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2009/11/20

> Berria: Erlijioak > UNA IMAGEN DE LA VIRGEN DEL CARMEN PUSO EN PELIGRO A LOS SECUESTRADOS DEL ALAKRANA

  • Una imagen de la virgen del Carmen puso en peligro a los secuestrados
  • El Periódico de Catlunya, 2009-11-20
Los piratas que asaltaron el Alakrana tiraron al mar una imagen de la virgen del Carmen que la tripulación, como suele ser habitual entre marineros, llevaba a bordo. Así lo afirma el patrón de la embarcación, Ricardo Blach. Asegura además que, tras lanzar al agua la figura religiosa, uno de los corsarios le explicó que si hubieran sido capturados por otro grupo de bucaneros tal vez hubieran pagado con su vida llevar esa provocación en el pesquero.

«Todos los barcos tienen a bordo una virgen del Carmen, pienso yo. La han cogido y la han tirado al agua», añadió el patrón. Blach admitió que, tal vez, no sea conveniente creerse todas las amenazas que formulan los piratas para amedrentar a los tripulantes, pero en el pesquero y frente a los fusiles todo termina por parecer creíble. «Será verdad o mentira, pero al final deliras», afirmó.

> Berria: Erlijioak > LA VIRGEN, TIRADA AL MAR

  • La Virgen, tirada al mar
  • El Diario Vasco, 2009-11-20 # A.A.
La imagen de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, que llevaban a bordo los tripulantes del Alakrana descansa en el fondo del océano. Los piratas la lanzaron por la borda una vez secuestrado el pesquero, relató ayer el patrón, Ricardo Blach. Pero podía haber sido peor. Los secuestradores advirtieron a los oficiales que, de haber topado con otras de las bandas de piratas que existen en Somalia, «les hubiesen matado» por llevar esta imagen religiosa. «Si os cogen aquellos y os ven esto, os matan», les espetó uno de los cabecillas, en referencia a otro clan, quizá de mayor conciencia islamista radical. Para Blach, fue la puntilla. «Será verdad o mentira, pero después de lo que hemos pasado, ya deliras».

2009/08/20

> Berria: Bestelakoak > LA POLEMICA DEL BURKINI SALPICA EL VERANO DE ITALIA Y FRANCIA

  • La polémica del burkini salpica el verano de Italia y Francia
  • El Confidencial, 2009-08-20 # Carlos Camino
En el verano en el que las francesas decidieron volver a utilizar la parte superior del bikini, Europa no parece preparada para aceptar que las mujeres musulmanas quieran cubrir su cuerpo totalmente a la hora darse un baño. El burkini ha sembrado la polémica en el estío francés e italiano, con cruces de declaraciones en las que aparecen términos como “racismo”, “higiene”, “laicismo” y “libertad”.

El burkini fue un éxito de ventas desde su llegada a los mercados en enero de 2007, de la mano de la diseñadora australiana Aheda Zanetti, que lanzó el modelo a través de su web, Ahiida. No sólo las musulmanas decidieron hacerse con esta prenda, que respeta los cánones del islam en cuanto a la vestimenta de mujeres, sino que cristianas conservadoras, enfermas de cáncer o víctimas de quemaduras también se interesaron por adquirirlo.

El último caso se dio en Verona, donde una mujer que se bañaba en burkini provocó las protestas de varias madres que decían que la bañista, así vestida, “asustaba a los niños”. Ante la solicitud del gerente de la piscina de que le mostrase la etiqueta para ver el tejido del bañador, la mujer abandonó y la polémica estalló.

Según el director del recinto, Cristian Panzarini, en declaraciones recogidas por La Repubblica, él solamente queía saber “si el vestido cumplía los parámetros higiénico-sanitarios, porque hay determinados materiales que pueden usarse y otros no y (…) además, la regla exige que se usen trajes de baño que muestren posibles heridas o enfermedades de la piel”. Sin embargo, más allá de motivos que afecten a la salud, el alcalde de Verona, Flavio Tosi, de la derechista Liga Norte, indicó que si la mujer se quiere bañar así “que se vaya a cualquier mar islámico”, según declaraciones recogidas por Il Corriere della Sera.

