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2009/08/15

> Berria: Argitalpenak > EL ARTE DE LESBOS

  • El arte de lesbos
  • Las manifestaciones artísticas de las relaciones lésbicas evolucionaron desde el machismo del XIX a la actual apuesta por la visibilidad
  • Ideal, 2009-08-15 # Juan Luis Tapia . Granada
Es paradójico que el arte lésbico esté asociado a la misoginia y a los albores de la emancipación de la mujer a finales del siglo XIX. A lo largo de la historia y en diferentes culturas aparecen manifestaciones artísticas de amor entre mujeres, pero tendrán su máxima proliferación en las vísperas del siglo XX.

La aparición de un feminismo militante e ideológico forzó la maquinaria mediática netamente machista y se lanzó una campaña de desprestigio de las mujeres que, por supuesto, utilizó el arte del momento. Darwin fue el culpable, en gran parte ideológica, de esta misoginia, al elegirse como justificación uno de los apartados más negativos de su teoría sobre la evolución, el que afirma que las mujeres no habían sido capaces de participar en el gran proceso evolutivo que estaba llevando a cabo el hombre intelectual.

Ciencia y arte se aliaron para crear unos estereotipos femeninos que contrarrestaron y combatieron avances del movimiento de emancipación de la mujer. La especialista Elina Norandi en el libro colectivo 'Lesbianas, discursos y representaciones' (Ed. Melusina), destaca a una serie de artistas que participaron en aquella ofensiva pictórica antifeminista, entre ellos Georges Callot, Eliseu Visconti, Pierre-Georges Jeanniot, Louis de Schryver y Joseph Granie, entre otros.

Los artistas ofrecieron una imagen de las lesbianas en las que aparecían mujeres ridículamente masculinizadas o bien jóvenes bellas y sensuales abandonadas a juegos amorosos entre ellas, pero siempre dispuestas a hacer partícipes de éstos a los hombres. Los cuerpos femeninos se muestran con todos los fetichismos posibles.

Las dos amigas
Las féminas aparecen vestidas con zapatos de tacón, medias negras, ligueros, joyas y otras lencerías, y siempre próximas a una estética ligada al tema de la prostitución y en parejas, dando lugar a un clásico de la época llamado 'las dos amigas'. En esta línea se encuentran obras firmadas por Auguste Rodin, Edgar Degas y Henri de Toulouse-Lautrec. Una vez irrumpen las vanguardias artísticas, la presencia de estas 'dos amigas' de claro contenido misógino permanece en algunas creaciones de George Grosz, Egon Schiele, Otto Dix y Marc Chagall.

Mientras, en España, al margen de la vasta producción sobre el tema de Picasso asociada al ámbito artístico francés, también proliferaron las 'dos amigas'. En este sentido, Elina Norandi destaca las obras de Manolo Hugué: «Durante las dos primeras décadas del siglo XX esculpió varias parejas de mujeres, que aunque no representan escenas explícitamente sexuales, sí evidencian una fuerte tensión sexual entre los personajes».

Norandi sitúa en esta línea española a los pintores Josep de Togores, Marià Pidelaserra y Francisco Iturrino, quienes en algunas de sus composiciones explotan, según la especialista, «el erotismo destinado a un público voyeur y no se dejan de vincular las relaciones lesbianas a la prostitución y la pornografía».

Ellas
Las vanguardias continuaron la tendencia misógina de representación de las relaciones lésbicas, pero también facilitaron la incorporación de la mujer al mundo de la creación artística, donde muchas encontraron una vía para la emancipación. Algunas de estas siguieron repitiendo unos «arquetipos establecidos». En este apartado, Elina Norandi cita a la danesa Gerda Wegener, «a cuya autoría se deben las imágenes que ilustran 'Les Délassements d'Eros', una obra de los años veinte. Por otra parte, empiezan a aparecer mujeres que proyectan en sus lienzos la mirada de la experiencia vivida, como Tamara de Lempicka, Frida Kahlo, Romaine Brooks, Gluck, Alice Austin, Frances Hodgkins y Leonor Fini, entre otras.

