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2009/10/10

> Berria: Eliza > LA IGLESIA CATOLICA PRESIONA CONTRA LA ULTIMA PELICULA DE AMENABAR

  • La Iglesia católica presiona contra la última película de Amenábar
  • El Vaticano, la COPE y, al menos uno de los Trillo, preocupados por la visión de la religión de Ágora
  • El Plural, 2009-10-10 # L.A.
En palabras de su director el film que narra la historia de Hipatia, filósofa y matemática alejandrina del siglo V, es una llamada a la tolerancia y a la razón. Sin embargo, sectores de la Iglesia católica la presentan como contraria a la religión y temen que se ofrezca una visión fanática del cristianismo. El Vaticano habría presionado para que no se proyecte el film en Italia y en España, la COPE denuncia que la película ha sido “encumbrada” hasta “por cinco ministros del Gobierno” y constituye “un acto más en el combate sectario contra el cristianismo”. Hasta el Jesús Trillo Figueroa, vinculado a la FAES , a círculos ultracatólicos y hermano del responsable de Justicia del PP, denuncia un “nuevo ataque ideológico perfectamente orquestado”.

El Mundo se hace eco en su edición de este martes de un “runrún” existente en Italia sobre las presiones de El Vaticano para que no se distribuya en Italia la última película de Alejandro Amenábar, Ágora. Un diario italiano, La Stampa, aseguraba el miércoles que Rachel Weisz, la actriz que encarna a la protagonista de la historia, “da miedo al Vaticano”, aunque fuentes cercanas a la Santa Sede niegan estar detrás de que el film no haya encontrado todavía distribuidor en el país, tachando de “disparate” la acusación.

La COPE ve luz frente a oscuridad
Al menos en España sí hay medios asociados a la Iglesia que se han lanzado a cara descubierta contra la película, e incluso la relacionan con el Gobierno. Así, en la web de la COPE, la emisora de la Conferencia Episcopal, se asegura que “Amenábar recurre al enfrentamiento entre la cosmovisión cristiana y la pagana, en un contexto histórico muy alejado de nuestras coordenadas, para emitir una sentencia histórica: si el paganismo fue luz, el cristianismo no ha sido otra cosa que oscuridad”. “Hipatia aparece en la película como la víctima de un cristianismo desalmado y cruel que prefiere la espada a la inteligencia, y la fuerza a la mansedumbre”, aseguran.

La mano del Gobierno
La cadena de los obispos continúa su crítica asegurando que la película “ha sido encumbrada por cinco ministros de un gobierno que ha demostrado a las claras su hostilidad hacia la tradición cristiana” y que constituye “un acto más en el combate sectario contra el cristianismo como raíz de nuestra cultura y como experiencia presente, protagonista del debate público”.

“Ataque ideológico perfectamente orquestado”
También esta semana y desde el diario La Razón, Jesús Trillo Figueroa, miembro del patronato de la FAES, vinculado a círculos ultracatólicos y hermano del responsable jurídico del PP, arremete con dureza contra Ágora. Según él, “todo lo que cuenta es mentira de principio a fin” y nos encontramos “de nuevo” ante “un ataque ideológico perfectamente orquestado”. “Forma parte de la estrategia de reescribir la Historia a la que es tan aficionada nuestra izquierda”, advierte.

2009/10/08

> Berria: Zinema > AMENABAR: "NO HE HECHO UN FILME CONTRA EL CRISTIANISMO"

