2009/11/24

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  • Educación para la igualdad de género
  • El Diario Vasco, 2009-11-24 # Araceli Medrano . Doctora en Psicología, Profesora de la UNED
Mañana, 25 de noviembre, se conmemora el Día Internacional contra la Violencia hacia las mujeres. Es un momento excelente para reflexionar una vez más en torno a los factores que pueden favorecer la erradicación de este grave problema, que se ha convertido en una lacra social.

Recientemente, participé con una ponencia en un curso homologado de especialización jurídica contra la violencia de género, en el que se subrayó la necesidad de educar desde la infancia en valores que promuevan la igualdad de derechos de las personas, independientemente de su género. La educación es la vertiente estructural más poderosa e idónea para desarrollar la igualdad y prevenir la violencia de género. El aprendizaje de la construcción de esquemas de género no es innato, sino que se transmite de generación en generación, a través del proceso educativo y socializador.

El Ministerio de Igualdad y la Federación Estatal de Trabajadores de la Enseñanza de UGT (FETE), acaban de lanzar una nueva campaña, 'Educando en Igualdad', cuyo objetivo, es formar y sensibilizar a profesores y alumnos para «evitar la discriminación entre hombres y mujeres». A tal fin, se han editado cuatro guías didácticas sobre la elaboración de planes de igualdad en escuelas y colegios. La primera se dirigirá al profesorado, y las tres restantes se centrarán en las distintas etapas educativas. Asimismo, se van a poner en funcionamiento asesorías pedagógicas, para que los grupos de expertos orienten a los profesores en las dudas que vayan surgiendo en este proceso, y promuevan la igualdad en los centros educativos. La propuesta, aunque acertada, no es nueva, ya que desde hace tiempo se contempla en teoría la necesidad de que los contenidos de igualdad de género se fomenten de manera transversal mediante la adaptación curricular de las diferentes materias, con el fin de que se construyan valores de igualdad, respeto e independencia que favorezcan en los alumnos-as no sólo cambios de orden cognitivo, sino también conductuales.

Sabemos que los centros escolares son espacios sociales y educativos en los que se produce el germen de las transformaciones sociales. Pero esta transformación no puede producirse si no hay una formación continua del profesorado en género y equidad, que favorezca la toma de conciencia de las ideas previas inconscientes que rondan en torno al constructo subjetivo de género, y que se transfieren a la realidad educativa. Para plasmar en la práctica este cambio es necesario que, más allá de las buenas intenciones, los equipos directivos y docentes se encuentren muy motivados y sensibilizados para pensar en aplicar la transversalización de los contenidos de igualdad de género a las diferentes materias del curículum escolar. La realidad es que a veces se convierte en un proyecto individual, y es sólo un profesor-a o unos pocos, o un centro educativo, los que consiguen avanzar en la transversalización del concepto de género en las diferentes etapas educativas.

La adolescencia es sin duda el momento evolutivo del ser humano en el que mejor se constata la tensión estructural que se produce entre la construcción subjetiva de identificaciones a modelos significativos y el proceso de cuestionamiento de estos modelos para reconstruir las propias ideas y valores. En este proceso de reconstrucción, el cuestionamiento de la feminidad o la masculinidad en relación al deseo del otro ocupa un lugar prioritario entre las pulsiones del adolescente. Algunos jóvenes se preguntan o se tendrían que preguntar: ¿Por qué me gusta un chico que me controla, que quiere que sea sólo 'suya' y que me acosa a llamadas al móvil cuando no estoy con él? ¿Por qué me pongo agresivo cuando el otro no hace lo que yo quiero? ¿Por qué dependo de una persona que no me respeta? ¿Por qué estoy tan preocupado-a por responder a las expectativas del otro? ¿Por qué me dejo llevar por el grupo cuando tiene actitudes machistas o violentas, y soy incapaz de autoafirmarme? Si a estas cuestiones no se les facilita un marco oportuno para la reflexión o una orientación desde el contexto familiar o educativo, que permita el cambio de ciertas posiciones subjetivas, cada sujeto reaccionará según un guión aprendido, que está teledirigido por su propio fantasma.

Un estudio realizado desde la Facultad de Sociología de la UPV-EHU (2008) para el área de Igualdad, Cooperación, y Ciudadanía del Ayuntamiento de Bilbao concluye que los jóvenes carecen de los recursos necesarios para «identificar actitudes sexistas, y para comprender y enfrentarse a una situación de violencia de género». Se detecta que aunque en algunos aspectos se ha avanzado en la consecución de la igualdad, los-as jóvenes bilbaínos han sido socializados en un contexto cultural donde se reproducen las ideas y valores sobre «el amor, los modelos amorosos y los modelos femeninos y masculinos de atractivo propios de las estructuras de dominación masculinas». Estas ideas o valores repercuten en sus relaciones afectivas y sexuales. Desde esta perspectiva, se señala la necesidad de realizar un diagnóstico de la presencia de las actitudes machistas y comportamientos violentos en los jóvenes de 15 a 20 años.

Precisamente, los jóvenes son los protagonistas este año de la campaña que bajo el lema 'Sin miedo' han presentado la Dirección de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género del Gobierno Vasco, los ayuntamientos vascos a través de Eudel y el Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde), con motivo del Día Internacional de la Violencia hacia las mujeres. Las estadísticas nos muestran en cifras que más del 30% de los casos de malos tratos los sufren chicas de entre 15 y 29 años, y la mayoría por parte de sus parejas. Estas constataciones estadísticas y los resultados de las investigaciones expuestas apuntan a reforzar el planteamiento que se señalaba al comienzo de este artículo, a saber: que es necesario posibilitar la construcción de esquemas de igualdad de género en edades tempranas, desde la perspectiva de la transversalización en la intervención educativa, ya que este aprendizaje repercutirá en la prevención de la violencia de género y regulará positivamente las relaciones afectivas y sexuales de los jóvenes.

Si en las futuras generaciones anida el germen del cambio, corresponde a los adultos convencidos de tal posibilidad la tarea de facilitarles el camino que contribuya a su formación como personas, que comparten derechos y deberes en igualdad de condiciones, independientemente de su atribución de género.

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