachando; Ullán fue disconforme con todos los tópicos de la escritura, y cuando él se sentía presa de su propia convención, que nacía siempre de una ruptura, también se tachaba a sí mismo.

París no sólo fue para Ullán, que había nacido en Villarino de los Aires (Salamanca) en 1944, un destino literario, sino un refugio; cuando le tocó hacer el cuartel, en pleno franquismo duro, se fue a Francia, y allí se mantuvo; escribió poemas cada vez más exigentes, hizo un periodismo igualmente radical, descubrió a gente como Marguerite Duras o Julio Cortázar, o Severo Sarduy, u Octavio Paz, y puso en pie una corresponsalía insólita, para El Norte de Castilla de su amigo Miguel Delibes, y para El Día de Tenerife, y para Triunfo y para Destino. En los tiempos de mayor penuria, las autoridades francesas le exigían que demostrara que vivía del dinero español, y que recibía estipendios, e iba viviendo. Era un periodista ejemplar: puntual, exacto, tuvo desde siempre la exigencia de la calidad, y aunque mantuvo (tanto en la prosa como en la poesía) aquella obligación de romperse la mano antes de publicar un tópico, consiguió una escritura muy fértil para sus lectores, espléndidamente informada, más informada que la de nadie en aquellos tiempos de penoso, o esforzado, periodismo cultural.

Su trabajo principal fue en la Radiotelevisión Francesa, en la época de Ramón Chao, Severo Sarduy, Montxo Goicoetxea, y Emilio Sánchez-Ortiz, entre otros; consiguió en ese tiempo un clima raro en París. Él tenía, por su naturaleza inteligente, ensimismada a veces, pero discursiva otras, el aire de un líder; no pasaba una; si él mismo se tachaba, los demás sabían que tampoco se iba a comprometer en la aprobación de cualquier texto. Sus años de París acabaron cuando Franco acabó, y él regresó a España, a cumplir, en Tenerife, con el cuartel que le había quedado pendiente. Y fue, en 1976, un soldado tardío; él, que amaba hacer happenings poéticos (hizo uno muy célebre en México, en 1973, en el homenaje del exilio y del exilio interior a León Felipe), tomó ese periodo extraño de su vida (un veterano recluta) como una de las paradojas de su vida: un tipo de Villarino, el pueblo que tanto amó, y que tan enraizado está en el aire de sus poemas, trasplantado de París a Tenerife en una huida circular de lo que significaba para él la España de Franco, que aún coleaba.

Su poesía siguió marcando como el eco de una tachadura, como una voluntad ética que nacía de la estética, de una asombrosa esencialidad. Hay un verso que anoche manejaban Manuel Ferro, su compañero de hace más de treinta años, y su esposo desde 2007, su hija Eva (Alba es su otra hija, es la madre de su nieto Alejandro) y sus amigos los poetas Miguel Casado y Olvido García Valdés; querían unas palabras para el epitafio de José-Miguel, y entre todos coligieron que debía ser unos versos que ellos se sabían de memoria, como un eco que resume la biografía y la verdad ética de la poesía de Ullán: "Vive en verdad por los adioses anda troncha los lazos que al abismo te unen urde el borrón y cuenta nueva diles que no hay más raza que el azar que no hay más patria que el dolor que todo/ que todo es frágil y la muerte incluso".

Así, sin puntos, esa poesía para respirar fuera de patrias y de alambres, hecha sin otra frontera que lo que el sueño le iba dictando, y también su poderosa inteligencia de síntesis poética.