  • Amenábar: «No he hecho un filme contra el cristianismo»
  • Cuatro años y 50 millones de euros es la factura de la nueva cinta del realizador, «Ágora», un péplum contemporáneo que profundiza en los descubrimientos de la filósofa Hipatia, encarnada por Rachel Weisz
  • La Razón, 2009-10-08 # C. David Carrón . Madrid
Encaja con total naturalidad (al menos aparentemente) las dudas que la Prensa le plantea sobre la carrera comercial que «Ágora» emprende hoy. Con los pies sobre el sofá de un hotel de la Castellana, Alejandro Amenábar parece querer recordar con sus respuestas que ha sido el niño de la clase más mimado por el público a pesar de haberles sometido a estructuras complejas, como el guión de «Abre los ojos», y temas con tantas aristas como «Mar adentro»: «Antes de los estrenos procuro no ponerme nervioso, porque he empleado cuatro años de mi vida en esto, aunque estaré expectante por la reacción del espectador. No quiero hablar de ésta como mi película menos comercial porque aún no se ha estrenado. En cualquier caso, es la más ambiciosa, no sólo a nivel económico –ha costado 50 millones de euros–, sino también intelectual: es en la que más se desafía la capacidad de entendimiento y atención del espectador».

Ancestral enfrentamiento
Este péplum contemporáneo se afana tanto en profundizar en los descubrimientos científicos de la filósofa Hipatia –hija del último director de la mítica biblioteca de Alejandría, siglo IV d. C.– como en el contexto histórico, cuando el Imperio Romano cede ante el empuje del cristianismo, en un escenario donde los judíos también son fuertes, así como en la renuncia al sexo de la filósofa, que vive en el filme dos historias de amor no consumadas. Amenábar admite que ha querido «convertir una clase de ciencia en algo entretenido para el espectador»; pero niega que sea una película contra el cristianismo: «“Ágora” nace de mi interés por la astronomía, pero cuando te documentas ves que ha habido un ancestral enfrentamiento entre la fe (que dice que el hombre está en el centro del universo y los dioses te están mirando) y la razón (que afirma que estamos perdidos en una esquina de la galaxia)». Aunque acaba por admitir que la cuestión religiosa sobrevuela sus tres últimos guiones: «Es verdad que al mirar claves de mis películas quizá la religión se manifieste, pues mi evolución personal ha ido desde la creencia al ateísmo». Este enfrentamiento entre creyentes parece que está dificultando la distribución de la cinta en Estados Unidos: «“Los otros” ya la tenía antes de rodar; sin embargo, quisimos hacer “Ágora” sin ningún tipo de presión y desde Europa. No me preocupa lo de Estados Unidos porque creo que lo conseguiremos».

Huir de los tópicos
De momento, ha eliminado quince minutos del metraje que no fue excesivamente bien recibido en el pasado Festival de Cannes: «Se acabó la película con el tiempo muy justo. Estaba bien terminada, pero no tenía la sensación de haberla reposado, como le pasó a Tarantino también. Al haber tantos meses por delante hasta el estreno decidí juntar a unos cuantos amigos y tratar de mejorarla. Lo que falta ahora es un poco más de contexto histórico, el mundo que rodea a Hipatia. Además, he quitado una especie de prólogo musical de dos minutos y medio con un fondo de estrellas que me hacía mucha ilusión porque suponía evocar a los péplum, pero no corren buenos tiempos para la lírica, así que decidí quitarlo y entrar en faena».

Aunque quiso hacer ese guiño al cine de romanos, lo estudió con detenimiento antes de filmar para tratar de no abusar de sus excesos: «Revisamos “Cleopatra”, “Julio César” y todos los títulos de este tipo porque quisimos huir de la palabra, de la retórica excesiva del género». Tampoco le gustaban las recreaciones de la época que Hollywood ha estrenado en los últimos años por su violencia explícita, por eso prefiere filmar las batallas desde planos cenitales, en ocasiones, acelerando la imagen: «Cuando tú ves una reyerta en la calle te da vergüenza ajena, pero parece que cuando eso pasó hace 1.600 años sus protagonistas se convierten en héroes. Aquí los héroes son los que utilizan la cabeza». Por primera vez, el realizador no firma también la banda sonora: «No he trabajado siempre con el mismo director de fotografía, ni el montador… y quería cambiar de músico. Dario Marianelli ha hecho muchas cosas que yo no habría ni siquiera intentado. Aprendí más de lo que creía y decidí darle libertad porque si no, no iba a funcionar», concluye.

