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2009/12/17

> Berrai: Homofobia > ALI VIVE SU SEXUALIDAD SIN AYATOLAS

  • Alí vive su sexualidad sin ayatolás
  • España da por primera vez asilo por motivos de identidad sexual a un gay iraní. Le detuvieron en una fiesta con otros gays y le torturaron durante seis días
  • El País, 2009-12-17 # Fernando J. Pérez . Málaga
En Teherán, Alí trabajaba en una oficina de empleo. En un país cuyo presidente, Mahmud Ahmadineyad, se ufana de que no hay homosexuales, y en el que se retransmiten por televisión ejecuciones de condenados por sodomía, Alí tomaba grandes precauciones para vivir su sexualidad. Un día, en un parque público, conoció a Abdalá (nombre también ficticio). "Nos miramos, nos gustamos y yo le di el teléfono. Primero fuimos amigos y luego nos hicimos pareja", recuerda.

Alí normalmente rechazaba acudir a las reuniones clandestinas de hombres homosexuales en pisos de Teherán. Sin embargo, un día, en octubre de 2008, Abdalá le convenció para ir juntos a una fiesta de cumpleaños en una casa particular con otros gays. Un chivatazo llevó a la policía al domicilio. Los ocho hombres asistentes fueron detenidos.

"En comisaría, nos insultaban y nos pegaban a todas horas. A veces nos movían de una celda a otra y nos decían que esa noche nos iban a matar". La tortura duró seis días. Al séptimo, Abdalá consiguió pagar su propia fianza y la de Alí. "Tuvo que vender su casa", asegura el refugiado.

Sin trabajo y muerto de miedo, durante dos meses, Alí estuvo buscando en el mercado negro un visado para escapar de Irán. "Al final conseguí uno de España. Me costó 8.000 euros, todos mis ahorros", asegura. "Abdalá también debió de conseguir escapar, porque su teléfono de Teherán no está operativo", afirma. La familia de Alí, compuesta por su madre y un hermano, desconoce su condición sexual. "No quiero que se enteren. Podrían repudiarme y, además, tengo miedo a que les pueda pasar algo. No pienso volver nunca a Irán", asegura. Tras un mes en un centro de Cruz Roja de Madrid a la espera de que se admitiera a trámite su demanda de asilo, Alí fue derivado al albergue de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado en Málaga.

Con la ayuda del Colectivo de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales de Málaga (Colega), Alí ha recuperado el ánimo y está superando el choque cultural de vivir en un país en el que los homosexuales pueden, al menos sobre el papel, vivir su vida. "Lo que más me gusta es bailar. En Torremolinos alucinaba viendo a los gays bailando, bebiendo y besándose", asegura.

Sus compañeros de Colega -no se pierde una reunión- le han cedido una parte del local, donde ha puesto una barra de bar para las fiestas. Una vez aceptada su demanda de asilo, el 2 de enero Alí deberá dejar el albergue de refugiados de CEAR. "Eso me preocupa, porque aún no tengo trabajo".

2009/11/23

> Berria: Intersexualitatea > "PRIMERO TUVE QUE ENTENDER MI CUERPO PARA PODER ENTENDER MI SEXUALIDAD"


  • "Primero tuve que entender mi cuerpo para poder entender mi sexualidad"
  • Gabriel descubrió que era un chico a los 16 años. Los médicos confundieron los genitales de Gabriel Martín al nacer. Hasta su adolescencia pensaron que era una chica. "Es un problema bastante común. Lo sufre un 1% de la población en algún grado".
  • 20 Minutos, 2009-11-23 # Maica López
Desde pequeña, Patricia sabía que algo no iba bien. Tenía que soportar que compañeros de clase la calificaran de "machote" y que profesores la confundieran con un chico. Ella se divertía más jugando con los geyperman de su amigo Juan que con las muñecas que le regalaban.

Al nacer, en 1971, los médicos no creyeron necesario hacerle ninguna prueba ante la evidencia de que era una niña: parecía que tenía vulva. Pero Patricia descubrió a los 16 años que era un chico. Y pasó a llamarse Gabriel.

Por algún problema de la gestación, no se desarrolló el pene y los testículos le quedaron ocultos en las ingles. Nació con un DSD (desajuste en el desarrollo sexual), la "intersexualidad" (antes conocidos como hermafroditas).

Bastante común
Gabriel Martín, psicólogo e intersexual varón. Descubrió que era hombre por su tesón. "Desde pequeño sabía que algo no iba bien, pero con la adolescencia todo se acentuó. Me salió vello, se me desarrolló el pene...", recuerda. Y empezó a investigar, buscando una explicación a lo que le pasaba. Encontró la respuesta "en El libro de la vida sexual, de López-Ibor, una obra retrógrada que me dio una idea".

Los análisis del endocrino confirmaron que era un hombre. A partir de entonces, redefinió su vida. En el instituto le empezaron a tratar como un chico, rectificaron su nombre en los documentos... "Encontré comprensión", afirma.

Su historia fue más allá: a los 23 años descubrió que era gay. "Primero tuve que entender mi cuerpo para entender mi sexualidad", relata. Asegura que "fue un trauma. Mi vida era una mezcla". Pero eso quedó atrás. Ahora, entre risas, dice que ha salido "tres veces del armario". Cuando descubrió que era un hombre, cuando lo explicó y con su homosexualidad.

Ayuda a los familiares
"En casos así te encuentras con la soledad más absoluta. Nunca, nada, nadie. Son las tres palabras que definen la situación", afirma Gabriel. Como psicólogo e intersexual, es uno de los grandes entendidos en la materia y ayuda a personas que padecen DSD y a sus familiares a superar esta situación desde su trabajo en la Coordinadora Gai-Lesbiana de Barcelona.

Es uno de los ponentes que participarán en la conferencia mundial que organiza la International Lesbian and Gay Associaton en Río de Janeiro en 2010.

2009/11/15

> Erreportajea: Azaroak 20 > INFANCIAS DEL MUNDO: FLECHAZOS CONTRA LA DISCRIMINACION

  • Niños del mundo
  • Suecia: Flechazos contra la discriminación
  • El País, EPS, 2009-11-15 # Quino Petit
¿Qué peso tienen los estereotipos en una de las sociedades más avanzadas? ¿Cómo conviven las diferentes maneras de entender la sexualidad? Hannah Nilsson, estudiante que se declara bisexual, aficionada a tocar el piano y disparar con su arco, busca respuestas.

La diana contra la que a Hannah le gustaría disparar una flecha con su arco se esconde en el corazón de “una sociedad en la que cuando naces, te coloca en una caja, en un estereotipo en el que debes vivir el resto de tu vida”. Porque sí, incluso en un país como Suecia, con una de las políticas sociales más avanzadas del mundo y uno de los índices de desarrollo humano más elevados, ser menor y gay, lesbiana, trans o bisexual puede no parecerse a un camino de rosas. Y eso que ella no es exactamente nada de todo eso. Hannah Nilsson, de 17 años, se considera queer. “Para mí supone no entender precisamente de etiquetas ni de géneros, sino de personas. Yo me enamoro de las personas, no de sus géneros”.

A pesar de su fuerte personalidad, Hannah nunca ha sido muy popular. Ni en el colegio ni en el instituto. “Siempre he dicho lo que pienso. Y creo que eso no le ha gustado a mucha gente. A esa edad, entre los 14 y los 15, fue cuando empezaron a llamarme lesbiana. Porque, claro, son los chicos quienes deben tener el coraje de decir lo que piensan. Cosas de niños. Nunca me afectó mucho. Siempre he sido fuerte. Mis padres y Angelica, mi mejor amiga, siempre me han ayudado”.

Hannah es hija única de una familia acomodada. Pura clase media sueca. Padres cosmopolitas, aficionados a la música y la literatura. “Mis padres y yo hablamos de todo desde que era pequeña. Y diría que siempre me han hablado como a alguien con la madurez suficiente como para comprender en cada momento cada circunstancia”. A pesar de toda aquella comprensión recibida por parte de sus seres queridos, había algo de lo que nunca nadie le habló. Sexualidad. “En el colegio me explicaron prototipos del chico y la chica perfectos. Idealizados según un único punto de vista. Estereotipos. No me sentía identificada en ninguno de aquellos discursos. Yo estaba interesada en chicos, pero también en las chicas. Cuando era pequeña estuve interesada en chicos. A partir de los 14 comencé a sentir otras cosas. A los quince dije a Angelica, mi mejor amiga, lo que sentía. Hoy soy bisexual, pero creo que no existen diferencias entre chicos y chicas”.

A los 16 años visitó la sede de Egalia (RSFL) en Estocolmo, una asociación ligada al movimiento LGBT (Gay, Lesbiana, Trans y Bisexual) a la que permanece vinculada. “A los 17, antes del verano de 2009, le conté a mis padres cómo sentía la sexualidad. Con ellos fue fácil”. Hannah reconoce haber expresado su sexualidad ante sus padres porque le apetecía hacerlo, no porque se sintiera obligada a ello. En un clima de confianza como el de su casa, cuenta, entendió a su debido momento como algo normal contar lo que sentía. “Pero con eso no quiero decir que esté de acuerdo con ir diciendo por ahí lo que eres. ¿Por qué tenemos que decirle a la gente lo que somos si los heterosexuales no lo hacen?”, cuenta Hannah junto a una taza de café. Toda su fuerza, toda su confianza, no le impiden sentir todavía recelo de ciertos comportamientos sociales que juzgan lo que no les incumbe. “De hecho, estoy convencida de que a algunos parientes míos no les haría ninguna gracia conocer mi sexualidad. Y es porque ni conocen ni tienen información sobre alguien que sea diferente a ellos, a los estereotipos que tienen en la cabeza. Saberlo les haría sentirse inseguros ante lo que no conocen. Y eso provocaría un rechazo, te lo aseguro. Es lo mismo que pasa en la sociedad. Y sí, en esta sociedad, la sociedad de Suecia”.

Homosexualidad
Todavía se persigue en 70 países; en algunos se castiga hasta con la muerte. Al menos 23 países desarrollan leyes que discriminan a las mujeres, según estima Amnistía Internacional. Otros 15 mantienen legislaciones discriminatorias contra los migrantes y 14 legislan contra las minorías. Suecia. Figura entre los primeros países en el Índice de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de 2008.


Victor y Mandela
“Mi héroe es Nelson Mandela. Representa aquello en lo que me gustaría convertirme. Soy Victor Bernard, tengo 17 años y soy homosexual. Quiero estudiar Política Internacional y trabajar como diplomático”.


La fortaleza de Maine
Ésta es su casa, con los enseres recogidos en maletas, y su familia: su abuela. El reloj, bien grande, para que no se les pase la hora de tomar las pastillas contra el VIH. Ocultamos apellido, pueblo y una parte de la cara para proteger su privacidad.


“Cuiden unos de otros” Le pedimos a Maine un mensaje para los niños del mundo. Nos miró, bajó la cabeza, nos volvió a mirar y se escondió tras la falda y la manta a cuadros de su abuela. Fue ella quien nos respondió: “Que todo el mundo acepte a la gente enferma, y que cuiden unos de otros”.
  • Lesoto: Reino de las abuelas
  • El País, EPS, 2009-11-15 # Rafael Ruiz
Lesoto es el Reino de las Montañas, pero ahora va camino de transformarse en el reino de las abuelas. Ellas han de cuidar de sus nietos, porque el VIH, con una incidencia de más del 23%, ha hecho estragos en toda una generación.