La especialista no encuentra artistas similares en España, pero se queda con la pintura de Ángeles Santos titulada 'La tertulia', donde se observa a un grupo de cuatro mujeres representativas de lo que se llamó 'la nueva mujer', aquellas emancipadas que participaban de la vida pública y cultural.

El establecimiento por las armas del régimen dictatorial y la sucesiva implantación de leyes represivas borrará de la actividad artística española cualquier representación lésbica. Elina Norandi señala que «sí que ha habido destacadas artistas que eligieron relacionarse con otras mujeres, pero este hecho sucedía de una forma absolutamente subrepticia y secreta, por lo que sus manifestaciones plásticas giraban en torno a temas convencionales».

La segunda oleada feminista, en los años setenta, tendrá como resultado una serie de artistas que reflejarán el 'feminismo lesbiano'. «Artistas como Sandra de Sando, June Redfern, Liz Atkins, Kate Charlesworth, Sheila Sullivan, Mónica Sjoo, Emily Andersen o la pareja formada por las holandesas Diana Block y Marlo Broekmans demuestran encontrar una fuerza especial en ser lesbianas y en su capacidad para relacionarse amorosamente con otras mujeres», relata Norandi.

Una de las preocupaciones de estas artistas consiste en cómo mostrar las relaciones entre mujeres sin que el cuerpo femenino siga estando expuesto a la mirada masculina. Algunas autoras han solucionado el problema con elementos que funcionan como símbolos del sexo de la mujer y usan flores, frutos, caracoles y esponjas, que sustituyen a la vagina. En esta línea se encuentran Harmony Hammond, Betsey Damon, Jody Pinto y Fran Winant, así como la pareja de españolas Ana Carceller y Helena Cabello, y la artista Nuria Martínez Seguer.

Esta tendencia coexiste con aquellas que prefieren dar visibilidad a los cuerpos femeninos. Consideran que si el cuerpo lesbiano no se ve, no ocupa un lugar en las representaciones plásticas. Es en el campo de la fotografía donde se halla un mayor número de artistas por la visibilidad, donde destaca la norteamericana Chloe Atkins, quien después de firmar un proyecto sobre bodas lesbianas, cuenta con 25.000 repartidas por los locales nocturnos de San Francisco. Otra de las artistas que pertenece a este movimiento es Jill Posener, que retrata parejas de chicas acariciándose mientras pasean por los puentes sobre el río Támesis o desnudas en la intimidad de la cama, o practicando sexo oral.

Se trata de dar visibilidad a la condición lésbica transcendiendo las limitaciones y tópicos machistas, mostrándose las relaciones entre mujeres desde el objetivo de ellas mismas.

  • Las 'butch' y las 'femme'
En los años noventa surge una estética llamada S/M Lesbian (lesbiana sadomasoquista), que se identifica con aquellas mujeres que defendieron la visión pornográfica de las féminas en los años ochenta. En esta tendencia surgen las 'butch' y las 'femme', para denominar a los roles lésbicos, es decir una traslación del sistema de géneros heterosexuales al lesbianismo. Estos roles se reflejan en la producción artística actual. La mujer 'butch' aparece masculinizada. La 'femme' se muestra como una especie de parodia de la mujer heterosexual, ya que se trata de tipos que repiten todos los tópicos del cuerpo femenino como objeto sexual, donde aparecen con ligueros, tacones altísimos, minifaldas, pelucas rubias y maquillaje muy llamativo. No obstante, según matiza Elina Norandi, «las imágenes producidas próximas al marco teórico del lesbianismo S/M y de los juegos de roles presentan como elementos constantes la ironía, el humor y la subversión de los esquemas sexuales establecidos».

Las artistas españolas Helena Cabello y Ana Carceller han trabajado especialmente la representación de mujeres masculinas, o sea de 'butch, y en sus instalaciones muestran a las mujeres en ese ejercicio masculino, que consideran no es de «únicamente patrimonio de los hombres» y que cualquier persona puede adoptar esas maneras.