La tutora de los hombres
El realizador también tuvo tiempo para halagar a su musa. «Por lista, por guapa…». Amenábar comienza y no termina de piropear a Rachel Weisz, protagonista absoluta de la película, aunque en la primera parte del filme la cámara se enamore del esclavo Davo (Max Minghella). Pero, a diferencia de las historias épicas en las que el amor vivido por el personaje femenino nunca falta, Weisz vive centrada en el conocimiento. «En las conversaciones con Rachel nos preguntábamos hasta qué punto no aplicamos el prejuicio, pues eso mismo no lo pensaríamos de Sherlock Holmes. Parece que porque es una mujer y se trata de un “péplum” debe vivir una historia de amor. Ella no es la ayudante, sino la tutora de los hombres».

Virgen Hipatia
Aunque tuvieron diferentes opiniones sobre la frialdad del personaje de Hipatia, Weisz acabó por aceptar que la protagonista renunciara a la sexualidad y al amor en favor de sus investigaciones: «Es lo que recogen las crónicas, pero, en nuestra opinión, tenía mucho que ver con el modo de vida de Newton y ese tipo de genios: han estado toda su vida tan centrados en la búsqueda del conocimiento que renunciaron a la faceta personal y sexual», explica Amenábar.

2009/10/06

> Iritzia: Jesús Trillo Figueroa > "AGORA: HIPATIA"

  • «Ágora: Hipatia» (I)
  • La Razón, 2009-10-06 # Jesús Trillo Figueroa . Abogado del Estado
El cine es un maravilloso medio para contar la Historia, pero tiene sus limitaciones: a veces, las ambiciones excesivas pasan factura. Los realizadores de «El Código da Vinci» pretendieron convertir a Magdalena en diosa y se pasaron. Amenábar pretende, nada más y nada menos, contar una historia a partir de la cual «el mundo cambió para siempre». Y se ha vuelto a pasar cuatro pueblos más. La película tiene tantos mensajes ideológicos que es imposible meterlos en dos horas y, al mismo tiempo, mantener un ritmo entretenido, interesante y espectacular.

El cine requiere medir las secuencias, los silencios, los tránsitos y, sobre todo, un guión que mantenga la atención del espectador. Es una pena, porque la película contaba con todos los mimbres: un gran director, una generosa producción, una preciosa actriz, un maravilloso decorado y una perfecta ambientación. Pero lo que pretenden es inyectar en una pastilla los siguientes mensajes: primero, que las religiones generan odio y violencia. Segundo, que el cristianismo es la más talibán de todas y la que empezó. Tercero, que existen dos mundos, por una parte, el de la filosofía y la ciencia, contrapuesto e incompatible con el de la religión. Cuarto, que el cristianismo al principio fue misericordioso, pero la jerarquía eclesiástica y la Iglesia son por definición intolerantes y fundamentalistas. Y, sobre todo, hay dos mensajes más que son especialmente queridos por la película y por toda la explosión de libros y propaganda que estos días se vienen haciendo: el cristianismo es la causa de la caída del Imperio Romano y de la desaparición de la sabiduría grecolatina. Además, es el culpable de la subordinación y dominación de la mujer por parte del hombre. En fin, Alejandría e Hipatia son el símbolo de una civilización grecorromana basada en la filosofía, la ciencia y la libertad, hasta que llegó el cristianismo y comenzó la oscura Edad Media. Demasiado para una sola película. Y la cosa continúa porque, según declara el director, «es increíble cómo se parece a la situación actual».

