2009/07/19

> Berria: Festak > GIPUZKOA: EL RENOVADO ALARDE DEL MORO CONQUISTA ANTZUOLA

  • El renovado alarde del moro conquista
  • Antzuola rememoró ayer la batalla de Valdejunquera, con cambios que gustaron al numeroso público que lo siguió
  • El Diario Vasco, 2009-07-19 # J.A. Migura
Antzuola revivió ayer el Alarde del Moro con nuevos aires. Los antzuolarras recordaron la leyenda que sitúa a una compañía de vecinos de esta localidad del Alto Deba como artífices de la victoria del rey navarro Sancho I Garcés en Valdejunquera frente al caudillo del califato de Córdoba Abd-Al Rahman III, el 26 de julio del año 920. La representación de los antzuolarras ofreció ayer una visión actualizada del tradicional Alarde.

En 2006, el Ayuntamiento encargó un estudio a Eusko Ikaskuntza para potenciar un acto que corría el riesgo de languidecer. Las conclusiones del estudio, así como el trabajo realizado por Mairuaren Alardea Biziberritzeko Taldea, se concretaron ante los centenares de personas que siguieron la escenificación en las calles de Antzuola y, sobre todo, en la plaza. La curiosidad por los cambios multiplicó la presencia de espectadores, que valoraron positivamente las novedades. Como señalaba la joven Marta Sánchez, «estoy muy contenta con el trato que se ha dado al personaje del califa. Me ha parecido bien que hablara en árabe, y que montase a caballo en lugar de hacerlo en burro como otros años».

La comitiva militar -con los dantzaris, los txistularis, el general y el caudillo-, arrancó a las 19 horas, una hora más tarde de lo habitual. El Alarde que recordaban los vecinos más veteranos y los habituales era más lineal que el que se disfrutó ayer, que incorporó tiempos y movimientos más teatrales, dando un mayor protagonismo a la músicas, a los dantzaris y al caudillo y presentando una cuidada escenografía.

Equiparar los protagonistas
En los papeles estelares también había una novedad. Encarnó a Abd-Al Rahman III Juan Carlos Gómez. Debutaba tras recibir la herencia de Salvador Peña, que se retiró en la pasada edición después de compartir cuatro décadas con el personaje. Juan Carlos protagonizó un doble estreno: debutó en el papel y mostró una nueva caracterización, más acorde con el posible tono de tez de su personaje que el negro abetunado de su predecesor. Lució un nuevo vestuario y dispuso de escolta propia para equiparar su peso al del general, al que dio vida Joseba Iparragirre. La nueva indumentaria, inspirada en la casa real marroquí, y su séquito provocaron una ovación ya en su primera aparición.

Después de cubrir el recorrido por la calles de Antzuola, y antes de la rendición, Abd-Al Rahman desapareció de los ojos del público para dar paso a la narración histórica y a la descripción de la bandera y escudo de Antzuola por parte del general. Iparragirre ofreció un discurso más ajustado a lo acontecido en el siglo X, en una intervención en la que se intercaló la ezpata dantza ejecutada por Oinarin Taldea.

Volvió Abd-Al Rahman con todos los honores a la plaza transformada en escenario. Y llegó el momento de la rendición, antes de la que se interpretaron los versos que compuso para la ocasión el urretxuarra José María Iparraguirre. Sin tener que asumir gestos de sumisión, entregó las armas y juró no luchar contra los antzuolarras. El general le animó al entendimiento y al respeto entre culturas en un discurso suavizado que agradó. Como apuntaba Juan Antonio Iturbe, «el Alarde poco a poco va adquiriendo la forma adecuada, aunque considero que el tratamiento hacia el moro está a mitad de camino todavía. Ha sido acertado el acompañamiento de la guardia y sustituir el burro por el caballo. En general, me ha parecido más entretenido y más vistoso».

El revalorizado caudillo respondió en árabe y euskera. Juan Carlos Gómez tuvo el mérito de aprender fonéticamenta su intervención. Además, todos los textos en euskera se declamaron en el euskalki local para que fuesen más comprensibles, y sin distinción de género.

Las mujeres llevan años presentes en el Alarde pero ayer, además de acudir como músicos o dantzaris, por primera vez diez mujeres formaron parte del cuerpo de cuarenta fusileros y dispararon las estruendosas salvas intercaladas con los impactantes cañonazos, que tradicionalmente cerraban en Alarde. Ayer, todavía faltaba un final musical con la presencia de todos los protagonistas y la salida conjunta por un pasillo de sables del general y el califa.

El número de participantes se duplicó. Casi 200 integraron la formación, incluida buena parte de la Banda de Música de Bergara, que interpretó una partitura de su director, Alfredo Gz. Chirlaque, cantada por el coro y los vecinos. La riqueza musical, que aportaron la melodía musulmana, la Alborada de Segura que se interpretó durante la revista de las tropas y un acompañamiento de percusión en la salida del califa, también gustó.

Markel Belastegi destacaba que «los mejores momentos han sido cuando sonaban los tambores y actuaban el moro y su guardia. Ha sido un cambio radical. Han conseguido alejarse bastante de la imagen que reducía el Alarde a un simple desfile militar que a muchos vecinos no gustaba demasiado».

  • Un Alarde vivo
No es ésta la primera ocasión en que el Alarde del Moro de Antzuola experimenta retoques de mayor o menor calado. Según el historiador Xabier Kerexeta, que junto con la antropóloga Maggie Bullen ha analizado durante dos años la representación antzuolarra que tiene en su origen un hecho de armas del siglo X cuya veracidad histórica está probada, aunque no pueda decirse otro tanto de la participación de vecinos de Antzuola en el mismo, esa capacidad de adaptación es, básicamente, un síntoma de vitalidad. «Las representaciones de este tipo no pueden interpretarse como recreaciones fieles de hechos históricos, que no lo son, sino que deben entenderse como manifestaciones de la identidad de un pueblo». Son, como muchas expresiones folklóricas, «ritos que unen a toda una comunidad que reafirma mediante los mismos su identidad colectiva -gu gara gu...- y que, del mismo modo, pueden poner de manifiesto fracturas y divergencias».

El Alarde del Moro de Antzuola, según Kerexeta, es singular por varios motivos. Por una parte, porque ha mantenido la figura del moro, desaparecida en otros pueblos en los que también se recurría a la misma como metáfora de ese otro necesario para que el nosotros tenga sentido. Por otra, y para él más importante, por el modo en que la localidad de Debagoiena ha afrontado el hecho de que una parte de la población ya no se sintiera identificada con gestos, palabras y actitudes incluidas en la representación, que podían resultar un tanto disonantes en el actual contexto social y cultural.

«Es admirable como, en lugar de sacralizar su Alarde, han sido conscientes de la situación, la han racionalizado y han realizado sus aportaciones», asegura. De hecho, el Alarde del Moro que hasta ayer se había representado en Antzuola sobre una base coreográfica creada a finales del siglo XIX puesta al día hace dos décadas, ha ido reflejando en cada momento la identidad del pueblo que lo ha mantenido: en las vestiduras, en las palabras, en el idioma elegido para pronunciarlas, en gestos cargados de simbolismo... Porque, para que siga vivo y no se convierta en un fósil folklórico, «tiene que cambiar en la medida en que va cambiando la comunidad». Ése es, precisamente, «su gran valor». Y su función.

No hay comentarios:

Publicar un comentario