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2009/11/08

> Erreportajea: Heterosexismoa > LA VEJEZ DEVUELVE A LAS PERSONAS HOMOSEXUALES AL ARMARIO

  • La vejez devuelve a los homosexuales al armario
  • La soledad y la pérdida de derechos patrimoniales acechan a gays y lesbianas de la tercera edad. Las asociaciones denuncian que las residencias están orientadas sólo a heterosexuales
  • Público, 2009-11-08 # Angel Munárriz / F. Artacho . Sevilla
Armand de Fluvià, uno de los históricos activistas gays de España, considerado el primero en salir del armario públicamente, reflexiona desde sus 78 años sobre cómo la creación de un estereotipo homo coqueto, culto, consumista y, por supuesto, joven hace olvidar a los gays que "todos llegamos a viejos".

Todos los activistas coinciden: los problemas de los mayores homosexuales han sido sistemáticamente postergados en la agenda reivindicativa. La lucha por los derechos tampoco escapa al culto a la juventud. "¿Quién ha oído hablar de gays viejos? ¿Quién ha leído algo del tema? Nadie", lamenta Antonio Ruiz, presidente de la Asociación de Ex Presos Sociales, que nombra como uno de los principales problemas del colectivo su frecuente falta de adaptación a las residencias de ancianos y centros de día.

La vida de una lesbiana, un gay, un transexual o un bisexual (LGTB) mayor de 60 años difícilmente habrá sido un camino de rosas. El Estado y la Iglesia los reprimieron y persiguieron con saña durante el franquismo. La Ley de Vagos y Maleantes llevó a cientos de ellos a prisión. Llegada la democracia, el sida aguó la fiesta de la liberación sexual. Y aún hoy han de ver cómo los resabios del nacionalcatolicismo empapan el discurso sobre sexo y familia de parte de la derecha.

"Todos los viejos son heterosexuales"
¿Está recompensando la España de 2009 el esfuerzo de estas primeras generaciones de homosexuales que han llegado a la vejez fuera del armario? La respuesta de activistas, asociaciones y mayores gays es un no rotundo. "La vejez está empujando a muchos a regresar al armario", dice Antonio Ruiz.

Los motivos son variados, pero el principal es que las residencias y centros de día de mayores, públicos y privados, funcionan "bajo la premisa de que todos los viejos son heterosexuales", en palabras de Josep Vila, sociólogo de la Fundació Enllaç. Y explica un caso elocuente: "Una de las ancianas de una pareja de lesbianas que vivía en una residencia sufrió un deterioro cognitivo. La otra mujer se vio en la tesitura de ni siquiera poder entrar a verla, porque legalmente no era nada".

José Benito Eres, presidente del Grup dAmics Gais, Lesbianes, Transsexuals i Bisexuals denuncia además que "un alto porcentaje" de las residencias están gestionadas por la Iglesia, lo cual no contribuye a crear un clima de tolerancia. Antonio Ruiz señala que "son pocos los que van a residencias, con lo que están más expuestos a la soledad". "Y los que van, suelen ocultar su sexualidad", añade.

Doble discriminación
Un 16,6% de la población total española, de unos 46 millones, es mayor de 65 años. Es imposible saber cuántos homosexuales hay en ese 16,6%, pero no lo es comprender que sus dificultades añadidas se extienden fuera de los muros de las residencias, creando una doble discriminación. La falta de descendencia de la mayoría, sumada a unas relaciones familiares frecuentemente difíciles, reduce el abanico de posibles cuidadores cuando la persona es dependiente.

Al no haber constancia oficial de sus relaciones la ley del matrimonio gay ha llegado tarde para ellos, pueden perder los derechos patrimoniales cuando muere su compañero.

Integración
Pese al desinterés de la mayoría de asociaciones, desde 2005 existe un documento genérico de todos los colectivos que promueve una "estrategia política inclusiva con los ancianos LGTB". La forma de concretarla no está clara. Las Administraciones optan por la transversalidad, en un planteamiento difícilmente rebatible en el plano teórico, porque pretende no crear espacios para gays, sino integrar y evitar guetos. Pero no es tan simple.