¿Es casualidad que desde julio hasta el estreno de la película se hayan publicado más de cuatro biografías sobre Hipatia, paradigma de las cuales es la de Clelia Martínez Maza, financiada por la Dirección General de Ciencia y Tecnología? Más de 10 novelas, ejemplo de las cuales es la escrita por el hermano de Carmen Calvo, ex ministra de Cultura, además de multitud de estudios de historia sobre la época. Y todo ello con el mismo mensaje. Que todo salga al mismo tiempo no puede ser casualidad. Una vez más, nos encontramos con un ataque ideológico perfectamente orquestado, del cual, por cierto, Amenábar suele ser pistoletazo de salida, como lo fue en el caso de «Mar adentro» con la eutanasia.

Ahora la cosa va directamente contra la religión y particularmente contra el cristianismo. Lo malo de la trama que cuenta la película es que es mentira desde el principio hasta el final. Forma parte de la estrategia de reescribir la Historia a la que es tan aficionada nuestra izquierda. Hipatia no fue asesinada siendo una joven tan hermosa como Rachel Weisz, de 38 años, sino que murió en el año 415 y tenía 61. No fue famosa por sus dotes de astronomía por más que en la película se empeñen terca y cansadamente, atribuyéndole haberse adelantado a Kepler más de mil años; sino porque era una «divina filósofa» platónica, en palabras del obispo cristiano Sinesio de Cirene –única fuente coetánea que se conserva sobre ella–, a la que llama en sus cartas «madre, hermana, maestra, benefactora mía». El citado obispo, a quien en la película se le hace traidor y cómplice en el asesinato de la filósofa, murió dos años antes que ella, así que es imposible que tuviera nada que ver con su muerte. Ella fue virgen hasta el final, pero no vivió la castidad como ha dicho la protagonista, que se ha declarado feminista radical, «para ser igual que un hombre y poder ejercer una profesión con plena dedicación». Lo hizo porque, coherente con su filosofía, ejercía la Sofrosine, es decir el dominio de uno mismo a través de las virtudes entendidas como el control de los instintos y las pasiones.

Hipatia nunca fue directora de la Biblioteca de Alejandría, ni ésta fue destruida por los talibanes cristianos. La biblioteca fue incendiada por Julio César, saqueada junto con el resto de la ciudad por Aureliano en el año 273, y rematada por Diocleciano en 297. Es verdad que en el año 391 fue destruido lo que quedaba del templo del Serapeo después de la destrucción por los judíos en tiempos de Trajano, y también el repaso que le pegó Diocleciano, quien, para conmemorar la hazaña, puso allí su gran columna, razón por la cual los cristianos lo destruyeron, ya que él era el símbolo de las persecuciones que sufrieron durante trescientos años. Pero lo que allí quedaba de la biblioteca era tanto como lo que restaba en otros sitios. El paganismo siguió existiendo en Alejandría hasta que llegaron los árabes. Y el neoplatonismo siguió floreciendo, hasta que lo recuperó el renacimiento cristiano. Por cierto, que yo sepa, su más brillante exponente se llamaba San Agustín, coetáneo de Hipatia.
  • «Ágora: Cirilo» (y II)
La historia de Hipatia ha sido objeto de manipulación por todas las tendencias ideológicas, desde la Ilustración hasta el feminismo radical más reciente. Para algunos, como Voltaire, «desde la muerte de Hipatia hasta la Ilustración, Europa está sumida en la oscuridad; la Ilustración, al rebelarse contra la autoridad de la Iglesia, la revelación y los dogmas, vuelve a abrir la iluminación de la razón». En la última versión feminista de Úrsula Molinaro, Hipatia es la campeona del amor libre, a pesar de que en realidad era virgen. La conclusión es que de la verdadera historia de Hipatia se pasa a la leyenda de Hipatia, que se convierte en la leyenda del Crimen de Alejandría, cuyo protagonista principal es el obispo Cirilo.

