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2009/03/20

> Kritika: Soy > PERVERSION Y PERVERSIDAD: SEPARANDO LA PAJA DEL TRIGO

  • Perversión y perversidad: separando la paja del trigo
  • En "Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos" (Ed. Anagrama), la psicoanalista Elisabeth Roudinesco define las perversiones en una perspectiva histórica. Y propone más: reconocer el lado oscuro que todos tenemos.
  • Página 12, Soy, 2009-03-20
Si ahora mismo miramos hacia atrás, nos encontraremos con una adorable y larga fila de personajes perversos que nos saludan. Se trata de ficciones o de seres de carne y hueso a quienes admiramos, defendemos, reivindicamos al punto de que no sabríamos cómo vivir sin su influencia. Porque fueron perversos los niños que se masturbaban, los homosexuales, las mujeres histéricas, las ninfómanas, las obras de Sade, de Pasolini. Fue perversa para su familia la monstruosidad de Gregorio Samsa y también la imagen siempre joven en el espejo que perdió a Dorian Gray. Mirando hacia atrás comprenderemos entonces que el mal absoluto, salvo en el caso aberrante del nazismo, no existe. Ni siquiera la pedofilia que hoy nos escandaliza y rebela fue siempre una perversión. Es claro, no siempre los niños pudieron vivir su propia infancia, ni contaron con sus propios derechos. Los flagelantes fueron santos primero y masoquistas siglos más tarde. He aquí un ejemplo excelente: mientras la pauta religiosa medieval propugnaba la humillación corporal como método para menospreciar el cuerpo y ensalzar el alma para acercarse a Dios, la flagelación se consideró una práctica sublimadora, pero, cuando la perspectiva eclesiástica cambió, la flagelación se transformó en vicio.

¿Será que sólo se trata de nacer en el momento adecuado? O tener suerte, vida y paciencia para que los cambios favorezcan a una u otra perversión...

La pregunta que intenta responder este nuevo libro de la psicoanalista francesa Elizabeth Roudinesco es la siguiente: ¿dónde empieza la perversión y quiénes son los perversos? Guiada por las sombras de Foucault, de Bataille y por una autocrítica que el psicoanálisis nos adeuda hace tiempo, entre otras cosas porque estudió la perversión como problema individual, dejando de lado toda perspectiva histórica, política, cultural, la autora se propone discernir entre perversión y perversidad mirando hacia atrás. Ya Michel Foucault, inspirado en Bataille, había proyectado incluir en su Historia de la sexualidad un capítulo dedicado al mundo de los perversos, es decir, a aquellos a quienes las sociedades humanas, preocupadas por desmarcarse de una parte maldita de sí mismas, han designado como tales.

Toma la posta Roudinesco a lo largo de cinco capítulos que abordan sucesivamente la época medieval, con Gilles de Rais, las santas místicas, los flagelantes; el siglo XVIII, en torno de la vida y la obra del Marqués de Sade; el siglo XIX, el de la medicina mental, con su descripción de las perversiones sexuales; por último, el siglo XX, donde se afirma, con el nazismo –y en especial en las confesiones de Rudolf Höss a propósito de Auschwitz–, la metamorfosis más abyecta que existe de la perversión, antes de que ésta acabe por ser designada, en nuestros días, como un trastorno de la identidad, un estado de delincuencia, una desviación, sin que por ello deje de desplegarse en múltiples facetas: zoofilia, pedofilia, terrorismo, transexualidad.

Si bien el mundo ya no se halla regido por una autoridad divina, aun en el reinado de la ciencia, la perversión sigue siendo sinónimo de perversidad y cualesquiera que sean sus figuras, dice la autora, siempre se relaciona, como antaño, con una especie de negativo de la libertad: aniquilación, deshumanización, odio, destrucción, dominio, crueldad, goce. Roudinesco, en este trabajo, señala la doble cara de la perversión que por un lado marca el límite que una sociedad se impone y, por el otro, celebra su poder para romperlo. Preserva la norma sin dejar de asegurar a la especie humana la permanencia de sus placeres y de sus transgresiones. ¿Qué haríamos sin Sade, Mishima, Genet, Pasolini, Hitchcock y tantos otros que nos legaron las obras más refinadas que quepa imaginar? ¿Qué haríamos si ya no nos fuese posible designar como chivos expiatorios –es decir, perversos– a aquellos que aceptan traducir mediante sus extraños actos las tendencias inconfesables que nos habitan y que reprimimos?

2009/03/17

> Iritzia: Miguel A. Hernández-Navarro > LA PARTE MALDITA

  • La parte maldita
  • No (ha) lugar, 2009-03-17 # Miguel A. Hernández-Navarro
  • Élisabeth Roudinesco, Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos. Anagrama. 256 páginas. 15 €
Élisabeth Roudinesco (París, 1944) es una de las ensayistas más incisivas del actual panorama de las letras francesas. Teórica y estudiosa del psicoanálisis, a ella debemos una de las más completas biografías de Lacan, así como uno de los libros más lúcidos acerca de la actualidad y necesidad del psicoanálisis para abordar los problemas de la sociedad actual (¿Por qué el psicoanálisis?). Según su visión, esta disciplina a medio camino entre la ciencia y las humanidades sigue siendo la herramienta privilegiada para analizar el mundo contemporáneo. Es más, llegará a sostener que sólo a través del psicoanálisis podremos comprender algunos de los grandes temas de nuestro tiempo. Es desde este punto de vista desde el que, por ejemplo, ha entrado a desentrañar la complejidad del modelo de familia occidental y su disolución durante las últimas décadas de nuestra historia (La familia en desorden).