¿Qué hacer cuando son los propios colectivos homosexuales los que dicen sentir como ajenos los espacios que el Estado dedica al cuidado y al encuentro social de los mayores? La cuestión es espinosa. Al respecto, José Benito Eres pone voz a una opinión generalizada pero políticamente incorrecta que invita a la reflexión: es frecuente que a los gays no les guste el fútbol televisado, actividad que, junto al dominó, es parte sustancial de la rutina de miles de centros de día y hogares del jubilado.

Estados Unidos, Alemania, Suecia, Dinamarca, Holanda y Canadá son los países donde existen más proyectos orientados a homosexuales mayores, tanto públicos como privados, según los colectivos. Armand de Fluvià es abiertamente partidario de imitar a estos países: "Mientras haya discriminación, deben existir residencias para gays y lesbianas. En teoría no debería ser así, pero la práctica...".

  • "Te tienes que adaptar porque son mayoría"
  • Homosexuales mayores relatan sus problemas de integración
  • Público, 2009-11-08 # A. Martín Vidal . Barcelona / F. Artacho . Sevilla
A sus 80 años, Eusebio Valderrama conserva la vitalidad de un muchacho.

De momento no depende de nadie y vive por sí mismo en Málaga, pero le angustia la idea de acabar ingresado en una residencia de mayores.

"Creo que deberían hacerse residencias específicas para gays y lesbianas en las que compartir nuestra vejez y contarnos experiencias y vivencias, sin sentirnos rechazados", afirma.

Al igual que Eusebio, Sergio —nombre ficticio, de 67 años— también es homosexual. Él sí ha pasado ya por una residencia, concretamente en Sevilla. "Es muy triste, tienes que adaptarte a la mayoría para no ser rechazado. Estás sometido. Eres tú el que tiene que adaptarse, porque ellos son más, son la mayoría. Cuando mi pareja venía a visitarme, decía que era un sobrino", afirma.

A menudo los mayores homosexuales son vistos como degenerados, como viejos verdes, expresión que les resulta demoledora. Sergio, que nunca ha besado a un hombre en público en su vida, asume que esas son las reglas del juego. Y las cumple. "El día que vuelva a entrar en una residencia, mi vida sexual acabará", afirma.

Aquella España "horrible"
Juan Velasco, de 77 años, echa la vista atrás y lamenta cómo se ha comportado la España de su juventud con las personas como él: "Era una España horrible para un homosexual, había mucha presión, si te veían un gesto o una prenda de ropa amarilla...".

Juan decidió vivir su vida y no llevar una existencia de cartón-piedra. A su madre, que le pedía que se casara, le dijo: "Mamá, ya soy desgraciado por ser maricón, lo sabes desde que nací, pero no voy a hacer desgraciada a ninguna infeliz". Llegó a pensar en el suicidio "de tanto escuchar eso de: ¡Maricón, maricón!".

Tras tanta calamidad, Juan tiene ahora buenas perspectivas para planificar libremente su futuro. Disfruta de una posición económica desahogada, fruto de años de duro trabajo. Vive solo en Barcelona. En su testamento, deja su piso a la Fundació Enllaç, de la que es patrono, y que proyecta ofrecer pisos de acogida y residencias que atiendan las necesidades de los personas mayores homosexuales.

Formación específica
Fernando Olmedo podría ser un beneficiario de la Fundació Enllaç. Enfermo de sida, sufre constantes depresiones severas, agudizadas desde que su "amigo", como él lo llama, falleció a principios de los 90. Los médicos le dijeron que no podía estar solo, por lo que ingresó en una residencia privada. El ambiente, la soledad, la incapacidad para comunicarse con el resto de residentes lo entristecieron tanto que intentó tirarse por una ventana. Terminó por volver a casa.

Ahora, una cuidadora hace lo que él no puede. Con instrucciones muy precisas, para no repetir su experiencia en la residencia. "Los trabajadores de estos centros deberían tener formación específica para obtener una sensibilidad especial con nosotros", afirma Fernando. Él se siente afortunado por poder pagar una atención personalizada. "Pero no todo el mundo tiene dinero para eso", admite.

A las dificultades de adaptación de numerosos homosexuales en las residencias se suman obstáculos más sutiles, pero igualmente importantes. "A un gay no le suele gustar que le pongan un compañero de habitación, que es lo habitual, y al otro quizás no le gustará tener un compañero gay", señala José Benito Eres, presidente del Grup dAmics Gais, Lesbianes, Transsexuals i Bisexuals.