La película de Amenábar recoge casi todos los ingredientes de esta leyenda: Hipatia es símbolo de mujer libre que representa el fin de la cultura grecolatina y el comienzo del oscurantismo cristiano, asesinada por unos fanáticos talibanes cristianos al mando del obispo Cirilo. ¿De dónde surge esta leyenda? El primero que narró el crimen fue Sócrates Escolástico en el siglo V, un letrado al servicio del patriarca de Constantinopla Néstorio, enemigo del patriarca de Alejandría Cirilo. Pero la atribución directa a este último de la autoría del asesinato fue cosa del escritor pagano Damascio, que escribió la «Vida de Isidoro», que es una apología del paganismo durante el final del siglo V y principios del VI.

No obstante, la auténtica leyenda surge con la obra de John Toland en 1720. Éste era un irlandés, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que se hizo protestante y posteriormente activo militante del ateísmo en la Gran Logia de Londres. Después vino Voltaire; después, el historiador Edward Gibbon, quien, para argumentar su tesis acerca de que el cristianismo es la causa interna de la decadencia del Imperio Romano, utiliza la leyenda de Hipatia y declara a Cirilo responsable de todos los conflictos que estallaron en Alejandría en el siglo V. Más tarde llegarán las versiones románticas de Leconte de Lisle y otros, y finalmente el feminismo radical, para el que Hipatia fue la primera mártir de la misoginia propia del cristianismo. Todos los autores citados, y alguno más, tienen una cosa en común: son masones reconocidos.

Una de las grandes mentiras de la historia que se quiere propagar es que la mujer fue libre en Grecia y en Roma hasta que llegó el cristianismo y la sometió la sujeción del hombre; a esta idea también contribuye la película. Lo cierto es que en Grecia la mujer era considerada una cosa más de la casa, y en Roma, no era una «sui iuris», es decir, titular de derechos, sino que era considerada «capiti diminutio», como un niño o un incapacitado y, por tanto, estaba sometida a la tutela o la «manus» del padre o del marido. Por el contrario, fue el cristianismo el que consideró al hombre y a la mujer iguales en naturaleza, pues ambos son hijos de Dios y hermanos en Cristo; y prueba de ello es que las primeras manifestaciones de mujeres libres autodeterminándose, pese a la voluntad de sus padres o del estado, fueron las primeras mártires cristianas víctimas de las persecuciones romanas, tales como Inés Ágata o Cecilia. Y precisamente la explicación fundamental en torno al odio a Cirilo está en esta cuestión. Independientemente de que la carta de San Pablo a Timoteo no refleja precisamente una visión emancipada de la mujer, no es creíble que Cirilo la impusiera como literalidad a cumplir, porque es precisamente Cirilo quien más ha exaltado en la historia de la humanidad la condición femenina, pues a él se debe la expresión «Theotokos», palabra griega que significa madre de Dios.

El personaje del que hablamos, al que la película presenta con caracteres parecidos a Bin Laden para luego dejar en letras la explicación de que a ese «energúmeno» que ustedes han visto la Iglesia católica lo hizo Santo y León XIII lo declaró doctor de la Iglesia, efectivamente es San Cirilo de Alejandría. Él fue el que derrotó a la herejía Nestoriana en el Concilio de Éfeso del 431. En esencia, la disputa consistía en si María era madre de Cristo o madre de Dios. De la respuesta a esta cuestión surge algo muy importante: la doble naturaleza divina y humana en una persona llamada Cristo. Cirilo consiguió que se convocase un concilio en Éfeso, puesto que era el lugar donde vivió sus últimos años la Virgen María, y logró que la Iglesia declarase el primer dogma mariano de la historia: María, Madre de Dios. Hasta aquel momento nadie en la historia había conseguido colocar a un ser humano mujer por encima de cualquier hombre. Éste es el personaje que en el fondo persigue la leyenda de Hipatia; curiosamente, Beltrand Rusell comienza su «Historia del pensamiento occidental» con una irónica semblanza de San Cirilo diciendo: «El motivo principal de su fama es el linchamiento de Hipatia». Todo esto huele excesivamente a podrido.