Como quiera que sea, los ensayos de Roudinesco, a quien sólo de un tiempo a esta parte parece que se comienza a reivindicar, son siempre de una claridad y contundencia envidiable. Escritos con una prosa ágil y ligera, esconden siempre, sin embargo, una articulación y una profundidad que los hace completamente necesarios. ‘Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos’, el libro que comentamos ahora, sigue esa lógica ensayista del lenguaje claro y preciso, el posicionamiento y la versatilidad. Y al mismo tiempo incorpora una gran cantidad de información histórica que da cuenta también de la formación de historiadora de la autora, que la dota de un perfil riguroso que complementa siempre sus argumentos con un anclaje preciso en la realidad.

La tesis esencial de este libro es la presencia ineludible en la condición humana de un lado oscuro, un reverso tenebroso, una sombra... una parte maldita que se esconde tras la apariencia. Ese lado oscuro, que todos tenemos y que la represión que opera en el ámbito de lo social lo mantiene a raya, emerge sin embargo en algunos individuos, que dan cuenta de lo difícil que es contener nuestra naturaleza perversa. A partir de esta idea, Roudinesco realiza un repaso fascinante y realmente curioso por algunos de los casos en los que la perversión ha aflorado y se ha convertido en el principio rector del individuo, desde el marqués de Sade hasta los genocidas de Auschwitz. Asesinos, mártires, homosexuales, bestialistas, masturbadores, sádicos.. en cada momento el perverso ha sido representado por una figura diferente. Si algo queda claro a lo largo de las páginas del libro es que la perversión se define sociohistóricamente. Los perversos han sido perversos sólo en función de lo que en cada época se entendía por perversión. El homosexual o el masturbador, por ejemplo, se convirtieron en un momento determinado en el paradigma de la perversión. Hoy, sin embargo, ese rol lo ocupan el pedófilo o el terrorista, cuya perversión raya en dar cuenta del mal absoluto.

En cierto modo, el libro puede ser entendido como una historia de los prejuicios sobre aquello que nos resulta extraño. Prejuicios sobre lo otro radical, sobre lo anormal. Toda la historia de la humanidad occidental se resume en un proceso de normalización de los sujetos, de consecución de un sujeto normal y socialmente adaptado. El perverso, sin embargo, es aquel que está en el afuera de lo social, es lo otro de la civilización, lo que atenta contra ésta. Pero precisamente por esa razón, la perversión, lo otro radical, es lo único que permite ver qué es lo normal, es el fondo de contraste sobre el que se recorta la normalidad.

La perspectiva psicoanalítica se revela, al final, como la más adecuada para presentar y analizar ese lado oscuro. De hecho, uno de los objetivos claros del psicoanálisis será buscar ese lado perverso que no suele aparecer en la vida cotidiana, pero que está en el fondo de cada uno de nosotros. El inconsciente, que rige nuestra vida y nuestra conducta, que nos maneja, que es el amo del yo. Y en ese amo se encuentran también los miedos, los deseos, las pulsiones... todo aquello que el ego, el ser social, se esfuerza por contener. El psicoanálisis mostró cómo la condición humana es una lucha, una tensión entre las fuerzas del inconsciente y las fuerzas domesticadoras de lo social. Una fuerzas domesticadoras que no siempre son efectivas y que, a veces, dejan escapar el monstruo que llevamos dentro.

2009/02/28

> Kritika: Peatóm > NUESTRO LADO OSCURO

  • Nuestro lado oscuro
  • Peatóm, 2009-02-28
Perversión. La historiadora y psicoanalista francesa Élisabeth Roudinesco se pregunta en su ensayo “Nuestro lado oscuro”, presentado hoy, sobre los orígenes de la perversión y sobre quiénes son los perversos, concluyendo que la “perversión es humana” y que “hay perversos en todas partes”. Acompañada por el editor de Anagrama, Jorge Herralde, esta directora de investigaciones en la Universidad de París-VII, más que una rueda de prensa, ofreció en la presentación de su libro una clase magistral sobre la historia de la perversión humana, desde la aparición del término en la Edad Media hasta nuestros días, con un paradigma claro de “perverso” en la figura de Bin Laden.

Sostiene la ensayista que siempre ha habido perversos, aunque a lo largo de la Historia se han valorado de forma diferente, y ha puesto como ejemplo que, si bien en el siglo XVIII estaba prohibido mantener relaciones con niños, el pedófilo era tolerado, mientras que en la actualidad “el más perverso es aquél que toca al niño, que ya no es considerado como un objeto más”. Desde la Edad Media hasta nuestros días, Roudinesco convoca a seres tan despreciables como Gilles de Rais, mariscal de Francia, compañero de armas de Juana de Arco y… asesino en serie avant-la-lettre que descuartizó a más de 300 niños en orgías cuidadosamente teatralizadas o tan trangresores como el marqués de Sade, que poca presentación necesita, sin olvidar, ya en el siglo XX, la calculada organización de los campos de exterminio nazis. «Nada es comparable a aquello».