  • No es país para viejos (sobre todo si son gays)
  • Público, 2009-11-08 # Antonio Avendaño
La izquierda cree que el Estado tiene que ser la familia de los que no tienen familia, mientras que la derecha cree más bien que el Estado debe dejarse de sentimentalismos y limitarse a mandar. Por supuesto, la gente de derechas es tan cariñosa como la que más con sus iguales y conocidos, pero es olvidadiza con los pobres y con los desconocidos. Y si además de pobres y desconocidos son gays, entonces no es sólo olvidadiza, sino directamente implacable.

A la derecha no le gusta que el Estado se gaste el dinero en buenas residencias públicas de ancianos, porque ella suele tener dinero suficiente para pagarse las residencias privadas de sus mayores. De ahí que crea que invertir en eso es tirar el dinero, lo cual no tendría mayor importancia si no fuera porque se trata de ¡¡¡SU dinero!!!

Pero las diferencias entre izquierda y derecha en materia de derechos de los ancianos se diluyen cuando se trata de que el Estado respalde o promueva residencias de ancianos donde gays y lesbianas puedan sentirse cómodos. La izquierda comprende y respeta los derechos de los homosexuales, pero parece hacerlo sólo hasta cierto punto y, sobre todo, sólo hasta cierta edad. Este, pues, no es país para viejos, y menos aún para viejos gays.

El problema es de conciencia, pero también de visibilidad. La vejez gay es invisible, tal vez porque se avergüenza un poco de sí misma, atrapada ella también en ese culto pueril a la juventud que hace de todos nosotros unos majaderos que se comportan como si la vejez y la muerte fueran algo que sólo les ocurre a los otros. Más nos valdrá a todos que el Estado esté ahí cuando llegue la hora. O como diría melancólicamente Juan Marsé, cuando "aquel muchacho" se haya convertido en "esta sombra".

2009/11/05

> Iritzia: Antonio Moraleda > VIH Y VEJEZ

  • VIH y vejez
  • La República Chueca, 2009-11-05 # Antonio Moraleda
Hace 8 años tuve SIDA en un estado muy avanzado y posiblemente 20 años que fui infestado del VIH, cuando seguramente había cumplido los 45 años, soy pues una persona de edad avanzada. Desde entonces y una vez recuperado de la fase SIDA que duró tres o cuatro meses, mi vida que espero dure aún muchos años volvió a una normalidad completa incluida la actividad sexual que naturalmente ha ido teniendo una intensidad decreciente.

Quiero pues trasmitir un primer mensaje “La infección por VIH no constituye una sentencia de muerte ni a corto ni a medio plazo” a lo que debe añadirse que los continuos avances científicos, el continuo aumento de los fármacos disponibles, no solo para el tratamiento directo de la infección sino también para posibles complicaciones, la mejor preparación de los médicos que nos atienden y el hecho de residir en un país desarrollado que nos proporciona los medios necesarios, nuestra esperanza de vida es próxima a la que sería sin la infección

He dicho que mi vida es normal, me refiero a que no me encuentro limitado en ninguna actividad propia de mi edad y según mis intereses y deseos, pero no significa que me sea indiferente ser seropositivo, algunos cambios importantes si se han producido; tengo una enfermedad crónica, necesidad de una adherencia al tratamiento muy estricta (hasta ahora no difícil) una atención mucho mayor a mi salud, algún cambio de costumbres como la reducción drástica del alcohol, y una mayor vulnerabilidad ya que después del deterioro del sistema inmunológico los CD4 están en torno a 200 en vez de entre 800 y 1200

Mi segundo mensaje es “No permitir llegar a la situación de SIDA” realizar las pruebas que sean necesarias para detectar la infección antes de tener efecto irreversibles

Antes de mi tercer mensaje quiero añadir algunas consideraciones:

En primer lugar que a pesar de los avances científicos aún no parece existir ningún desarrollo o estrategia de investigación que permita vislumbrar la curación ni siquiera para las personas jóvenes (por supuesto no es imposible) por lo que se trata de un problema que debemos considerar crónico.

Esta necesidad de mantener la cantidad de antiretrovirales en sangre a un nivel dado, obliga a una adhesión a los tratamientos que resulta siempre muy pesada y según el tipo que vida que se lleve puede ser realmente difícil.