Con una poesía así, sintética, desconfiada de la grandilocuencia, transida de la sequedad translúcida de Samuel Beckett y de la voluntad cultural, de referencias, de Octavio Paz, uno pensaría que Ullán era un contemplativo de la raíz histórica de la poesía, un poeta quieto. Y no. Fue un activista cultural. Lo fue en París, lo iba a ser en España. Con Manuel Ferro creó una editorial, organizó y comisarió exposiciones (el arte latinoamericano fue objeto de su deseo más íntimo de explorador del mundo), y con Manuel también fue un editor exquisito, de nuevo radical en sus gustos y en sus formulaciones, tanto éticas como estéticas. Aplicó esa pasión editorial a sus propios libros, que en muchos casos (incluida la edición de su poesía completa, Ondulaciones, publicada por Galaxia Gutenberg, prologada por Miguel Casado) parecen objetos que él concebía para que la letra se prolongara en el dibujo e incluso en el silencio de los blancos.

Y fue periodista, otra vez radical. Los que convivimos con él en el largo tiempo que escribió para EL PAÍS sabíamos de la pulcritud revolucionaria de sus textos; escribió de poesía y de variedades; puso en pie el pop español de la posguerra, redescubrió a Miguel de Molina, y por esa vía reconstruyó un periodo de España al que él le dio la dignidad propia de la memoria y de la poesía.

Y entrevistó. Para la radio, para la televisión, para la prensa. Trabajó con nosotros, y también para Cambio y Diario 16, y para Abc. Era un entrevistador implacable; no quería de los entrevistados las palabras; su voluntad era trasladar al papel lo más inasible de la mirada. Es decir, era un poeta que jamás cejó en su empeño de convertir la vida, también, en una especie de cofre multicolor en el que todo fuera equivalente a su manera de concebir la escritura: como una tachadura pero también como un monumento. Exquisito, pequeño, exclusivo, pero un monumento puesto, acaso, como un tesoro hallado en Villarino.

No hay más patria que el dolor. Murió ayer, hoy lo incineran. A las 19.15, en La Almudena. Extraña esta devastación. Dijo anoche Olvido García Valdés, su amiga: "Era una persona excepcional". Lo era.

> Berria: In memoriam > JOSE-MIGUEL ULLAN, UNA VOZ PERSONAL Y RIGUROSA

  • "Una voz personal y rigurosa"
  • La editorial Galaxia, que publicó su poesía completa, 'Ondulaciones', en 2008, emitió este comunicado en el que recoge diversos juicios que ha merecido la importante obra del poeta fallecido José-Miguel Ullán
  • El País, 2009-05-24
Al decir de María Zambrano, Ullán era "eso tan raro hoy -época de profesores y comentaristas- que se llama cantor, un ser viviente entre tanto simulacro de vida". Un cantor con voz "personal y rigurosa", en opinión de Octavio Paz, quien aclaró que se refería "no solamente a la poesía de España, sino a la poesía de todo el orbe hispánico". Y con una atención extrema a la lengua, como subraya por su parte José Ángel Valente: "Acaso no haya palabra nuestra, de bastante tiempo a esta parte, que haya brotado como ésta brota -en verso y en prosa- de tan admirable don de lenguaje". Por su parte, Julio Cortázar afirmó que "dentro de una producción en la que suelen hacerse sentir demasiado las influencias y las corrientes a la moda, la poesía de José-Miguel Ullán se aparta resueltamente de lo trillado, incluso a riesgo de sorprender o escandalizar, y se sitúa en un nivel individual que le da su acento más profundo y valedero".

José-Miguel Ullán nació en Villarino de los Aires (Salamanca) el 30 de octubre de 1944. Tras el bachillerato, en 1959 se traslada a Madrid e inicia estudios de Ciencias Políticas, Ciencias Sociales y Filosofía. En 1966 se exilia en París, donde sigue cursos en la École Pratique des Hautes Études con Pierre Vilar, Roland Barthes y Lucien Goldmann, y donde trabaja en la ORTF, dirigiendo las emisiones en castellano de France Culture.