Normas patológicas
Pese a esos estallidos, el siglo XXI está jugando con el espejismo de que es posible erradicar la perversión, algo que a la historiadora le parece altamente peligroso. «Hay una serie de tendencias que se dirigen a ese objetivo y que corren el riesgo de provocar efectos perversos», advierte. Sería el caso, según la autora, de los movimientos para la liberación animal que están recibiendo la simpatía de muchos ciudadanos, incluso de las leyes y sin embargo son movimientos «que prohiben comer cualquier tipo de bestia y promulgan el ¡matrimonio! entre animales y humanos». Más generalizado, pero también potencialmente peligroso, es el higienismo médico que intenta regular la cantidad de alcohol que podemos ingerir e impedir el consumo de tabaco. «Si esta tendencia se exacerba la perversión se situará en la norma y no en el individuo»

En el último capítulo, se adentra en el siglo XX y especialmente en el nazismo, “la metamorfosis más abyecta que existe de la perversión”. A su juicio, después de Auschwitz “cambia la mirada sobre nosotros mismos, porque (el nazismo) fue algo creado por el hombre, no por Dios ni por animales”. Es el único sistema político de la Historia que “llevó a cabo la exterminación de un pueblo en nombre de la Ciencia y contra la idea de Dios”, y que cree que no volverá a repetirse. La investigadora, que ha dejado muy claro que empezó a interesarse por esta cuestión sólo después de que se lo pidieran para la inauguración de un simposio en Belo Horizonte (Brasil) en 2004, ha definido al perverso como aquella persona que “goza del daño que hace a los demás y que trata al otro como a un objeto, lo que nos lleva a las perversiones sexuales”.

En esta primera historia de los perversos, también mantiene la escritora —autora de libros que han marcado época como “La batalla de los cien años: historia del psicoanálisis en Francia”— que hay diferentes grados de perversión, y subraya que ya Freud “nos enseñó que todos lo somos en algún grado, mientras que (la perversión) no existe en el reino animal”. Roudinesco cree igualmente que una persona puede ser “fantástica” en un ámbito de su vida y en otro actuar de forma perversa, y que “el mal absoluto no existe”.

Cada época de la Historia ha ido señalando su “parte oscura” y durante mucho tiempo, hasta el siglo XVIII, “el perverso era el que rehusaba el orden procreativo, el que no quería que la sociedad se reprodujera”. En el caso de los homosexuales, durante siglos, fueron tachados de perversos por este hecho, aunque “en la Antigüedad era lícito serlo, siempre y cuando estuvieran casados y con hijos”. Respecto de los atentados del 11-S, ha sostenido que “todo fue muy calculado por una mente diabólica” y ha agregado que “no fue sólo terrorismo de base. Fue algo más”. Sobre el personaje de Bin Laden, ha reflexionado en el sentido de que su vida tiene dos partes muy diferenciadas: una es la que vive como un niño y un joven hijo de familia rica de Arabia y la otra, ya de adulto, es la que le sirve para odiar a la primera y “convertirse al Islam y en una máquina que mata”. Bin Laden protagoniza el penúltimo modelo de perversión, según Roudinesco. Lo materializó sobre el cielo de Nueva York la mañana del 11 de septiembre del 2001. «Todo fue cuidadosamente calculado, los pilotos se perfumaron, llevaban inscripciones sexuales sobre las vírgenes que les esperarían en el Edén, sabían que se filmaría el goce de su muerte y que las imágenes encerrarían una aterradora belleza».

2009/02/27

> Berria: Argitaralpenak > ATRAPADOS POR EL LADO OSCURO

  • Atrapados por el lado oscuro
  • De los místicos a Bin Laden, Élisabeth Roudinesco traza una historia de la perversión. El libro funciona como un breve catálogo de infames y proscritos. Sade se horrorizó de sus transgresiones cuando el terror las hizo realidad. Roudinesco: "Las políticas para erradicar el mal sólo provocan más mal". "Osama representa el asesinato por el asesinato", afirma la autora
  • El País, 2009-02-27 # Ignacio Vidal-Folch • Barcelona
Elisabeth Roudinesco (París, 1944), historiadora y docente en la universidad de París VII, ha escrito un ensayo histórico sobre “Nuestro lado oscuro”, recién editado por Anagrama, donde reúne algunos casos señeros de lo que a lo largo de los siglos se ha considerado la cima de la perversión.

Se trata de un breve catálogo de infames y proscritos, que empieza con los místicos medievales flagelantes cuando empiezan a convertirse en un problema de orden público y religioso y a ser vistos como poseídos por las pasiones demoniacas que pretendían vencer; que prosigue con Gilles de Rais, el noble francés y soldado caballeresco que asesinó de la forma más cruel y repulsiva a más de trescientos niños, y al que Georges Bataille dedicó un ensayo seminal; continúa con la aventura patética del marqués de Sade, fabulador deseoso de transgresiones que cuando vio realizadas por el Terror de la Revolución le horrorizaban; prosigue con los paradigmas de perversión en el mundo positivista del siglo XIX; con algunos de los grandes criminales del régimen nazi, entre los cuales destacan el doctor Mengele y Rudolf Höss, comandante de Auschwitz y exterminador bienpensante -según su autobiografía, redactada mientras era juzgado en Núremberg- de judíos, gitanos y malhechores a los que afirmaba creer que hacía un favor al matarlos. Y por fin se centra en algunas figuras de la contemporaneidad que pueden ocupar el lugar abandonado por las conductas y colectivos -masturbadores, homosexuales o brujas- desclasificados de la lista de las perversiones. Entre esas figuras, la de los transexuales: "Después de escribir un libro sobre La familia en desorden, me preguntaba quién, qué colectivo, una vez que el homosexual se libera de la condición de perverso y entra en el ámbito de la familia, encarnaría a partir de ese momento la idea, el papel de lo perverso. La transexualidad es una cuestión muy extraña relacionada con la capacidad de transformar el propio cuerpo, como los místicos de antaño", sostiene Roudinesco, en conversación ayer con este diario.