Llegamos al Reino de las Montañas, ese desconocido islote en medio de Suráfrica que sufre una de las tasas más altas del mundo de infectados por el virus del sida, en torno al 23% de la población, sólo por detrás de Suazilandia y Botsuana. El deterioro de la sociedad es tal, que el Reino de las Montañas se está convirtiendo en el reino de las abuelas. Ellas son ahora la espina dorsal: las abuelas se hacen cargo de sus nietos y nietas porque muchos padres y madres, la generación intermedia, han fallecido por la enfermedad. Y ahí están ellas, dignas, con la cabeza bien alta, como la abuela de Maine, de siete años, que nos recibe en su humilde cabaña, en una comunidad de 20 familias. Cuando el niño posa para las fotos con su gorro de lana, su cazadora vaquera, sus botas de goma y su palo –en Lesoto, buena parte de sus habitantes son pastores, sólo hay un 19% de población urbana, y viven todo el año envueltos en una manta y con un cayado en la mano–, parece un hombrecito que le devuelve la mirada a su abuela, como diciéndole: tú, cuídame ahora, abuela, que soy muy pequeño, que dentro de cinco años ya me haré yo cargo de ti, y te cuidaré y te defenderé, y te traeré la luna y las estrellas y lo que haga falta. Porque el cielo queda más cercano en este pequeño país, que se sitúa todo él a más de 1.000 metros de altura, y donde apenas hay coches ni ruidos ni electricidad ni teles ni radios en ninguna de las comunidades que visitamos en una región del norte (no damos más datos para proteger el anonimato del menor).

Abuela y niño son seropositivos, pero su estado de salud es bueno; reciben tratamiento de antirretrovirales gracias a un programa de colaboración de Unicef con el Gobierno. La abuela se infectó cuando cuidaba de su hija, que murió en 2005. Reconoce que no sabía qué enfermedad padecía y por eso no adoptó ninguna precaución con la sangre de su hija. Apenas poseen nada abuela y niño, viven de lo que les dan los vecinos, familiares y ONG, y de algo que saca la abuela haciendo pequeños trabajos para otros y elaborando cerveza (es habitual en Lesoto: casas donde se fabrica cerveza artesanal; para identificarlas, suele ondear una bandera en la cabaña).

Aparte de la extensión del tratamiento, por lo menos ya se habla de la epidemia. Porque hasta hace sólo tres años era tabú, y en las zonas rurales la gente moría y moría, pero nunca se decía de qué, no se tocaba el tema. Los enfermos quedaban estigmatizados. De hecho, aún hoy día, cuando preguntamos las razones de la muerte de las madres de los niños que visitamos, nos dicen: VIH. Pero cuando preguntamos la del padre, la respuesta siempre es una: no se sabe. Y son ellos los principales agentes de la infección. La falta de trabajo en Lesoto lleva a muchos hombres a las minas y obras de Suráfrica; desahogan frustraciones y cansancio en prostíbulos, sin tomar medidas; y al regresar a sus casas se llevan puesto el virus, que transmiten a sus esposas, que siguen pariendo y trayendo al mundo niños con VIH (la media de hijos por mujer en las zonas rurales es de seis).

Maine, el hombrecito, nunca ha ido al colegio. El equipo de Unicef que nos acompaña se propone cambiar eso. Le compramos zapatos, un uniforme, una pequeña mochila, libros y cuadernos, lápices y goma de borrar para que el próximo curso se apunte. La abuela está de acuerdo. Hasta ahora no lo había enviado porque le veía demasiado chiquitito y frágil. La cabaña está rodeada de melocotoneros y albaricoqueros en flor. Es septiembre y comienza la primavera en Lesoto. La expresión de digna satisfacción de la abuela, su alegría cuando observa al niño quitarse las botas de goma que lleva día y noche para colocarse los zapatos, nos hace ver los melocotoneros y albaricoqueros aún más brillantes. Rosas, a pesar de tanta desgracia. Se agita fuerte el viento en las montañas y el polvo difumina el paisaje y los perfiles de las cabañas de adobe. Maine se ha puesto los zapatos con el pie cambiado; siempre lo hace, dice su abuela. Ríe y se los recoloca. Insiste el niño en estrenarlos para la sesión de fotos, entre maletas. Es
así su casa, todo recogido en maletas, como si estuvieran en permanente mudanza, cuando lo cierto es que la vida de la mayoría de los habitantes de este tierno país transcurre entera en el mismo pueblo.

Presidiendo la estancia donde tomamos la foto, un gran reloj. Extraño en África, donde la luz y la oscuridad marcan el ritmo del día a día. La abuela nos explica por qué: para tomar puntualmente las dosis de la medicina frente al VIH.

Sida
En el mundo, la incidencia del VIH en adultos de entre 15 y 49 años es del 0,8%. Alrededor de 15 millones de madres están infectadas, con el riesgo de que transmitan el virus a los hijos que tengan. En 2007, el 35% de estas mujeres recibían tratamiento para prevenir el contagio a sus hijos; en 2008 ese porcentaje subió al 45%. Lesoto. En este país africano, el zarpazo de la pandemia afecta al 23,2% de los adultos de entre 15 y 49 años. Hay 105.000 madres infectadas.

> Berria: Homofobia > PROGENITORES DE JOVENES HOMOSEXUALES PIDEN "EDUCAR" AL PROFESORADO

  • Los padres de homosexuales piden 'educar' a los profesores
  • Los progenitores instan a los maestros a erradicar de las aulas la homofobia. Exigen a Educació que cumpla el plan de no discriminación aprobado en el 2006
  • El Periódico de Catalunya, 2009-11-15 # María Jesús Ibáñez . Barcelona
Algo no funciona cuando, a pesar de las leyes pioneras y de los mensajes de normalidad que tratan de transmitir las series de televisión, aún hay encuestas que dicen que uno de cada cuatro escolares cree que la homosexualidad es una enfermedad. Y que un tercio de los alumnos de Primaria y Secundaria no ve incorrecto tratar despectivamente a un compañero porque su orientación sexual es distinta a la de la mayoría. «La homofobia persiste y ha de empezar a combatirse en la infancia. Por eso, nos preguntamos qué está haciendo la escuela para erradicar la discriminación», cuestiona Carme Rabadà, presidenta de la Associació de Mares i Pares de Gais i Lesbianes (AMPGIL). La clave, dice, la tienen los profesores.

La entidad, que ayer celebró su 15° aniversario, quiere que la vuelta al cole deje de ser una pesadilla para sus hijos. Víctimas de acoso escolar –el también llamado bullying–, los gais y las lesbianas adolescentes, sobre todo los que todavía no han hecho pública su orientación, se encuentran desamparados. Lo peor, aseguran los chicos, es la soledad, «no poder hablarlo con nadie». Algunos –muy pocos– encuentran apoyo en amigos, pero en raras ocasiones cuentan con la comprensión o la complicidad del profesorado.

Formación continuada
«El plan interdepartamental para la no discriminación dice que el hecho homosexual y el transexual se deben incorporar en la formación continuada del personal docente, pero la realidad demuestra que eso no es aún así», lamenta Rabadà. El mismo plan, aprobado por la Generalitat en el 2006, establece que los colegios catalanes –públicos, privados o concertados– han de prever en sus currículums de ciencias sociales «instrumentos para incluir el hecho homosexual». Las bibliotecas escolares, recoge la normativa, han de contar también con un fondo documental sobre homosexualidad.

El colectivo de gais y lesbianas es, quizá, uno de los pocos en España en que el ordenamiento jurídico va por delante de los cambios sociales, observa Albert Arcarons, esposo de la presidenta y miembro activo de la AMPGIL. Una de las preocupaciones de los padres de jóvenes víctimas de homofobia –«prima hermana de la violencia machista», dice Arcarons– es el riesgo de depresión a que se ven abocados los chicos.

La única manera de terminar con el bullying, explican quienes han pasado por ello, es haciendo que lo distinto se vea como normal. «La solución pasa por informar y, a partir de allí, por fomentar el respeto y la tolerancia», afirma Cati Pastor, madre de Àlex, un joven de 19 años «que ha vivido muchos sufrimientos», asegura la mujer. Cati está convencida de que el papel de los profesores es fundamental en esta labor.

El psicólogo del colegio
Óscar de 23 años, hizo pública su condición de homosexual cuando aún cursaba la ESO en Badalona (Barcelonès). «La profesora no se complicó la vida: me envió directamente al psicólogo del colegio, en horario de clase». «Cuando el hombre me preguntó qué me pasaba, yo respondí sencillamente que a mí no me ocurría nada, que tal vez el problema lo tuvieran los demás», relata el joven.

«El problema de fondo es que la sexualidad sigue estando fuera de las aulas», denuncia Josep García, socio también de la AMPGIL. En su opinión, «aún hay demasiada gente que se escandaliza con iniciativas como la que recientemente ha tenido la Junta de Extremadura, que ha creado talleres de sexualidad en que, entre otras cosas, se explica a los jóvenes cómo masturbarse». Mientras no se superen estas situaciones, afirma García, «será difícil combatir la intolerancia».

Jordi Arcarons Rabadà: “Dejé de ir a clase de tenis el día en que el monitor me insultó”
Nunca le gustaron demasiado las clases, pero aquel grito insultante –teóricamente con pretensiones de estímulo– fue definitivo. Su padre, Albert, dejó de llevarle al club de tenis el día en que el monitor profirió un insulto homófobo para exigirle que corriera más. Jordi Arcarons ya sabía entonces que a él no le gustaba el fútbol y otros deportes, como a sus compañeros, pero no fue hasta los 21 años cuando explicó a sus padres que era homosexual.

«Yo siempre le vi feliz y la verdad es que fue toda una sorpresa», relata su madre, Carme, ahora presidenta de la Associació de Mares i Pares de Gais i Lesbianes (AMPGIL). «El papel de los profesores es fundamental, pero no hemos de olvidar a las ampas, hemos de implicarlas también, porque las familias son definitivas en la aceptación del hecho homosexual», advierte Carme.

Alex García Pastor: “El acoso acabó cuando confesé, ante toda la clase, que era gay”
El círculo vicioso del bullying no se rompe hasta que, un buen día, el acosador planta cara. Àlex lo hizo. Y funcionó. «En cuanto confesé en clase, ante toda la clase, que yo era gay, se acabaron los insultos», explica. Durante los tres años anteriores, el joven, que ahora tiene 19, había sido víctima de un constante acoso por parte de los compañeros y de la más absoluta pasividad por parte de los profesores.

Alex estudiaba en un colegio de una población pequeña del Maresme, pero «eso no fue un problema», recuerda ahora. Acabaron aceptándole. Ahora, después de haber estudiado para convertirse en auxiliar de vuelo, está inmerso en sus estudios de inglés. «Nuestra preocupación es que no llegue a ser libre, o mejor, que no pueda ser tan libre como su hermano mayor, porque uno es heterosexual y el otro homosexual

Angela López Alejandro: “A los 14 años, mi tutora me dijo que me esperase, que se me pasaría”
Su madre, Rosaura, le acaricia la mano con ternura mientras ella, Ángela, rememora los tiempos del colegio. Tenía 14 años, recuerda, cuando fue a pedir ayuda a su tutora. «Le conté mi caso, le expliqué que creía que era homosexual y me respondió diciendo que me esperase, que seguro que con el tiempo se me acabaría pasando», señala.

Con 32 años, esta diseñadora gráfica barcelonesa recuerda también con tristeza la incomprensión de los amigos. «Llegó un momento en que no supe con quién hablar», dice. Cuando finalmente se lo explicó a su madre, la mujer se quedó «aturdida y desorientada». «Mi primera reacción fue pensar en qué me había equivocado», relata Rosaura. Luego comprendió «que la homosexualidad no es ni de ricos, ni de pobres; ni de católicos, ni de ateos; ni de izquierdas ni de derechas».