A su regreso a Madrid en 1976, se incorpora a Ediciones Rayuela y desarrolla una intensa actividad en medios como El País, Radio Nacional o Televisión Española; subdirector de Diario 16, funda el memorable suplemento Culturas. Su trayectoria periodística está marcada por el sello de la singularidad, por un efecto de profundidad y dilatación en el que caben la ligereza, el humor y la ironía: el programa televisivo Tatuaje o la recopilación de columnas de El País en el libro Como lo oyes (Articulaciones) serían buen ejemplo de ello. Por otro lado, Ullán, co-autor de libros con artistas y notable conocedor del arte contemporáneo, ha organizado numerosas exposiciones; entre sus ensayos sobre arte, destaca el volumen Tàpies, ostinato.

En el 2008 Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicó Ondulaciones. Poesía reunida (1968-2007), que recogía el conjunto de su obra y que integraba sus agrafismos, poemas dibujados por el gesto libre de la mano que en otras ocasiones escribe. Unos agrafismos que, durante el último año, han protagonizado exposiciones dentro y fuera de España, la más reciente el pasado mes de abril en Nápoles.

La escritura de José-Miguel Ullán, bien lejos del mito de lo inefable, presenta al poeta frente a un mundo saturado de lenguaje, en el que sólo le cabe abrir una pausa, aislar un punto en la cadena interminable de palabras. Escribir no sería entonces crear, sino desdecir, retirar de lo ya dicho los códigos sociales del discurso, las voluntades de poder. Así, buscando el poema en el seno de la lengua real, se compone una poética de la no representación y de la forma libre, donde entran en contacto y mutuamente se depuran los elementos más dispares, de lo banal a lo más alto. La aguda sensibilidad lingüística y la peculiar densidad sensorial componen un espacio táctil y oscuro, de insólitas intensidades y resonancias.

Tal modo de relacionarse con la lengua supone un extremo ejercicio de atención; es el papel en él de la ironía: la forma que el texto tiene de atender a sí mismo. A ella se asocian la discontinuidad, el poder de la ausencia, el límite escéptico; arraiga a la vez en el humor y en la seriedad, en el conocimiento y el afecto. En este desdoblarse de la escucha, el sentido no se niega ni se afirma, no espera a ser descifrado, sino que se sugiere y se suspende en un solo gesto: el poema funciona como enigma, permanencia del pensamiento y la emoción en sus estrictas palabras, rara literalidad. Campo para la energía de un sabio dinamismo, vías para una lectura abierta en la que siempre se mantendrá viva la singularidad de José-Miguel Ullán, figura irrepetible de la cultura española contemporánea.

2009/05/23

> Berria: In memoriam > FALLECE EN MADRID EL POETA JOSE-MIGUEL ULLAN

  • Fallece en Madrid el poeta José-Miguel Ullán
  • El autor salmantino era uno de los más destacados escritores de la vanguardia española
  • El País, 2009-05-23 # Juan Cruz • Madrid
Uno de los más brillantes poetas de las recientes vanguardias españolas, José-Miguel Ullán, falleció este sábado en Madrid. Nació en Villarino de los Aires (Salamanca) en 1944. Vivió en Madrid y luego se refugió del franquismo cuartelero en París, donde desempeñó una larga experiencia como poeta y agitador cultural, y también como periodista en la Radiotelevisión Francesa. En EL PAÍS, durante mucho tiempo fue un colaborador destacadísimo que alternó su reflexión sobre la literatura con la revisión de lo que fue el pop español de posguerra.

Inconformista siempre con todos los modos poéticos, su escritura fue también una tachadura de los lugares comunes a los que se ve abocada la escritura. Su obra poética es un reflejo de esa personalidad disconforme y de su compromiso estético, rabioso también contra sí mismo. Era un hombre de una inteligencia sobresaliente que desarrolló en varios campos, también en España en medios como este, en Cambio 16, en Diario 16 y en el periódico Abc.

Deja dos hijas, Eva y Alba, y un nieto, Alejandro, que acaba de nacer. Con su esposo, Manuel Ferro, desarrolló en los años recientes una conjunta labor editorial que combinaba con el desarrollo de su otra pasión, la pintura.