  • Las españolas del LSD
La especialista Elina Norandi destaca de entre las artistas españolas que apuestan por unas creaciones donde se manifiesta la condición lésbica al colectivo LSD (Lesbianas Sin Duda), un grupo constituido en Madrid en 1993. A esta formación pertenecen Estíbaliz Sadaba, Virginia Villaplana, Itziar Okariz, Azucena Vietes, Fefa Vila, Beatriz Preciado, Carmela García, María José Belbel, Marisa Maza, Liliana Couso Domínguez, Floy Krouchi, Katuxa Guede, Pilar Vázquez y Arantza Gaztañaga, entre otras.

Los trabajos de estas mujeres fueron mostrados en la revista 'Bollozine'. En otra de las publicaciones, en 'Non Grata', se dedicaban espacios al cine, música, fotografías y demás creaciones realizadas por las mujeres.

Además de la edición de estas revistas, el colectivo llevó a cabo dos proyectos fotográficos, 'Es-Cultura lesbiana' y 'Monstruosidades'. En estos trabajos, según Elina Norandi, «reflexionan sobre la necesidad de la visibilidad del cuerpo lesbiano en toda su dimensión política y de la diversidad de su existencia, así como de la construcción de una iconografía que simbolice su realidad». Estos conceptos guiaron la revista de pensamiento feminista 'Queer'.
  • Título: 'Lesbianas, discursos y representaciones'.
  • Coordina: Raquel Platero. Elina Norandi es autora de 'Amor y deseo entre mujeres: representaciones plásticas en el arte contemporáneo'.
  • Editorial: Melusina.
  • Páginas: 388.
  • Precio: 20 euros.

2009/03/22

> Berria: Lesbianismoa > LAS LESBIANAS ALUMBRAN SU HISTORIA

  • Las lesbianas alumbran su historia
  • Un nuevo libro sobre los distintos discursos y representaciones de la homosexualidad femenina recupera movimientos como la asociación feminista surgida en Granada a finales de la Transición
  • Granada Hoy, 2009-03-22 # G. Cappa • Granada
Bollera, marimacho, perversa, chicazo, tortillera... No se trata del léxico de un gañán de taberna, sino de la portada Lesbianas. Discursos y representaciones (Melusina), libro que recoge catorce artículos sobre el tema coordinados por Raquel Platero y en el que participa la granadina Paloma Ruiz, encargada de tratar el profundo machismo del cine pornográfico cuando son dos mujeres las protagonistas. Además, es responsable de la web kamasutralesbico.net, alejada del tópico de dos rubias neumáticas embadurnadas de harina en la cocina.

"Desafiamos a la idea de que las lesbianas poco menos que no han existido y no han tenido trascendencia en la historia de este país", explica rotunda Raquel Platero, orgullosa de las 388 páginas del libro en el que las autoras han estudiado la representación y los discursos del lesbianismo en dos vertientes: qué dicen ellas de sí mismas reconstruyendo su historia desde el siglo pasado y cómo se representa el lesbianismo en la literatura, el arte, ciencias políticas, medios de comunicación, pornografía... Y en este último apartado, obviamente, se han encontrado con un punto de vista machista recalcitrante. "En ese y en todos", puntualiza. "Es curioso teclear lesbianas en el Google y ver dónde te llevan las cincuenta primeras entradas, páginas de pornografía de uso exclusivamente masculino", señala Platero.