Al tratarse de una enfermedad cónica el número de personas afectados somos una cifra acumulativa, por tanto creciente y seguirá siéndolo durante muchos años incluso si el número de nuevos infectados es descendiente y parece ser que ha dejado de serlo. Por tanto cada día todos tendremos contactos con más personas afectadas.

El número de personas portadoras de VIH no es muy conocido por el simple hecho de que muchas personas no saben si lo son, yo mismo he estado 10 o 12 años ignorándolo.

La discriminación de la sociedad no presenta muchos signos de disminuir ocasionando daños no solo psicológicos (difíciles de evitar) sino reales en múltiples terrenos como los educativos, financieros (dificultada de obtener prestamos) de seguros y por supuesto laborales.

No quiero alargar este artículo por lo que no voy dar detalles específicos, pero tengo que explicar al menos un poco mi afirmación de que nuestra esperanza de vida es próxima a la que sería sin la infección.

La salud de cada uno es diferente y sobre estas diferencias han de actuar el VIH, los fármacos, el estilo de vida y la edad. Ha pasado más de una década desde la puesta en marcha de las terapias TARGA y ya existe información de sus efectos.

El virus por si mismo y la toxicidad de los fármacos constituyen un problema adicional en el desarrollo de una vida sana, tienen efectos negativos que pueden ser importantes en nuestro metabolismo, en la aparición y desarrollo de enfermedades del corazón, de huesos, riñón o del hígado, el riesgo de algunos cánceres en hombres se estima es 2 a 3 veces superior a lo normal y además afectan a las funciones cognitivas y otros trastornos mentales. Otros problemas como la coinfección con hepatitis B y C, o estilos de vida con consumos de alcohol, tabaco o cocaína pueden potenciar estos efectos negativos afectando a la duración y la posible calidad de nuestras vidas.

Mi tercer mensaje “Evitar la infección”.

2009/10/05

> Erreportajea: Adinekoak > LA ACEPTACION MAYORITARIA HACIA GAYS Y LESBIANAS NO ALCANZA A LAS PEROSNAS MAYORES

  • La aceptación mayoritaria hacia gais y lesbianas no alcanza a los mayores
  • Muchos ancianos esconden su realidad homosexual para no tener que dar explicaciones cuando llegan a una situación de dependencia
  • La Vanguardia, 2009-10-05 # Ana MacPherson . Barcelona
La amable auxiliar le preguntó con cariño "¿Y su esposa?". No tiene. "¿Y tiene hijos?". Tampoco tiene. Cuando era joven cortó con la familia por lo que entonces se llamaba ser marica, algo que estaba perseguido por su peligrosidad social. Luego, la sociedad se fue abriendo. Ahora los gais y las lesbianas se pueden casar, formar familias, criar hijos, cobrar pensiones de viudedad. Hay un respeto legal y social. Pero al llegar a la residencia, algunos ancianos y ancianas no se sienten con fuerzas para explicar todo eso a la amable persona que les atiende, y a la que no se le pasó por la cabeza que el abuelito podía ser gay o la abuelita lesbiana. Y ellos callan. Y vuelven al armario.

En el caso de una pareja de señoras octogenarias, la vida discurrió sin muchos sobresaltos. Vivieron juntas durante decenas de años con discreción. Una cuidó de la otra, con alzheimer, pero tuvo la mala pata de romperse el fémur, algo muy común a esa edad. Y la llevaron al hospital, y a su compañera, a una residencia bajo la tutela de servicios sociales, porque había que hacerse cargo de ella. "Al volver a casa, la mujer cuidadora intentó recuperar a su compañera enferma, volver a ocuparse de ella, pero ¿quién es ella para tutelar los intereses de esa mujer con alzheimer? No es nada suyo. Y se quedó sola, sin ella. No quiere ir dando explicaciones de su vínculo, de su vida en común", cuenta Daniel Gabarró, de la Fundació Enllaç, entidad desde la que se pretende dar amparo a estas situaciones y prevenirlas.