2009/11/11

> Elkarrizketa: Jaime Vándor > "CUALQUIER COSA QUE HA SUCEDIDO PUEDE VOLVER A OCURRIR; TAMBIEN EL HOLOCAUSTO"

  • Jaime Vándor . Superviviente en Hungría del holocausto judío: "Cualquier cosa que ha sucedido una vez en la Historia puede volver a ocurrir; también un nuevo Holocausto"
  • Dentro del proyecto de Sos Racismo Gipuzkoa 'Pensad que esto ha sucedido', Jaime Vándor acercó ayer al Koldo Mitxelena de Donostia la realidad del Holocausto judío. La suya. La que vivió en primera persona, hace casi siete décadas, en la Budapest ocupada por la Alemania nazi
  • Noticias de Gipuzkoa, 2009-11-11 # Miguel Cifuentes . Donostia
Algo más de un año antes de que acabase la II Guerra Mundial, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, el ultraderechista húngaro Miklós Horthy se desligó de su alianza con los países del Eje y entabló negociaciones con los aliados. Fue el desencadenante de la ocupación alemana de su país, que se consumó el 19 de marzo de 1944. Desde ese día, los más de 700.000 judíos húngaros sufrieron en sus carnes la política de exterminio nazi, el Holocausto. Antes ya habían padecido algunas medidas persecutorias del propio Horthy, pero nada comparado con lo que les esperaba. Jaime Vándor, afincado en Catalunya desde 1947 pero nacido en Austria catorce años antes y huido a Budapest junto a su familia, fue uno de ellos.

¿Cómo cambió su vida el 14 de marzo de 1944? ¿Qué recuerdos guarda de todo aquello alguien que por entonces sólo tenía once años?
Los alemanes impusieron una serie de leyes y el cambio fue radical. La clásica estrella amarilla, la entrega de pertenencias como radios o bicicletas, la prohibición de tener teléfono, la imposibilidad de sentarse en un parque o en un tranvía, no poder entrar en un restaurante o en el cine... Además, la ocupación hizo que comenzaran los bombardeos de los aliados y que se paralizara la enseñanza. Era peligroso salir a la calle, había riesgo de alarma en cualquier momento y las madres querían tener a los hijos cerca. Lo recuerdo todo y lo recuerdo bien.

¿Era consciente de la gravedad de los acontecimientos?
Antes de la invasión de los alemanes, y salvo por cuestiones como la escasez de los alimentos o las cartillas de racionamiento, los niños apenas nos enterábamos de lo que pasaba en la Guerra. Mi madre sí lo había pasado muy mal, porque no hablaba húngaro, no tenía profesión y tenía que mantenernos a mi hermano y a mí (el padre se había marchado a Catalunya para tratar de asentar allí una nueva vida, pero ellos todavía no habían podido viajar con él); pero nosotros apenas nos dábamos cuenta. Hasta que llegaron los bombardeos, de no haber sido por la ausencia de mi padre, igual ni siquiera nos habríamos enterado.

¿Y después de los bombardeos?
Los padres siempre procuraron que los hijos no nos enterásemos demasiado para no asustarnos. El día que mi madre me cosió la estrella por primera vez y salí a la calle, por ejemplo, yo no tenía la menor idea de las consecuencias que eso podía tener. Parecía más bien un distintivo o una condecoración, no sabía qué significaba aquello. Nos íbamos concienciando sobre la marcha.

Y, dentro de esa concienciación, ¿llegó a darse cuenta de la realidad del Holocausto? ¿De que otros judíos eran llevados a campos de exterminio, de que eran asesinados de manera continua y discriminada?
Nosotros no sabíamos de la existencia de los campos. Sabíamos que en la primavera de 1944 se habían llevado y habían deportado a los judíos de las provincias -entre 550.000 y 600.000-, casi todos ellos ancianos, mujeres y niños (miles de hombres habían sido enviados al frente de batalla para que estallasen con las minas y otros miles a los campos de trabajo en calidad de esclavos), pero de los campos de concentración se sabía poco. Y de los de exterminio no teníamos la menor idea.

¿Tenían noticia de lo que había ocurrido y ocurría en otros países?
Sobre todo, se sabía lo que había ocurrido en Austria y en otros países ocupados por los alemanes. Lo que estaba pasando en Hungría se conocía menos, se iba sabiendo poco a poco. Ahora bien, aunque no estaba muy claro lo que eso significaba, sí sabíamos que había peligro de deportación.

¿Y cómo interpretaban ese peligro?
Las autoridades decían que se llevaban a la gente hacia Polonia para que trabajasen en las fábricas porque los hombres estaban en el frente, pero también se llevaban a los enfermos, a los ancianos y a los niños y nadie se lo creía. Se ignoraba el lugar al que los llevaban y cuál era su suerte, pero se sabía que los que se iban no volvían y, por lo tanto, lo más importante era evitar la deportación.

Muchos de sus familiares fueron ejecutados. ¿Cómo lo recuerda?
De los parientes que teníamos en Austria y Polonia desaparecieron o fueron asesinadas más de 100 personas, aunque no lo supimos hasta después de la Guerra. Y de los parientes de Hungría (su padre nació en ese país), unos 50.

¿Cómo fue la vida sin su padre?
Estuvimos separados siete años (entre 1940 y 1947) y, pese a que en un principio hubo contacto, éste se perdió después. Durante muchos años no hubo modo de mandarle cartas. Especialmente durante los diez meses del Holocausto en Hungría, estuvimos sin saber unos de otros. Fue muy angustioso.

En Budapest, ustedes se salvaron gracias a una de las llamadas "casas españolas". ¿Cómo sucedió?

Los nazis construyeron un gueto en la capital para encerrar a los judíos y poderlos deportar más fácilmente (en Budapest había 200.000 judíos, el 20% de su población) y todos nuestros esfuerzos iban encaminados a no ir allí. A semejanza de lo que habían hecho otras naciones neutrales, el encargado de negocios español -Ángel Sanz-Briz- empezó a extender certificados o cartas de protección y, como mi padre vivía en Barcelona, nos lo dio. Alquiló cuatro edificios y metió en ellos a todos sus judíos protegidos (cerca de 2.000). En nuestro caso, vivíamos 51 personas en dos habitaciones, con un solo cuarto de baño, también habitado. Hay que dejar claro que lo hizo todo por iniciativa propia, sin ningún tipo de orden del régimen franquista. Con el tiempo se tuvo que ir por la cercanía de las tropas soviéticas, pero un colaborador -Giorgio Perlasca- siguió su labor. Entre los dos salvaron a 5.200 judíos. Por otra parte, a los alemanes no les dio tiempo a deportar a todos los del gueto. Al final de la Guerra, en Budapest habían sobrevivido 100.000 judíos, la mitad. En las provincias, en cambio, perecieron casi todos.

Casi siete décadas después, y en respuesta a una de las preguntas que plantea la exposición de Sos Racismo, ¿cree que podría volver a ocurrir algo como aquello? ¿Un nuevo Holocausto?
Estoy convencido de que sí. He sido profesor, entre otras cosas de Historia, y mi convicción es que cualquier cosa que ha sucedido una vez puede volver a suceder. Desgraciadamente, la gente no aprende de la Historia. Durante mucho tiempo se ha pensado, especialmente desde la Ilustración, que el progreso consiste en la cultivación de la gente, en difundir la cultura, etcétera, y que eso a la larga salvaría a la Humanidad de la barbarie. El siglo XX demostró que eso no es cierto, porque Alemania y Austria eran de los países más cultos de Europa. Y allí pasaron las mayores barbaridades basándose en el racismo. Yo siempre he sostenido que la cultura no es ninguna salvaguardia contra la barbarie.

¿Y cómo se puede luchar contra ello? ¿Qué medidas sí son eficaces?
Hay que luchar contra esto empezando por los niños. Educándoles en el respeto al prójimo, a la diversidad, a la pluralidad. Pero todo lo que ha pasado una vez puede volver a suceder. A veces se llama racismo, otras veces otra cosa. Cualquier fanatismo y cualquier verdad única es nociva para la Humanidad.

2009/11/08

> Erreportajea: Heterosexismoa > LA VEJEZ DEVUELVE A LAS PERSONAS HOMOSEXUALES AL ARMARIO

  • La vejez devuelve a los homosexuales al armario
  • La soledad y la pérdida de derechos patrimoniales acechan a gays y lesbianas de la tercera edad. Las asociaciones denuncian que las residencias están orientadas sólo a heterosexuales
  • Público, 2009-11-08 # Angel Munárriz / F. Artacho . Sevilla
Armand de Fluvià, uno de los históricos activistas gays de España, considerado el primero en salir del armario públicamente, reflexiona desde sus 78 años sobre cómo la creación de un estereotipo homo coqueto, culto, consumista y, por supuesto, joven hace olvidar a los gays que "todos llegamos a viejos".

Todos los activistas coinciden: los problemas de los mayores homosexuales han sido sistemáticamente postergados en la agenda reivindicativa. La lucha por los derechos tampoco escapa al culto a la juventud. "¿Quién ha oído hablar de gays viejos? ¿Quién ha leído algo del tema? Nadie", lamenta Antonio Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales, que nombra como uno de los principales problemas del colectivo su frecuente falta de adaptación a las residencias de ancianos y centros de día.

La vida de una lesbiana, un gay, un transexual o un bisexual (LGTB) mayor de 60 años difícilmente habrá sido un camino de rosas. El Estado y la Iglesia los reprimieron y persiguieron con saña durante el franquismo. La Ley de Vagos y Maleantes llevó a cientos de ellos a prisión. Llegada la democracia, el sida aguó la fiesta de la liberación sexual. Y aún hoy han de ver cómo los resabios del nacionalcatolicismo empapan el discurso sobre sexo y familia de parte de la derecha.

"Todos los viejos son heterosexuales"
¿Está recompensando la España de 2009 el esfuerzo de estas primeras generaciones de homosexuales que han llegado a la vejez fuera del armario? La respuesta de activistas, asociaciones y mayores gays es un no rotundo. "La vejez está empujando a muchos a regresar al armario", dice Antonio Ruiz.

Los motivos son variados, pero el principal es que las residencias y centros de día de mayores, públicos y privados, funcionan "bajo la premisa de que todos los viejos son heterosexuales", en palabras de Josep Vila, sociólogo de la Fundació Enllaç. Y explica un caso elocuente: "Una de las ancianas de una pareja de lesbianas que vivía en una residencia sufrió un deterioro cognitivo. La otra mujer se vio en la tesitura de ni siquiera poder entrar a verla, porque legalmente no era nada".

José Benito Eres, presidente del Grup dAmics Gais, Lesbianes, Transsexuals i Bisexuals denuncia además que "un alto porcentaje" de las residencias están gestionadas por la Iglesia, lo cual no contribuye a crear un clima de tolerancia. Antonio Ruiz señala que "son pocos los que van a residencias, con lo que están más expuestos a la soledad". "Y los que van, suelen ocultar su sexualidad", añade.

Doble discriminación
Un 16,6% de la población total española, de unos 46 millones, es mayor de 65 años. Es imposible saber cuántos homosexuales hay en ese 16,6%, pero no lo es comprender que sus dificultades añadidas se extienden fuera de los muros de las residencias, creando una doble discriminación. La falta de descendencia de la mayoría, sumada a unas relaciones familiares frecuentemente difíciles, reduce el abanico de posibles cuidadores cuando la persona es dependiente.

Al no haber constancia oficial de sus relaciones la ley del matrimonio gay ha llegado tarde para ellos, pueden perder los derechos patrimoniales cuando muere su compañero.

Integración
Pese al desinterés de la mayoría de asociaciones, desde 2005 existe un documento genérico de todos los colectivos que promueve una "estrategia política inclusiva con los ancianos LGTB". La forma de concretarla no está clara. Las Administraciones optan por la transversalidad, en un planteamiento difícilmente rebatible en el plano teórico, porque pretende no crear espacios para gays, sino integrar y evitar guetos. Pero no es tan simple.

¿Qué hacer cuando son los propios colectivos homosexuales los que dicen sentir como ajenos los espacios que el Estado dedica al cuidado y al encuentro social de los mayores? La cuestión es espinosa. Al respecto, José Benito Eres pone voz a una opinión generalizada pero políticamente incorrecta que invita a la reflexión: es frecuente que a los gays no les guste el fútbol televisado, actividad que, junto al dominó, es parte sustancial de la rutina de miles de centros de día y hogares del jubilado.

Estados Unidos, Alemania, Suecia, Dinamarca, Holanda y Canadá son los países donde existen más proyectos orientados a homosexuales mayores, tanto públicos como privados, según los colectivos. Armand de Fluvià es abiertamente partidario de imitar a estos países: "Mientras haya discriminación, deben existir residencias para gays y lesbianas. En teoría no debería ser así, pero la práctica...".