Lesbianas. Discursos y representaciones aborda la historia del lesbianismo en los años de la Transición, cuando se organizaron movimientos en ciudades como Granada, "donde la asamblea de mujeres feministas lesbianas tuvo una presencia muy importante". Pero en todos los casos, "en las asociaciones feministas es donde surge el feminismo lesbiano". "Siempre se ha dicho que dentro del feminismo, el lesbianismo está mal visto, pero en España no ha sido tan crudo como en otros países porque surge de manera más tardía y a través del activismo y la calle", señala la coordinadora, quien se detiene en 1980. "Hubo una reunión de la asociación gay internacional en Barcelona, en el que tomaron parte cincuenta lesbianas que empezaron a darse cuenta de que tenían que organizarse en un movimiento específico". En definitiva, se dieron cuenta de la diferencia entre los lugares de ambiente donde la gente salía a tomar una copa y ligar y la gente que estaba involucrada en el activismo. "La pretensión es reconocer el papel de las mujeres masculinas, que han sufrido un castigo social, precisamente por sus opciones", denuncia. De hecho, aparte de la Duquesa Roja, pocas mujeres famosas han dado un paso al frente. "Es un mundo de rumores". Incluso María Teresa Fernández de la Vega tuvo que desmentir en una entrevista el romance que se le adjudicaba con una presentadora de televisión. "A todo el mundo nos hacía ilusión este romance aunque sabíamos que era mentira, pero venía a paliar la falta de referentes".

Amparo Villar, otra de las colaboradoras del libro, aborda la introducción de las lesbianas en un mundo tan cerrado como el País Vasco. También cuenta como, habitualmente, los libros sobre la historia de los gays en España han hecho dos cosas: "decir que no había nada sobre lesbianas o decir que ellos no sabían nada sobre ese tema y por eso no lo investigaban". Según Platero, esta información se ha canalizado en el movimiento feminista en la década de los ochenta y en los movimientos mixtos de gays y lesbianas en los noventa . "De hecho", continúa la investigadora,"en 1989 se lanzó una plataforma por los derechos de las lesbianas que fue apoyado por todo el movimiento feminista, lo que demuestra que había una visión unitaria, defendiendo, por ejemplo, el derecho a tener asilo político de las lesbianas, algo que aún está por reconocerse". Y en este año ya se hablaba del derecho a casarse. Eso pese a estar en contra de la regulación de los afectos por parte del Estado. "Pero sí pedían que si alguien quisiera casarse no tuviera problemas en hacerlo". Además, Platero ve una razón clara en el predominio de los matrimonios gays sobre el de lesbianas: "Ahora mismo tienen un estigma social mucho mayor las mujeres homosexuales".

También está la representación del lesbianismo en el arte y la literatura, referencias que no son directas, "sino representaciones, circunloquios, historias soterradas en las que si se tienen los códigos culturales precisos se descubrirá una relación lésbica y si no se tienen no se reconocerán", afirma para resumir a continuación el concepto: "sortear la heterosexualidad dominante con mensajes ocultos".

Uno de los trabajos más interesantes cuenta con la firma de la propia coordinadora y trata sobre las representaciones del lesbianismo en los medios de comunicación, parándose en casos como el de Dolores Vázquez y el caso Waninkof, Encarna Sánchez o Raquel Morillas, de Gran Hermano. La autora muestra cómo los medios "han construido cierta idea de la masculinidad como algo negativo que tiene que ser castigado, asociando el lesbianismo con la criminalidad", algo "clarísimo" en el caso Waninkof. "Dolores Vázquez, una mujer masculina gerente de un hotel, que al ser acusada no monta un pollo, no tiene crisis nerviosa ni llora desconsolada... Claro, al no romper en lágrimas como se supone hace una mujer, parece que su culpabilidad era evidente". Salvando las distancias, es la pretensión del libro: que nadie se sienta culpable por declararse lesbiana.

2009/02/13

> Elkarrizketa: Raquel Platero > ESCRIBIR CIEN VECES: "NO SOY HOMOFOBICO, NI LO QUIERO SER"

  • Entrevista, Raquel Platero Méndez: Escribir cien veces: “No soy homofóbico, ni lo quiero ser”
  • Página 12, Soy, 2009-02-13 # Liliana Viola
Cuando la escuela desconoce ciertos conceptos como lesbianismo, homosexualidad, transexualidad en su discurso académico, favorece la presunción de que no existen o no deberían existir. La ignorancia otorga argumentos a la homofobia. La española Raquel Platero Méndez, docente, psicóloga, coordinadora del libro Lesbianas. Discursos y representaciones (Melusina, 2008) y coautora del libro Herramientas para combatir el bullying homofóbico (Talasa, 2008), ofrece un panorama sobre lo que ocurre hoy por hoy en el aula y algunas ideas para cambiar la historia.

