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2009/11/20

> Artikulua: Mauro Cabral > DIFERENCIAS AMBIGUAS

  • Diferencias ambiguas
  • A propósito del estreno de “El último verano de la boyita”
  • Página 12, Soy, 2009-11-20 # Mauro Cabral
La intersexualidad ha estado históricamente asociada a la ambigüedad sexual, pero ¿y si en lugar de nombrar cuerpos sexuados diferentes se tratara de una palabra capaz de articular políticamente esa ambigüedad y esa diferencia? El cine argentino, con XXY –Lucía Puenzo– y ahora con El último verano de la boyita –Julia Solomonoff, estrenada la semana pasada– ya hizo foco, sin despegarse totalmente del discurso médico, en los cuerpos intersex. Revisar estas películas y otras emergencias culturales de la intersexualidad tal vez proporcione algunas claves para pronunciar de otro modo la indefinición radical de todos los sexos.

El encargo es más o menos el siguiente: una nota que dé cuenta, con claridad y pocas vueltas, de las representaciones culturales de la intersexualidad. Yo acepto, por supuesto... por supuesto y a sabiendas de que la claridad y las pocas vueltas son incompatibles con el tema en cuestión. Empecemos por el principio: por la palabra.

El modo más breve de definir la intersexualidad es aquel que conjuga, en una sola frase, la llamada ambigüedad sexual con su destino en Occidente –un destino que hasta nuestros días ha estado signado por la expropiación biomédica de la diversidad corporal–. De acuerdo con esa definición, las personas intersex somos quienes, habiendo nacido con un cuerpo sexuado que varía tanto del promedio masculino como del promedio femenino hemos experimentado las distintas consecuencias que depara esa variación en esta cultura: el estigma de la ambigüedad, es decir, el de tener dos sexos, uno incompleto, de no tener ninguno o de tener un tercero, así como las distintas tecnologías de normalización que nos hacen encarnar, en la medida de lo posible, uno solo y solo uno.

Esta definición plantea un problema inicial –ese que es, de momento, el problema en el que consiste la intersexualidad–. No hay manera de definir la ambigüedad sexual si no es en relación con una supuesta precisión de lo sexual, y a su también supuesta encarnación en los cuerpos sexuados promedio de hombres y mujeres. Es así como quedamos, por definición, eternamente obligados respecto de esos dos promedios corporales elevados al rango de ley: encarnarás la diferencia sexual, o no serás nada. Este mandato, sin embargo, no sólo es excesivo para nosotros, sino también para el resto... ¿O acaso ha nacido ya quien pueda encarnar, de manera total y absoluta, un único sexo preciso?

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La diversidad sexuada ha tenido una larga y accidentada historia en Occidente –asociada de manera inextricable a las distintas economías de lo monstruoso–. Para Michel Foucault se trata de una forma particular de monstruosidad, aquella que combina, a la vez, los órdenes de lo imposible y lo prohibido. Es así como hemos terminado adorados en altares y quemados en hogueras, arrojados al mar o al desierto, atravesados por estacas, penes, espadas y bisturíes, recibidos en el mundo como presagios de su buena –pero generalmente de su mala– fortuna. Nuestros cuerpos, impropios por definición, violan la ley de la naturaleza al afirmar que, en materia de diferencia sexual, lo imposible es posible, una violación que la ley de los hombres no perdona.

Los tiempos que nos tocan vivir son los del progresivo declive del monstruo y de la progresiva aparición del paciente intersex (por lo general pediátrico e, incluso, neonatal). Se nos agarra temprano, antes de que la ambigüedad sexual nos tome el cuerpo, la mente y el alma y nos arroje a morar entre los hombres y las mujeres. La medicalización extrema de nuestros cuerpos ha tenido, sin embargo, efectos paradójicos. Ambiguos como somos, ¿acaso podía ser de otra manera?

Tanto la inmediatez como la obligatoriedad de la intervención médica han terminado por (re)producir el monstruo al que buscaban olvidar. Muy pocas personas saben cómo se ve un cuerpo intersex no intervenido –y esa falta de comercio con la diversidad corporal desata justamente aquellos temores, fantasías y deseos que sólo produce la conjura deseante de lo monstruoso–. Ha sido justamente la experiencia de esa medicalización la que ha producido la intersexualidad como identidad –puesto que, claro está, nadie nace intersex, solo se llega a serlo... en un hospital–. La humanidad, condenada a encarnar los mismos cuerpos sexuados una y todas las veces, se ha convertido en una versión débil y feroz de sí misma –y ha convertido nuestra existencia en un ejemplo paradigmático de encarnizamiento terapéutico–. Y es que no hay dudas: las buenas intenciones producen monstruos, esa clase de monstruos capaces de cortar y coser los genitales de un niño o de una niña solo para evitarles el dolor de su diferencia futura.

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Hasta nuestros días la representación dominante de la intersexualidad es aquella que produce la medicina –no sólo a través de su vocabulario, sino también de sus imágenes–. ¿Quién no ha visto, alguna vez, una de esas fotografías en las que alguien, por lo general un niño o un adolescente, está parado desnudo, con los ojos cubiertos por un cuadrado negro o un círculo blanco, expuesto a la mirada que procura saber? ¿O los genitales abiertos de alguien que no aparece en la fotografía, señalados por un dedo médico que oficia, al mismo tiempo, de referencia? Más importante: ¿quién ha visto, alguna vez, alguna otra cosa?

La medicalización de la intersexualidad coloniza sin parar otros modos de representación. Un ejemplo: la sustitución de los cuerpos intersex por flores en algunas versiones gráficas, una operación representacional que no solo nos reinstala en la naturaleza, sino que además nos representa como frágiles, pasivos y esencialmente arrancables y exhibibles en un florero (o en algún otro frasco). Otro ejemplo: el sometimiento de cualquier ficción que involucre la intersexualidad al escrutinio de la medicina, una suerte de llamada al orden que advierte jugarás con cualquier cosa, excepto con la verdad del sexo (una llamada que recibió, por ejemplo, Lucía Puenzo, cuando se atrevió a malrepresentar un cuerpo intersex). Y uno más: el torso hermafrodita fotografiado por Del LaGrace Volcano y reproducido por todas partes ha sido intensamente criticado por no ser, precisamente, un torso hermafrodita.

A lo largo de su historia moderna y contemporánea la intersexualidad se ha constituido en uno de los anudamientos más poderosos entre sexualidad y patología –en tanto no ha dejado, ni por un minuto, de causarle a la heterosexualidad normativa uno de sus peores dolores de cabeza–. No hay heterosexual que resista la interrogación que produce uno de nosotros en el deseo... ni tampoco hay homosexual que resista (y allí están los ejemplos de Middlesex y XXY para probarlo). La estabilidad misma en la que se funda el binario hétero/homo se viene abajo si la diferencia sexual tambalea. Y es justamente esa promesa de desestabilización la que ha convertido a la intersexualidad en la mitología pasada y la esperanza futura de la emancipación queer. Esta elevación de la intersexualidad al rango de promesa encarnada ha tenido efectos más bien nefastos –puesto que en lugar de colaborar en la transformación de nuestro status de objetos médicos ha propiciado nuestro devenir objetos apropiados del contrasaber–. Y nunca falta quien cree, a pie juntillas, que para ser intersex es preciso haber leído a Judith Butler.

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Los últimos años de esta década han sido los de una intensa representación de la intersexualidad en los términos de una gestión de la diferencia. Hace rato que la pregunta por el poder en los orígenes de la distinción entre lo Mismo y lo Otro han dejado paso a la administración pública de las identidades –y los destinos– discretos. Ya no importa bajo el imperio de qué ley ni en el contexto de qué régimen político de la corporalidad hemos llegado a ser diferentes. El punto es que lo somos, y no vale la pena (nos dicen) ocuparse de desmantelar la matriz que nos diferencia. La aprobación en el año 2006 de un nuevo vocabulario para nombrarnos –consagrado en el documento conocido como Consenso de Chicago– está produciendo en todo el mundo una fuerte re-medicalización de la intersexualidad, descompuesta en un conjunto, bien preciso, de trastornos del desarrollo sexual. Esa amenaza cruel en la que consiste su incertidumbre parece ahora domesticada para siempre.

En fin. Veremos cuánto aguanta ahí encerrada, y yo apuesto a que bien poco –porque la verdad es que mal que le pese a la gente no hay palabra en el mundo que pueda cumplir con ese encargo–.

El sex appeal de lo imposible

Soy un judío de Córdoba; como cada año, el espíritu navideño que invade progresivamente esta ciudad calurosa y polvorienta me mueve, sin embargo e indefectiblemente, al deseo. Y, como cada año, como no podría ser de otro modo, el regreso de las fiestas me mueve al deseo por lo imposible. Peor aún: al deseo por aquello que, siendo hoy claramente imposible, fue posible allá por algún pasado. Para estas navidades yo desearía, por ejemplo, recibir de regalo unas antiguas vacaciones de la escuela primaria, uno de esos veranos interminables que comenzaban apenas finalizado noviembre y terminaban recién en marzo.

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El último verano de la boyita acaba de estrenarse en el circuito comercial de Buenos Aires –justo ahora, cuando empiezan a desperezarse los calores, es decir: justo a tiempo–.

La película de Julia Solomonoff despliega con belleza y sencillez una trama que es, también, bella y sencilla. Ese despliegue cinematográfico está sostenido y tensado por una indudable semántica estival –¿acaso no es larga siesta de verano uno de los sinónimos perfectos de secreto?– y una economía singular del develamiento –si la sexualidad es el íntimo secreto de verano, la intersexualidad, está visto, es la madre portentosa de todas las tormentas–.

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El último verano de la boyita y XXY –dirigida por Lucía Puenzo– son películas ciertamente diferentes. A pesar de esas diferencias, en una y otra la intersexualidad es (re)producida a través de ciertas insistencias. O, podríamos decir, a través de ciertos parecidos de familia que hablan, a las claras, de las encarnaciones presentes de la intersexualidad. No se trata, como podría pensarse, de semejanzas entre ambas películas sino, justamente, de ese entre en el que parece consistir la intersexualidad y que hace posible aquello que narran.

Hay un animal en el comienzo de El último verano..., así como lo hay en el comienzo de XXY. En un caso se trata de un caballo, que se debate contra las sogas que lo sujetan y los hombres que tiran de las sogas; en el otro caso se trata de una tortuga, que ha llegado hasta una mesa de examinación. En ambas películas, está visto, los animales no son sólo los portadores materiales y simbólicos de la otredad, sino también del sometimiento bajo el cual se les brinda alguna hospitalidad entre los humanos, ellos y ellas.

XXY transcurre en un paraje situado en el retiro de una playa uruguaya. El último verano... transcurre, en su mayor parte, en las lejanías de la pampa entrerriana. Podría decirse, por supuesto, que ambos lugares son el aquí de quienes los habitan y, por tanto, no pueden ser definidos a priori como geografías de la distancia. En ambos casos, sin embargo, y de acuerdo con el movimiento interior a cada narración, a esos lugares se llega y de esos lugares también se parte. Más aún: es en esos lugares –y no en otros– donde mora lo extraño, tan distante de esas ciudades donde nacen, crecen y se reproducen los hombres y las mujeres. El agua es consustancial a ambos entramados narrativos, y los personajes se sumergen una y otra vez, escapando de ese mundo cruel y terrestre en el que imperan los bípedos.

Ambas películas son historias de iniciación sexual –comprendida, a la manera de Foucault, como historias de iniciación en el ejercicio sexual del sí misma o del sí mismo–. Ese ritual iniciático tiene su punto cúlmine en el encuentro con la encarnación misma de la otredad sexual (esa que, de tan otra, devuelve el reflejo invertido de lo mismo). El verbo devenir se conjuga en ambas del mismo modo diferencial: los iniciados son aquellos –el adolescente, la niña– que se enfrentan a la intersexualidad, de pronto y en medio de la nada, aquellos que son tomados y rehechos por el paso de la intersexualidad por su cuerpo. Los personajes intersex de ambas películas son iniciados en un ritual distinto, y su devenir es, como ellos mismos, otro: el suyo es devenir literal de aquello que siempre fueron.