Nuestro lado oscuro es un libro en la estela de Foucault. El autor de Vigilar y castigar solía hacer una investigación histórica sobre un tema determinado para, a partir de esa investigación, tratar de encontrar una idea que se saliera de lo establecido por el sentido común, alguna idea renovadora. Roudinesco opera también así, y de hecho se remite a Foucault, quien en su Historia de la sexualidad había previsto un capítulo sobre los perversos, que no llegó a escribir. En su ensayo se pregunta quiénes son los perversos, cómo se les señala, se les detecta, se les define como tales, qué cambios históricos afectan a esas definiciones, como se desclasifica tal o cual perversión. "Antes de empezar ya tenía muy clara la idea de partida y es la siguiente: a partir del momento en que se quiere evacuar el mal del cuerpo social y formar una sociedad tranquilizadora, segurizante, libre de pecado, que en vez de dejar actuar la heterogeneidad que mientras haya humanidad siempre existirá lucha contra ella con la idea de una tolerancia cero, que se erradicará del todo el mal, empezamos a construir una sociedad perversa. Yo no soy ni mucho menos laxista ni relativista, pero creo que cuantas más políticas de erradicación del mal se orquesten, más se fabrica el mal. Hay que dejar al sujeto la posibilidad de cambiar. Una sociedad como la nuestra que profesa semejante culto a la transparencia, la vigilancia y la abolición de su parte maldita es una sociedad perversa, en la que teorías de liberación que de entrada pueden ser muy justas se vuelven lo contrario".

En la galería de personajes de Nuestro lado oscuro destaca el caudillo de Al Qaeda, Osama Bin Laden, adalid de "la representación del asesinato por el asesinato". Bin Laden recuerda a aquellos genios nihilistas de las ficciones subculturales que deseaban destruir el mundo. Pero según Roudinesco, el líder de Al Qaeda recuerda más bien al protagonista de la novela El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde: un hombre de la mejor sociedad, educado en la excelencia, entregado a todas las depravaciones, vicios y perversiones, permanece físicamente juvenil e intocado por ellas, que se reflejan sólo en su retrato al óleo. El personaje Dorian Gray es de una gran belleza física, de una gran inteligencia, como Bin Laden, que de joven era muy guapo, creció en una familia muy próspera, conoció y apreció la civilización occidental... y en su interior empezó a germinar la inversión de lo que había sido, la metamorfosis.

"No sé si usted se ha fijado", dice Roudinesco, "pero cada vez que filman a Bin Laden se vuelve más y más feo. El crimen se muestra en los rasgos de la cara. Fíjese en las fotos. No es sólo cuestión de que envejezca. Es un personaje inquietante, diabólico".

Como geniecillo menor de la perversión y resumen de su tesis Roudinesco comenta la deriva del fiscal Starr, el que le hizo la vida imposible al presidente norteamericano Clinton y buscó desesperadamente una mancha de semen en un vestido de Monica Lewinsky: "Un gran perverso. Todos los grandes fiscales, fiscales del alma, que quieren sanear el fondo de nosotros mismos están forzosamente habitados, ellos mismos, por el diablo, hechizados por el mal que ven en los demás. El puritanismo es una teoría perversa".

  • Galería de abyectos
  • Margarita María Alacoque se alimentó de vómito y en una ocasión se introdujo en la boca los excrementos de una disentérica subrayando que aquel contacto suscitaba en ella una visión de Cristo.
  • Catalina de Siena declaró un día no haber comido nada tan delicioso como el pus de los pechos de una cancerosa.
  • Gilles de Rais, mariscal de Francia, hacia sufrir las peores sevicias a niños secuestrados y los sodomizaba en plena agonía.
  • El marqués de Sade preconizó el sexo libertino y acciones extravagantes como encular un pavo (entre otros).
  • Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, entra en la cámara de gas ansioso de saber qué se siente. La experiencia, escribe, le tranquiliza.
  • Peter Singer, filósofo australiano, considera un acto criminal comer animales y aboga contra los "inmundos comedores de bocadillos de jamón". Llevando al extremo sus creencias, hace apología de la zoofilia y defiende el matrimonio con las bestias.

2009/02/22

> Elkarrizketa: Jeffrey Weeks > "CADA VEZ ES MAS DIFICIL DEFINIR LO QUE ES PERVERSO"

  • Jeffrey Weeks: "Cada vez es más difícil definir lo que es perverso"
  • El País, 2009-02-22 # Malén Aznárez
Ahora que está en boca de todos la lucha gay de Harvey Milk llevada al cine, nos detenemos a hablar con este intelectual británico, eminencia en la historia y cultura de la sexualidad.

Tiene el aspecto discreto de quien quiere pasar inadvertido. Bien trajeado, chaqueta azul, corbata clásica, gafas de profesor universitario y un hablar extremadamente correcto interrumpido por contenidas risas. Parece un empleado de banca o un funcionario que deambula despistado por los pasillos de Caixaforum. Pero Jeffrey Weeks es, posiblemente, una de las personas más rompedoras del panorama británico de los últimos cuarenta años.