Has dicho muchas veces que la homofobia es una de las principales causas del acoso y la violencia entre adolescentes. ¿Qué te hace pensar esto?
—En mi instituto, como en todos los que conozco, el insulto que más se oye en los pasillos es “maricón”. No se le dice solamente a quienes se presume de homosexuales, se usa para intimidar e infravalorar a los compañeros con una humillación que incide en la definición misma de la identidad masculina. También oigo otros como “marimacho”, “travelo”, “bollera”, etc., un sinfín de términos que muchas veces emplean sin saber qué significan en realidad.

Que se usen palabras que no se conocen bien ya habla de algo que excede al mismo insulto.
—Cuando un chico no es tal y como el ideal de varón tiene que ser, se le etiqueta como nena, maricón, o cualquier otra cosa que permita deshumanizarle, y de hecho da igual que sea gay o no, simplemente vale con que el matón piense que lo es o lo pudiera ser.

¿Pensás que las personas adultas tienen una tolerancia extra para este tipo de acoso en la escuela?
—Creo que todas estas formas de violencia son posibles por la impunidad, minimización y silencio que las rodea. No son conductas fácilmente identificables, y a menudo pasan desapercibidas para el profesorado, que las confunde con actos de vandalismo. O bien piensan que son habituales, que los chavales se “autorregulan” los conflictos y que no es necesario intervenir educativamente. Confundimos propiciar su independencia y relaciones de grupo con indulgencia y les abandonamos a su suerte.

¿Qué significa que los docentes no lo ven?
—Es interesante en este sentido el testimonio de un profesor de matemáticas de un Instituto de Secundaria de Rivas Vaciamadrid, quien afirmaba que no existen conductas homófobas en su instituto. Y lo hacía con una rotundidad que era sorprendente. Una vez que empezamos a hablar y definimos la homofobia en un sentido amplio, para incluir las rupturas con la percepción de “heterosexualidad dominante” y los “roles de género”, él mismo fue capaz de hablar de “ese chico de la cafetería que todos se reían de él”. Al poner nombre ayudamos a identificar los incidentes que están vinculados con la sexualidad del alumnado. Este mismo profesor no subrayaba las discriminaciones específicas del alumnado Glttbi sino que aludía vagamente a que tales discriminaciones se sufren por todos aquellos “que rompen los patrones”, lo que constituye un lenguaje neutral en términos de género y orientación sexual. Y que en cualquier caso afirmaba que había otros problemas “más relevantes”, como la interculturalidad.

¿Cómo abordás este tema en tu aula?
—Hablando y observando lo que sucede y cómo se nombra eso que sucede. El ejemplo más reciente surgió cuando estaban revisando la prensa en un ejercicio en el aula encontramos la noticia en el periódico La Vanguardia de una chica de 13 años, una chavala que ha vivido toda una serie de vejaciones y agresiones por parte de sus compañeras desde el comienzo de curso. Las medidas tomadas por la institución incluían hacerla salir antes de clase y evitar que participara en salidas y excursiones, lo cual no impidió que sufriera quemaduras de cigarrillos, fuera obligada a comer tierra y amenazada con navajas. Aprovechamos para señalar en este incidente elementos clave de este uso de la homofobia como parte central del acoso escolar. La alumna había roto con las normas sociales que prescriben heterosexualidad obligatoria; aparece un suceso precipitador, el hallazgo de sus compañeras de una agenda con un corazón dibujado con dos nombres femeninos, que ha justificado su identificación y castigo por sus iguales. Nos preguntamos si estas conductas podían suceder en su centro y cómo se lo tomaban tanto ellos y ellas. Además hicimos un juego de roles, en los que planteamos una situación simulada y mostraron diferentes respuestas que se podían dar ante esta situación. Ahondamos en el caso, al ver que tres denuncias por lesiones a la alumna y una cuarta por amenazas a la madre no fueron suficientes para parar el comportamiento acosador de las compañeras, ante la falta de acción de las autoridades que finalmente han facilitado el traslado de centro como solución al problema.