La aceptación social de la diferencia –la de ser gay o lesbiana, menos la de ser transexual– es mayoritaria y creciente. En ciudades como Barcelona, una de las cinco ciudades del mundo gay friendly, amable desde el punto de vista gay, se puede ir de la mano sin problemas, y barrios tradicionales como el Eixample o Gràcia son preferentes para buscar piso, comprar o divertirse entre el colectivo gay. Más del 80% de los barceloneses ha tenido contacto con alguna persona gay o lesbiana, y al 63% no le molestaría que sus hijos o nietos tuvieran esa opción sexual. Esa es la postal. Pero según han detectado en el estudio Transitant per les fronteres del gènere, del Institut de Govern i Polítiques Públiques de la Universitat Autònoma de Barcelona, "hay cierta geografía de la homofobia: una gran parte de los encuestados reconoce que ante una familia con niños en según qué zonas se suelta de la mano", explica el sociólogo Gerard Coll, uno de los autores. "El espacio público en general no es neutro, es hetero, y entre los encuestados homo, un tercio asegura que no tiene ningún problema en la calle, otro tercio dice que ha sufrido alguna vez miradas despectivas, amenazas o incluso agresiones, y otro tercio dice que no pasa nada porque se esfuerza en que no se note. Homofobia interiorizada".

En torno a los mayores, "se enciende una luz roja", reconoce Jordi Valls, director del plan municipal para el colectivo LGBT (siglas de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales). Por eso, el Ayuntamiento y las organizaciones relacionadas con ese colectivo inauguran ahora un debate para ver qué hay que hacer. Las luces rojas también avisan de otros grupos vulnerables: adolescentes y transexuales.

Simplificando mucho, en el caso de los mayores, una de la opciones es preparar a todo el personal que trata con personas dependientes y ancianos para que tenga en cuenta ese vector social que se les había escapado. En la Fundación Guttmann, de larga experiencia en grandes dependientes, reconocen que nunca lo han planteado como problema. Pero creen haberlo hecho bien porque el trato suele ser personalizado, lo que les permitió preguntar a un paciente transexual si prefería compartir habitación con un hombre o con una mujer.

La otra opción es crear espacios (residencias, pisos asistidos y otros servicios) abiertamente friendly. Esa ha sido la elegida por una inmobiliaria que ha construido un edificio de apartamentos sólo para gais mayores de 55 años en Torremolinos; o la de una mutua de asistencia sanitaria catalana que, bajo mano, se da a conocer ofreciendo un cuerpo médico al que un gay o un transexual puede acudir sin turbarse.

La duda que subyace es si es mejor tener servicios y espacios segregados, para asegurar que se podrá vivir con naturalidad tal como uno es, o fomentar la igualdad para que todas las variables sociales se tengan en cuenta y los atendidos no tengan que pasar vergüenza ni dar explicaciones. Para los movimientos más combativos, la segregación supone a menudo el fomento de estereotipos (gay rico, gran consumidor, joven, cuidado) y un no avanzar socialmente en igualdades. Para otros, los espacios preservados son un alivio mientras llega la utopía.

2009/07/15

> Berria: Bestelakoak > MUERE LA MUJER QUE FUE MADRE A LOS 67 AÑOS

  • Muere la mujer que fue madre a los 67 años
  • Ha fallecido a los 70 años víctima de un cáncer
  • Público, 2009-07-15
Carmen Bousada de Lara ha fallecido. Este nombre, en principio desconocido, esconde a la mujer que en 2006 llenó portadas y titulares. Esta gaditana, que ha fallecido a los 70 años víctima de un cáncer, dio a luz a dos gemelos el 29 de diciembre de ese mismo año cuando ella tenía 67 años. Se convertía así en la madre más longeva del mundo gracias a un tratamiento de fertibilidad en Los Ángeles; desbancando a la rumana Adriana Iliescu, que fue madre un año antes siendo 130 días más joven.

La información de su fallecimiento, publicada por el Diario de Sevilla, deja tras de si un debate sobre el hecho de que una mujer de tanta edad tenga hijos. Sus gemelos se han quedado huérfanos tras la muerte de Carmen a causa de una enfermedad que le fue diagnosticado al poco de convertirse en madre."Creo que todas las mujeres deberían ser madre en el momento adecuado", afirmaba Bousada poco después de alumbrar a los dos pequeños mediante cesárea. "Quizás las cosas no deberían haberse hecho de una determinada manera, pero ésa era la única forma de lograr lo que yo siempre he soñado y lo hice" reflexionaba.

Récord Guinnes
El caso de la gaditana apareció en multitud de medios de comunicación, con repercusión internacional. Hasta tal punto que que se conviertió en portada del periódico sensacionlista británico News of the World, que dio una entrevista en exclusiva a propósito de su récord. Sus gemelos, Pau y Christian, nacieron en Barcelona. La polémica creció en el momento en que Carmen confesó que había mentido a la clínica, puesto que el límite legal para someterse a un tratamiento de fertibilidad era inferior a su edad.