El carácter relativamente estático de los personajes intersex –fijados a la trama por la costura del diagnóstico– reconoce, no obstante, un movimiento peculiar, a la vez subjetivo y objetivo. Podríamos llamar a ese movimiento la asunción de la verdad. O, mejor: de la verdad, que no es otra que el supuesto real del cuerpo. En una y otra película hay un momento crucial de autorreconocimiento, de encarnación verdadera –aunque se trate de una verdad impronunciable en la lengua–. La singularidad no deja de ser paradójica: si algo desmiente la intersexualidad es la posibilidad misma de una verdad una.

La persistencia de lo literal no es una casualidad, sino el resultado obvio de la imposibilidad de prescindir, siquiera en el terreno de la ficción cinematográfica, de la definición medicalizada de la intersexualidad. Y si existiera, acaso, la posibilidad de una poética rebelde a la reducción permanente al diagnóstico, ambas directoras se han encargado de precisar, en distintas entrevistas, cuál es el síndrome que aqueja a cada una de sus criaturas intersexuadas. Y no se trata de rehuirle al diagnóstico, materialización frecuente de nuestras biografías, sino de atreverse a afirmar, siquiera por una vez, la cualidad esencialmente narrativa de todo y cualquier diagnóstico. ¿De qué otro modo sería posible diagnosticar a personajes de ficción?

Ni El último verano... ni XXY permiten vislumbrar aquello que, en un cuerpo sexuado, sería evidencia indubitable de intersexualidad. Hay ciertos indicios, por supuesto: pastillas, sangre, alguien que mira entre las piernas y declara que hay dos, una venda que aprieta el pecho. Y hay otros indicios. A diferencia del resto de los personajes de ambas películas, los personajes intersex de una y otra hablan y se mueven de un modo singular. Nadie podría decir, a buenas y primeras, que eso que los distingue pertenece al orden de la así llamada ambigüedad sexual; pero, vamos, algo les pasa, algo de su rareza genital se cuela en su manera de pronunciar las palabras, mover las manos, balancear el cuerpo. Son de otra parte, se dirá. Justamente.

Las dos películas muestran formas librescas de la intersexualidad. Hay libros de medicina en una y otra, y los personajes buscan y se buscan entre sus páginas. El único saber disponible en esas lejanías es el más tradicional de todos –ese saber médico que llega a chicos y grandes a través de la autoridad de la palabra escrita–. Se trata, evidentemente, de una intersexualidad de libro. A lo largo de ambos recorridos argumentales se traza una relación fascinante entre la reproducción gráfica y escrita de aquel saber y los cuerpos intersex vividos: el carácter iniciático de esos cuerpos, fundado en su correspondencia con las imágenes y las palabras impresas, sólo puede mantenerse si se trata de cuerpos no intervenidos quirúrgicamente. Los manuales de medicina no dan cuenta de nuestras historias, y el sex appeal de la cicatriz aún necesita que se filme su propia película.

A la luz de esta extrañeza –allí donde lo extraño no es la intersexualidad, sino la integridad del cuerpo– el emplazamiento en una geografía distante comienza a perder su carácter de recurso narrativo para convertirse en una condición de posibilidad... de la supervivencia. La verosimilitud de las futuras ficciones urbanas de la intersexualidad, si alguna vez llegan a existir, requerirá de la modificación radical de esas condiciones. Tanto XXY como El último verano de la boyita dejan sentir el llamado insistente de ese imperativo.

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Mi abuelo José Siriczman era visitador médico. En su biblioteca había centenares de libros y, entre todos ellos, sobresalían unos gruesos volúmenes verdes y negros. Eran unas revistas tituladas MD. Medicina y Humanidades, que mi abuelo había coleccionado durante años, y encuadernado. Cada una de esas revistas incluía largas notas, ilustradas, de historia de la medicina, de filosofía, de literatura, y abundaban las reproducciones de obras de arte. Mi abuelo había recortado una de esas reproducciones, la había enmarcado y adornaba una de las paredes de la habitación donde jugaba solo al ajedrez, leía y dormía. Era un Quijote, montado, azul y solo, con la firma de Honoré Daumier.

Ese Quijote está ahora en mi estudio, frente a la silla en la que me siento para escribir. Debajo de su figura de yelmo y lanza enhiesta hay una cita tomada del libro, una frase que dice lo mismo que yo, judío hermafrodita de Córdoba, deseo y deseo: Abrid camino, señores míos, y dejadme volver a mi antigua libertad.

2009/11/18

> Berria: Ezkontza > CAMBIOS LEGISLATIVOS EN EL CAMPO DE LA DIVERSIDAD SEXUAL

  • Cambios legislativos en el campo de la diversidad sexual
  • El Ciudadano [Chile], 2009-11-18 # Francisca Martín-Cano Abreu
Muchos expertos están de acuerdo en afirmar que ha sido gracias a la recuperación de las prácticas «perversas» por parte femenina la causa que ha provocado, por fin, la aceptación por gran parte de la población, de los colectivos homosexuales: gays y lesbianas y de los bisexuales.

Y son precisamente estos colectivos los que sí han logrado importantes cambios legislativos en el campo de la diversidad sexual. Quizás porque la reivindicación individual desembocó en grupos organizados y movimientos masivos, que peleaban por el derecho a la libre elección sexual de todos (y ello nos hace caer en la cuenta a todos de que mientras las feministas reividiquen aisladas, se tardarán siglos en avanzar).

Con ello se generalizó las reivindicaciones de los grupos de LGBT (gays, lesbianas, transexuales, bisexuales) que trataban de convencer a la sociedad general que se respetase la diversidad sexual y los aceptasen.

La cultura LGBT (…) arranca de la lucha feminista por emancipar a la mujer y establece que ser varón o mujer no es algo que venga dado por la naturaleza -concretamente, por la diferenciación sexual de índole biológica-, sino que son elaboraciones culturales, es decir, creaciones enteramente artificiales producidas por cada contexto social (Santamaría, 2004).

Con sus reivindicaciones, los grupos LGBT adquirieron la suficiente confianza en sí mismos para conseguir que las sociedad los aceptasen y ya consolidados no quisieron nunca más esconderse en lugares semiclandestinos y nocturnos.

Es evidente que se han operado algunos cambios significativos en la sociedad contemporánea de los países avanzados, referidos a la aceptación de los diferentes modelos de diversidad sexual. Aunque son mayoría las instancias sociales que siguen extendiendo los modelos exclusivamente heterosexual-monosexual con su fuerte presión, como señala Arroyo (2004) mediante la: educación y crianza, moral religiosa, discursos psicológicos y científicos, modelos presentes en los medios de comunicación, relaciones interpersonales, etc.

También es verdad que cada día aumentan más los colectivos y las personas individuales que investigan o divulgan o propagan sin reparos, o asumen las reivindicaciones propias de otros modelos de la diversidad sexual. Y lo hacen a través de diferentes medios de divulgación visual o de creación literaria, historias de películas y obras arte.

Con la divulgación de sus protagonistas, que concretizan ejemplos de «indecentes» o «perversas» conductas bisexuales / ambisexuales / anfisexuales, homosexuales, heterosexuales, promiscuas,… ilustradoras de la idea de estimular la «impudicia sexual», cumplen la función de implementar tales prácticas «indecentes», hasta modificar la moral y el orden vigente.

Por ejemplo: en la década de los noventa, este tema empezó a tratarse en el cine con mayor asiduidad. Henry y June, Manhattan o Instinto básico, entre otras, son filmes que muestran casos de bisexualidad, es decir, de personajes que mantienen relaciones afectivas y sexuales con personas de ambos sexos, introduciendo esta temática a grandes sectores de espectadores en todo el mundo sin que se haya producido repudio masivo, protestas o desmanes (Márquez Villar, 2004).

También se incrementa la reivindicación de la diversidad sexual y de la bisexualidad por parte de personas comprometidas que las honran y que contribuyen de forma significativa a promocionar tales conductas: iniciativas ciudadanas que terminan por legalizarse en movimientos asociativos; instituciones que organizan Exposiciones de Arte, Conferencias, Congresos Internaciones, o convocan Certámenes, o celebran el Día Internacional o Universitario de la Diversidad Sexual, etc…

Por ejemplo, respecto a la bisexualidad, informa Gabriela Granados (2004): Como cada dos años, una ciudad del mundo angloparlante fue la sede de diversas discusiones cuyo objetivo es fortalecer la identidad bisexual como algo completamente válido (contra la visión de que es una “indefinición inmadura” o un “estado transitorio”) y hacerse visibles no sólo ante la sociedad heterosexista, sino también dentro de la diversidad sexual y el movimiento gay y lésbico (al igual que el transgénero).

Numerosas personas se reunieron del 6 al 8 de agosto en la Universidad de Minesota, en Mineapolis, para celebrar el Octavo Congreso Internacional sobre Bisexualidad. Y Regina Facchini, añade en 2004, que tuvo lugar el II Encuentro Paulista GLBT (gays, lesbianas, bisexuales y transgéneros), realizado del 6 al 8 de agosto en la ciudad de Sao Paulo, Brasil (…). Por primera vez en la historia del movimiento brasileño, las y los bisexuales tuvieron oportunidad de participar de un encuentro del movimiento en forma políticamente organizada.

Asimismo, se incrementan las investigaciones sobre la diversidad sexual en el seno de las universidades. Esta investigación es conocida en universidades anglosajonas como Women’ Studies y Gays and Lesbian Studies. Tema del estudio de la Sexualidad de gays y lesbianas que ha sido tabú para muchos investigadores heterosexuales. En muchos casos evitaban investigar este tema porque generalmente muchos estaban condicionados en la homofobia y lesbofobia de las autoridades que habían escrito los libros en los que habían estudiado, con el prejuicio de que las conductas homosexuales eran degradantes, o delitos, o enfermedades. O no las investigaban porque temían ser calificados de gays o lesbianas, debido a que, como afirman Guasch y Viñuales (2003: 13), se suele dar: La asociación sutil (pero eficiente y estigmatizadora) del interés sociológico de quien investiga la diversidad sexual con sus prácticas personales. De forma que no sorprende su aprensión.

Y sobre todo se generan foros y páginas de información en Internet, una de los medios de comunicación que más eficientemente está permitiendo que la diversidad sexual se extienda rápidamente. Afirma al respecto Bastías en (2003): La investigadora Riane Eisler ha popularizado una interesante teoría que advierte en la revolución cibernética la posibilidad de un renacimiento de la civilización pre-patriarcal que rigió en los albores de la humanidad. (…) Algunos síntomas de este eventual renacimiento de la civilización primigenia son los movimientos pacifistas, ecologistas y feministas, la lucha contra la censura, el cambio de mentalidad en torno a materias sexuales.

Afortunadamente, después de tantos siglos de represión y de sufrir todo tipo de atropellos hacia los practicantes de conductas «perversas» de la diversidad sexual, por fin a partir de final del siglo XX, los y las homosexuales consiguieron legalizar su amor en un matrimonio institucional en algunos países avanzados.

Legalidad actual del matrimonio homosexual
Por ejemplo, se ha legalizado el matrimonio homosexual en países como: Bélgica, Holanda, Noruega, Suecia, Islandia y, finalmente, Finlandia.

El primer país escandinavo en aceptar el matrimonio gay fue Dinamarca, en 1989 (Bassets: 2004).

En los países escandinavos existe el matrimonio gay desde hace varios años aunque su denominación oficial es de “registro de pareja”. Jurídicamente, la unión de homosexuales se equipara a la de un matrimonio civil con todos los deberes y derechos que este contrato implica. En Suecia, tras poderse inscribir desde 1987, por fin a partir del 1 de mayo de 2009 ya se acepta el matrimonio homosexual y ”pueden cambiar a posteriori su estatus de “pareja registrada” al de “matrimonio”.” (DPA, 2009)

En Alemania, gracias a la coalición gubernamental de socialdemócratas y verdes, el Parlamento alemán legalizó los matrimonios de personas del mismo sexo en el año 2001.

En Norteamérica, tras estar legalizado en el Estado Massachussets desde hacía años, en junio del 2008 la Corte Suprema lo ha legalizado en California.

Asimismo, en varias provincias del Canadá era legal en 2003 en: Ontario, Columbia Británica, Quebec, Yukon, Nueva Escocia y Manitoba, hasta que en julio de 2005 se promulgó la ley que legalizaba el matrimonio homosexual en todo el país.

En España, se legalizaron las bodas homosexuales en julio de 2005.

En Gran Bretaña, la legalización se produjo en el año 2006.

El Parlamento checo, fue el primer país poscomunista que aprobó el matrimonio homosexual en marzo de 2006.

