Mostrando entradas con la etiqueta Turismo sexual. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Turismo sexual. Mostrar todas las entradas

2009/11/05

> Elkarrizketa: Amaya Renobales Barbier > "EL TURISMO SEXUAL NO ES UNA TRAVESURA, SINO UNA FORMA ESPANTOSA DE EXPLOTACION"

  • Amaya Renobales Barbier . Activista contra la explotación infantil en Méjico: «El turismo sexual no es una 'travesura', sino una forma espantosa de explotación»
  • Esta bilbaina (1972) afincada en Cancún, licenciada en Derecho por la Universidad de Deusto, acaba de recibir del Instituto Mejicano de Migración el «Reconocimiento Quetzalcóalt» por su destacada labor en apoyo a los migrantes en materia de prevención del abuso sexual infantil.
  • Gara, 2009-11-05 # Joseba Vivanco
Aunque residente en Méjico, es directora de la End Child Prostitution, Child pornography and Traffickinh of Children for Sexual Purposes (ECPAT) en la sede de EEUU, también consultora externa de Unicef y promotora del novedoso Código de Conducta de Protección de las Niñas, Niños y Adolescentes de la Explotación Sexual en el Turismo y los Viajes.

¿Cómo llega usted a Méjico?
En enero de 1999 con una beca del Gobierno vasco, como cooperante al desarrollo para trabajar con Unicef. Trabajé en el área de derechos de la niñez y la mujer, promoviendo cambios en las normas federales y estatales para protección de los derechos de la niñez en las leyes. Primero como becaria y luego como contratada en la oficina.

¿Y se quedó en el país?
Sí. En 2004 me trasladé a vivir a Cancún, donde sigo trabajando en reformas legislativas estatales al código penal del Estado de Quintana Roo, para incluir nuevos delitos como la pornografía infantil o el turismo sexual infantil. En 2006 es cuando entro a trabajar para ECPAT USA, una organización dedicada a la prevención de la explotación sexual infantil en el turismo y con presencia en 70 países. Además, asesoro al Congreso local de Quintana Roo en reformas que tienen que ver con la proteccióna la niñez.

¿Cuál es el panorama de la explotación infantil en Méjico?
Realmente no hay cifras fiables. Es un fenómeno que se da en la oscuridad y que es muy difícil de investigar. Lo que sabemos es que existen todos los elementos de riesgo, como pobreza, discriminación contra las mujeres, contras los niños y las niñas, falta de capacidad institucional... y el hecho de ser un destino turístico que recibe millones de visitantes al año lo ponen en riesgo sólo por eso.

¿Por qué se interesó, precisamente, por el tema de la explotaxión sexual infantil?
Está dentro del catálogo de la vulneración de derechos de la niñez que trabajé en Unicef. Al final, se trata de proteger a la niñez de cualquier forma de violación de sus derechos y por eso no me costó meterme de lleno con ello en ECPAT USA.

Y dentro de esa explotación, el turismo sexual infantil. ¿Somos conscientes, los países de donde procede el turismo, de la realidad que supone esta forma de explotación?
Hablamos de un fenómeno que puede verse a simple vista como una «travesura» del turista sin mayores consecuencuas, pero en realidad se trata de una forma espantosa de explotación de los menores. Los niños, niñas y adolescentes inmersos en ella sufren violencia, sometimiento a drogas, pobreza, marginación, problemas emocionales muy graves y sufrimiento extremo. Muchos no llegan a los 30 años de vida. Fueron secuestrados para ser sometidos a esta forma de explotación, engañados o, simplemente, son obligados a prestar servicios sexuales.

¿Qué le diría a uno de esos turistas o a un potencial turista sexual?
Que tuviera en cuenta las consecuencias de sus actos. Le pediría que pensara qué pasaría si fueran sus hijos.

¿Y cómo combatir esa lacra?
Dentro el sector privado se está promoviendo un código de conducta que está teniendo mucho éxito, porque las empresas turísticas tampoco quieren que sus destinos se identifiquen con el turismo sexual infantil. Lo han firmado ya más de 900 empresas en 35 países. Y cuando un turista sexual ve que en ese sitio se ha firmado ese código, prefiere irse a otro lado. Porque el respeto a los derechos de la niñez no es una cuestión cultural, que suponga que sea más difícil de aplicar en unos lugares que en otros.

¿Y qué implica ese Código?
Compromisos como adoptar una política ética no tolerante con esta explotación, formar al personal de la empresa para que lo sepan, informar al turista con mensajes preventivos, estar en contacto con agentes locales como policía, taxistas, etc.