  • "Te tienes que adaptar porque son mayoría"
  • Homosexuales mayores relatan sus problemas de integración
  • Público, 2009-11-08 # A. Martín Vidal . Barcelona / F. Artacho . Sevilla
A sus 80 años, Eusebio Valderrama conserva la vitalidad de un muchacho.

De momento no depende de nadie y vive por sí mismo en Málaga, pero le angustia la idea de acabar ingresado en una residencia de mayores.

"Creo que deberían hacerse residencias específicas para gays y lesbianas en las que compartir nuestra vejez y contarnos experiencias y vivencias, sin sentirnos rechazados", afirma.

Al igual que Eusebio, Sergio —nombre ficticio, de 67 años— también es homosexual. Él sí ha pasado ya por una residencia, concretamente en Sevilla. "Es muy triste, tienes que adaptarte a la mayoría para no ser rechazado. Estás sometido. Eres tú el que tiene que adaptarse, porque ellos son más, son la mayoría. Cuando mi pareja venía a visitarme, decía que era un sobrino", afirma.

A menudo los mayores homosexuales son vistos como degenerados, como viejos verdes, expresión que les resulta demoledora. Sergio, que nunca ha besado a un hombre en público en su vida, asume que esas son las reglas del juego. Y las cumple. "El día que vuelva a entrar en una residencia, mi vida sexual acabará", afirma.

Aquella España "horrible"
Juan Velasco, de 77 años, echa la vista atrás y lamenta cómo se ha comportado la España de su juventud con las personas como él: "Era una España horrible para un homosexual, había mucha presión, si te veían un gesto o una prenda de ropa amarilla...".

Juan decidió vivir su vida y no llevar una existencia de cartón-piedra. A su madre, que le pedía que se casara, le dijo: "Mamá, ya soy desgraciado por ser maricón, lo sabes desde que nací, pero no voy a hacer desgraciada a ninguna infeliz". Llegó a pensar en el suicidio "de tanto escuchar eso de: ¡Maricón, maricón!".

Tras tanta calamidad, Juan tiene ahora buenas perspectivas para planificar libremente su futuro. Disfruta de una posición económica desahogada, fruto de años de duro trabajo. Vive solo en Barcelona. En su testamento, deja su piso a la Fundació Enllaç, de la que es patrono, y que proyecta ofrecer pisos de acogida y residencias que atiendan las necesidades de los personas mayores homosexuales.

Formación específica
Fernando Olmedo podría ser un beneficiario de la Fundació Enllaç. Enfermo de sida, sufre constantes depresiones severas, agudizadas desde que su "amigo", como él lo llama, falleció a principios de los 90. Los médicos le dijeron que no podía estar solo, por lo que ingresó en una residencia privada. El ambiente, la soledad, la incapacidad para comunicarse con el resto de residentes lo entristecieron tanto que intentó tirarse por una ventana. Terminó por volver a casa.

Ahora, una cuidadora hace lo que él no puede. Con instrucciones muy precisas, para no repetir su experiencia en la residencia. "Los trabajadores de estos centros deberían tener formación específica para obtener una sensibilidad especial con nosotros", afirma Fernando. Él se siente afortunado por poder pagar una atención personalizada. "Pero no todo el mundo tiene dinero para eso", admite.

A las dificultades de adaptación de numerosos homosexuales en las residencias se suman obstáculos más sutiles, pero igualmente importantes. "A un gay no le suele gustar que le pongan un compañero de habitación, que es lo habitual, y al otro quizás no le gustará tener un compañero gay", señala José Benito Eres, presidente del Grup dAmics Gais, Lesbianes, Transsexuals i Bisexuals.

  • No es país para viejos (sobre todo si son gays)
  • Público, 2009-11-08 # Antonio Avendaño
La izquierda cree que el Estado tiene que ser la familia de los que no tienen familia, mientras que la derecha cree más bien que el Estado debe dejarse de sentimentalismos y limitarse a mandar. Por supuesto, la gente de derechas es tan cariñosa como la que más con sus iguales y conocidos, pero es olvidadiza con los pobres y con los desconocidos. Y si además de pobres y desconocidos son gays, entonces no es sólo olvidadiza, sino directamente implacable.

A la derecha no le gusta que el Estado se gaste el dinero en buenas residencias públicas de ancianos, porque ella suele tener dinero suficiente para pagarse las residencias privadas de sus mayores. De ahí que crea que invertir en eso es tirar el dinero, lo cual no tendría mayor importancia si no fuera porque se trata de ¡¡¡SU dinero!!!

Pero las diferencias entre izquierda y derecha en materia de derechos de los ancianos se diluyen cuando se trata de que el Estado respalde o promueva residencias de ancianos donde gays y lesbianas puedan sentirse cómodos. La izquierda comprende y respeta los derechos de los homosexuales, pero parece hacerlo sólo hasta cierto punto y, sobre todo, sólo hasta cierta edad. Este, pues, no es país para viejos, y menos aún para viejos gays.

El problema es de conciencia, pero también de visibilidad. La vejez gay es invisible, tal vez porque se avergüenza un poco de sí misma, atrapada ella también en ese culto pueril a la juventud que hace de todos nosotros unos majaderos que se comportan como si la vejez y la muerte fueran algo que sólo les ocurre a los otros. Más nos valdrá a todos que el Estado esté ahí cuando llegue la hora. O como diría melancólicamente Juan Marsé, cuando "aquel muchacho" se haya convertido en "esta sombra".

2009/11/05

> Iritzia: Antonio Moraleda > VIH Y VEJEZ

  • VIH y vejez
  • La República Chueca, 2009-11-05 # Antonio Moraleda
Hace 8 años tuve SIDA en un estado muy avanzado y posiblemente 20 años que fui infestado del VIH, cuando seguramente había cumplido los 45 años, soy pues una persona de edad avanzada. Desde entonces y una vez recuperado de la fase SIDA que duró tres o cuatro meses, mi vida que espero dure aún muchos años volvió a una normalidad completa incluida la actividad sexual que naturalmente ha ido teniendo una intensidad decreciente.

Quiero pues trasmitir un primer mensaje “La infección por VIH no constituye una sentencia de muerte ni a corto ni a medio plazo” a lo que debe añadirse que los continuos avances científicos, el continuo aumento de los fármacos disponibles, no solo para el tratamiento directo de la infección sino también para posibles complicaciones, la mejor preparación de los médicos que nos atienden y el hecho de residir en un país desarrollado que nos proporciona los medios necesarios, nuestra esperanza de vida es próxima a la que sería sin la infección

He dicho que mi vida es normal, me refiero a que no me encuentro limitado en ninguna actividad propia de mi edad y según mis intereses y deseos, pero no significa que me sea indiferente ser seropositivo, algunos cambios importantes si se han producido; tengo una enfermedad crónica, necesidad de una adherencia al tratamiento muy estricta (hasta ahora no difícil) una atención mucho mayor a mi salud, algún cambio de costumbres como la reducción drástica del alcohol, y una mayor vulnerabilidad ya que después del deterioro del sistema inmunológico los CD4 están en torno a 200 en vez de entre 800 y 1200

Mi segundo mensaje es “No permitir llegar a la situación de SIDA” realizar las pruebas que sean necesarias para detectar la infección antes de tener efecto irreversibles

Antes de mi tercer mensaje quiero añadir algunas consideraciones:

En primer lugar que a pesar de los avances científicos aún no parece existir ningún desarrollo o estrategia de investigación que permita vislumbrar la curación ni siquiera para las personas jóvenes (por supuesto no es imposible) por lo que se trata de un problema que debemos considerar crónico.

Esta necesidad de mantener la cantidad de antiretrovirales en sangre a un nivel dado, obliga a una adhesión a los tratamientos que resulta siempre muy pesada y según el tipo que vida que se lleve puede ser realmente difícil.

Al tratarse de una enfermedad cónica el número de personas afectados somos una cifra acumulativa, por tanto creciente y seguirá siéndolo durante muchos años incluso si el número de nuevos infectados es descendiente y parece ser que ha dejado de serlo. Por tanto cada día todos tendremos contactos con más personas afectadas.

El número de personas portadoras de VIH no es muy conocido por el simple hecho de que muchas personas no saben si lo son, yo mismo he estado 10 o 12 años ignorándolo.

La discriminación de la sociedad no presenta muchos signos de disminuir ocasionando daños no solo psicológicos (difíciles de evitar) sino reales en múltiples terrenos como los educativos, financieros (dificultada de obtener prestamos) de seguros y por supuesto laborales.

No quiero alargar este artículo por lo que no voy dar detalles específicos, pero tengo que explicar al menos un poco mi afirmación de que nuestra esperanza de vida es próxima a la que sería sin la infección.

La salud de cada uno es diferente y sobre estas diferencias han de actuar el VIH, los fármacos, el estilo de vida y la edad. Ha pasado más de una década desde la puesta en marcha de las terapias TARGA y ya existe información de sus efectos.

El virus por si mismo y la toxicidad de los fármacos constituyen un problema adicional en el desarrollo de una vida sana, tienen efectos negativos que pueden ser importantes en nuestro metabolismo, en la aparición y desarrollo de enfermedades del corazón, de huesos, riñón o del hígado, el riesgo de algunos cánceres en hombres se estima es 2 a 3 veces superior a lo normal y además afectan a las funciones cognitivas y otros trastornos mentales. Otros problemas como la coinfección con hepatitis B y C, o estilos de vida con consumos de alcohol, tabaco o cocaína pueden potenciar estos efectos negativos afectando a la duración y la posible calidad de nuestras vidas.

Mi tercer mensaje “Evitar la infección”.

2009/11/01

> Berria: Errepresioa > ESTADOS UNIDOS: MAS PERSONAS HOMOSEXUALES Y TRANSEXUALES PIDEN ASILO POLITICO

  • Más gays piden asilo político
  • La Opinión, 2009-11-01 # Russell Contreras . AP . Worcester, Massachusetts
Nathaniel Cunningham y su novio vivieron varias semanas en una localidad rural en Jamaica. No se demostraban afecto en público y casi no hablaban con los vecinos.

Una mañana, Cunningham compró el diario local y en su portada decía “Prostitutos homosexuales se mudan a barrio residencial”. Abajo aparecía su dirección.

En los días subsiguientes, según Cunningham, frente a la casa se reunieron grupos de personas que les tiraban piedras y ladrillos y les decían batty boys, una expresión peyorativa para aludir a los gay. Finalmente, la pareja tomó lo que pudo y escapó a pie.

Ese es uno de los muchos relatos que le hizo Cunningham, de 32 años y quien hoy reside en Worcester, a un juez del servicio de inmigración que le concedió asilo en Estados Unidos. Y es muy similar a las historias de un creciente número de gays, lesbianas y transgéneros que piden asilo aduciendo que sus vidas correrían peligro si regresan a sus países porque son homosexuales.

“No tenía otra salida”, expresó Andre Azevedo, un trasgénero brasileño de 39 años que hace poco obtuvo el asilo y vive en Nueva York. “De donde vengo, los hombres heterosexuales se dedican a maltratar a la gente como nosotros por deporte y la policía no hace nada por impedirlo”.

Desde 1994, la orientación sexual puede ser usada para solicitar asilo en Estados Unidos. La ex secretaria de justicia Janet Reno dictaminó en un caso que la persecución derivada de la orientación sexual de una persona podría justifica el asilo.

Hasta hace poco, rara vez se apelaba a ese argumento. Pero en tiempos recientes, una creciente cantidad de personas de Latinoamérica, el Medio Oriente, Africa y el Caribe solicitan asilo por ser homosexuales, según agrupaciones defensoras de los derechos de los gay y de los inmigrantes.

Señalan que los gays que piden asilo huyen del peligro de violaciones, la persecución, la violencia y amenazas de muerte en sitios donde la homosexualidad es directamente ilegal o es muy mal vista.