En Sudáfrica, se legalizó el matrimonio entre gays en noviembre de 2006, para terminar por fin con cualquier tipo de discriminación.

En Buenos Aires, Argentina, existía el registro Civil que unía a parejas homosexuales desde mayo de 2003. Hasta que, tras ser presentado el proyecto de Ley de Matrimonios para permitir el de personas del mismo sexo, elaborado por Inadi, mientras grupos reivindicadivos marcharon hasta el Congreso estando en tramitación para ser aprobado por las cámaras del Congreso, un recurso judicial que no ha sido recurrido permite los matrimonios homosexuales en noviembre de 2009.

Y en Chile: un proyecto similar ingresará al Congreso chileno en junio próximo (R. G. 2003).

Asimismo, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) de México, en noviembre del 2006, ha aprobado una nueva “Ley de Sociedad de Convivencia” que le otorga una figura legal a las uniones entre homosexuales, y pronto parece que van a aprobar leyes similares en el resto de los estados de la República de México.

En Cuba, en octubre del año 2008, se está planteando legalizar las uniones homosexuales, según Zulendrys Kindelán, asesora jurídica del Cenesex (Centro Nacional de Educación Sexual).

En Jerusalén, Israel en octubre del año 2008, la Corte Suprema ordenó al gobierno el reconocimiento oficial de los matrimonios homosexuales realizados en otros países.

2009/10/09

> Iritzia: Fanny Rubio > ¿ODIAN ALGUNOS HOMBRES A LAS MUJERES?

  • ¿Odian algunos hombres a las mujeres?
  • El País, 2009-10-09 # Fanny Rubio . Escritora y profesora titular de la Universidad Complutense de Madrid. Su último libro es La Baeza de Machado.
La noche del lunes 21 de septiembre hallaron el cadáver de una mujer latinoamericana en una maleta de grandes dimensiones en plena Gran Vía de Barcelona; la noche del domingo anterior, día 20, una muchacha casi adolescente moría apuñalada en el descansillo de su escalera; en la tarde del sábado 19, otra de 31 años aparecía muerta en su piso de Madrid. Y en las semanas siguientes, más de lo mismo.

Aparecen mujeres muertas con estudios universitarios, sin estudios universitarios o, simplemente, sin estudios, cada día en nuestro mundo cada vez menos cómodo, sin que leyes o héroes anónimos como hombres que conocemos (no demasiados) intenten evitar lo que las leyes no acaban de arreglar, la costumbre no integra o nuestra pasividad permite.

La verdad es que algunos hombres odian a las mujeres, odian mucho, muchísimo, a las mujeres: a las mujeres con poder, a las que tienen menos poder, a las que tuvieron alguna vez poder, a las que amaron mucho y ya no aman, a las que le sacaron unas pelillas y desaparecieron de sus vidas, a las que mantuvieron, a las que se fueron o desean irse del hogar, a las que van, no en la maleta, sino con la maleta a cuestas por la vida.

La maleta. Pues, ¿no es la maleta la mejor solución de la mujer situada entre hombres que odian a las mujeres? ¿Y no ha sido la maleta de esta mujer de la Gran Vía de Barcelona la confesión de un doble crimen por parte de quien lo ejecutó, contra la propia maleta, símbolo de la libertad de irse, con el fetiche del acto de partir que una mujer que se quiere marchar de algún sitio agarra en primer lugar, diciendo por las dos, por la maleta y ella, "ahí te quedas", que yo sigo viviendo?

"El hombre donde nace, la mujer donde va", decía con conocimiento de causa Francisco Delicado en La lozana andaluza por boca de la protagonista, Aldonza, que parte de Córdoba al Trastévere romano.

A veces, algunos hombres que odian tanto a las mujeres como para matarlas no dan la cara directamente, encargan el crimen a un alguien que entiende "corporativamente" que el coleguilla vive un infierno con tal señora y prepara el crimen burdamente, como hemos visto con Marta y otros casos en que interviene el gremio casero de este seudocrimen malorganizado y hay tres o cuatro en liza.

La verdad es que el sueño de matar mujeres de algunos hombres que las odian no llega a veces a la sangre, a veces es mejor matarlas en vida a disgustos helándoles la sangre en casa aunque sean jóvenes, cambiándolas de mostrador cuando se quedan embarazadas, acercándole la mesa de trabajo al balconcillo de la planta sexta a ver si se tiran como en alguna firma de país europeo, y la firma se ahorra, al menos, la maleta, que en estos tiempos de crisis económica faltaría más que la muchacha saliera en un embalaje de la casa acusada de robo in articolo mortis, aunque estuviera tiesa, qué más da.

No acierto a pensar bien si algunos hombres odian con el mismo furor a las mujeres sin maleta, que se quedan en casa solas y soberanas con o sin abogado, que ejercen su profesión por la mitad del salario de sus compañeros o, simplemente, escriben o gobiernan.

Si en nuestro país muchos hombres amaran (fraternalmente, digo) a las mujeres tendríamos mejores Consejos de Administración, por no decir Academias, Consejos, Consejillos y otras zarandajas en las que curiosamente sólo se ven corbatas castigando a las mujeres a diestra y siniestra con la risita cuando llega de jefa, la infamia cuando no puede escuchar, el cambio de mostrador, el mal piropo que suena a insulto, la ventanita y la maleta tirada en el río, más disimulada.

Lo que no tengo tan claro es si odian o no a las prostitutas algunos hombres y algunas mujeres, que a veces hacen de herramienta. Han rechazado regular la prostitución el otro día por parte de un grupo político, que llevaba un punto estupendo contra la trata de mujeres y los anuncios de contactos.

La verdad es que no es que a ninguna mujer con dos dedos de frente le apetezca que la prostitución sea un oficio con escalafón y trienios. Es más, teóricamente, muchas somos muy reticentes a ello, y a que, en algún caso, niñas semidesnudas que llegan al colegio digan por consejo de sus amigas que de mayores, en vez de ser enfermeras, como antes, quieren ser, digamos, belles de jour, ya que los modelitos que vemos en las series televisivas y los escotitos que nos largan, aunque sea invierno, han condicionado la educación -que ahora se llama "sexual"- de nuestras lolitas, que creen más rentable estudiar poco y estirar más las piernas si te dan un trabajo.

Pero, visto lo visto, ahora que -parece- la prostitución no se va a regular, ¿esperamos tres años con las mujeres que se prostituyen en la calle, sin asistencia, tutela, defensa ante las mafias que las acorralan, acosadas por los mil vaivenes de su vulnerabilidad, únicamente para dejar a salvo nuestra mirada escrupulosa, llevándolas al límite de su subsistencia? Claro, que siempre está la maleta.

2009/10/04

> Artikulua: Francisca Martín-Cano Abreu > SEXUALIDAD DE MAMIFEROS: HUMANOS Y BONONOS LOS MAS GOZADORES

  • Sexualidad de mamíferos: Humanos y bonobos los más gozadores
  • El Ciudadano, 2009-10-04 # Francisca Martín-Cano Abreu
En la Prehistoria y en culturas primitivas maternales hasta hace poco, la sexualidad femenina estaba muy desarrollada: la mujer podía disfrutar de la sexualidad desde la infancia, a solas (masturbación con la mano o con falos artificales) o acompañada tanto de chicas como de chicos (se permitía la bisexualidad y la promiscuidad).

Las dos características que diferencian profundamente la conducta sexual entre humanos y entre animales mamíferos, son la frecuencia de actos sexuales y la posibilidad de violencia sexual.

1. De forma que, mientras entre los humanos las relaciones sexuales son muy frecuentes y reiteradas, característica que compartimos con otra especie animal: los bonobos, en la mayoría de especies animales las relaciones sexuales son inusuales.

2. Y mientras que entre los animales no existe violencia sexual del macho sobre la hembra, en la especie humana existe en exclusiva la posibilidad de violencia sexual: el varón puede violar a la mujer.

En las diferentes especies animales no existe violación: el macho nunca se impone sexualmente a su posible pareja [y sirva de ejemplo la paciencia que ha de desplegar el pretendido rey de la selva: el león macho, para copular con la hembra, que sólo le permitirá la cópula tras reiterados intentos (para asegurar una adecuada calidad del semen) que puede durar horas].

Primera característica que diferencia de mamíferos
Al comparar la conducta sexual entre humanos y la mayoría de especies de mamíferos, se descubre que la principal característica que las diferencia es que, mientras la relación sexual entre los humanos es muy frecuente, en las demás especies de mamíferos es muy singular.

Esta posibilidad exagerada de relación sexual en la especie humana, es consecuencia de que la sexualidad femenina no dependa de las hormonas: la mujer está dispuesta a copular en cualquier momento del día y del mes, ya que no tiene relación con la ovulación. Las mujeres no tienen período de celo, su sexualidad no está determinada por las hormonas. Y dada esta conducta femenina, no tiene nada de extraño que haya sido calificada de “atleta sexual”, según referencia de la antropóloga Helen Fisher.

Mientras que las hembras de las diferentes especies animales mamíferos, sólo están dispuestas a copular en el período definido para la procreación: en el estro anual (o mensual).

De forma que en ciertas especies salvajes, los machos sólo copulan una vez al año, en la época de apareamiento, cuando las hembras tienen el estro. Incluso la mayoría de los machos lo hacen aún menos, ya que las hembras sólo se aparean con el macho que haya vencido en la contienda con otros. Por lo que sólo los más aptos, en ciertos períodos de su vida, tienen relaciones sexuales.

Y entre los animales domésticos, ya se sabe la vida reservada a los sementales, y por tanto la limitada vida sexual del resto de los machos: sufren una total abstinencia sexual.

Primates
Las hembras de los primates salvajes (a excepción de los bonobos, en los que pasa otra cosa), tienen relaciones sexuales aún con menor frecuencia, que las de otros mamíferos. Ello se debe a que, cuando las hembras maduran, sólo aceptan al macho durante el período mensual de celo (salvo excepciones, ya que se ha visto copular a hembras de algunas especies fuera del período de celo, lo que evidencia que no depende totalmente de las hormonas).

Pero dado que la supervivencia ha asegurado, que tras la cópula venga el embarazo, y dado que durante el período de embarazo y de lactancia, que dura un par de años, la actividad sexual de las mamíferas se paraliza, no volverá a entrar en celo y por tanto a copular, hasta pasados dos o más años, tras el destete de su bebé. Así, que sólo se aparean durante un breve período, cada dos o más años.

Los machos primates podrían copular en los períodos mensuales de la actividad sexual de las hembras. Pero dado que el número de hembras maduras de los grupos es limitado, y dado que son ellas las que llevan la iniciativa en la elección de parejas, muchos machos tienen limitada la posibilidad de aparearse. Incluso los machos de ciertas especies, no tienen demasiado interés por el coito.

El hecho de que la hembra sea libre de elegir a su pareja para aparearse, también evidencia que la relación sexual primate, no depende totalmente de las hormonas: La hembra es la que elige a las parejas sexuales, que no pueden imponerse por la fuerza, a pesar del dimorfismo (los machos son mucho más grandes). El dominio del macho primate nunca sirve para imponerse sexualmente a la hembra, sino en presencia de alimentos.

Respecto a la elección femenina de la pareja sexual, implica que los machos que ocupan una posición de dominio en la jerarquía dentro de un grupo, no tienen asegurado la cópula; la jerarquía no se ejerce en el campo sexual. De ahí que los machos han de aplicarse en atraer y convencer a las hembras para que los dejen aparear.

He visto en un vídeo de Shierley Strum, que los machos babuinos (los estudió en 1976 en el rancho Kekopey junto a Gigil, Kenia), gastan enorme energía en atraerse las simpatías y amistad de las hembras, para que les otorgue en el futuro, un favor sexual. Como ejemplifica la conducta de niñera de un babuino macho, para tener contenta a la madre].

Humanos
Y esa mayor frecuencia de la relación sexual entre humanos, respecto a los otros mamíferos, manifiesta que la conducta sexual humana está vinculada al placer, mientras que la de los animales mamíferos –excepto los Bonobos- está vinculada a la fecundación, a la supervivencia, es instintiva y está bajo control hormonal y con la finalidad exclusiva de la procreación.

En el caso de los primates superiores, aún estando la relación sexual vinculada a la supervivencia, se ha observado que no depende totalmente de las hormonas.