2009/10/09

> Berria: Politika > FREDERIC MITTERRAND, TURISMO SEXUAL ES CULTURA

  • Turismo sexual es cultura
  • Un ministro de Sarkozy, bajo fuego por contar sus aventuras. En un libro, Frédéric Mitterrand reconoce que siempre se sintió atraído por el turismo sexual y describe escenas alucinantes en Tailandia e Indonesia, esos lugares donde el sexo con jóvenes atractivos se vende al mejor postor.
  • Página 12, 2009-10-09 # Eduardo Febbro . París
El ministro de uno de los portafolios más emblemáticos de la identidad francesa, el de Cultura, atraviesa una tormentosa zona con dos sectores políticos dispares, los socialistas y la extrema derecha, que piden su renuncia a raíz de las confesiones que el ministro en cuestión, Frédéric Mitterrand, publicó en un libro autobiográfico en el que admite haber recurrido al “turismo sexual”. La obra, La mala vida, fue publicada hace unos años y ahora su contenido, por demás explícito, vuelve al presente de Frédéric Mitterrand tres meses después de haber asumido su cargo. En La mala vida, el sobrino del ex presidente socialista François Mitterrand habla de su infancia herida, de su homosexualidad, reconoce que siempre se sintió atraído por el turismo sexual y describe escenas alucinantes en Tailandia e Indonesia, esos lugares donde el sexo con jóvenes atractivos se vende al mejor postor.

“La profusión de muchachos jóvenes muy atractivos e inmediatamente disponibles me pone en un estado de deseo que no me hace falta frenar ni ocultar. El dinero, el sexo, estoy en el corazón de mi sistema, ese que funciona, al fin, porque sé que no me van a rechazar”, escribe Mitterrand antes de admitir que tiene el hábito de “pagar por jóvenes” y que todo “ese ritual de mercado de efebos, de mercado de la esclavitud, me excita enormemente”. Cuando el libro apareció en 2005 –se vendieron casi 200 mil ejemplares–, pocos objetaron su contenido comprometedor. El escándalo se destapó con la denuncia que hizo el lunes pasado la vicepresidenta del partido de extrema derecha Frente Nacional, Marine Le Pen, quien leyó extractos del libro ante las cámaras de televisión y pidió luego la renuncia del ministro. A los reclamos de la extrema derecha se sumaron el miércoles los socialistas por medio de su portavoz, Benoît Hamon, quien exigió también el alejamiento de la cartera de Cultura de Frédéric Mitterrand.

El escándalo es más embarazoso porque, primero, Francia es uno de los países líderes en la lucha contra el turismo sexual. En segundo lugar porque esta historia se mezcla con otra más reciente y de dudosa calificación. El ministro francés de Cultura fue uno de los primeros integrantes de esa jauría internacional de intelectuales y artistas bien pensantes que, bajo el pretexto de que el cineasta franco-polaco Roman Polanski era un artista, salieron en defensa del director inmediatamente después de que éste fue detenido en Suiza a pedido de la Justicia norteamericana, que reactivó un pedido de captura por un caso de relación sexual con una menor de 13 años que remontaba a los años ’70. La defensa a ultranza de Roman Polanski que hizo el ministro de Cultura –Mitterrand juzgó que su arresto era “absolutamente espantoso”– desató la primera polémica. La segunda la dispararon los afilados dientes de la extrema derecha y todo terminó formando un torbellino de indecencias e intenciones políticas evidentes.

Por un lado Suiza, que deja entrar a su territorio a cuanto corrupto, ladrón, dictador o traficante de armas con mandato de arresto internacional llega a la frontera, pero que termina usando a Polanski para lavar sus cuantiosas deudas con la moral internacional. Por el otro, un ministro de Cultura que se une a la coalición internacional de excitados en defensa de un cineasta acusado de pedofilia como si la genialidad como artista supusiera una inocencia innata. Luego está el oportunismo de la ultraderecha, que lee en la televisión pasajes de un libro que, en el momento de su publicación, nadie juzgó inmoral o escandaloso, a pesar de que describe sin rodeos el submundo del turismo sexual en Tailandia.

Anoche, el ministro de Cultura se explicó en la televisión. Frédéric Mitterrand aseguró que no iba a renunciar a su cargo y negó que su libro fuera “una apología del turismo sexual o de la pedofilia”. El titular de la cartera agregó que condenaba “absolutamente el turismo sexual, que es una vergüenza, y la pedofilia, que jamás he practicado”. Mitterrand aclaró que siempre estuvo con gente de su edad y admitió que había “cometido un error, sin dudas, un crimen no, una falta, ni siquiera”. El responsable de la cartera de Cultura terminó denunciando la confusión entre los géneros: “Sí, tuve relaciones con muchachos; pero no hay que confundir homosexualidad y pedofilia”, dijo. El Ejecutivo francés salió en defensa de Frédéric Mitterrand. Henri Guaino, consejero especial de Nicolas Sarkozy, estimó que la polémica desatada en torno del libro era “indigna”.