Nacido en Gales hace 63 años, vivió su infancia y adolescencia en un entorno minero de hombres duros y conservadores en el que pronto descubrió que su sexualidad “era distinta”. Así que enseguida decidió que lo suyo era escapar a Londres, donde podría estudiar y vivir en libertad. A comienzos de los años setenta comenzó a militar en el Frente de Liberación Gay, y decidió confesar públicamente su homosexualidad, algo poco frecuente en aquella época. Desde entonces, esa militancia y dar a conocer la organización de la sexualidad en la historia y la vida íntima de las personas han sido los motores inseparables de la vida de este sociólogo e historiador, catedrático emérito de la London South Bank University, que lleva años buceando en los entresijos del paisaje sexual y sus incesantes modificaciones sociales y culturales. Ha vivido una auténtica revolución, desde una infancia donde ni siquiera podía hablar de sexo hasta poder decir bien alto que tiene una pareja de hecho con otro hombre. Weeks ha estado en Madrid en una de las frías tardes de enero para hablar precisamente de sexualidad y género en un ciclo organizado por Caixaforum.

¿Cómo ha vivido tanto cambio social?
Los valles del sur de Gales donde nací eran la zona de carbón más famosa del mundo y tenían una cultura que giraba en torno a ese mineral: solidaridad intensa entre los mineros y división estricta entre hombres y mujeres. Era una sociedad cálida, comunitaria, de apoyo, pero muy conservadora desde el punto de vista social, conservadora respecto al género y a la sexualidad. Era muy difícil concebir un tipo de vida diferente, era un mundo en sí mismo, y los medios principales de escape llegaban por la educación. Yo fui un joven despierto, fui a la mejor escuela de la región, y con 18 años pude irme a la Universidad.

Así que escapó de aquel mundo cerrado. ¿En su casa eran mineros?
El entorno era minero. Los padres de mi madre habían sido mineros, pero mi padre trabajó en una fábrica toda su vida. Mi madre cuidaba de nosotros, pero también tenía trabajos de media jornada en comercios. Era una familia clásica de clase trabajadora. Tengo un hermano dos años más pequeño que yo, y a los 18 tuve otro hermano. Mi madre sigue viviendo en el mismo lugar de Gales, y mis hermanos también. Yo me fui a Londres como estudiante y allí me quedé. Me escapé de algún modo, sí… Pero sigo teniendo profundas relaciones con mi familia. Ir a Londres me permitió explorar mi sexualidad, aunque durante muchos años no conté a mi familia que era gay. Así que viví dos vidas, la galesa, donde era el hijo, el hijo inteligente, y luego estaba la vida londinense, donde vivía mi homosexualidad de un modo abierto estableciendo amistades y relaciones.

¿Cómo vivió su despertar homosexual en los años cincuenta y en un ambiente como el que describe?
Sabía que era gay desde los 16 años, y tuve algún encuentro sexual con compañeros de colegio, pero mi vida gay se inició en Londres. Aunque incluso en los primeros años de Londres, en los sesenta, seguía siendo una vida semisecreta; algunos de mis amigos sabían que era gay, pero en general viví dentro del armario esa parte de mi vida.

Supongo que se necesitaba mucho coraje para salir entonces del armario, poquísimas personas lo hacían.
El punto de inflexión se produjo con mi participación, en noviembre de 1970, en el Movimiento de Liberación Gay. La razón por la que participé en ese movimiento fue que sus primeras reuniones se celebraron en la London School Academy, y yo trabajaba allí, fue mi primer trabajo. Así que fue un paso fácil. Iba del trabajo directamente a las reuniones… Por supuesto fue una revolución en nuestras actitudes, en mi actitud frente a la sexualidad y la política, pero también en mi vida personal. En una de las primeras reuniones a las que asistí conocí a Angus Suttie, mi primera relación larga, que más adelante se convirtió en un ceramista muy famoso. La ideología del Movimiento de Liberación Gay era ser abierto, así que yo me acerqué a mis colegas de trabajo y se lo expliqué, y luego, poco tiempo después, hice lo mismo con mis padres.

¿Y cómo reaccionaron?
Primero se lo dije a mi padre porque pensé que iba a ser el más difícil. Me respondió que no le gustaba especialmente el hecho de que fuera gay, pero que me quería y lo aceptaba mientras no hiciera mucho escándalo en Gales… Mi madre dijo algo parecido. Y lo interesante es que ambos lo habían sospechado, pero nunca lo habían hablado entre ellos.

Suele ser algo bastante habitual, lo que no se habla no existe…
Sí, sí, es bastante común. A pesar de que tenían muy buena relación y hablaban mucho entre ellos, no lo hicieron. Y después empecé a escribir sobre sexualidad, sobre homosexualidad, y me hice conocido. A finales de los setenta, la gente me conocía por mis escritos, y mi madre y el resto de mi familia, porque mi padre había muerto ya, se sintieron muy orgullosos de que yo fuera un escritor de éxito, aunque les daba algo de apuro.

Ser famoso o reconocido siempre facilita las cosas, ¿no?
Los ochenta fueron un periodo difícil por el sida, así que había cierta ambivalencia: por un lado, orgullo; por otro, vergüenza. Pero lo importante fue que nunca me rechazaron y siempre me he sentido apoyado. Creo que tengo una familia que me ama; no eran demasiado religiosos, ni políticos, el espíritu era de apoyo, y pasara lo que pasara apoyaban a su hijo. Y sigue siendo así. Ahora que tengo una pareja de hecho con Mark McNestry, mi madre habla de nosotros como si estuviéramos casados; le encanta Mark. Y mi familia nos ha aceptado como pareja. Las cosas han cambiado tremendamente en los últimos 20 años. Cuando cumplí 60, hice una fiesta y reuní por primera vez a las dos familias en Londres, la de Mark y la mía. Fue una afirmación importante de mi relación y de la aceptación por parte de las dos familias. La familia de Mark es católica, y al principio, cuando él salió del armario, les resultó difícil. Pero como le quieren, han acabado aceptándolo, y a mí; como parte de pleno derecho de la familia, soy un miembro más y eso es importante. Pero ha sido una gran lucha de 40 años.