Bonobos y placer
De forma extraordinaria, existe una especie animal, en la que la conducta sexual no depende ni de las hormonas, ni tampoco está vinculada a la supervivencia, al igual en los humanos. Son los chimpancés pigmeos / enanos / bonobos. En esta especie, Nancy Thompson-Handler fue la primera que lo observó (en Lomako, República de Zaire, entre el río Zaire y Kasai en la década de los años 80s), que la práctica sexual está vinculada al placer, al igual que en la especie humana.

Los bonobos “nuestros más inteligentes parientes primates y más semejantes a nosotros” hacen muchísimo el amor. Y lo hacen porque las hembras bonobos no presentan estro (igual que la mujer) y siempre están dispuestas a la cópula, a excepción del tabú madre-hijo. Quizás los bonobos sean los animales que más hacen el amor, incluso mucho más que los humanos, ya que ellos no limitan la sexualidad con normas morales, ni tampoco eliminan el derecho al placer, como los humanos aún hacen.

Los bonobos forman parejas esporádicas de hembras con machos o de hembras o machos entre sí. Este emparejamiento evidencia que la utilización del sexo se ha desvinculado de la procreación mucho más que entre los humanos. Y además daría incluso fundamento biológico a la conducta sexual homosexual.

Y justo es la conducta sexual de los bonobos, la que da idea de la conducta sexual en los inicios de la cultura humana, ya que algo parecido debió ocurrir con nuestros remotos antepasados homínidos, de los que descendemos: la relación sexual de los prehomínidos sería similar al de los primates no humanos como los bonobos. O sea que las conductas de los bonobos nos muestran el comportamiento sexual de nuestros antepasados: nuestras ancestras serían muy promiscuas y harían el amor en cualquier momento del año, sin tener en cuenta la ovulación y sin atenerse a la monogamia, y los varones no tendrían conocimiento de cuándo ocurría su paternidad real.

Jared Diamond nos aporta la teoría de la antropóloga Sarah Hrdy, de la Universidad de California en Davis, que da apoyo a la hipótesis de la promiscuidad de nuestras ancestras prehomínidas. En un estudio de la evolución de la sexualidad humana (1999, 105) resume a Hrdy y reflexiona sobre las ventajas de una hipotética hembra prehomínida promiscua con sucesivos consortes y el porqué un varón le ayudaría a alimentar su cría, a pesar de que no estuviese seguro de su paternidad, dada la promiscuidad de su pareja:

“Supongamos, entonces, que la hembra tiene ovulación oculta y constante receptividad sexual. Puede explotar estas ventajas para copular con muchos machos, aunque tenga que hacerlo incluso solapadamente, cuando su consorte no preste atención. Mientras que ningún macho puede estar seguro de su paternidad, muchos machos reconocen que podrían ser los padres de la eventual cría de la hembra. Si más tarde uno de esos machos tiene éxito en ahuyentar al consorte de la madre y en conquistarla, evita matar a su cría porque podría ser la suya propia. Podría incluso ayudar a la cría con protección u otras formas de cuidado paternal. La ovulación oculta de la madre serviría también para disminuir las peleas entre machos adultos dentro del grupo, puesto que cualquier copulación aislada no es muy probable que resulte en concepción, y de ahí que no merezca la penar luchar por ello…”

“En resumen, Hrdy considera la ovulación oculta una adaptación evolutiva llevada a cabo por las hembras tendente a minimizar la gran amenaza para la supervivencia de su prole que suponían los machos adultos. Mientras que Alexander y Noonan veían la ovulación oculta como clarificación de la paternidad y refuerzo de la monogamia, Hrdy la contempla como algo que introduce un factor de confusión en la paternidad y que arruina la monogamia de manera efectiva.”

Sigue en (1999, 108): “Entonces ¿Qué haremos para evaluar estas dos teorías en disputa?”…

“Pero aún podemos recurrir a otra potente técnica que prefieren los biólogos evolutivos para resolver tales problemas; se denomina método comparativo.”

Tras estudiar numerosas especies de primates, llega a la conclusión de que es la teoría de la promiscuidad la que explica el sistema de apareamiento que condujo a la ovulación oculta femenina. Y así manifiesta en (1999, 119): “En resumidas cuentas, todo se reduce a que la ovulación oculta ha cambiado repetidamente y de hecho ha invertido su función durante la historia evolutiva de los primates.”…

“En aquellos momentos, la ovulación oculta permitió que la mujer-simio ancestral distribuyese sus favores sexuales a muchos machos, ninguno de los cuales podía jurar que era el padre de su hijo, aun cuando cada uno de ellos sabía que podría serlo. En consecuencia, ninguno de esos machos potencialmente asesinos querían hacer daño al bebé de la mujer-simio, y algunos de hecho lo habrían protegido o habría ayudado a alimentarle.”

Segunda característica: violencia. Conducta sexual aprendida
Decíamos con anterioridad que la conducta sexual humana da idea en los inicios de la cultura humana se parecería a la de los bonobos. Sin embargo, como cualquiera puede ver, existe hoy día en occidente absoluta discrepancia sexual humana con respecto a los bonobos: las relaciones homosexuales han estado reprimidas, así como la conducta sexual libre femenina (hasta que afortunadamente hoy día, los seres humanos estamos reivindicando y consiguiendo la libertad sexual total).

Además, hay comportamientos violentos del varón sobre la libertad sexual femenina, como es la violación, conducta que no aparece en los bonobos, ni en otros primates, ni en ninguna especie animal: no se da imposición sexual.

Ni tampoco existió en los estadios más arcaicos humanos, como cualquiera puede constatar estudiando las características de las sociedades matrilineales, a pesar de la idea estereotipada que ha sido divulgada, que proyecta sobre la Prehistoria al varón imponiendo de forma brutal la relación sexual a mujeres maltratadas. Siendo como es un mito machista totalmente inexacto.

Lo constata los contemporáneos descubrimientos de la Etología y de la Arqueología, Sociología y Antropología de Género (es decir no androcéntrica / no machista, como lo han sido estas disciplinas hasta hace poco), en las que se basan para afirmar que: serían las mujeres las que elegirían a sus parejas sexuales, que no se podrían imponer por la fuerza, al igual que ocurre en todas las especies de primates, en las que son las hembras primates, las que eligen a sus parejas sexuales.

La violencia sexual del varón sobre la mujer, surgió por intereses patriarcales, en cierto momento de la historia humana. Fue justo con el advenimiento de la revolución patriarcal, que se extendió por todo el universo, hace varios miles de años.

A partir de entonces se instauró el matrimonio (que se estableció hace varios miles de años en la civilización griega, sobre la que se ha cimentado nuestra actual civilización patriarcal, que arranca de ella y es el origen de que seamos de esta manera). El matrimonio en Grecia, se generalizó en la época de Cecrops, aproximadamente en el primer milenio adne, tras haber sido invadida primero por los aqueos en el siglo XII adne y después por los dorios y dar una nueva organización política al país, basada en el patriarcado, en la que los soberanos ejercían el poder de manera enérgica.

Tal hecho se narra en el mito de la lucha de la diosa Atenea y Neptuno / Poseidón para dar nombre a la ciudad de Atenas, y a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal. Ganó Atenea.

Victoria de la Diosa que provocó la ira de Neptuno. Para calmarlo, Cecrops, padre de Atenea, tomó la decisión, según los autores de la Enciclopedia Espasa, Tomo 33 (1988, 100) de castigar a las mujeres: "... y entonces, para desagraviar al dios se impuso a las mujeres los siguientes tres castigos: a) se les quitó el derecho de votar; b) se prohibió que en adelante los hijos llevaran el nombre de sus madres (matrilinealidad), y c) despojarlas del título de ciudadanas, de manera que quedaran reducidas a ser meras esposas de los atenienses."

A partir del castigo patriarcal los hijos llevarían el nombre de sus padres varones (patrilinealidad), lo que traduce la institución del matrimonio, de la herencia y de la familia patriarcal, establecido por primera vez entre los atenienses en época de Cecrops.

De forma que fue en Grecia donde tuvo su origen el matrimonio patriarcal de nuestra civilización occidental grecorromana. En la civilización hindú o egipcia, tendría lugar en otra época.

En Escandinavia, la institución del matrimonio también se narra en otro mito: tras la lucha de los invasores Vanes contra la tribu de los autóctonos Ases, los contendientes se unieron entre sí para firmar la paz. Lo que a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal, así como la generalización y establecimiento de la familia patriarcal.

Y en la civilización del pueblo mongol de Yunán, donde aún no existía el matrimonio al final del siglo XX, quizás se generalice el matrimonio patriarcal en el siglo XXI, por contacto con la civilización occidental (es una suposición, porque a lo "mejor" no sufre contaminación y la dejan subsistir en paz, sin que se iguale a los valores "civilizados" occidentales)].

Con la instauración de la institución del matrimonio, empezó la relación sexual monógama, por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja, a cambio del sustento.

Y a partir de entonces, se fijó la conducta sexual adecuada de cada sexo y se enseñó de forma discriminativa las conductas sexuales. De forma que la conducta violenta sexual del varón es consecuencia del aprendizaje.

Conducta sexual enseñada a la mujer
-Por un lado se dictó la conducta sexual femenina apropiada y se introdujeron normas morales por las que regirla. De forma que se limitó su sexualidad y se le exigió la obligación de guardar fidelidad dentro del matrimonio. Aunque no se le negó el derecho al placer sexual, de ahí la posibilidad de la masturbación con dildos ya de casada, o la posibilidad de entregarse a la prostitución antes del matrimonio, sin ser desacreditada por ello. Y fue la exigencia de fidelidad dentro del matrimonio, la causa de que a la mujer se convirtiera en víctima y se le impusiera mayor represión, para evitar el adulterio.

Conducta sexual enseñada al varón
-Mientras que al varón se le permitió y fomentó el comportamiento sexual libre. Y se le permitió la infidelidad dentro del matrimonio, de ahí la abundancia de prostitutas surgidas tras la instauración del patriarcado, para que les dieran placer, ya que con sus esposas sólo cumplían el débito conyugal tres veces al mes de manera desapegada.

-Y, a la vez, a los varones se les fomentó los comportamientos violentos con las mujeres, conforme a los intereses patriarcales, permitiendo que conquistasen otras regiones en donde las mujeres gobernaban, mediante el asesinato, rapto, violación y robo de sus legítimas dueñas. De ahí las numerosas epopeyas que narran las aventuras de héroes que se comportan con crueldad con las mujeres; las raptan, violan, maltratan y abandonan impunemente, como los mitos protagonizados por Hércules, Teseo, Aquiles, Jasón, Ayax, Poseidón, Eolo, Neptuno, Cinira, el padre de Ciana, los hijos de Leucotea, los sátiros,… cuyas ¡hazañas! consisten en robar, violar, raptar, asesinar, dejar embarazada o abandonar a otros seres humanos. Asimismo existen en las mitologías de todo el universo, mitos de violaciones de seres divinos a diosas, sin consecuencias punibles. Los mitos promovían el incesto o la violación por parte de su hijo o de su hermano a la diosa, que muestran además los usos sucesorios del matriarcado.

También los mitos, tras la revolución patriarcal, alentaban la violación o la violencia marital dentro del matrimonio y se permitía al esposo, que tras recibir a su esposa como una esclava u objeto, la encerrara en casa, la domesticara y ultrajara.

Y bajo el bombardeo de tales doctrinas, propagadas a través de poderosos medios de comunicación: el arte, los mitos, la literatura, las leyendas,… en los que se concretizaban ejemplos que atemorizaban y subordinaban a las mujeres, que exaltaban la violencia masculina, no es raro que se implementase la violencia del varón sobre la mujer, y que cumpliese su función de modelamiento.

De forma que, tanto la violación masculina como la violencia sexual del esposo sobre la esposa surgió en cierto momento de la historia humana, no como una conducta resultado de un desenfreno instintivo, sino como una conducta cultural enseñada a los varones, que resultó útil para la vejación de las mujeres y para que tomaran conciencia de su “inferioridad”.

Lo que muestra que la conducta sexual que los humanos practican, aunque deriva de la biológica, es aprendida, responde a factores culturales, es resultado de la cultura. Y en cada cultura se han impuesto diferentes normas, y cada sexo las ha aprendido desde la infancia.

Sexualidad femenina en culturas judeocristiana e islámica
La conducta sexual actual que cada sexo ha aprendido en nuestra sociedad de tradición judeocristiana, es deudora de la tradición griega machista y extendida por numerosas regiones occidentales, gracias a la civilización romana.