¿Conclusión?
—Pues este hecho pone de manifiesto varias cosas: el acoso escolar no es un fenómeno exclusivamente masculino; la homofobia no se detecta como un problema escolar ante el cual hay que intervenir; la alumna no tiene que ser lesbiana para ser acosada por este motivo. Esto era algo que como docentes teníamos que dejar claro, la homofobia no sucede sólo ante aquellas personas que son homosexuales o transexuales.

¿Y la autocrítica entre docentes?
—Nuestra reflexión, ya de cara a los compañeros docentes, es que las instituciones no son capaces de frenar las agresiones ni cuando se producen denuncias ante la policía, y finalmente se está mandando el mensaje de que el problema lo tiene la alumna en particular, quien tiene que cambiar de instituto. El problema parece que no lo tiene el centro, ni el instituto, ni la Concejalía de Educación, ni la sociedad. De hecho, el problema está en todos estos ámbitos, pero nadie se está responsabilizando de abordarlo de forma educativa.

¿Cuáles son las principales causas de la homofobia en la escuela?
—En principio, en los estudios realizados se destaca por un lado el desconocimiento de las realidades de las minorías sexuales que aparecen como un tema tabú y, por otro lado, la ausencia de referentes. Nos alarmamos por las consecuencias del acoso escolar, pero no nos escandalizamos por sus causas: cuando no hablamos de la diversidad sexual y no reconocemos la discriminación específica, estamos contribuyendo a mantener la discriminación que permite el acoso escolar. Al no ponerlo como uno de los conocimientos a adquirir, estamos transmitiendo que es un tema tabú, que no es tan importante como otros que sí enseña la escuela, y que los valores asociados a los varones y la heterosexualidad son los dominantes, hasta el punto de que parecen neutrales. Los chicos y los adultos hoy no saben la diferencia que hay entre un gay, una persona travesti, transexual. La bisexualidad no se respeta como una identidad, por ejemplo, y a menudo se reproducen ideas erróneas sobre la bisexualidad. Al no educar sobre la diversidad sexual ya estamos transmitiendo valores y trasladando conocimientos teñidos de sexismo y homofobia. No es de extrañar entonces que parte del alumnado perciba que han de mantener las normas sociales, que funcionen de hecho como policías de sexo y género a través de un comportamiento abusivo.

Entre 2006 y 2007 entrevistaste a chicos y chicas de entre los 17 y los 22 años. ¿Qué rescatan y de qué se quejan?
—Existe una percepción de que está habiendo un proceso de cambio en torno del tratamiento de la sexualidad en la educación secundaria, especialmente por la reciente aprobación de leyes que han generado un clima de corrección y mayor tolerancia, que asientan la idea de que “ya toca hablar de esto”. No obstante, este hecho es un arma de doble filo a los ojos de Alex: “Parece que los homosexuales somos seres asexuados, como peluchines monos, sin sexualidad, sin fantasías sexuales”. Curro resalta que echó de menos un modelo que enfatizara que “la sexualidad es algo sano y una forma más de expresión”. Este último hecho conecta con la discriminación desde el propio profesorado de las sexualidades no normativas. Ursula destaca el recuerdo de una profesora con actitudes fuertemente homófobas que se plasmaban en miradas, comentarios, que no sólo ridiculizaban al alumnado homosexual sino que coartaban la libre expresión de las orientaciones sexuales por parte del resto.