Las leyes de inmigración admiten el asilo si una persona puede demostrar que tiene razones más que justificadas para temer ser perseguida en su país de origen debido a su raza, su religión, su nacionalidad, sus opiniones políticas o su afiliación a determinado grupo social. Quienes piden asilo ya se encuentran en Estados Unidos, legal o ilegalmente.

El año pasado, Immigration Equality, una agrupación de Nueva York sin fines de lucro que asiste a personas gay en sus gestiones ante el servicio de inmigración, logró que le diesen asilo a 55 gays, según su directora de asuntos legales Victoria Neilson. En el 2007 habían ganado 30 casos y en el 2006 26, añadió.

Una organización sin fines de lucro con sede en Worcester, Massachusetts, Servicios Sociales Luteranos (Lutheran Social Services), salió airosa en cinco casos y está trabajando en varios más.

“Mucha gente está descubriendo que tiene esta opción”, expresó Lisa Laurel Weinberg, abogada que trabaja con esa agrupación.

Sin embargo, no todos los pedidos de asilo basados en la orientación sexual de una persona son aceptados. Las autoridades rechazaron la solicitud de un gay brasileño que se casó en Massachusetts con un estadounidense a pesar de que el senador John Kerry había intercedido en su favor. Genesio ‘Junior’ Januario Oliveira dijo que había sido violado cuando era adolescente, pero un juez rechazó la solicitud aduciendo que el propio Oliveira había dicho varias veces que nunca nadie le causó lesiones físicas en Brasil.

El brasileño tuvo que regresar a su país en el 2007.

Cunningham dijo que decidió solicitar asilo luego de trabajar varios años en Estados Unidos con una visa de trabajo. Buscó en la internet, pero indicó que no encontró ningún grupo dispuesto a asistirlo. “Una agrupación dijo que mi caso iba en contra de sus valores cristianos”, manifestó el jamaiquino.

Agregó que varias organizaciones de gays dijeron que no ofrecían ayuda en cuestiones de inmigración.

Cunningham finalmente se puso en contacto con Jozefina Lantz, directora de servicios para inmigrantes de los Servicios Sociales Luteranos, quien se mostró dispuesta a ayudarlo.

2009/10/16

> Berria: Justizia > MARTA PEREZ TREVIÑO: "TENIA FE Y CONFIABA EN LA JUSTICIA"

  • Marta Pérez Triviño . Madre de una de las víctimas: "Tenía fe y confiaba en la justicia"
  • El TSXG ha anulado la absolución por un jurado popular del asesino confeso del crimen de la calle Oporto
  • Faro de Vigo, 2009-10-16 # Marta Fontán . Vigo
El día más feliz en la vida de Marta Pérez Triviño fue el del nacimiento de su hijo Isaac. Y el segundo fue ayer, cuando le comunicaron la noticia que llevaba meses esperando: la anulación de la sentencia que absolvía de asesinato al joven que acabó con la vida de su "niño" y de su amigo Julio. "Estoy feliz entre comillas, porque a él [por su hijo] no lo voy a recuperar, pero la persona que lo mató tendrá que enfrentarse a otro juicio y estoy segura de que otro jurado popular no puede cometer el mismo error", afirma.

Marta estaba ayer en A Coruña, la misma ciudad donde se ubica el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), que acaba de ordenar la celebración de un nuevo juicio. "Estoy preparada para afrontar otra vista, aunque soy consciente de que queda un largo camino por recorrer; pero voy a llegar hasta el final, eso sin duda", señalaba esta mujer, la misma que el pasado 20 de febrero, apenas unos minutos después de conocerse el sorprendente veredicto, no podía evitar derrumbarse en plenos juzgados. "Dejan en libertad a un asesino confeso", afirmó aquel día en la sala de vistas con impotencia y a la vez con serenidad.

Una serenidad que mantuvo a lo largo de estos difíciles meses, en los que contó con el apoyo de sus allegados y de los amigos de los fallecidos. "Por un lado sentía unas dudas tremendas en relación a que la sentencia no fuese finalmente anulada, pero en el fondo las tenía todas conmigo y me decía que el juicio iba a repetirse, que un asesino confeso no se podía ir de rositas y quedar impune; tenía fe y confiaba en la justicia", explica emocionada. "Quiero que le caiga lo que le tenga que caer; ni más ni menos", añade, sin obviar el hecho de que la defensa todavía tiene la opción de recurrir la sentencia del TSXG ante el Tribunal Supremo. Pero ella está segura de que, de una vez por todas, se hará justicia.

2009/10/11

> Erreportajea: Trans > ANATOMIA CONTRA IDENTIDAD


  • Anatomía contra identidad
  • Ixotz y Zuriñe, dos transexuales residentes en el territorio histórico, se sinceran sobre su experiencia vital y sobre los múltiples retos que, individual y colectivamente, anhelan conseguir.
  • Noticias de Gipuzkoa, 2009-10-11 # Carlos Mtz. Orduna
Nacieron encerrados en el cuerpo que no les correspondía. Y, aunque los obstáculos se han sucedido a lo largo de su travesía vital, a base de tesón y amor propio pueden mirar al futuro con el optimismo por bandera. Ixotz, Zuriñe y Ainhoa son transexuales. En un momento de creciente debate sobre la situación del colectivo en Euskadi, los tres han abierto sus corazones a NOTICIAS DE GIPUZKOA para recordar que, pese a todo lo conseguido hasta el momento, todavía les quedan infinitos motivos por los que seguir peleando. Contra el desconocimiento, la patologización de su identidad sexual, la discriminación social y laboral... En favor de la normalización, en el sentido más amplio de la palabra.

El anuncio del Gobierno Vasco de que en breve elaborará un borrador de proyecto de Ley Integral sobre Transexualidad, un compromiso que incluye el impulso definitivo a la Unidad de Reasignación de Género del Hospital de Cruces, ha sido acogida con escepticismo por los colectivos que trabajan en defensa de los transexuales. Consideran que todas las promesas políticas realizadas en los últimos años en este sensible campo han caído en saco roto, dentro de un interminable bucle que impide avanzar hacia el verdadero reconocimiento de sus derechos. La huelga de hambre iniciada por la transexual Andrea Muñiz poco antes de que la consejera Gema Zabaleta hiciera pública esta declaración de intenciones puso también de relieve que sólo se remará en la buena dirección con hechos concretos. La promesa de que en un breve espacio de tiempo Muñiz y otra transexual podrán acceder a la cirugía de aumento de pecho en Cruces detuvo su ayuno voluntario. "Sólo espero que lo de Andrea no haya sido en vano. Aunque parece que quieren agilizar este tema, una cosa es la propaganda política y otra, poner los medios", argumenta el bergararra Ixotz, nacido en 1983.

Los primeros recuerdos de este joven le llevan hasta su más tierna infancia, durante la que convivió con cuatro mujeres en casa. A Ixotz nunca le gustó que su madre, su abuela o sus tías le vistieran de "rosita", tampoco llevar el pelo largo o que le peinaran.

Pero su anatomía sexual, en conflicto con su verdadera identidad masculina, empujaba a sus familiares a feminizarle constantemente. "Esos primeros años supusieron un choque continuo para mí. Casi todos los días destrozaba los vestidos y los llenaba de barro", rememora ahora con una sonrisa.

El paso del tiempo, la ayuda de los profesionales -entre otros- del centro sexológico de Vitoria Emaize y una lucha constante le han llevado a superar muchísimos baches. El más grave le sobrevino durante su adolescencia, cuando un día intentó suicidarse con una sobredosis de antidepresivos. "Perdí la esperanza, pero por suerte me encontraron a tiempo", relata.

El apoyo de su madre ha resultado fundamental para salir adelante. "Ella siempre fue muy comprensiva, y cuando le conté que era transexual, me dijo que a los 18 me pagaría las intervenciones". Ixotz apenas tendría 15 años. Pero la decisión de empezar no le llegaría hasta cuatro más tarde, no sin pasar por prolongados periodos de dudas y las manos de profesionales que retrasaron la emisión del informe positivo de disforia de género, imprescindible para iniciar su proceso de hormonación. "Muchos psiquiatras contestan que la transexualidad no existe o es una enfermedad. Creo que deberían ayudar y no actuar como jueces. Tampoco imponer plazos para llevar a cabo este proceso", remarca el joven.

Las larguísimas esperas para acceder a los tratamientos martirizan a muchísimos transexuales; antes de lograr el informe, en función de los especialistas, deben superar múltiples test, en ocasiones el "cruel e inhumano" llamado de vida real, mediante el que deben actuar con su identidad sexual verdadera aunque sin cambiar todavía su aspecto físico. "Hay que estar sano para que te den el informe y luego te tratan de trastornado", añade Ixotz. "Las esperas y las pruebas son desesperantes, hay gente que lleva más de dos años y no ha conseguido el informe. El problema es que mucha gente empieza a hormonarse por su cuenta, o incluso decide automutilarse los genitales, porque no aguanta más", lamenta Ainhoa, quien obtuvo este diagnóstico positivo hace sólo dos años tras "mucho tiempo de autonegación".

Este mismo verano ha accedido a la vaginoplastia a través de la red privada, una intervención satisfactoria tras "años en los que no abrí los ojos", donde incluso se fueron extinguiendo "las ganas de vivir". Ahora tiene 40, toda una vida por delante para disfrutar, también, de una anatomía sexual acorde con su identidad. En el caso de Ixotz, fue Eduardo Urcelay, sexólogo de Emaize, quien definitivamente le abrió las puertas cuando el joven contaba con 24 años. "Me salvó", en sus palabras, no sólo por el apoyo psicológico que le prestó sino porque le proporcionó el citado informe positivo. Los resultados, ahora, saltan a la vista. Tras realizarse también hace un año la operación de mastectomía -reducción de pechos- en un hospital privado de Barcelona, Ixotz anhela ahora que se agilicen las investigaciones en el campo de los trasplantes de pene, "un tema muy crudo" y que no cubre la Sanidad pública en el Estado.

Más avanzado
Los avances en las cirugías feminizadoras -vaginoplastias y aumentos de pecho-, por contra, sí que han sido mucho más importantes en la red pública durante los últimos años. El centro pionero es el hospital Carlos Haya de Málaga, donde Zuriñe Rodríguez (Pamplona, 1964) fue intervenida de vaginoplastia este pasado febrero con notables resultados. Zuriñe, totalmente recuperada, irradia optimismo por los cuatro costados. Jardinera de profesión, se instaló en Vitoria hace casi quince años y es una enamorada de la naturaleza.

Como muchas transexuales, pasó por un largo periodo de "negación" durante su adolescencia, aunque siempre tuvo claro que "era una mujer, no un hombre que quería ser mujer". Hace algo más de diez años, inició en Pamplona su proceso de hormonación. Mucho antes, de pequeña, recuerda como jugaba en pareja con su hermana, ajena en muchas ocasiones a los juegos de niños de sus otros dos hermanos.

Zuriñe ha tenido suerte, tanto en su entorno laboral como de amistades. Apenas ha vivido la discriminación. Lástima que ésta no sea la tónica general. "Lo mío es atípico", asegura. Ainhoa recuerda que "las agresiones y los insultos siguen siendo muy habituales con el colectivo", una pesada losa aún por eliminar. Muchas son las batallas que Ixotz y Zuriñe, y todo el colectivo transexual tienen por delante.

La eliminación de la disforia de género de la lista de enfermedades mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría constituye una de las principales. El desconocimiento social, otra. "La gente que llevamos una vida normal no salimos en la televisión, y ahí vienen muchas de las confusiones. Aunque se dice que la sociedad va por delante de las leyes, esto no se cumple en la práctica; no vale con ser políticamente correcto", zanja Zuriñe.