La moral judeocristiana negó a la mujer la posibilidad de disfrutar de libertad sexual y la consideró como un elemento corruptor, lleno de lascivia, que alejaba a los varones de Dios, por lo que le limitó la sexualidad como un castigo, por haber disfrutado en época arcaica de una sexualidad más desarrollada, similar a la de los bonobos. Así que no sólo la obligó a la fidelidad dentro del matrimonio, sino que también le exigió que se atuviese a un ideal de pureza y castidad, por lo que consideraba pecaminoso la autoestimulación sexual, y le exigió que llegara virgen al matrimonio. Y además se desacreditó la prostitución.

Pero aún fueron peores las normas sexuales que se impusieron en regiones en las que se extendió la religión islámica, ya que en algunas zonas, se llevó al extremo de eliminar el derecho al placer femenino. La mujer es necesaria para la procreación, pero como pertenece a los varones, sufre la infibulación: ablación del clítoris, para disminuir su deseo sexual y eliminar la posibilidad de adulterio o infidelidad. Y las infracciones del tipo de quedarse embarazada soltera, incluso se ha castigado durante siglos con la muerte.

Sexualidad femenina en sociedades matrilineales
Pero esta imposición de forma violenta de la represión sexual por parte de varones, para subordinar a la mujer que ha venido imperando en la sociedad occidental, no siempre ha existido.

Constata que la conducta sexual fue en principio libre y pacífica, similar a la de los bonobos; las costumbres de las sociedades matrilineales, tipo de sociedad existente en las etapas más antiguas de la historia humana: existen evidencias de que fueron matrilineales en todas las civilizaciones, antes de su constitución en estado, y sociedades matrilineales existentes en algunas regiones primitivas todavía.

En las sociedades matrilineales existen costumbres licenciosas y de promiscuidad sexual por parte femenina, que tiene relaciones sexuales libres. Es ella la que elige a sus múltiples amantes, la casada puede ser infiel a su esposo y existe promiscuidad sexual entre los jóvenes de manera reglamentada, antes de casarse.

En correspondencia a la estructura de la sociedad, en el panteón lo femenino ocupa el lugar de honor y las Diosas tienen multitud de amantes divinos y humanos, mitos que reflejan la gran libertad sexual que goza la mujer.

La existencia de libertad femenina en las sociedades matrilineales, en las que la familia es matrilineal, demuestra que fue la implementación de la familia patriarcal la causante de la pérdida de libertad sexual femenina.

Hoy día aún perviven en ciertas regiones primitivas, costumbres de extraordinaria libertad sexual femenina, que ejemplifica la que tendría en la Prehistoria de forma universal, antes de las invasiones o revoluciones patriarcales.

Una sociedad que aún milagrosamente permanece es la de los Na –o etnia Mosuo-, pueblos mongoles del suroeste de China, cercana a la frontera con Myanmar, que viven en las montañas de Yunnan. Es una cultura que conserva instituciones de la organización social y familiar de tipo matriarcal, en la que la mujer tiene total independencia y autonomía, ya que no existe el matrimonio: disfruta de libertad sexual y es ella la que elige a sus amantes, a los que invita a pasar la noche en su casa.

En otras regiones, aún hoy día se conservan algunas costumbres, reliquias de una sociedad anterior de derecho materno. Se da en aquellas culturas en las que las religiones patriarcales no han ejercido su influencia (judaísmo, cristianismo o islamismo). Por ejemplo entre los esquimales existe la costumbre de jugar al cambio de pareja entre matrimonios. En algunos pueblos del Pacífico en ciertas fiestas periódicas, también los miembros de matrimonios se emparejan con otros compañeros y se van al bosque a pasar la noche. En Tanzania las mujeres casadas pueden disfrutar de amantes, aunque de manera discreta,…

Sexualidad femenina a principios de la época histórica
Y es testimonio de que en principio todas las sociedades fueron matrilineales, antes de su evolución al patriarcado, el hecho de que aún a principios de época histórica, pervivían en las culturas ya patriarcales, costumbres de gran libertad sexual y de promiscuidad femenina, que evidencian que eran heredadas de una situación anterior, antes de la transición.

Como por ejemplo lo evidencia las ceremonias sagradas celebradas por mujeres y sacerdotisas, que incluía orgías sagradas femeninas (sin el varón; usaban falos o esculturillas), que eran un acto sagrado de fertilidad, y que incluían en algunas ocasiones, ritos con perras.

Además aún no estaba desacredita el ejercicio de la prostitución por parte de las sacerdotisas, sino que eran una acto sagrado con finalidad sagrada, sacerdotisas muy acreditadas que además de la prostitución, eran maestras que se ocupaban de la formación de las niñas.

Conclusión
En realidad la única conducta sexual que nos diferencia de los animales es que los varones “son hombres civilizados” que han aprendido a tener comportamientos violentos y a imponerse sexualmente a la mujer, mientras que los “animales no son tan bestias como para ser animales violadores de hembras”.

Selección bibliográfica
Dawkins, R. (1996): Et Dieu crea le singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Diamond, Jared (1999): ¿Por qué es divertido el sexo? ¿Por qué los amantes hacen lo que hacen? Un estudio de la evolución de la sexualidad humana. Editorial Debate, S. A., Madrid.
Ehrlich, A. (1978): Los Primates Adaptables. Psicodeia, Nº 38, Madrid.
Fisher, Helen E. (1984): El contrato sexual. La evolución de la conducta humana. Editorial. Argos Vergara, S. A., Barcelona.
Goodall, J. (1996): Jane y los chimpancés. Documental de la BBC emitido por Canal +, 13 de mayo.
Kay, M. y Voorhies, B. (1978): La mujer: un enfoque antropológico. Editorial Anagrama, Barcelona.
López Gutiérrez, Juan José. (2003): Prometedora correspondencia. E-mail personal enviado el 4 de marzo.
Moreno Ruiz, J. L. (1997): Hermano Mono. Interviu, Nº 1085, Madrid, febrero.
Small, M. F. (1996): Supina obsesión. La agitada vida amorosa de los bonobos. Muy Interesante, Nº 185, Madrid, octubre.
Strum, Shierley. (1996): Monkey Business. Documental emitido por Canal +, enero
Vienne, G. (1996): Le peuple singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Wendt, H. (1981): Del mono al hombre. Editorial Bruguera, S. A., Barcelona.

2009/09/25

> Iritzia: Anxo Manuel Amaro Quintas > CULOS, ANOS, ESFINTERES Y DEMAS MIERDAS

  • Culos, anos, esfínteres y demás mierdas
  • La limitación de la norma: sujetos proscritos
  • El termino ‘desviado’ que la derecha, y no solo ella, aplica a transexuales, travestis o bisexuales, y a heterosexuales con ‘conductas extrañas’ fuera de la norma, es un orgullo para quienes buscan mayor libertad. Una palabra reivindicada para impedir todo intento de construcción identitaria única. Y evidenciar la construcción cultural del género y del concepto de sexo.
  • Diagonal, n. 109, 2009-09-25 # Anxo Manuel Amaro Quintas . Sociólogo y activista queer . www.diasporaqueer.tk
El ano es el primer órgano político revolucionario por construcción social, su situación periférica en el canon sexual reproductivo lo ha dotado de una perspectiva global y definido como sujeto abyecto capaz de destripar la historia de la sexualidad formal.

La historia de la analidad es la ‘otra historia’: el devenir de mujeres, maricas, etnias, pueblos, clases sociales, anos, etc.

La cosmovisión denigrante y despectiva construida universalmente, asociándolo a sujetos parlantes concretos –sodomitas/putas/mujeres–, prácticas y roles específicos –pasividad fálica–, ha hecho del ano un elemento/espacio propicio para deconstruir la matriz heterosexual- /masculinista que se irradia como esencialista e inmutable.

La génesis del protocapitalismo no está en el patriarcado en general, ni en el control de las biomujeres por parte de los biovarones en particular. El biocontrol va más allá y sus intereses estratégicos ahondan sus raíces en estratos y escenarios discursivos poco tratados por el movimiento de liberación sexual: la mierda.

La analidad universal
Por un lado tenemos el monopolio/ asignación como función –el culo es del patriarca y sirve para cagar exclusivamente– y la invisibilidad/ ostracismo como órgano –el orgasmo anal no existe–. Por otro lado se despliega la privatización/ biocontrol como sujeto –las actividades asociadas al uso del ano son íntimas y denigrantes– y el desplazamiento del ano del campo social/ esfera pública. Todo ello forma parte de un holocausto anal que invisibiliza y patologiza a los sujetos que asignan al ano el protagonismo en sus prácticas sexuales.

El ano deviene en sujeto molesto y no productivo, no generador de riqueza humana/económica, y por lo tanto, no eficiente para el mantenimiento/ herencia del heteropatrimonio de las familias nucleares. El biocontrol ejercido sobre los anos es equiparable o incluso superior al ejercido sobre las vaginas, imprescindibles para el mantenimiento/ afianzamiento del binomio nuclear –reproducción social.

La tentación del sexo no productivo y dotar de funcionalidad erótica a un orgasmo abyecto y diaspórico está al orden del día, si tenemos en cuenta la revolución internacioanal que se puede desatar cuando todos los sujetos cognoscentes de la humanidad se den cuenta de que el ano es un sujeto universal que sobrepasa a los binomios de género y el esquema fálico/penetrativo.

Elementos como el lenguaje –anofobia, mierdofobia– o el urbanismo –aseos públicos, zonificación urbana– condicionan y recrean al ano como un ente que está pero del que nadie quiere hablar.

“Que te den por el culo”, “que te peten”, “beso negro”, “aprieta el culo”, “no te agaches por el jabón”, “vaya mierda”, “eres un por culero”, “pasivo de mierda”, “eres un cagado”, “vete a la mierda” son algunas de las barreras con las que se topa la Internacioanal Sucialista (IS), estigmas que hasta los gays emplean encontrándose a gusto en estas ‘performatividades’ eficientes en la Era Farmacopornográfica, como diría Beatriz Preciado.

Códigos que describen y definen una estructura holística en base a lo que debe entenderse por ano, sus funciones y sus implicaciones.

La anofobia universal
Claramente, podemos discernir e hilar una historia universal de la Anofobia y de la Mierdofobia. Un metadiscurso patologizante del ano humano, asociado al dolor, la fragilidad, la pasividad, las hemorroides, los gases, la mierda y la sumisión: Tanatos. Se definen de antemano como peyorativos todos los adjetivos calificativos asociados. Todo sujeto u órgano relacionado con el ano padecerá el estigma.

Hay que recalcar que, toda esta lógica anofóbica tiene su justificación en el hecho de que el ano es un elemento universal, todo el mundo posee uno. Si se produce una revolución en la que el protagonista es el primer órgano humano privatizado, deseoso de salir a la esfera pública, no productivo y definido como denigrante, estamos reforzando la democracia, lo público y la transversalidad del deseo humano como potencia creadora. Estaremos dándole voz a los sin voz, a los culos.

Tenemos que tener claro que a quién tenemos que ‘convencer para vencer’ analmente son a nuestrxs compañerxs y aliadxs ‘antipatriarcales’. Las feministas, el movimiento obrero y el movimiento gay han pecado y pecan de tener cierto reparo al hablar de temas como éste. Se maquillan las cosas con ‘identidades’, ‘géneros’ y ‘patriarcados’, cuando realmente hay que hablar de ‘anos’, ‘mierda’ y ‘liberación de esfínteres’. El discurso se escapa a varones/mujeres, transciende a debates academicistas autofagocitadores y moralistas que en muchos casos no pretenden tratar la génesis de la anofobia, sino más bien todo lo contrario, reforzar el binomio biovarón/biomujer. Debemos debatir en torno a dualismos que se han construido en base a actividad/pasividad, privado/ público, vagina/ano, productividad/ vicio, vida/muerte, placer/dolor.

Sodomizar
Es curioso ver actualmente como la anofobia con respecto a las heteromujeres se va disipando cada vez más, el biocontrol de un ano heterofemenino por parte de un heterovarón parece ser uno de los mayores goces y metas fálicas. Quizás por la magnitud de lo que representa el ano como sujeto privatizado, y por tanto que deviene en el primer órgano personal/íntimo/DNI, definiendo su invasión/control como una vejación/humillación de primer orden. En el capitalismo tardío, acumular anos penetrados equivale, en la lógica de la matriz heterosexual, a acumular sujetos violados, lo que retroalimenta la cadena heteromasculinista del “peta y sigue”. La doble hélice boca/ano cae bajo el control del heterovarón dotándolo de una perspectiva totalmente sumisa. La pornografía comercial de contenido heterosexual así lo refleja, cuantos más agujeros se controlen mejor, el triunfo del heteropene será inquebrantable.

