2009/12/09

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  • El 'manitas' de Valdepeñas, al borde de la muerte por una broma pesada
  • Diario Jaén, 2009-12-09 # Nuria López Priego Jaén . Valdepeñas
Por norma, las esperas son tormentosas y eternas y, en un hospital, lo son todavía más. Desde el viernes, la familia del menor de Valdepeñas al que le introdujeron aire a presión por el ano no sale de la UCI del Médico-Quirúrgico de Jaén. Espera un “milagro”: que el adolescente salga adelante; pero el milagro se hace de rogar.

El cansancio, los nervios contenidos, la incertidumbre y la impotencia descansan en la sala de espera y los pasillos de la tercera planta del Médico-Quirúrgico de Jaén y se leen en las caras de los que aguardan a que algún médico salga de ese habitáculo grotesco y de ambiente de ciencia-ficción con entrada restringida a “personal autorizado”, para darles noticias de sus familiares. Así están, desde hace ya cinco días, los padres y seres queridos de Francisco Javier A. P., el valdepeñero de 16 años al que, el pasado viernes, a modo de “broma”, unos “amigos” le introdujeron aire por el recto con un compresor de diez kilos de potencia. No se atreven a alejarse demasiado, ni siquiera para bajar a la cafetería del hospital, “no sea que pase algo, porque Francisco —lamenta Gabriel, el padre del menor— está muy delicado”.

“El compresor que emplearon —explica uno de los tantos familiares que acompañan a los padres del niño para mostrarles su apoyo— se usa para inflar ruedas de camiones o de maquinaria pesada, con lo cual le ha desplazado todos los órganos”. “Lo han dejado—dice la misma persona— como una casa en la que hubieran cambiado todos los muebles”. Y algunos, por desgracia, han quedado destrozados. En cinco días, Francisco Javier A. P. ha sido intervenido hasta en “dos ocasiones”. Le han extirpado el bazo, los intestinos y tiene afectados el hígado y el riñón izquierdo, comenta, con tristeza, una de sus familiares. Pero resiste porque es “un chico muy fuerte”. “Está muy trabajado a pesar de su edad”, ataja, orgullosa, su abuela.

A Francisco nunca le gustaron los libros, pero enloquecía con la mecánica y con las motos de 49 centímetros cúbicos. “Salía del colegio y se iba directo a la gasolinera con su amigo Custodio, y ya no llegaba hasta las tres”, cuenta la madre, Antonia, y parece que los recuerdos la aliviaran. Según el padre, “Francisco era un manitas”. “Un figura”, atestigua el dueño del surtidor en el que el menor aprendió a “montar y desmontar ruedas”, entre otras muchas cosas. “Desfarataba y volvía a montar una moto en un salto”, comentan en Valdepeñas. “Yo le decía —continúa su padre—: aunque no te guste, estudia un módulo y ya verás cuando acabes. Te sortean”. Francisco estaba siempre presto para arreglar una moto o la silla de ruedas de Paulillo, “El Negra”, una persona mayor “que se hartó de llorar cuando se enteró” de lo que había ocurrido.

El viernes, Francisco Javier A. P. llamó a su padre y le dijo que pasaría la tarde en el taller de Beni con cuatro amigos más. Tenían que arreglar una moto —le comentó— y, así, aprovecharían las herramientas del taller del padre de uno de ellos. Pero cuando Gabriel volvió a ver a su hijo, Francisco ya no era el mismo. El aire a presión le había devuelto a su hijo hinchado. Cuentan en el pueblo que, “asustados por lo que había pasado, los menores abandonaron al joven a su suerte”, aunque —aclara el padre de Francisco A. P.— el que, supuestamente, apretó el gatillo del compresor se personó ante él y le confesó que él había sido, aunque sin mala intención. “Pensaban que no iba a pasar nada, pero ¡a ver dónde acaba la broma!”, se lamentan los padres. En el trayecto en ambulancia hasta Jaén, el menor atinó a decir el nombre del que le había metido el aire. Luego, a la altura de Los Villares, ante los ojos de su padre, sus pulmones ya no pudieron más y se desmayó. Perdió el conocimiento. Así sigue hasta el día de hoy.

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