2009/10/08

> Berria: Oroitzapena > OCAÑA, EN CARNE DOCUMENTAL

  • Ocaña, en carne documental
  • Una película revisa la figura del artista. El artista de Cantillana fue símbolo de la contracultura del tardofranquismo. Cien minutos con testimonios, documentos y numerosas imágenes inéditas. Su estreno está previsto en un festival de cine de Barcelona el 17 de octubre
  • El Mundo, 2009-10-08 # José María Rondón . Sevilla
Ocaña, símbolo de la contracultura en la España de los años setenta, vuelve convertido en carne de documental. Más de 25 años después de su fallecimiento, los sevillanos Juan José Moreno y Manuel Huete se acercan a través de testimonios, fotografías e imágenes inéditas al artista, quien representa la explosión artística y festiva que coincidió con los años finales de la dictadura de Franco.

Toda la complejidad del personaje aparece en el documental 'Ocaña, la memoria del sol', resultado de dos años de trabajo. A lo largo de sus 100 minutos, Moreno y Huete abordan todas las facetas de José Pérez Ocaña (Cantillana, Sevilla, 1947-1983). Su diminuta provocación, su fiesta permanente, sus cuadros de vírgenes andaluzas, su compromiso con los derechos de los homosexuales.

En la película 'Ocaña, retrato intermitente' (1978), Ventura Pons lo filmó en la calle, bien cantándole una saeta a una Macarena de papel maché, bien cantando Ojos verdes vestido de mujer en medio de las Ramblas.

Ahora, treinta años después, otros hablan de él. Lo hace su familia, fiel guardiana de su legado. Y lo hacen sus amigos: Nazario, Marta Sentís, Pep Torruella, Alejandro Rodríguez, José Manuel González, Antonio José Pérez, Francisco Rodríguez Lobo...

'Ocaña, la memoria del sol' se estrenará oficialmente el 17 de octubre en el próximo festival internacional de cine gay y lésbico de Barcelona. Antes, por deseo expreso de los autores de la cinta, se proyectará en varias sesiones en la localidad natal del artista. Con toda probabilidad, el documental formará parte de la exposición que prepara Pedro G. Romero para los primeros meses de 2010 en el Palau de la Virreina de Barcelona.

La cinta incluye bastante material desconocido sobre el artista sevillano: montajes de exposiciones, actuaciones callejeras e, incluso, grabaciones caseras realizadas en su pueblo, adonde se retiraba a descansar durante el verano. También repasa sus trabajos cinematográficos. Por supuesto, 'Ocaña, retrato intermente', de Ventura Pons, y otros cortometrajes, como 'Manderley', de Jesús Garay, o 'Silencis', de Xavier Daniel.

Las imágenes más sorprendentes de 'Ocaña, la memoria del sol' acaso correspondan al cortometraje 'El ángel que canta en un suplicio', rodado por Gérard Courant en Berlín en febrero de 1979. El director galo coincidió con el pintor en el festival de cine de Berlín, adonde acudió a presentar el documental de Ventura Pons. Allí, Ocaña, con peineta, mantón y abanico, charla con una Marilyn Monroe de cartón en la Puerta de Brandeburgo.

> Erreportajea: Indarkeria > VICTIMAS PROTEGIDAS A SU PESAR


  • Víctimas protegidas a su pesar
  • La ley obliga a penas de alejamiento en las condenas por maltrato. ¿Puede un juez impedir una reconciliación? El Constitucional y Luxemburgo deberán aclararlo La Audiencia de Tarragona cree que la medida va contra "la vida privada". El Gobierno baraja cambiar la ley para que el alejamiento no sea forzoso. "La maltratada no tiene capacidad para valorar el riesgo", dice una experta. La decisión atenta contra la dignidad de la mujer, afirma un magistrado
  • El País, 2009-10-08 # Mónica Ceberio Belaza
Magatte y Eva salieron a tomar una copa el 4 de agosto de 2007. Discutieron. Eran pareja y convivían desde hacía cuatro años. Magatte no fue a casa hasta las seis de la madrugada. Eva estaba durmiendo. Él le dio varios puñetazos en el cuerpo y en la cara. Después, cogió un cuchillo y lo clavó en el colchón, en la pared y en el armario. Mientras, gritaba: "Eres una blanca de mierda, yo soy un negro y no tengo miedo a la policía. Te mataré". Fue condenado a 16 meses de cárcel por lesiones y amenazas en noviembre de 2007. Y los jueces dictaminaron que no podría acercarse a Eva en un año y nueve meses.

Pero se acercó. Porque ella quiso. Casi de inmediato, después de la condena, la pareja reanudó la convivencia. Meses después, los vecinos oyeron gritos en la casa, en un pueblo de Tarragona, y llamaron a los Mossos d'Esquadra. Descubrieron que la orden de alejamiento no se cumplía y a él lo condenaron por quebrantar la condena. Magatte apeló.

Eva pide a la justicia que le deje vivir con su agresor. No entiende que el Estado se meta en su vida. Dice que es una "víctima" de la normativa penal. Las leyes obligan a que en todas las sentencias por maltrato se imponga una pena de alejamiento. Varios jueces han presentado cuestiones de constitucionalidad por este artículo del Código Penal (el 57.2) y la Audiencia de Tarragona ha llevado el caso de Eva y Magatte al Tribunal de la UE. Los magistrados tarraconenses creen que la ley es contraria al derecho comunitario en su principio "al respeto de su vida privada y familiar".

No es una cuestión fácil de resolver. ¿Se debe proteger a las víctimas contra su voluntad? Por un lado está el derecho de cualquiera a hacer con su vida lo que le venga en gana, incluso si eso conlleva ponerse en riesgo. Pero, por otro, ¿qué ocurre si la mujer muere o es gravemente agredida? ¿Quién es el responsable? ¿Ella? ¿El Estado por no haberla protegido? ¿Deben tener los jueces capacidad para decidir lo más conveniente o se les debe obligar a que impongan el alejamiento en todas y cada una de las sentencias?

El Código Penal se reformó en 2003 para establecer el alejamiento obligatorio para la violencia machista y doméstica, cuando gobernaba el PP -dos años antes de que se aprobara la Ley de Violencia de Género-. Antes de esa fecha, eran los jueces los que tenían la última palabra. El Gobierno baraja la posibilidad de modificar la ley para que los jueces puedan volver a decidir, pero no hay ninguna decisión tomada. En el Ministerio de Igualdad estudian la cuestión. Pero tardan en decidir. Ya en febrero de 2006 el entonces ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, anunció que el Ejecutivo estaba "dispuesto a contemplar" que el alejamiento fuera una pena "flexible".

Juzgados y Audiencias Provinciales han presentado, desde 2005, una veintena de cuestiones de constitucionalidad por este artículo del Código Penal, pero el Tribunal Constitucional no se ha pronunciado. Hay consenso dentro de la judicatura sobre la conveniencia de la reforma. Los magistrados entienden que hay casos de maltrato leve y puntual, sin riesgo de reincidencia, en los que no tiene sentido impedir a la mujer volver con su pareja si ese es su deseo. En este sentido, se pronunció el grupo de expertos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en abril de 2006. Añadieron que si la ley no se modifica y tienen que imponer el alejamiento en todos los casos, al menos se les debería permitir poder dejar en suspenso la medida.

Por otro lado, los jueces dicen que las razones que llevaron a que se impusiera esa norma ya no existen. "Las órdenes de alejamiento se introdujeron en la legislación en 1999", explica la presidenta del Observatorio de Violencia de Género del CGPJ, Inmaculada Montalbán. "Se establecieron como pena obligatoria para los casos de violencia de género y doméstica en 2003 porque, al ser una pena tan reciente, los jueces no estaban acostumbrados a imponerla y la usaban poco. Pero ya ha cambiado la cultura de los jueces. El alejamiento está normalizado y no existe ese riesgo".

Algunas asociaciones de mujeres no están de acuerdo. "Los jueces son todavía precavidos a la hora de dictar medidas de alejamiento", señala Consuelo Abril, presidenta de la Comisión de investigación de Malos Tratos a Mujeres. "Poner esta decisión de nuevo en sus manos sería un retroceso. Los procedimientos penales son muy rápidos y el juez apenas tiene tiempo para ver cada caso. Por otro lado, la mujer maltratada no tiene capacidad para saber si está en riesgo. Lo que dice puede tenerse en consideración, pero ella está dentro del ciclo de la violencia y percibe el peligro que corre. En el caso de Eva, no creo que se pueda confiar en alguien que te ha pegado puñetazos y te ha amenazado de muerte".

Este último argumento lleva a la cuestión más peliaguda. Si se reformara la ley y se dejara la decisión en manos del juez, ¿debe protegerse a una mujer en contra de su deseo si se percibe que está en riesgo? La Audiencia Provincial de Valladolid, uno de los tribunales que ha acudido al Constitucional, consideró que cuando el alejamiento se impone contra la voluntad de la víctima "se atenta contra su dignidad y contra su derecho a decidir libremente con quién quiere compartir su vida".

El magistrado Ramón Sáez, que también ha cuestionado la constitucionalidad de este artículo, pregunta al alto tribunal si los poderes públicos tienen el derecho de separar a cónyuges y convivientes. Dice que, con esta medida, "la mujer pasa de estar sometida al maltratador a estarlo al Estado" y que "imponerle una medida de protección que ella no desea es persistir en el mito de que es incapaz de decidir por sí misma". "Al no distinguir los supuestos de riesgo de otros en los que no hay un pronóstico de peligrosidad, se impone a la mujer una solución única y se le confisca la posibilidad de optar. Además, identifica su comportamiento como un fenómeno patológico, al presentar su decisión de mantener la convivencia con su pareja como algo extraño y morboso".

En uno de los casos que juzgó Sáez, un chico le había tirado una grapadora a su novia y le había provocado un hematoma. Ella le denunció pero continuaron viviendo juntos. La Fiscalía, que apoyó la cuestión de constitucionalidad, criticó el alejamiento obligatorio porque eliminaba "para los supuestos puntuales, ocasionales y de escasa gravedad, cualquier posibilidad de reconciliación o reparación extrajudicial".

Los jueces piden que les dejen usar su sentido común. "En los casos graves, el Estado estaría haciendo dejación de funciones si no dicta una orden de alejamiento aunque la mujer no lo desee", señala la magistrada Montalbán. "Pero en estos otros casos leves, debería dejarse al juez que decida, apoyado por informes técnicos que determinen que la voluntad de la mujer no está viciada y que no hay riesgo de reiteración delictiva". "El alejamiento obligatorio es ineficaz", señala Ramón Sáez. "Las parejas vuelven a vivir juntas diga lo que diga el Estado. Una pena de estas características está abocada al fracaso".

  • Eva C. R., víctima de malos tratos que quiere vivir con su pareja: "Aquella agresión está superada. No le dejaré porque lo diga un juez"
  • El País, 2009-10-08 # Ferran Balsells
Eva, de 45 años, mantiene una desconfianza perpetua al otro lado del teléfono. Antes se ha negado a charlar en persona, a que le tomen fotografías, a revelar su apellido y a que la entrevista arroje una sola pista sobre su localización. La mujer fue víctima de malos tratos hace dos años y desde entonces está empeñada en convivir con su agresor. Esta aparente contradicción, poco aceptada en la arena pública, explica parte de su secretismo. Hay más: ni su familia conoce su situación.

El temor a ser descubierta no le resta claridad a su argumentación, que desconcertó a la Audiencia de Tarragona, encargada de decidir sobre el recurso interpuesto por la mujer para anular la condena a su agresor por quebrantar la orden de alejamiento. Esta instancia judicial optó por elevar el caso al Tribunal de Justicia de la UE. Los magistrados dicen de ella que habló "en condiciones de plena autonomía personal, independencia económica, con competencia cultural y social, sin atisbo alguno de presión psicológica o rasgos de sumisión". "Mi pareja y yo terminaremos juntos", asegura Eva.

Pregunta. Su pareja le pegó, amenazó con matarla mientras clavaba un cuchillo en el colchón a pocos centímetros de donde yacía usted. ¿Por qué está en contra de la sentencia que impide que esa agresión vuelva a suceder?
Respuesta. Ocurrió sólo una vez. Desde entonces hemos trabajado mucho para rehabilitarnos. Estos años han sido una lucha para arreglar lo que no funcionaba. ¿Qué pasa con ese proceso tan duro? La ley no lo tiene en cuenta. La relación volvía a ser buena y nos obligan a separarnos.