Antes de que el primer varón levantase la mano a su mujer, o incluso más, antes de que el primer varón se dedicase a la caza y la mujer a la recolección de frutos y las tareas del hogar, todos los seres humanos apretaban el culo al unísono, silenciándolo y reconvirtiéndolo en un compañero de viaje incómodo.

2009/08/19

> Iritzia: Manuel Velandia > A TRANSEXUALES JOVENES SE LES NIEGA EL DERECHO AL CUERPO

  • A transexuales jóvenes se les niega el derecho al cuerpo
  • AG Magazine, 2009-08-19 # Manuel Velandia
El género es una noción, una construcción social y cultural sobre lo que “debe ser” y cómo debe comportarse una persona, pero el género es especialmente una construcción particular, a partir de la cual la persona asume una manera de actuar a la que se llama “rol de género”; generalmente, se espera que dicho rol acompañe en su actuación a un cuerpo que se le corresponde; es decir, por ejemplo, a un cuerpo de macho le correspondería un rol masculino.

Algunas personas experimentan un tránsito en su identidad de género -situación a la que en salud, que la sume patología, denomina “disforia de género[1]“-, en ellas su rol, actuar y performance del género no está en consonancia con su cuerpo, puesto que asumen una performance femenina a pesar de que su cuerpo es o fue asignado masculino o una performance masculina aun cuando su cuerpo es o sea asignado de hembra, abandonando su “género por asignación” y asumiendo un “género por opción”.

Muchos sexólogos, psiquiatras, médicos, e incluso personas que viven esta situación prefieren llamarla “disforia de género”; yo prefiero denominarla “tránsito identitario de género”, especialmente porque al referirse a “disforia” se está asumiendo que es un desorden mental, asunción con la que no estoy en acuerdo.[2], [3]

Una persona transexual[4] es aquella que psíquicamente ha optado por un género, a pesar de haber nacido con la anatomía que se considera propia de otro sexo, en esta persona se produce una disconformidad entre su sexo biológico, su sexo social[5] (asignado), su sexo particular (el que la persona asume para sí) y su identidad de género, tanto la asignada como la asumida. Por ejemplo, una mujer transexual es aquella persona que pertenece psíquicamente al género femenino como su género optado y que desea un cuerpo acorde con dicho genero , a pesar de haber nacido o haber sido asignada con anatomía de macho de la especie humana y en una identidad de género masculina.

Los/las transexuales tienen la convicción de pertenecer al sexo opuesto al que nacieron, con una insatisfacción mantenida por sus propios caracteres sexuales primarios y secundarios, con un profundo sentido de rechazo y un deseo manifiesto de cambiarlos médica y quirúrgicamente. Una persona transexual no desea los caracteres físicos del sexo con el que ha nacido, sino que le apetece un cuerpo que sea acorde con su género optado, aun cuando no todas las personas transexuales pueden (las leyes en muchos países no lo permiten, por razones de edad se les dificulta la situación o no tienen las condiciones económicas para hacerlo) o desean recurrir a una operación de transformación de su morfología corporal (popularmente denominada operación de cambio de sexo).

Cabe afirmar que se es transexual así la persona transforme o no su cuerpo quirúrgicamente, con aplicación de hormonas y/o con trucos o rellenos, para aproximarlo al cuerpo deseado. Uno de los problemas de considerarla patología es que se considera que para tener acceso a los tratamientos hormonales y a las cirugías la persona requiere tutela psiquiátrica.

Los estados se han tomado el derecho de decidir sobre el cuerpo de los ciudadanos hasta el punto de que en muchos países se ha legislado prohibiendo los cambios morfológicos o por lo menos haciéndolo para las personas menores de edad. No hay, sin embargo, una voz común a este último respecto; una cosa es lo que piensan los legisladores y algunos profesionales de la salud y otra, lo que entienden y viven la situación, posiciones que igualmente son dispares.

Existe legislación en materia de identidad de género en Suecia (1972), Alemania (1980), Italia (1982), Holanda (1985), Turquía (1988), Canada, Quebecq (1977); Sudáfrica (1974); Australia Meridional (1988), Colombia (1993, cambio de nombre), España (LEY 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas), Cuba (2009). En EEUU la situación es dispar según el Estado: Illinois (1961), Arizona (1967), Lousiana (1968), California (1977); hay reglamentos en Alabama, Carolina del Norte, Nueva York, Colorado, Hawai y Pensilvania.

La doctora Peggy Cohen-Kettenis, del VU Medisch Centrum holandés, explica que durante el proceso “casi las tres cuartas partes de los adolescentes se vuelven homosexuales y abandonan el programa“, así que el tratamiento completo, la operación quirúrgica a los 18 años, “sólo es para los chicos muy femeninos o las chicas muy masculinas que siguen necesitando el cambio de sexo… Con 16 años se es demasiado joven para tomar la decisión de operarse, incluso a los 18 me parece pronto, no se está preparado, es para toda la vida… Es preferible darles tiempo hasta que estén absolutamente seguros, y preguntarles durante años si es realmente lo que quieren“.

En 1989 el Parlamento Europeo emitió una Resolución sobre la discriminación a las personas transexuales, considerando que la transexualidad es un problema psicológico y médico, pero también un problema de la sociedad, que no sabe hacer frente a un cambio de los papeles sexuales específicos culturalmente establecidos, tiene el convencimiento de que la dignidad humana y el derecho al libre desarrollo de la personalidad debe abarcar el derecho a vivir de acuerdo con la identidad sexual; y, pide a los Estados miembros que aprueben disposiciones sobre el derecho de los transexuales a un cambio de sexo de carácter endocrinológico, plástico-quirúrgico y estético, el procedimiento y la prohibición de su discriminación. Con respecto a la Operación quirúrgica considera que debe ser practicada, tras ser autorizada por un equipo de profesionales integrado por un o una médico especialista, un o una psicoterapeuta, y, llegado el caso, por un o una representante nombrado o nombrada por el afectado o la afectada.

La organización AET-Transexualia de España informa que está a favor al derecho que tiene cada persona a decidir sobre la sexualidad, independientemente de su edad. Que una operación de adecuación de sexo a una edad temprana es una cuestión todavía a debatir donde los colectivos de transexuales tienen que tomar una postura en común, y es por ello creen que una persona joven a pesar de los claros síntomas de transexualidad necesita un tiempo de reflexión ante tan importante operación.

Transexualia manifiesta que es conveniente observar la evolución en otros países pioneros como Holanda y Estados Unidos y aún es pronto para ver datos sobre la evolución con menores de edad, por ello creemos necesario un debate médico junto a los colectivos afectado frente a la intervención de reasignación en los casos de menores de edad, porque una operación como esta es irreversible y hay que asegurarse al completo que el/la menor no esté confundido con su sexualidad. Equivocarse puede llevar a un empeoramiento de la salud psíquica y física de la persona empeorando su calidad de vida. En últimas consideran, que debe dejarse la decisión final a la persona sin necesidad de recurrir a presiones externas (familia, médicos, medios de comunicación y demás).

Casos reales en menores de edad
Algunos niños y niñas y adolescentes interesados en la operación de reasignación sexual logran en algunos pises el apoyo psicológico y medico necesario; otros casos; a pesar de contar con el apoyo de sus padres, han tenido que recurrir a los juzgados para lograr ejercer su derecho a pesar de que los profesionales de la salud las apoyan en su decisión.

Este es el caso de la argentina Natalia quien nació como Marcos y del español Toni, de 16 años. Hace dos años y después de tres de lidiar con la justicia, Natalia (17 años) consiguió la aprobación de un juez Rodolfo Mario Álvarez, de la provincia de Córdoba (Argentina) para someterse a una operación para lograr la remoción del pene y la implantación de una neovagina. Este caso sentó un precedente en Latinoamérica, el juez se basó en el artículo 12 de la Convención de los Derechos del Niño y en el Código Civil argentino uno de cuyos artículos reconoce la capacidad psicológica de un menor para decidir sobre su cuerpo.

En España se ha llevado a los juzgados por primera vez un caso de una persona que desea cambiar de sexo antes de cumplir la mayoría de edad. Un joven catalán quien tiene 16 años y cuenta con el apoyo y consentimiento de sus padres, ha pedido al Juzgado de Primera Instancia número 15 de Barcelona, que le deje operarse.

Los casos de jóvenes son mucho más frecuentes de lo que se supone, por ejemplo en Estados Unidos, a partir de mayo del 2008, el Hospital Infantil de Boston ofrece tratamientos para niños y niñas a partir de los siete años. El mentor de esta iniciativa es el pediatra Norman Spack, según él “en el caso de los niños que tienen clara su identidad sexual, pero que nacieron en un cuerpo equivocado, lo mejor es proceder al cambio de sexo para evitar autolesiones e incluso el suicidio”. En declaraciones a The Boston Globe, ha declarado: “cuando los pequeños transexuales llegan a mí, están muy deprimidos. Lo primero es retrasarles la pubertad con medicamentos. Esto es reversible, por si más adelante el niño cambia de opinión”.

En Holanda, niños y niñas mayores de 12 años, quienes atraviesan por procesos de transito identitario superan un estricto proceso de selección en el VU Medisch Centrum, de la Universidad Libre de Amsterdam, un centro creado en 1998; allí un centenar de adolescentes son tratados químicamente, como paso previo a su cambio de sexo.


[1] Disforia de género: Desacuerdo profundo entre el sexo biológico y el sexo psicológico. En: OMS, CIE-10: The ICD-10 Classification of Mental and Behavioral Disorders, Diagnostic criteria for research, 1992.
[2] Parte de los discursos de estas ciencias están impregnados de postulados ideológicos que se subsumen en ciertas pretensiones sobre la verdadera naturaleza de las cosas que no responden tanto a intereses legítimos de avanzar en el conocimiento de la realidad, sino más bien en el control y en el encasillamiento de esa realidad en dichos supuestos ideológicos. Campos, Arantza (2007). La transexualidad y el derecho a la identidad sexual. Universidad del País Vasco.
[3] En 1980 aparece el transexualismo como diagnóstico en el DSM III (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, tercera edición). En 1994 (DSM IV) el término tran¬sexualismo es abandonado, y en su lugar se usa el término trastorno de identidad de género (TIG) para designar a aquellos sujetos que muestran una fuerte identificación con el género contrario e insatisfacción constante con su sexo anatómico. El ICD 1,0 (International Classification of Diseases, décima edición) señala cinco formas diferentes de TIG.
[4] Transexualismo se usa para designar a uno de los trastornos de identidad de género
[5] Los sistemas sociales son sistemas de desigualdad y dominación que tienen poderosos efectos sobre las acciones desarrolladas por las personas, condicionando sus posibilidades reales de actuación. J.F. Collier & S. J. Yanagisako: “Theory in anthropology since feminist practice”, Critique of anthropology, vol. 9 (2): 27-37.1989.

2009/08/16

> Iritzia: Miss Shangay Lily > ADORNAR SU HOMOFOBIA

  • Adornar su homofobia
  • El Divario, 2009-08-16 # Miss Shangay Lily
A día de hoy la pregunta que más me hacen es ¿ya no sales en la tele?

Es difícil, complicado y arduo explicar que fui yo el que decidió proactivamente, o más bien reactivamente, no salir más. Me había cansado de adornar su homofobia.

Una de las reglas que debes aceptar para salir en televisión es bajar tu listón hasta su conveniente compendio de misoginia, homofobia y xenofobia para reforzar su mensaje. En la mayoría de programas (y ciertamente en los que a mi me van a ofrecer) la rutina es hacer televisión para analfabetos de pueblo que siguen riéndose/interesándose por los mismos estereotipos o prejuicios que hace 50 años. De este modo, yo puedo triunfar de nuevo siempre y cuando me preste a legitimar la campaña de homofobia que perennemente se ejecuta el los platós de televisión. Eso e slo que han hecho la mayoría de los homosexuales que han pasado por la televisión. Desde Boriz Izaguirre hasta Jesús Vázquez pasando por Jorge Cadaval o Maxim Huertas, el precio que tenemos que pagar todos es unirnos a la agenda oculta que todas estas corporaciones/cadenas tienen y olvidar la nuestra. No es algo especialmente ultrajante o extraño, en cualquier empresa te exigen que olvides tus opiniones personales a cambio de un sueldo.