En España ha habido una fuerte batalla para reconocer por ley el matrimonio homosexual; la Iglesia católica y la derecha conservadora se opusieron duramente. Usted tiene una pareja de hecho, ¿le da algún valor a esa diferencia de lenguaje?
En el Reino Unido, ser pareja de hecho es exactamente igual que ser un matrimonio, simplemente es una forma de llamarlo. No se llama matrimonio por pragmatismo político. Creo que en algún momento se llamará también matrimonio, pero haciéndolo así era más fácil que pasara por el Parlamento, es lo que yo llamo liberalismo un poco soterrado… Pero en España, que son mucho más religiosos, la batalla también se da en el lenguaje, llamarlo matrimonio es importante porque se convierte en el centro de una batalla simbólica. Yo lo veo como una búsqueda de legitimidad y aceptación. En la primera fase del movimiento gay se trataba de explorar nuestra sexualidad, del reconocimiento de nuestros derechos sexuales y su legitimación. Cuando eso ya ha sido aceptado, la segunda fase, en la que estamos ahora, es lograr la aceptación y afirmación de todas las relaciones. Y creo que por eso la batalla por el reconocimiento de hecho, por el matrimonio, ha sido tan central. Es lo que yo llamo un marco relacional en lugar de un marco sexual, hemos pasado de los derechos sexuales a los derechos relacionales.

¿Se considera usted un nuevo gurú de la sexualidad? En el último siglo ha habido muchos, Freud, Reich, Foucault, por citar sólo algunos, que han influido en nuestras vidas.
Esa comparación me da vergüenza… Freud, por ejemplo, formaba parte de un grupo de sexólogos que también influyeron, y a menudo se nos olvidan y sólo nos acordamos de un nombre. Yo me veo como parte de un proceso más democrático en el debate sobre la homosexualidad, como parte de un movimiento más amplio, intelectual y político, para ayudar a evolucionar. No me veo como un gran gurú. Pero es bueno y halagador que las personas lean mis libros o me hagan entrevistas, porque de este modo espero ayudar a divulgar las ideas que represento o defiendo.

Usted dice que en la construcción de la sexualidad y el género, la naturaleza tiene poco que ver. Es bastante sorprendente…
Digo eso con ánimo de crear polémica, para forzarnos a pensar sobre la importancia de la historia, la sociedad y la cultura a la hora de configurar nuestras creencias y valores sexuales. Por supuesto, creo en la importancia del cuerpo y sus posibilidades biológicas para el placer y el dolor, y reconozco que hay diferencias biológicas y físicas entre los hombres y las mujeres que abren distintas posibilidades. Y también creo, influido por Freud y la psicología, que hay sentimientos inconscientes. Así que pienso que la sexualidad es la fuente de tres grandes fuerzas: posibilidades biológicas, procesos psicológicos y, en tercer lugar, la parte que se ha olvidado o menoscabado, la parte de la historia, la sociedad y la cultura.

Parece que ha llegado su momento, el de la historia y la cultura.
En el pasado, los aspectos culturales han sido a menudo marginados u olvidados, y yo, como sociólogo, he trabajado durante muchos años para destacar la importancia de la historia. Si estás interesado en temas de identidad, hay que reconocer el poder y la importancia de lo social, lo cultural, porque las identidades no existen en la naturaleza. Las posibilidades sí, biológicas y psicológicas.

Para usted, ¿las identidades sexuales son siempre sociales?
Sí, siempre. Cuando hablamos de identidades nacionales no hablamos de posibilidades biológicas, hablamos del modo de cómo, a través de la historia, han surgido unas identidades que no están forzosamente relacionadas ni con la genética ni con la biología, y vemos que las identidades cambian, se hacen a la historia. Y lo mismo pasa con la identidad sexual. Por ejemplo, hay muchas personas que tienen prácticas homosexuales y no tienen una identidad gay, y hay personas con identidad gay que no necesariamente tienen sexo gay. No hay una relación necesaria entre una y otra, y esto es porque las identidades se configuran en la historia.

Pero generalmente se siguen identificando las identidades de género con las sexuales…
La mayoría de las personas encuentran más fácil decir: nací así y el modo en que actúo está dictado por mi biología. Creo que existen peligros ante esa actitud. Por ejemplo, históricamente los violadores han justificado su comportamiento basándose en unas urgencias sexuales incontrolables, pero yo no creo en eso. Pienso que la violación es el resultado de factores sociales, porque no todos los hombres son violadores. Y es obvio que algunos hombres tienen un problema sexual que se deriva de su infancia, de su interacción con los demás, que ha configurado su actitud ante las mujeres, les han hecho odiar a las mujeres. Pero eso no es inherente a todos los hombres, no es un tema biológico. Es importante ver el porqué de nuestro comportamiento sexual en el género y ver cómo va cambiando con el tiempo.

¿Por ejemplo?
Voy a dar un ejemplo de mi propia familia. Mi hermano más cercano por edad se casó, tuvo hijos, y nunca hizo nada por educarles. Eso era cosa de la mujer, que se ocupaba de criar y educar a los hijos. Y así era como se comportaban los hombres en los años setenta y ochenta. Mi hermano más joven, en cambio, se ha ocupado mucho de la educación de sus hijos desde que eran muy pequeños, los bañaba, los acostaba, compartía totalmente las tareas de ser padre. Y ahora mi hermano mayor, que tiene dos nietas, se comporta con ellas como mi hermano menor, las lleva a la escuela, las recoge, las lleva de vacaciones; ha cambiado porque la cultura ha cambiado. Y es tierno con sus nietas, mucho más de lo que nunca fue con sus propias hijas.