P. Usted le denunció.
R. Estaba alucinada, no esperaba nada así. Él pasaba por apuros económicos, tenía problemas con la bebida. Luego le dejé muy claro que debía resolverlo si creía en nosotros, y reaccionó. Nos ha costado más de un año pero ha dejado el alcohol, nos hemos mudado de ciudad y empezamos de nuevo. Se equivocó.

P. La condena siempre implica la orden de alejamiento.
R. De saber que se impondría ese alejamiento no le habría denunciado. Cuando lo supe intenté retirar la denuncia pero el fiscal siguió adelante en contra de mi voluntad. No estoy diciendo que mi pareja hiciera lo correcto. Pero cuando amas a una persona es muy duro que un juez te diga: ya está, no la verás nunca más.

P. Por eso pidió a su pareja que volviera a vivir con usted.
R. Había algo que me decía que debía seguir con él y nos impusimos ciertas condiciones que hemos ido cumpliendo. No le dejaré porque lo diga un juez. Aquella agresión está superada.

P. El episodio fue muy contundente. ¿Cómo se supera algo así?
R. Sí, no fue ninguna tontería. Muchas veces he estado al borde de abandonar, me veía incapaz de afrontarlo y le tenía miedo. Pasamos unos meses separados. Pero si nos queríamos debíamos agarrar el toro por los cuernos, resolver ciertas cosas para poder vivir juntos. Hemos asistido a psicólogos, realizado terapias.

P. Parece muy segura de que no volverá a ocurrir.
R. Si mi pareja no hubiera realizado todo este proceso tarde o temprano habría vuelto a pegar a otra mujer. Si hubiéramos cumplido la condena de alejamiento y el mantuviera sus problemas con el alcohol sí tendría motivos para tener miedo. Ya no. Él es muy consciente de que debe pagar por lo que me hizo. Pero nadie puede imponernos esto: no podemos vernos ni hablar hasta 2012. No importa, cuando haya cumplido la condena volveremos a estar juntos. Lo tengo clarísimo.

P. El día que se conoció su caso muchos lectores comentaron en Internet que usted podría ser la próxima víctima mortal por violencia de género.
R. Es lo mismo que me dijo el fiscal, pero no soy idiota. Si mi pareja no hubiera cambiado jamás habría seguido adelante. Es un problema grave, pero cada caso es único. Una orden de alejamiento sólo alarga el problema y alimenta odios. Esta medida tampoco ha repercutido en un descenso de las mujeres fallecidas. Tal vez deba haber un alejamiento durante cierto tiempo pero la ley por sí sola no resuelve nada.

P. La policía supo que ustedes rompieron la orden de alejamiento porque los vecinos alertaron de discusiones en su domicilio.
R. Tuvimos muy mala suerte. Por culpa de mi trabajo me había tomado dos pastillas para dormir y él se había olvidado las llaves de casa. Golpeó la puerta y gritó para despertarme. Alguien avisó a la policía y cuando llegaron yo ya estaba durmiendo otra vez.

P. Si ahora vuelven a romper la orden de alejamiento su pareja podría acabar en la cárcel por reincidencia. ¿Mantienen algún contacto?
R. No puedo contestar a esta pregunta.

2009/10/05

> Erreportajea: Emakumeak > EL ENIGMA DE LA ESCASA DELINCUENCIA FEMENINA

  • El enigma de la escasa delincuencia femenina
  • Los factores biológicos y socioculturales explican el bajo porcentaje de encarceladas. Sólo diez de cada cien reclusos en España son mujeres. "La emancipación no ha llenado la cárcel. Al contrario", dice una experta
  • El País, 2009-10-05 # Elsa Granda
Los profetas de un meteórico incremento de la delincuencia femenina debido a la normalización social de la mujer pueden ir revisando sus teorías. También las feministas que, con razonamiento distinto, auguraban igualmente una equiparación criminal entre ambos sexos. Los tres principales indicadores de la delincuencia: detenciones, juicios y población reclusa, demuestran que no hay mucha novedad en el frente. Las mujeres delinquen menos, son menos violentas y reinciden menos. Aunque ha aumentado el número de mujeres con causas pendientes y en ciertos delitos, como la violencia contra los padres, donde las chicas ganan terreno y se acercan al 50% del total. No obstante, por cada 10 mujeres que cometen delitos o faltas hay 100 hombres. Y no es una novedad. Ha ocurrido en todas las épocas y en todos los países. ¿Por qué? No existe una respuesta única, insisten catedráticos y criminólogos.

La delincuencia femenina es la gran desconocida de la criminología y muchas de las decenas de teorías existentes están basadas en tópicos machistas o en afirmaciones sin base empírica. El italiano Cesare Lombroso, fallecido en 1909, aseguraba: "Educar y remover a las mujeres de sus características de domesticidad y maternidad que las mantienen como inocuas semicriminales, podría resultar un hecho desastroso para la humanidad". Bueno, de momento, la humanidad no parece estar hecha unos zorros por los crímenes femeninos. Los expertos consideran que existe una cascada de aspectos que influyen en la baja tasa de criminalidad de las mujeres, especialmente biológicos y socioculturales. Aunque tampoco se descartan el peso de otros, como los genéticos, psicológicos, fisiológicos, del aprendizaje, sensoriales, neurológicos... Desde la vetusta y misógina hipótesis que aseguraba que el 80% de los delitos cometidos por mujeres se producían en el periodo premenstrual o menstrual a aquella que señala que la fuerza física del varón le facilita la comisión del delito por resultarle más sencillo el control de la víctima, la obtención de un bien y la huida, o la que apela a la empatía de la mujer para justificar la baja tasa en los delitos de lesiones.

En 1960, la población reclusa en España sumaba 15.202 personas. En 2008, 73.558. El porcentaje de mujeres que cumplían condena hace 49 años con respecto al total era del 10,4%; mientras que en la actualidad la mujer representa el 8% de la población reclusa. Eso sí, en este tiempo se ha pasado de 1.596 presas a 5.950. Puede pensarse que esta tasa no refleja exactamente la realidad social, ya que sólo recoge los delitos más graves. Sin embargo, las estadísticas indican algo parecido: en la última década el número de hombres condenados ha pasado del 93,42% al 92%.

Otra pista sobre la disparidad de comportamientos delictivos aflora en la estadística de detenciones policiales. Entre 2000 y 2008 no varía sustancialmente el reparto entre ambos sexos. En 2000, los hombres detenidos por delitos y faltas sumaban el 90,2% del total; y en 2008, el 90,4%. Es decir, que las conductas antisociales y delictivas de las mujeres han aumentado, pero en la misma proporción que las de los varones en términos generales.

Los estudios sobre la diferencia biológica son recurrentes. El último se dio a conocer la semana pasada. Una universidad californiana sugería que los estrógenos, y no sólo la testosterona (hormona con presencia 10 veces mayor en el hombre), podrían jugar un papel importante en el hecho de que éstos desarrollen patrones de conducta más duros o agresivos.

Paz M. de la Cuesta Aguado, coautora del estudio Perfiles Criminológicos de la Delincuencia Femenina y profesora de Derecho Penal de la Universidad de Cantabria, subraya que la biología tiene un peso indudable, pero las condiciones sociales también. "La mujer se ha integrado en la sociedad a un nivel que no estaba, es decir, en el momento en que hay más mujeres profesionales, empresarias, más mujeres que hacen la declaración de la renta, hay más mujeres que cometen fraudes fiscales", señala.

Raquel Bartolomé, profesora de Psicología del centro de Investigación de Criminología de Albacete, explica que "las niñas tienden hacia objetivos relacionales y afectivos que indican que su conducta social va a estar dirigida a mantener sus relaciones y no ponerlas en peligro. Los niños son más activos físicamente, algo más agresivos y con peores habilidades sociales". Estas pequeñas diferencias de la infancia se van acentuando a medida que el individuo camina hacia la madurez. Y concluye: "Las mujeres no son ni mejores ni peores; tienen estilos de conducta diferentes".

Según Miren Ortubay, profesora de Derecho Penal de la Universidad del País Vasco, "no cabe una respuesta categórica" al abismo que existe entre el porcentaje de delincuentes de uno y otro sexo: "Aunque creo que el factor determinante es cultural, la violencia (sólo como último recurso, claro), el uso de la fuerza y cierto desprecio hacia la vulnerabilidad ajena son componentes esenciales de la masculinidad todavía hoy. Seguimos educando a las niñas para que no expresen agresividad y a los niños para que no manifiesten inseguridades ni ternura".

El incremento de los delitos cometidos por chicas jóvenes, que algunas fuentes sitúan en torno al 20%, no es percibido por los expertos como una señal de alarma. Según el Instituto Nacional de Estadística, el 91,7% de los inscritos en el Registro Central de Penados y Rebeldes en 2007 eran varones, y sólo el 8,3% mujeres, con una media de edad de 33 años. Mientras que en el Registro de Responsabilidad Penal del Menor, el porcentaje de chicas (entre 14 y 17 años) condenadas ascendía al 15%.

Raquel Bartolomé explica que las chicas tienden a hacer cosas que son de jóvenes, "y en cambio cuando las conductas son graves o muy dañinas la diferencia se mantiene". Y Paz M. de la Cuesta apostilla que las conductas delictivas o antisociales de ambos sexos están igualadas durante la adolescencia, pero a medida que los jóvenes maduran las diferencias aumentan. También señala que la realidad desmiente las teorías sobre el incremento de la delincuencia femenina debido a la liberación de la mujer. "Es cierto que las mujeres cometen delitos que antes le eran ajenos", pero, señala, "las cárceles no están precisamente llenas de feministas radicales, sino más bien de gente bastante tradicional". Además, apostilla, "en general, en las chicas hay más riesgo de que acaben en conductas que terminan siendo más dañinas para ellas mismas que para otros". Pero, ¿existe una violencia femenina oculta que no detecta el sistema? Las encuestas de autoinculpación, sí la detectan. Elena Larrauri, criminóloga y profesora de Derecho en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, defiende, sin embargo, que aunque exista un porcentaje de delincuencia femenina que no se detecte oficialmente, los sexos nunca se igualarían. "El delito por el que más se las castiga es por tráfico de drogas, que es uno de los delitos más perseguidos", apostilla.

Concepción Yagüe, subdirectora de Tratamiento de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que durante 17 años fue responsable de la cárcel de mujeres de Alcalá de Guadaíra (Sevilla), es seguidora de la corriente que explica la baja delincuencia femenina por causas fundamentalmente sociales y culturales y señala que "la mujer pudo eludir en el pasado la delincuencia por la protección familiar, de su pareja, o por tener otras fuentes indirectas de ingresos como la prostitución". Sin embargo, la teoría de la prostitución como alternativa no genera consenso. Ortubay la califica como "una manifestación del imaginario patriarcal más rancio, que tiende a equiparar sutilmente violencia y prostitución". Yagüe explica que el hecho de que la mayoría de las mujeres estén condenadas por tráfico de drogas se debe a que creen que no le hacen daño a nadie, no pone en riesgo su integridad física y aporta una importante cantidad de dinero. "Normalmente, los delitos contra las personas no tienen prevalencia en las mujeres", aclara. Jesús Martín, director de la prisión abulense de mujeres de Brieva, asegura que las reclusas son menos conflictivas y violentas que los varones. "En 20 años el incidente más grave ha sido el de una chica que le puso una cuchilla en el cuello a la funcionaria". Fue hace 18 años.

“Mi hija llegó a darme miedo”
Voces, empujones, bofetadas, amenazas, enganchones por el cuello... Claudia, la madre de Aitana no podía más. Pasó el peor trago de su vida al denunciar a su hija, que llevaba casi cinco años maltratándola a ella, a su pareja y —sospecha— a la abuela. Tiene grabado en la cara el desgarro de ver a su hija esposada ante el juez, que envió a la joven de 17 años a un centro de reforma de la Comunidad de Madrid, donde desde hace tres meses vive con otros siete chavales habituados a levantar la mano a sus padres.