Al igual que el feminismo desenmascaró la estrategia machista de condenar a la mujer a la dualidad virgen/puta, los movimientos y organizaciones de liberación gay deberían haber denunciado hace mucho tiempo cómo en el imaginario público, en concreto en los medios de comunicación, se nos ha reducido a la dualidad bufón/ejemplar. De este modo sólo se nos permite ocupar uno de los polos. En mi caso es el de bufón (ya que nunca se aceptaría que un “personaje” o una persona “disfrazada”, como perciben ellos lo que se salga de las normas genericas, pueda ser tomada en serio). En el caso de un Jesús Vázquez se ve obligado a ocupar el espacio de ciudadano ejemplar, rozando la perfección, con un físico impecable, un comportamiento ejemplar y una vida casi robótica (jamás un problema desde aquél desafortunado suceso en el Caso Arny). Maxim Huertas y cuatro más ocuparian este mismo espacio de perfección ejemplar para ser considerados persona aceptable. La mayoría nos vemos condenados al papel de bufón en el cual todo lo que decimos es por amor al circo (desde Boris Izaguirre hasta Carmen de Mairena, la mayoría estamos encerrados en esta categoría).

Y luego estan los renegados. Gente como Jesús Mariñas, Hilario Pino, Enrique del Pozo, Angel Garó, Carlos García Calvo o Josemi Rodríguez-Sieiro, por mencionar a unos pocos al azar, personas de las que todos saben que son homosexuales (hasta pueden haber llegado a reconocerlo en público) pero que siguen jugando a confundir o a negarse a hablar de ello directamente. Este tipo de “modelo” refuerza la percepción de que la homosexualidad es algo privado de lo que uno debe avergonzarse en público. La famosa máxima de siempre de “no me importa lo que hagas en tu dormitorio, pero no me lo restrieges por la cara que me da asco” (donde “restregar por la cara” consiste en la simple mención de la palabra homosexual sin acompañarla de un gesto de desprecio o vergüenza).

Pero sea como sea, la mera mención de la homosexualidad masculina (la femenina sigue otros patrones más permisivos de puro despectivos) crea automáticamente un efecto humorístico y despectivo (”eso no es serio”, se proclama sin pudor) que nos envía el continuo mensaje de que somos ridículos. Y eso en el mejor de los casos. Cuando el verdugo patriarcal (nunca hay que olvidar que tras la homofóbia sólo se esconde una variante de la misoginia: un hombre que quiere ser mujer, comoe llos erróneamente nos catalogan, se merece lo peor… como las mujeres “seres inferiores”) se siente magnánimo y nos desprecia como simples insectos que le hacen cosquillas. La mayoría de las veces nos tratan como una ataque frontal al mismo corazón de su esencia y todo ataque es poco. la violencia está permitida ante estas amenazas a la continuidad de la jerarquía patriarcal. Pero en los últimos tiempo, debido a una cierta censura de la violencia abiertya y explícita, cada vez más se está recurriendo a la ridiculización, al humor, a subrayar lo cómico de unas vidas ridículas que no merecen respeto.

Últimamente lo estamos viendo con el caso (hilarante para ellos) de la homosexualidad negada de Isaac, pareja de Falete. El gañan sevillano que no sabe ni hablar les está dando mucho juego para ridiculizar la homosexualidad, la hilarante idea de que dos hombres se puedan amar y, sobre todo, la pluma.

En este último campo es donde la televisión tiene el vedo levantado y permite que se insulte a homosexuales libremente siempre que no se averguencen de su condición y no parezcan heterosexuales. Por esta razón personas como mi querido Jesús Vázquez es respetado hasta el paroxismo (bueno, por eso y porque le está dando tanto dinero a telecinco, con su juego de progres de pega), mientras que personajes mucho más genuinos y representativos, por el mero hecho de hablar, comportarse y sentir como sentimos la mayoría de nosotros son tildados de plumíferas a los que insultar, ridiculizar y reirse por lo bajini.

Ese está siendo el caso de Falete e Isaac, una pareja a la que no puedo defender porque no conozco la veracidad e implicación de ambos en su lapidación catódica, pero desde luego no hay que ser ciego para ver que ahi se está atacando la genuina comunidad gay con sus incongruencias, sus difíciles acerdos emocionales (al no estar regido por la norma heterosexista hay más autenticidad y pro lo tanto más caos, menos “corrección”), su divergencias de lo que la sociedad burguesa heterosexista considera “aceptable”.

No me gusta ver las risitas de seres mediocres que se han arrastrado y follado con quién haga falta para llegar hasta su puesto frente las cámaras (esas presentadoras que se permiten adoptar un aire de superioridad moral cunado su vida privada desprende un hedor a podrido que haría palidecer en comparación el mayor escándalo de la comunidad LGTB). No em gusta nada ver esas risitas de desprecio cuando se habla de homosexualidad. No em gusta nada que se haya implantado la norma tácita de que en esos casos se debe tartar a esos seres humanos como meros bufones que viven su vida para distraernos. No me gusta nada que hasta el mayor patán (traficantes de drogas condenados como Kiko Matamoros) se crea con derecho a reirse con paternalismo y desprecio cuando se habla del mundo gay. En DEC, cuyo director era megamarica, se empezó a explotar esa supuesta vida tórrida y el morbo de un mundo gay que ellos caricaturizaban a propósito dando voz a osos homófobos o personajes dudosos o exponían costumbre sy fenómenos de nuestra comunidad sacándolos de contexto o no explicando, a propósito, su génesis. Se explotó el “potencial risistas” que diseccionar erróneamente nuestra vida afectiva garantizaba.

Pero lo que menos me gusta. Lo que realmente me repugna y disgusta es cuando (como he dicho con el caso del director marica de DEC) son maricas los que hacen este escarnio. los que, a cambio de ocupar su lugar en la mesa, ejercen de Judas, de traidores, de mercenarios, de lacayos de la homofobia.

Ver el video de Jorge Cadaval cantando “pluma pluma gay” con Soraya, ese himno renovado a la plumofobia cantado por un gay, me produjo ese sentimeinto de tristeza. ¿Cuando vamos a dejar de seguirles el juego? ¿Cuando vamos a dejar de adornar su homofobia?

2009/08/13

> Iritzia: Ana Laura Cabezuelo Arenas > EL ORGULLO GAY

  • El orgullo gay
  • Diario de Sevilla, 2009-08-13 # Ana Laura Cabezuelo Arenas
En palabras de la sentencia del Tribunal Supremo de 26 de enero de 1957 "maricón" es "el epíteto que más puede denigrar la dignidad del varón". Para dicho Tribunal, las prácticas homosexuales constituían un "nefando vicio" y ello se explicaba porque "la conciencia social (…) de las personas honradas (…) repudian vivamente las prácticas homosexuales".

Hasta hace poco, no comprendía que alguien pudiera apelar a aquello del "orgullo gay". Una mujer heterosexual no tiene por qué sentirse orgullosa de lo que es. Cada cual es como es. Como católica, tampoco veía claro aquello de que los homosexuales pudieran adoptar. Estando la adopción pensada para defender el interés del menor, me preocupaba el rechazo que éste pudiera experimentar -y su desconcierto- cuando se presentara ante otros niños con dos padres o dos madres. La vida, en cambio, me mostró versiones que no conocía y que me hicieron replantearme algunas cosas.

En la actualidad, salvo que se profieran expresiones insultantes como aquélla que se contiene en la sentencia, la alusión a la homosexualidad de una persona, entraña tan sólo una intromisión en su intimidad si se revela un dato que el interesado deseaba guardar para sí. Esto es, al menos, lo que mantienen los tribunales.

Sin embargo, aunque la evolución de las costumbres quiera hacernos ver que la homosexualidad no constituye en nuestros días un desdoro para muchos, ello no casa bien con las discriminaciones y el rechazo que alegan quienes la practican y que localizan, incluso en el ámbito familiar. Ser homosexual conduce, indefectiblemente, a la cruel burla y al rechazo en ambientes provincianos y ello explica que se oculte celosamente, al menos en ciertos ambientes y contextos, tras velos sutiles: un matrimonio imprescindible en esferas en las que no se tolera esa opción, que permite disfrazar la verdadera pasión. Amantes sucesivas exhibidas en lugares estratégicos de ciudades sureñas con mentalidad provinciana para adquirir fama de Don Juan cuando en realidad ningún interés se muestra hacia el sexo opuesto, ya se esté soltero o incluso casado. Falsa vocación religiosa o escrúpulos morales a los que se huye como refugio para acallar los rumores y desde las que se fustiga a quienes se atreven a salir del armario, para que nadie ose establecer comparaciones.

Entonces comprendí qué era el orgullo gay y respeté a quienes se presentaban ante los demás como eran, sin utilizarnos a las mujeres como instrumentos para ocultar su verdadera tendencia y sin humillar, de forma hipócrita, a quienes decidieron valientemente mostrarla sin avergonzarse. Y comprendí también, al ser auxiliada en un determinado momento por dos gays, que me prestaron su cariño y me visitaron en un hospital, que hay más capacidad para amar en estas personas que en otros muchos heterosexuales de los que sólo obtuve crueldad.

Naturalmente, también he sufrido y contemplado la misoginia que anida en otros. Sus intentos de utilizarnos a las mujeres para aparentar lo que no son. Sus eternos noviazgos con mujeres con las que jamás contraerán matrimonio mientras mantienen doble vida o hacen sus escapadas a ciudades donde nadie los conoce. Sus escarceos con jóvenes extranjeras -estudiantes Erasmus que van y vienen- que no comprometen a nada, pero que siembran una falsa imagen de play boy, mientras se oculta la realidad. Sus luchas por defender la ortodoxia religiosa cuando son heterodoxos en el más amplio sentido de la palabra… Son los falsos príncipes azules, que aparentan ser verdes, pero que ocultan que son rosas.

Algunos arruinaron la vida de mujeres por ser tan cobardes que no se decidieron a representar su propio papel. Fueron víctimas de una mentalidad provinciana que si aún se escandaliza de que una mujer pretenda portar un paso, cuánto más habrá de marginar a que alguien que, desempeñando una profesión de prestigio, se atreviese a revelar su verdadera condición que, en ocasiones, es un secreto a voces.

La lectura de muchas sentencias de nulidad que recayeron cuando cualquier ingenua no sospechaba que servía para ocultar las verdaderas tendencias de su marido, nos revela que hay que distinguir dos tipos de personas.

En primer lugar, las que se aceptan a sí mismas, no utilizan a nadie y pueden esgrimir plenamente eso que denominan el orgullo gay.

Y, por último, las que usan a otras personas como instrumentos, ya no sólo para negar su verdadera condición, sino para mofarse, hipócritamente, de los hombres que han decidido salir del armario en el que ellos siguen agazapados. Estos, paradójicamente, son menos hombres que los otros, aunque se burlen de ellos. De estos, las mujeres sureñas, que aún vivimos sepultadas en el siglo XIX en muchos aspectos, no nos sentimos orgullosas precisamente.

2009/08/06

> Iritzia: Manuel Velandia > PSICOLOGOS DE APA REPUDIAN TERAPIA REPARATIVA QUE CONVIERTE HOMOSEXUALES EN EX-GAYS

  • Psicólogos de APA repudian terapia reparativa que convierte a homosexuales en ex-gays
  • AG Magazine, 2009-08-06 # Manuel Velandia
La American Psychological Association APA declaró este miércoles [2009-08-05] que los profesionales de la salud mental no deben decirle a los clientes homosexuales que pueden convertirse en heterosexuales a través de terapia u otros tratamientos.

La APA insta a los terapeutas a considerar varias opciones - que puede ir desde el celibato a cambio de iglesia - como una forma de ayudar a los clientes cuya orientación sexual y creencias religiosas están en conflicto.

En una resolución adoptada en una votación del consejo de gobernadores, con 125 votos a favor y 4 en contra, la APA, se apoyó en un amplio informe sobre la base de dos años de investigación, en la que participaron sus 150.000 miembros planteo su oposición a la llamada “terapia reparativa” que busca cambiar la orientación sexual. El informe fue aprobado por el consejo de gobernadores de la APA en Toronto, donde la asociación celebra este fin de semana su reunión anual.

Para la APA no existen pruebas sólidas de que tal cambio es probable, según el informe algunas investigaciones sugieren que los esfuerzos para producir el cambio podrían ser perjudiciales e
inducir a la depresión y tendencias suicidas.