Es evidente que la cultura ha cambiado los roles tradicionales de lo masculino y femenino, pero en cuanto a la sexualidad, mucha gente sigue haciéndose la clásica pregunta: ¿es una opción o está determinada por la biología?
Es una discusión que lleva cien años… Yo hago una diferenciación. Los deseos, los sentimientos, las pulsiones, pueden o no estar determinados por los genes o las distintas influencias, las pruebas científicas no son concluyentes en este campo. Lo que sí está claro es que la elección de si quieres llevar un estilo de vida homosexual o no sí es una elección social. Así que hay que hacer una distinción entre las posibilidades, que son biológicas, y las identidades que elegimos.

El cuerpo se ha convertido en un fetiche, moda, publicidad, salud, deporte… Esa potenciación del cuerpo, del erotismo y la sexualidad, ¿se traduce en cambios reales en la sexualidad o es una pura envoltura consumista?
Creo que ha habido un profundo cambio sobre dónde reside la autoridad en sexualidad. En el pasado, la mayoría de la población aceptaba una autoridad tradicional sobre cómo debería vivir o comportarse. Y lo hemos visto en los archivos de la Iglesia, que reconocía que las personas hacían cosas no permitidas, pero la sociedad estaba dominada por valores tradicionales. Hoy todo ha cambiado, porque la mayoría de las fuentes de autoridad tradicional, tanto si es la Iglesia, el Estado u otros tipos de autoridad como la medicina, han sido cuestionadas. Ha habido un largo proceso de democratización y secularización, y en la mayoría de los países occidentales ya no vivimos en sociedades religiosas; la religión todavía es poderosa, pero la mayoría de las personas tienen valores seculares. Podemos separar nuestras creencias religiosas de nuestro comportamiento individual mucho más. ¿Por qué? La razón fundamental, y es un gran cambio social, es porque en lugar de una fuente de autoridad ahora tenemos miles en nuestras vidas individuales.

En general, la sociedad, al menos la española, parece que ha evolucionado muy rápidamente en este aspecto.
Muchas personas se confunden un poco y buscan unas normas más estrictas, pero otras muchas encuentran la posibilidad de desarrollar una vida más creativa, cometen errores y las relaciones se rompen y empiezan nuevas relaciones, y siguen y siguen intentándolo. Esencialmente creo que las personas son profundamente morales, pero la mayoría ya no acepta que la moralidad esté dictada por una autoridad, sino que vive tomando sus propias decisiones morales. Lo que vemos es la emergencia de lo que llamo una moralidad de base, o mejor unas moralidades de base, en plural.

Habla de diversidad sexual y moral, pero es algo que a mucha gente, y también a los poderes, les da pavor…
La Iglesia y el Estado siempre han reconocido la diversidad sexual. La Iglesia siempre ha mostrado una lista de las cosas que eran legítimas e ilegítimas, y el Estado ha contado con leyes que reconocían la existencia de la diversidad. Incluso la Iglesia católica reconoce la existencia de lo que llaman una “orientación homosexual”, y dice eso de amamos al pecador aunque odiemos el pecado… Lo que ha cambiado no es la existencia de la diversidad sexual, sino el modo en que la tratamos.

¿Y cómo la tratamos?
Tal y como yo lo veo, en los últimos años hemos reconocido la realidad de la diversidad sexual, pero nos sigue pareciendo difícil aceptar el valor o valores que puede suponer, aunque creo que hemos dado importantes pasos en esta dirección, por no citar los pasos que se han dado en España y otros países hacia el matrimonio homosexual. La ley acepta mucho mejor incluso otros tipos de diversidad, como el sexo masoquista, u otros tipos de comportamientos, como el sexo fuera del matrimonio o las familias monoparentales. Todo lo que en mi infancia eran tabúes sexuales ahora están aceptados en la mayoría de los países de Europa, así que estamos en la dirección de una mayor aceptación de la apertura y diversidad. Ahora los libros médicos encuentran muy difícil definir lo que es perverso, lo cual no significa que no podamos tomar decisiones sobre lo que nos resulta apropiado o inapropiado, bueno o malo. Pero donde se ha producido el gran cambio no es tanto en lo que se hace, sino en cómo lo hacemos.

¿Qué es lo que ahora nos preocupa?
Hoy ya no estamos tan preocupados sobre si somos homosexuales o heterosexuales, sino si la relación que establecemos es positiva. Y estamos más preocupados con el abuso y la violencia de lo que solíamos estar en el pasado; por ejemplo, respecto al incesto, buscamos una protección para los niños. No hemos abandonado los valores, la moral y la ética, simplemente nos preocupan temas distintos.