Respecto de la otra causa que señalabas, la falta de referentes, ¿no notás que hay cada vez más?
—Se están normalizando los referentes homosexuales, pero las mujeres lesbianas que conocemos siguen cubiertas por un cierto aire de caricatura o demonización, mientras que la sociedad tiene un reto pendiente con las personas bisexuales y transexuales. Tenemos mucho trabajo por delante.

¿Diríamos que hay turnos? ¿Minorías dentro de otras minorías?
—Se constata una vez más cómo la construcción de categorías sexuales es un acto puramente cultural y que dentro de un colectivo específico, como el Glttbi, se siguen reproduciendo jerarquías y modelos legítimos e ilegítimos de comportamiento sexual. Como denuncia Ursula: “No es que esté en medio”, sino que la bisexualidad es una forma independiente y autónoma de comportamiento sexual. La falta de legitimidad de ciertas orientaciones sexuales da lugar a que muchos jóvenes no quieran tomar partido en lo que a su sexualidad se refiere; Ursula comparte que existe una cierta “asexualidad” como forma de supervivencia social, que tiene como contrapartida una merma de la libertad de expresión y una limitación de su sexualidad.

2009/01/31

> Elkarrizketa: Raquel Platero > "SE HA QUERIDO IGNORAR A LAS MUJERES LESBIANAS Y BANALIZAR SU SEXUALIDAD"

  • Raquel Platero: "Se ha querido ignorar a las mujeres lesbianas y banalizar su sexualidad"
  • El Periódico de Catalunya, 2009-01-31 # Sonia García García • Barcelona
Los 12 autores de Lesbianas. Discursos y representaciones (Editorial Melusina, 2008) revisan en el libro la historia reciente del lesbianismo en España. La obra la presenta hoy la coordinadora del equipo, Raquel Platero, en el Casal Lambda.

--¿Qué dicen y qué se dice de las lesbianas?
--Las relaciones lésbicas siempre han existido, pero consideradas como "un pecado tan sucio que ni siquiera se debía nombrar". El libro es una recuperación de la memoria histórica y una cartografía de la experiencia de las lesbianas en el contexto español.

--¿Hay diferencia entre lesbianismo y homosexualidad?
--Ser lesbiana es un no lugar. A las lesbianas, como a los gais, se las ha estigmatizado pero, además, se las ha querido ignorar y se ha banalizado su forma de sexualidad. El silencio también es discriminación.

--¿Por qué se ha negado la homosexualidad femenina?
--Existe un temor a la masculinización de la mujer. De alguna manera, el lesbianismo puede hacer tambalear el orden de sexo y de género. Quizá por eso, la lesbofobia tiene un peso más grande que la homofobia.

--¿Hablamos de un tercer sexo?
--No. Estamos viviendo unos tiempos de cambio y la homosexualidad plantea otras opciones de vida.

--¿Qué suponía ser lesbiana durante el franquismo?
--Se las consideraba "enfermas" y se las enviaba a clínicas psiquiátricas donde se les aplicaba electrochoques. Se han encontrado solo dos expedientes contra mujeres que actuaban y vestían como hombres, pero seguro que hubo muchos más.

--La Iglesia, ¿qué papel jugó?
--Las lesbianas atentaban contra la familia y la sumisión de la mujer al hombre. Se enfrentaban dos culturas: la que restringe y oprime y la la de libre elección sexual.

--Y en la actualidad.
--En España estamos viviendo situaciones simultáneas. Hay apertura, aunque no es igual el entorno rural que el urbano. En internet se las trata como objetos, para ilustrar las páginas de pornografía dedicadas a los hombres. Y todavía se utilizan adjetivos peyorativos, como bollera, invertida o tortillera.

--Sigue la discriminación...
--A las mujeres lesbianas les cuesta asumir su identidad sexual, temen el rechazo y ser excluidas de la familia, a perder a sus hijos, porque muchas han estado casadas antes. En cuanto se declaran lesbianas, dejan de verlas como personas, como madres: las estigmatizan.

--¿Qué hace falta?
--Aceptación mutua, normalización y reconocer a las parejas de hecho compuestas por mujeres.