2009/03/09

> Berria: Hiesa > A LA VEJEZ... VIH

  • A la vejez... VIH
  • Los fármacos para la disfunción eréctil han extendido la vida sexual de los mayores. Al aumentar la sexualidad, también se incrementa el riesgo de contraer el VIH. Más casos a partir de los 50
  • El Mundo, 2009-03-09 # Isabel F. Lantigua • Madrid
Cuando a la abogada brasileña Beatriz Pacheco sus médicos le preguntaron si podían hacerle la prueba del VIH, después de llevar un año sintiéndose mal, ella se rió. Una mujer de su edad -cerca de los 50- y felizmente casada no podía estar infectada. Error. El test dio positivo. Su segundo marido, que había muerto de hepatitis y había recibido muchas transfusiones de sangre le transmitió el virus. Superada la sorpresa inicial, Pacheco descubrió que "hay muchas personas mayores con VIH, un hecho que nunca mencionan las campañas ni las estadísticas oficiales".

La historia de esta letrada, que recoge el último boletín de la Organización Mundial de la Salud (OMS), es un ejemplo de una nueva realidad que preocupa a los expertos: el aumento de infecciones por VIH entre la población mayor de 50 años. Aunque tradicionalmente quedan fuera de las encuestas y de los estudios que se realizan sobre la epidemia, la OMS y ONUSIDA estiman que un 25% de los nuevos casos se registran en este grupo.

Un virus más joven que ellos
Por si fuera poco el susto de 'pillar' una infección que en su juventud no conocían (el virus de la inmunodeficiencia humana se descubrió hace 28 años), los especialistas del Departamento de VIH de la OMS explican además que los riesgos de contraer el virus a una edad avanzada son mayores que si se adquiere en la juventud, ya que a partir de los 50 la infección progresa más rápidamente a sida, la esperanza de vida se reduce y las complicaciones propias de la enfermedad se agravan por los achaques típicos de la edad.

Pero, ¿a qué se debe este aumento de casos en la madurez? Aunque los expertos sólo pueden hacer conjeturas, ya que no hay estudios específicos sobre el tema, creen que es una combinación de varios factores. Al hecho de que la terapia antirretroviral haya mejorado y extendido la vida de los seropositivos, que ya no se mueren como al principio de la epidemia, hay que añadir que los fármacos para la disfunción eréctil han permitido que estas personas recuperen una segunda juventud sexual y sean más activos bajo las sábanas. Es decir, ahora viven más personas con VIH y también hay más ciudadanos sexualmente activos durante más tiempo, por lo que el virus tiene más facilidades para propagarse.

Asimismo, la mucosa vaginal se estrecha con el paso de los años, lo que favorece que las mujeres sean más sensibles a la infección. "En cualquier caso, se trata de una realidad sin explorar y que debemos investigar a fondo para realizar las intervenciones pertinentes", declaran desde la OMS.

El condón no tiene edad
Desde que Beatriz Pacheco descubrió su estado -allá por 1997- no ha dejado de trabajar como activista para concienciar a la población madura de la importancia de protegerse en las relaciones sexuales. Tanto que su empeño y el de otras organizaciones lograron que el año pasado, por primera vez, el Ministerio de Salud de Brasil lanzara una campaña destinada a los mayores con el eslogan: 'El sexo no tiene edad. La protección, tampoco'.

"En Brasil y muchos otros países existe un gran prejuicio relacionado con la edad y la sexualidad. Muchos creen que las personas mayores no son sexualmente activas y consideran que el sida es una enfermedad relegada a los jóvenes", explica en el boletín de la OMS Ivo Brito, consejero del programa brasileño de Enfermedades de Transmisión Sexual y VIH del Ministerio de Salud.

Este especialista también apunta a los fármacos para la disfunción eréctil como una posible causa del aumento de infecciones de VIH, aunque no existe ninguna evidencia científica que relacione uno y otro. "El caso es que las personas mayores fueron sexualmente activas en un mundo en el que no existía el sida y ahora han recuperado el vigor sexual en un momento donde la enfermedad es una auténtica epidemia. No están acostumbrados a utilizar el preservativo y, por eso hay que insistir en recordárselo", apunta Brito.