La APA ha criticado la terapia reparativa en el pasado, pero uno de seis miembros del grupo de trabajo ha añadido peso a esta información basándose en el examen de 83 estudios de cambio en la orientación sexual realizados desde 1960.

El informe abre nuevos caminos por su evaluación detallada y matizada de cómo deben tratar los terapeutas con los clientes homosexuales que luchan por permanecer fieles a una fe religiosa que desaprueba la homosexualidad.

Judith Glassgold, psicólogo que presidió el grupo de trabajo, dijo que espera que el documento pueda ayudar a calmar el debate polarizado entre los religiosos conservadores que creen en la posibilidad de cambiar la orientación sexual y los numerosos profesionales de la salud mental que rechazan dicha opción.

“Ambas partes tienen que educar mejor”, Glassgold dijo en una entrevista. “Los psicoterapeutas han de abrir sus ojos a los religiosos sobre los posibles aspectos positivos de ser gay o lesbiana, y reconocer que algunas personas pueden elegir su fe sobre su sexualidad”.

Al tratar con clientes homosexuales sobre sus creencias conservadoras, según el informe, los terapeutas deben ser “muy prudentes” acerca de sugerir tratamientos dirigidos a modificar su atracción hacia personas del mismo sexo.

“Los profesionales pueden ayudar a los clientes a través de terapias que no intenten cambiar la orientación sexual, sino que implican la aceptación, el apoyo y la exploración y desarrollo de su identidad, sin imponer resultados sobre una identidad específica “, dice el informe.

“Hemos de desafiar a la gente a ser creativa”, dijo Glassgold. Sugirió que los clientes devotos podrían centrarse en aspectos generales de la religión, como la esperanza y el perdón con el fin de trascender las creencias negativas sobre la homosexualidad, y, o bien seguir siendo parte de su fe original, dentro de sus límites - por ejemplo, aceptando el celibato - o encontrar una fe que da la bienvenida a los gays.

“No hay pruebas para decir que el cambio se logre por medio de terapias, pero estas personas por ser vulnerables se ven tentadas a probar, y cuando no lo logran, se sienten doblemente aterrorizadas”, dijo Glassgold. “Usted debe ser honesto con la gente y decir, ‘No es probable que esto cambie su orientación sexual, pero puede ayudarle a explorar las opciones que usted tiene.”

Una de las más grandes organizaciones que promueven la posibilidad de cambiar la orientación sexual es Exodus International, una red de los ministerios cuyo mensaje central es “La libertad de la homosexualidad a través del poder de Jesucristo”. Su presidente, Alan Salas, se describe a sí mismo como alguien que ” superó su no deseada atracción hacia personas del mismo sexo”. Él y otros evangélicos que se reunieron con representantes del grupo de trabajo formado en 2007 por la APA, expresaron su satisfacción con algunas partes del informe. “Es un paso positivo, es un gran salto en la dirección correcta alcanzar simplemente el respeto de la fe de alguien “, dijo Salas. “Pero me gustaría ir más lejos. No negamos la posibilidad de que los sentimientos de alguien pueden cambiar.”

Un psicólogo evangélico, Mark Yarhouse de Regent University, elogió el informe de la APA por instaurar un enfoque creativo para los clientes homosexuales, a pesar de su escepticismo acerca de cómo cambiar la orientación sexual.
Yarhouse y su colega, el profesor Stanton Jones de Wheaton College, mostrarán este viernes, en la reunión de la APA, los resultados de sus seis años de estudio sobre las personas que pasaron por programas de Éxodo. Más de la mitad de 61 personas ya se han convertido a la heterosexualidad o se “revelaron” con la homosexualidad, dice el estudio. , mientras que abarca la castidad,
Para Jones y Yarhouse, sus resultados demuestran que el cambio es posible para algunas personas, y, consideran que en promedio, el intento de cambio no será perjudicial.

El grupo de trabajo de la APA tuvo como punto de partida la convicción de que la homosexualidad es una variante normal de la sexualidad humana, no un trastorno, y que, no obstante, sigue siendo estigmatizada de manera tal que puede tener consecuencias negativas.
El informe dice que el subgrupo de gay interesados en cambiar su orientación sexual ha evolucionado a lo largo de las décadas y ahora está conformado en su mayor parte por hombres blancos, bien educados, cuya religión es una parte importante de sus vidas y sus creencias conservadoras desaprueban la homosexualidad.

“La fe religiosa y la psicología no tienen que ser visto como opuestas”, dice el informe, apoyando enfoques “que integran los conceptos de la psicología de la religión y la psicología moderna de la orientación sexual”.

Perry Halkitis, un psicólogo de la Universidad de Nueva York, quien preside el comité de la APA sobre temas de gay y lesbianas, elogió el informe por su equilibrio. “Cualquier persona que toma decisiones basadas en una buena formación e información científica cumple”, dijo. “Como médico, usted tiene que hacer frente a toda la persona, y para algunas personas, la fe es un aspecto muy importante de lo que son.”

El informe también abordó la cuestión de si los adolescentes deben ser sometidos a la terapia destinada a modificar su orientación sexual. Este enfoque debería “maximizar la libre determinación” y llevarse a cabo con el consentimiento de los jóvenes, señala el informe.
Wayne Besen, un activista de los derechos de los homosexuales- que ha tratado de desacreditar el llamado “ex-gay” movimiento, dio la bienvenida a los resultados de la APA. “Ex-gay es una profunda farsa terapéutica que ha dado lugar a tragedias inútiles; nos complace que la APA haya abordado este flagelo psicológico”, dice Besen.

2009/08/05

> Berria: Homofobia > GAYS VIVEN ATEMORIZADOS EN JAMAICA

  • Gays viven atemorizados en Jamaica
  • Yahoo, 2009-08-05 # David McFadden . AP
Tres años después de un ataque en que casi pierde la vida por ser homosexual, Sherman se asusta al anochecer. En sus peores días, su presión sanguínea se le acelera, mira constantemente a su alrededor y evita salir a la calle.

Un grupo de hombres le agredió a puntapiés y le acuchilló por ser un "batty boy" (chico alocado), un término local que usan para referirse a los homosexuales, después de salir de una fiesta antes del amanecer en octubre del 2006. Le cortaron el cuello, el pecho y la espalda, mientras le gritaban insultos antigays y lo dejaron pensando que había muerto en una esquina de Kingston.

"Cuando ya son las cinco o las seis, mi corazón se acelera. Y tengo que ir a casa", señala el activista de 36 años frente a su oficina secreta del único grupo de derechos gay que funciona en Jamaica. Al igual que muchos otros, Sherman no da su nombre completo por temor a represalias.

Pese a la imagen de tolerancia que propaga Jamaica en sus afiches turísticos, los homosexuales y sus defensores coinciden en señalar que es la isla donde hay mayor hostilidad hacia los gays en la conservadora sociedad del Caribe. Dicen que los gays, por lo general procedentes de comunidades pobres, son objeto de frecuentes abusos. Pero no cuentan con mucha ayuda debido al creciente estigma contra la comunidad gay y a una ley que prohibe la sodomía entre hombres en Jamaica y en otras 10 ex colonias británicas en el Caribe.

Es difícil determinar qué tan comunes son los ataques a homosexuales como el que sufrió Sherman en Jamaica. Sus agresores son muchas veces los mismos policías. Pero muchos homosexuales afirman que la homofobia en Jamaica está generalizada en toda la isla, desde la iglesia hasta el Parlamento.

La hostilidad hacia los gays han alcanzado tal nivel que hace cinco meses, los defensores de los gays en Nueva York iniciaron un breve boicot contra Jamaica en el sitio de Stonewall Inn, donde se realizaron manifestaciones a favor del movimiento gay en 1969. En un informe divulgado en el 2008, el Departamento de Estado estadounidenses señaló también que los gays habían recibido amenazas de muerte y de incendio intencional, y que dudan en denunciar esos incidentes por temor.

Muchos en esta nación sumamente cristiana perciben la homosexualidad como un pecado, e insisten en que la violencia contra los gays es exagerada por los defensores de éstos. Algunos afirman que en Jamaica se tolera la homosexualidad mientras no sea publicitada.

El más importante pastor evengélico de Jamaica, el obispo Herro Blair, dijo que entiende a aquéllos que manifiestan intolerancia, pero que son los mismos homosexuales los que provocan los ataques en su contra.

"Entre ellos mismos, los homosexuales son extremadamente celososo", dijo Blair en un entrevista reciente. "Pero algunos provocan una reacción por su propio comportamiento, porque en opinión de mucha gente, la homosexualidad es desagradable", destacó.

Otros líderes religiosos han acusado a los gays de alardear su comportamiento a fin de "reclutar" a los jóvenes.

Es probable que al tratar de atraer a los votantes antigay, los políticos por lo general hagan críticas contra los homosexuales.

En una sesión del Parlamento en febrero, el legislador Ernest Smith del gobernante Partido Laboral de Jamaica destacó que los gays son "descarados", "abusivos" y "violentos", y expresó ansiedad ante la posibilidad de que la fuerza política fuera "arrollada por los homosexuales".

Una semanas después, el primer ministro Bruce Golding calificó a los defensores de la gays como "quizás los cabilderos mejor organizados del mundo", y prometió que iba a mantener la ley contra la sodomía" con penas de 10 años. Durante una entrevista con la BBC el año pasado, Golding juró que nunca permitiría gays en su gabinete.

El pavor al homosexualismo es tal que muchos hombres jamaiquinos se niegan a someterse a pruebas como el tacto rectal para detectar la posibilidad del cáncer de próstata, que evitan incluso aquellos que tiene el mal avanzado, destacó el doctor Trevor Tulloch, del Hospital St. Andrews.

"La sociedad es muy homofóbica y hay un temor tan grande de cualquier implicación sexual al someterse al examen, que los hombres no soliciten consultas para pedir ayuda", señaló Tulloch, agregando que la incidencia del cáncer de próstata se ha acrecentado en Jamaica debido a que los hombres no son revisados para la detección del mal.

El sentir contra los gays en esta isla de 2,8 millones de habitantes se ha hecho conocid a través de un género jamaiquino, una mezcla de rap y reggae que a menudo destaca temas de violencia. Algunos raperos regetoneros, entre ellos Bounty Killer y Elephant Man, componen canciones que invitan al ataque a los homosexuales entre el público que va a los conciertos.

La escritora Staceyann Chin, de Brooklyn, una lesbiana que huyó de Jamaica para vivir en Nueva York hace más de una década, destacó el alto nivel de violencia en la isla, que registró 1.611 asesinatos el año pasado, mayormente de gays.

Cuando la escritora se presentó en un programa de televisión de Oprah Winfrey para hablar sobre su homosexualidad en el 2007, recibió mensajes amenazantes de jamaiquinos antigays.

Los nacionalistas jamaiquinos siempre han sido vinculados con la masculinidad, lo cual hace que sean considerados como "una clase potente" en la cual aquéllos que violan las normas de masculinidad aceptadas son víctimas de abusos, destacó Scott Long de la organización Human Rights Watch.

Long, a cargo del programa de los derechos de los gays del grupo en Nueva York, destacó que la mayoría de las islas de habla inglesa en la región tienen pequeñas poblaciones donde los gays no declaran su orientación sexual y donde el activismo es limitado.

"Pero lo que se destaca en Jamaica es cómo las autoridades, que han adoptado la política del avestruz, no han abordado durante tantos años ni han admitido que hay violencia homofóbica", agregó. "Lo más notable es que tres gobiernos sucesivos han evitado hablar de la enmienda de la ley que convierte a los homosexuales en ciudadanos de segunda categoría".

Una destacada activista política jamaiquina, Yvonne McCalla Sobers, señaló que el estatus social aún protege a los gays de la isla, especialmente en Kingston, donde las grandes murallas han creado un sistema de seguridad intensa.

"Me parece que hay muchos más hombres que tienen relaciones entre sí en este país, de lo que uno podría imaginarse", destacó Sobers.

Muchos gays de áreas más pobres de Jamaica dicen que se reúnen en privado para tener seguridad y mantenerse acompañados. Una vez al mes, acuden a oficios religiosos clandestinos en locales que rotan en varios puntos de la isla.

Mientras tanto Sherman, trata de seguir con su vida.

"Ser gay en Jamaica, quiere decir que no hay que decírselo a nadie", agrega con una sonrisa a medias.