2009/07/07

> Iritzia: Jaime Richart > ¿EL CARDENAL GOLPISTA?

  • ¿El Cardenal golpista?
  • No se me exijan pruebas. Los términos de su llamamiento a Zelaya ante la prensa para que no regrese a Tegucigalpa, constituyen en sí mismos confesión de parte…
  • Kaos en la Red, 2009-07-07 # Jaime Richart
Óscar Rodríguez, el Cardenal de Honduras, ha pedido este domingo al presidente secuestrado y expulsado de su país, Manuel Zelaya, que no vuelva a Honduras para evitar así un derramamiento de sangre. El Cardenal ha lanzado un comunicado en el que afirma que sabe que Zelaya "ama la vida" y la "respeta", y que debe mantenerse alejado del país para que la crisis que vive Honduras se salde al menos sin la muerte de "ni un solo hondureño".

La comparecencia del hombre pacífico y de buena voluntad instando a no regresar a Zelaya para que no haya derramamiento de sangre es la del golpista, pues ese mismo llamamiento podría y debiera habérselo hecho a Roberto Micheletti para que se marche, puesto que el derramamiento de sangre ya se ha producido y no es hipotético. En resumidas cuentas, esta lanza rota a favor de quien está y no de quien debiera estar, no ofrece duda sobre quién ha sido el autor intelectual o moral (como ahora llaman a la figura penal del “inductor” de un delito) de este golpe de Estado.

La Iglesia católica ha cometido en su historia incontables atrocidades, tanto públicamente como entre bastidores, y ha estado detrás de otras muchas cometidas por otros canallas. Pero hasta ahora, en los dos últimos siglos al menos, exhibió cierta vergüenza, y hasta pudo disfrutar del beneficio de la duda hasta que siéndole imposible seguir en la sombra se posicionó inequívocamente al lado del ganador comulgante. En el caso hondureño da la impresión de que el Cardenal ha impuesto al comulgante que se da golpes de pecho, y defenestrado al cristiano de base educado en los salesianos, de tendencia izquierdista y socialista. Cristiano rico que no ejerce y protege a los pobres, versus cristiano rico que ejerce y enriquece a los ricos. Como en la vida misma. Por eso parece claro, pese a la falta de pruebas, que los autores no han sido propiamente los militares; que los militares se han limitado a cumplir órdenes, las suyas, las del Oscar Hernández, y posiblemente las vaticanas.

La Iglesia está en plena decadencia, y sus obispos y cardenales no son más que clérigos como los que rigen institucionalmente en países de mayoría musulmana. Con la diferencia de que en los países cristianos, aunque del cristianismo no quede más que unas pocas huellas, rigen fingiendo no regir o sublevan desde la sombra. Cada día los clérigos de postín son en Occidente más políticos y más mercenarios de la causa de la involución y del derechismo extremo. Sus aparatosos ropajes de chamán saduceo ya no engañan al mundo salvo el mundo que se deja engañar o desea ser engañado, pues cada vez se aparecen más como activistas hipócritas y no como diplomáticos moderadores de las tensiones políticas: ellos las provocan.

No nos vamos a cansar derrochando invectivas contra la jerarquía católica en la que ya se atisban estertores. La Iglesia católica, en su pecado intermitente de perversas incursiones en las cosas de César contraviniendo la enseñanza de su Maestro, está la penitencia de su paulatino crepúsculo; más bien ocaso. Benedicto, y sus cardenales y obispos están haciendo lo imposible (“trabajando duro” diría un angloparlante), para desmontar la milenaria Iglesia levantada sobre la piedra de Pedro. Que Dios les ampare. A ver si con la asistencia del Altísimo, el mundo se libra de todos ellos para que la humanidad pueda librarse de los andrajos morales y terribles dobleces de tan nociva Institución. Al menos en los países hispanohablantes, su espectro sigue apareciendo mezclado con todas las iniquidades.

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