2009/06/30

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  • Al-Shayamaa Kwegyr: "A los albinos les digo: soy como tú y llegué a diputada".
  • La política tanzana lucha por desterrar la superstición letal contra su minoría
  • El País, 2009-06-30 # Ana Alfageme
Ése fue el primer insulto que recuerda Al-Shayamaa John Kwegyr. Tenía siete años y ocurrió en su colegio. Luego, dice mientras ataca un entrante de pudín de cabracho con un trocito de pan, vinieron muchos más. No es fácil ser albino, ser blanco, en Tanzania. Y no sólo por el sol del trópico, inclemente con un cuerpo vacío de pigmentos, hasta el punto de reducir su esperanza de vida a los 30 años si no se protegen; no sólo por perder la vista hasta tener que dejar la escuela, o por la estigmatización. Algunos no llegaron a vivir todo eso. "Muchos padres sacrificaban a sus hijos al nacer, porque los albinos eran una desgracia. Y ahora traemos fortuna, y por eso nos matan". La primera diputada albina de su país, 49 años, que come con buen apetito, deja el tenedor y tuerce sus labios heridos en una mueca. Está aquí para apoyar a Albino Spain Program, en el que un grupo de dermatólogos españoles quiere construir un hospital en su país.

Hay 170.000 hombres y mujeres con esa enfermedad hereditaria en Tanzania. Son muchos más (uno entre 4.000) que en Europa o América, por la endogamia. Desde hace unos años, son además un trofeo de caza: los brujos usan sus huesos, su pelo, sus dedos o su sangre para preparar pócimas que aseguran prosperidad. El año pasado hubo 36 negros blancos asesinados, degollados para beber directamente la sangre de la herida o mutilados con un machete por un trozo de hueso.

Al-Shayamaa está intentando cambiar esto. Concede, mientras aparta las acelgas de la menestra (para ella, musulmana, sin jamón), que trabajar en información del aeropuerto durante 25 años le ayudó a superar esa vergüenza infinita que sienten sus congéneres. Estudió derecho, se presentó a las elecciones y las perdió. Pero el presidente la nombró diputada para atajar el macabro tráfico de miembros. De eso hace poco más de un año. Y aparte de un incansable peregrinar suyo para educar -le gusta decir a los albinos: "Yo soy como tú, y he llegado a diputada"-, el Gobierno ha ilegalizado a los brujos y ha propiciado que los ciudadanos presentasen denuncias anónimas. "Se descubrió que muchos de los 24 implicados eran familiares de los albinos". Contra las acusaciones de inmovilismo oficial y que participan policías corruptos en la red, ella recuerda que ya hay cuatro agentes en la cárcel.

El rape (con patatas fritas, como ella se ha encargado de pedir) es ya un recuerdo. Es entonces cuando Al-Shayamaa cuenta la historia de Bibiana y Tindi. Tienen 10 y 8 años, respectivamente y son albinas. Vivían en el campo, en una cabaña. Su padre les advirtió de que querían cazarlas. "Al día siguiente de la muerte del padre, unos hombres asaltaron la cabaña, cegaron a Bibiana con una linterna y le cortaron la pierna y dos dedos con un machete. Tindi lo vio todo. Las llevaron al hospital. Allí estaban seguras, con vigilancia en la puerta. Se negaron a volver".

La diputada lo cuenta con la cara iluminada. Y ahora viene el porqué. "Leí la historia en una revista. Ahora viven conmigo, y con mis dos hijas. Las adopté".

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