Menciona las perversiones, son temas que todavía se hablan en voz muy baja…
Si nos remontamos cien años atrás, vemos que los sexólogos pioneros estaban muy preocupados por definir las perversiones, que entonces eran muy similares a los pecados enumerados por la Iglesia. Pero en los últimos veinte o treinta años, la mayoría de los científicos, las actitudes médicas, se han alejado de intentar definir una perversión excepto en términos de algo que incluya la fuerza o la violencia contra otros. Se ha dicho que lo único que realmente se puede llamar una perversión es lo que se ejerce impuesto con violencia contra otro. En los manuales oficiales de diagnóstico, poco a poco han ido eliminando lo que solía considerarse como perversiones, y la homosexualidad ha sido uno de los primeros ejemplos. Primero fue un pecado; luego, una perversión, y ahora se considera una variación, entre otras, de la sexualidad. Donde no se ha producido ha sido, claro, en la pedofilia, porque se trata de la imposición de valores adultos sobre los niños, y como los niños no pueden responder del mismo modo que los adultos, no pueden entrar en el mismo debate porque es un nivel relacional distinto. Nos preocupa el contexto, lo importante es la elección libre, el consentimiento, y rechazar el poder y la violencia.

En sus conferencias, usted afirma que las mujeres, pese a la revolución feminista, siguen teniendo en el fondo de su cabeza un hombre que les llama a la sumisión. ¿Es también una provocación o lo cree de verdad?
La afirmación viene de un trabajo realizado por una colega, Janet Holland, y su equipo, que entrevistaron a mujeres sobre sus actitudes sexuales y encontraron que, aunque afirmaban sus propias opciones, admitían que, en última instancia, les resultaba difícil alejarse de los valores tradicionales en una relación con un hombre. Seguían, de algún modo, sometidas a los hombres en muchas situaciones. Janet explica que no es algo biológico e inevitable, pero que simbólicamente es como si todavía hubiera un hombre en la cabeza de las mujeres, algo que las debilita a la hora de resistirse a los valores tradicionales. Muchas mujeres reconocían que tenían que luchar constantemente contra ello.

Parece que a las lesbianas les cuesta hacerse visibles más que a los homosexuales varones. ¿Funciona la doble marginación?
Creo que el movimiento homosexual femenino ha emergido de las sombras en los últimos 20 años. Históricamente siempre ha sido más fácil para los hombres explorar su sexualidad que para las mujeres, y esto se debe a que nuestra actitud ante la sexualidad está muy basada en supuestos de género: los hombres son activos, y las mujeres, pasivas. Y socialmente en el pasado era mucho más fácil para los hombres alejarse de las actitudes familiares tradicionales y tener sexo fuera de la familia, que es lo que sucedió hasta finales del siglo XX. La mayoría de los hombres que tenían relaciones homosexuales también estaban casados, pero era imposible para mujeres que estuvieran casadas tener relaciones sexuales fuera del matrimonio, porque eso hubiera supuesto un desastre económico, social y moral. Así que podemos decir que el mundo gay masculino está más desarrollado que el femenino. Muchas de las lesbianas que conozco siguen explorando su sexualidad. Estamos en momentos diferentes del desarrollo histórico.

¿Son los transexuales el desafío pendiente a la visibilidad y legalidad?
El transgénero siempre ha formado parte del conflicto de los temas gay, desde los primeros días de la liberación. Pero mientras nuestro movimiento se ha expandido y ha adoptado diferentes formas, el aumento de los movimientos transexuales o transgénero ha supuesto en los últimos años una vuelta a los objetivos radicales del inicio que cuestionaban el elemento permanente del género. Pero simplemente creo que es un aspecto del debate amplio sobre los significados del género y la sexualidad.

La promiscuidad de los homosexuales se ha convertido en un tópico, ¿es una reacción frente a la anterior falta de visibilidad, u obedece a otros planteamientos sexuales?
No creo que la promiscuidad sea forzosamente algo asociado con los homosexuales. Sé que muchos homosexuales tienen múltiples parejas, pero también conozco a muchos que son monógamos. No creo realmente que los homosexuales sean más promiscuos que los heterosexuales, lo que sí se podría decir es que hay menos limitaciones. Hasta hace poco les era imposible casarse, y era más fácil explorar la sexualidad en distintas actividades. La escena sexual basada en distintas parejas fue un modo de explorar la sexualidad en un mundo en el que la homosexualidad había sido reprimida. Hay hombres promiscuos homosexuales y heterosexuales; no creo que la escena gay masculina esté definida por la promiscuidad.

Parece que los valores de la sexualidad se están librando en un paisaje remodelado en el que debemos aprender a navegar sin mapas. ¿Cómo ve ese paisaje?
Las relaciones fallan, hay relaciones que fracasan, y esto siempre ha sucedido y quizá hoy suceda más que en el pasado por la falta de buenos mapas. Pero, a pesar de todo, las personas viven intentando tener buenas relaciones y el paisaje hoy es un gran continente con distintas poblaciones que coexisten. Algunas veces se construyen nuevas formas de identidad, a veces se construyen muros alrededor de sus vidas… Es un paisaje confuso y a menudo resulta difícil encontrar el camino, pero creo que la pluralidad es lo que define nuestro entorno, y no tenemos más remedio que aprender a vivir con él.

  • Sexualidad, militancia y derechos humanos
  • Nacido en Gales en 1945, ha sido decano de Ciencias y Artes Humanas de la London South Bank University y director del Instituto de Investigación de Política Social y Regeneración Urbana. Es miembro de distintas academias y comités universitarios, y ha publicado innumerables artículos y más de una docena de libros sobre la influencia de la historia y cultura en la sexualidad (traducidos al español: ‘El malestar de la sexualidad’ y ‘Sexualidad’).
  • Un reto: que los logros conseguidos en Occidente lo sean para todo el mundo. “El elemento clave es el debate de los derechos sexuales sobre la base de nuestros derechos humanos. Tenemos que poder garantizar que a los adúlteros no se les lapide, o que los homosexuales no sean ejecutados en algunos países. Que nuestra humanidad común sea una humanidad sexual común”.