“Llegó a darme miedo, pero lo más terrible es que te planteas quién es la persona que vive contigo”, reconoce apenada. El trabajo de los psicólogos no dio resultado; la libertad vigilada no surtía efecto, y las señales eran cada vez más preocupantes: agresión a un profesor, atraco con arma blanca, agresión a otra menor, consumo de drogas... La situación llegó a ser insostenible dentro y fuera de casa, y Claudia temió que si no actuaba su hija acabaría en poco tiempo, una vez cumplidos los 18 años, en la cárcel. La transformación de Aitana era irreversible. Su madre describe cómo comenzó a refugiarse en su propio caparazón: “Se aisló del mundo, sólo le quedaron dos amigas, los últimos dos años se enclaustró en casa, y claro, han sido los peores”. Claudia recomienda a otros padres estar alerta a algunas señales, como los gritos, para actuar cuanto antes: “La primera vez no sabes por dónde te viene. Piensas que no va a ir a más, se queda en una regañina de los policías y nada más; la segunda vez que la denuncié pasó la noche en el calabozo, y al día siguiente se vio ante el fiscal, y ahí ya vio que la cosa iba en serio”, recuerda.

Aitana tiene su propia teoría sobre las conductas antisociales de los jóvenes: son más violentos porque los padres toleran ahora más las cosas. “Las normas de este centro son las que debería haber en todas las casas, aunque está raro que yo lo diga. Pero si hay que estar a las diez en casa, hay que estar a las diez; y si haces algo mal, o no sales o te quedas sin paga”. Aitana justifica su violencia por los porros, que asegura haber abandonado: “Es que soy muy impulsiva y eso me ponía peor”. Pero declara que era consciente de lo que hacía cuando atacaba a su madre: “Cuando le das el primer bofetón no piensas en nada, pero con el segundo dices ‘¡qué he hecho!’. Piensas ‘no le voy a pegar más’... Los tres meses de internamiento, asegura, le han cambiado; aunque basta excavar un poco para ver que hay mucho trabajo por hacer en los 21 meses que restan de condena:

—¿Que harías si tuvieras un hijo y te pegara?

—Le daría una hostia, con pedón; yo no sería tan comprensiva.

La condena estrella: 'tarifa plana por drogas'
El perfil de las reclusas ha variado en los últimos 25 años. En los ochenta, el 86% cumplía una condenada por delitos contra la propiedad o contra las personas, y sólo el 11% por tráfico de drogas. Sin embargo, éste es actualmente el delito estrella, en el que ha incurrido casi el 65% de las mujeres que ingresan en las cárceles españolas. Existen tres perfiles bien diferenciados: el de la mujer de cierta edad que se dedica al trapicheo, el de la drogadicta que acaba robando para comprar y el de la mujer extranjera detenida por hacer de mula (transporte de droga), y a la que la justicia impone casi de oficio lo que ellas llaman tarifa plana: nueve años y un día "por el agravante de notoria importancia", que en algunas drogas se establece desde los 300 gramos.

  • TAMARA. 22 años. Valdepeñas. Robo con intimidación
  • "Haces lo que la heroína te ordena. Es un túnel negro, no ves la luz"
La vida de Tamara, con sólo 22 años, no tendría desperdicio como guión televisivo. Con ocho años ya tenía un porro en la boca, a los 19 se gastaba 300 euros diarios en una endiablada mezcla de cocaína y heroína. Ahora lleva 30 meses encarcelada, y aún tiene pendientes seis años y tres meses por 10 causas, entre ellas robo con intimidación. Tamara es amena y pizpireta, hermana de guardia civil y "la oveja negra" de una familia de seis hermanos. Le sobraban horas para fugarse de reformatorios y centros de desintoxicación, vivió cuatro años con un camello que la invitó a meterse por primera vez aquel veneno en el cuerpo, reventaba escaparates para robar teles de plasma y atracaba tiendas y kioskos con una "navajilla"... En la cárcel se ganó decenas de partes por mal comportamiento y tráfico de drogas. Ahora jura haber cambiado ("Prefiero estar aquí que estar en el cementerio"); quiere ser peluquera, casarse en noviembre y olvidarse de la droga. "Nunca hice daño a nadie. Robaba coches para hacer kundas (taxi en su argot ) de Ciudad Real a Madrid, y con lo que me sacaba consumía yo. Mi madre me decía: 'Eres como El Vaquilla'. Me pasaba días y días sin pasar por casa. No sabían si estaba viva o muerta. Era todos los días levantarte y fumar, levantarte y fumar. Es un túnel negro. No ves la luz. Tú haces lo que la heroína te ordena. Eres un trapo".

  • M. ELENA. 37 años. Venezuela. Tráfico de drogas
  • "Nadie que me conozca se lo creería al verme aquí, en la cárcel"
“No me considero una delincuente. Fue una mala elección en un mal día. No estaba muy mal de dinero, pero sí hubo un momento en que me sentí muy agobiada porque toda la carga familiar recaía sobre mí”. Cada día de los tres últimos años, María Elena, venezolana de 37 años, empleada de una editorial y madre de dos jóvenes de 17 y 15 años, se ha arrepentido de haber aceptado la invitación de una amiga “a la que le había salido bien otras veces” para transportar 1,7 kilos de droga a España. Fue hace tres años. El precio ajustado, cerca de 3.000 euros; la pena impuesta, nueve años y un día. No tenía antecedentes y nunca había probado la droga. “Ninguna persona que me conociera se creería verme aquí. Cuando estaba fuera rechazaba a cualquiera que pudiera venir de estas cosas y automáticamente la etiquetaba y la apartaba; pensaba que si venía de la cárcel es porque no servía. Y ahora me ha tocado estar a mí de este lado”, reconoce, al tiempo que explica que está estudiando trabajo social en la UNED para cuando quede
en libertad emprender una nueva vida en España con sus hijos, “si puede ser”. “Ellos [los narcos] no te cuentan lo de las condenas tan altas, te lo pintan todo muy bonito, yo me dejé atrapar, ellos siempre van a la presa fácil. Ni se me pasó por la cabeza el riesgo que corría ni el daño que estaba haciendo”, recuerda afectada.

2009/09/24

> Berria: Zinema > IAN MCKELLEN: "CRECI PENSANDO QUE ERA EL UNICO CHICO DEL MUNDO AL QUE LE GUSTAN LOS HOMBRES"

  • «Crecí pensando que era el único chico del mundo al que le gustan los hombres»
  • El veterano actor británico Ian McKellen recibe el Premio Donostia
  • Hoy, 2009-09-24 # O.L. Belategui . San Sebastián
Tocado con sombrero panamá y haciendo gala de exquisitos modales como ex alumno de Cambridge, Ian McKellen ha aparecido en San Sebastián bajo los gritos de «¡Gandalf, Gandalf!». Seguramente no habría recibido la pasada noche el único Premio Donostia de esta edición si 'El señor de los anillos' no hubiera hecho de él una estrella. Su trayectoria se asemeja a la de tantos genios de la escena británica, eminencias del teatro con decenas de obras de Shakespeare a sus espaldas, que un buen día son contratados por Hollywood para poner su acento al servicio de villanos carismáticos.

Si Alec Guinness es para varias generaciones el Obi Wan Kenobi de 'La guerra de las galaxias', McKellen parece condenado a morir pegadito al mago de Tolkien. «No me importa, porque Gandalf es un personaje maravilloso, un clásico de la literatura inglesa. Tengo suerte de que me asocien con él, un hombre sabio y valiente que sólo recurre a la fuerza cuando es necesario. Soy un gran fan de Gandalf, aunque me haya dado tanta popularidad que cuando salgo en alguna serie me dicen que soy demasiado famoso para la televisión, ja, ja».

A sus 70 estupendos años, McKellen se muestra feliz en San Sebastián de reencontrarse con su amigo Josep Maria Pou. Lejos de divismos, luce una camiseta de San Sebastián capital cultural en 2016. ¿Apoya la candidatura? «No tenía ni idea, simplemente me he puesto la camiseta que venía en la bolsa de regalo del festival. Pero, por supuesto. ¡La apoyo totalmente!». Como buen británico, derrocha flema e ironía. «No tengo ningún personaje que me muera por interpretar. Quizá el de una mujer. Lo he hecho varias veces de modo caricaturesco. Ya soy demasiado viejo para ser Cleopatra, pero estaría bien interpretar a una esposa y que Meryl Streep fuera mi marido».

El inteligente Magneto de la saga X-Men nació en Burnley, al norte de Inglaterra, un pueblo donde había siete cines y tres teatros. «Enseguida me fascinó saber cómo hacían aquellas películas. Mi tío tenía un tomavistas que rodaba tres minutos de imágenes. Me pareció que era más fácil actuar que hacer cine, así que compré todos los libros que encontré sobre interpretación. Ya en la universidad descubrí que quería seguir actuando el resto de mi vida». McKellen también coqueteó con la idea de ser periodista y chef. Hasta llegó a matricularse en una escuela de hostelería. «Un periódico nacional sacó una buena crítica de una actuación mía en una obra de Shakespeare. Un amigo me dijo si iba a buscar agente. Entonces supe que quizá era suficientemente bueno para ser actor profesional y medirme a los Laurence Olivier, John Gielguld y Charles Laughton».

A los 25 años debutó en el West End londinense y se incorporó poco después a la Royal Shakespeare Company. 'Romeo y Julieta', 'Hamlet', 'Ricardo III', 'El rey Lear...'. McKellen supo pronto que había dos clases de actores. «Unos confían tanto en sí mismos que siempre son ellos cuando actúan. Hacen el mismo papel, que es una versión exagerada de su personalidad: Cary Grant, Humphrey Bogart, Hugh Grant... Otros somos más tímidos y nos escondemos en el papel». El cine se fijó en él relativamente tarde. Tras 250 éxitos teatrales a lo largo de 50 años, le tocaron papeles secundarios en títulos de los 80 como 'El torreón' y 'Plenty'. Richard Loncraine llevó al cine en 1996 la versión de 'Ricardo III' adaptada por el propio actor. Ganó el Globo de Oro y enlazó dos largometrajes que enseñarían al mundo su capacidad para dotar de escalofriante humanidad a dos seres atormenados: el nazi escondido en la América actual de 'Verano de corrupción' y el director James Whale en 'Dioses y monstruos'.

Sus frivolidades
«Mi personaje favorito es el que interpreto en ese momento, no creo que se pongan celosos el resto. Ahora no interpreto, luego yo debo ser mi personaje favorito», ironiza. «A los actores se nos presta demasiada atención. No es fácil para nosotros hablar en público, pero el marketing nos obliga». Su fama la aprovecha desde hace veinte años para defender los derechos de los gays. Hasta se ha permitido frivolidades como desfilar el Día del Orgullo, aparecer en un vídeo de los Pet Shop Boys o ir a una gala con Monica Lewinsky.

«Crecí sufriendo acoso escolar, quizá porque mis compañeros detectaban algo diferente en mí. Por eso doy charlas de 'bullying' homófobo en los colegios. Yo era el que recibía las palizas en clase. En aquella época no se mencionaba la homosexualidad, creía que era el único chico del mundo al que le gustaban los hombres. Los clubes en callejones oscuros eran demasiado cutres, así que el teatro era un sitio donde sabía que había gente como yo. ¡Gracias a Dios está lleno de mariquitas!».

Sir Ian salió del armario en 1988, cuando harto de que Margaret Thatcher quisiera penar «la promoción pública de la homosexualidad», reconoció que era gay en la BBC. La primera ministra acabó proponiéndole para el título de 'sir'. «Hollywood se está poniendo al día respeto a los gays, antes los personajes homosexuales siempre recibían su merecido. Yo sólo quiero un mundo donde las personas puedan ponerse de pie y ser honestas consigo mismas».