La polémica ya se había desatado en Francia el mes anterior. Una mujer musulmana acudió a bañarse con su burkini a una piscina de Emerainville, ciudad al este de París. El primer día funcionó, pero días después no la dejaron alegando que está prohibido bañarse vestido. El alcalde de la población, Alain Keylor se defendió de las acusaciones alegando que “este caso no tiene nada que ver con el Islam, sino con las normas de higiene que no permiten que alguien se bañe vestido”.

¿Racismo, libertad o higiene?
“Hay elecciones, simplemente elecciones de mujeres. Eso es todo”, así defiende el uso del burkini su creadora, en cuya web se ofertan diversos modelos del traje de baño que han dado lugar a la polémica.

La opción de escudarse en la higiene también ha sido utilizada por el alcalde de la localidad piamontesa de Varallo Sesia, Gianluca Buonanno (también de la Liga Norte), pero entremezclada con otros principios. “La vista de una mujer enmascarada podría crear turbación, sobre todo entre los más pequeños, sin hablar luego de los eventuales problemas higiénicos”. Buonanno ha prohibido el uso del burkini so pena de multa de 500 euros en piscinas y riberas del río.

En Francia, el partido en el poder, la UMP (unión por un Movimiento Popular), esgrimió también la defensa higiénica, pero esta vez fue rodeada del espíritu republicano galo. “Apoyamos esta prohibición no sólo en razón de los principios de la higiene, sino también en nombre de los valores de nuestra República”, dijo en un comunicado la diputada de Sena y Marne Chantal Brunel. “Toda comunidad que viva en Francia tiene que adaptarse a sus valores y a las tradiciones laicas”, agregó.

En España, todavía estamos ajenos a esta polémica, pero cuando venga, lo hará envuelta en la necesidad de prohibir también cualquier prenda susceptible de haber sido utilizada en la calle. Una socorrista de una piscina pública madrileña preguntada por El Confidencial dijo que no tenían órdenes de impedir el baño de una mujer con burkini. “Si hay chicos que se bañan en bermudas ¿por qué ellas no?

2009/07/17

> Iritzia: Alaa Al-Aswany > ¿ODIAN LOS OCCIDENTALES EL ISLAM?

  • ¿Odian los occidentales el islam?
  • El tratamiento político y mediático de los musulmanes que se hace en Europa y Estados Unidos está lleno de prejuicios y doble rasero. A ello contribuyen los que hacen una lectura retrógrada de esta religión. Hay que rescatar al islam de todas las tonterías y falsedades con que unos y otros lo han asociado. En contra de la lectura wahabí, la democracia es esencial para el mundo árabe y musulmán
  • El País, 2009-07-17 # Alaa Al-Aswany . Escritor egipcio, autor de El edificio Yacobián / Trad. María Luisa Rodríguez Tapia / © 2009, Shorouk Newspaper. Todos los derechos reservados.
Denny Pattyn es un sacerdote estadounidense un poco especial. En 1996 creó en Arizona un programa llamado El anillo de plata cuyo objetivo fundamental es instar a chicas y chicos a abstenerse del sexo antes de casarse y convencerlos de que el sexo fuera del matrimonio es malo y pecaminoso. Pattyn celebra actos periódicos a los que asisten cientos de jóvenes estadounidenses que leen con él la Biblia y prometen ante el Señor conservar su virginidad para sus futuros esposos. Al final de la celebración, cada joven se coloca en la mano izquierda un anillo de plata que no se quitará hasta que se case. La campaña de Pattyn, que ya tiene un gran número de adeptos en Estados Unidos, se ha marcado el objetivo de obtener las promesas de más de dos millones de seguidores de aquí al próximo año. Su movimiento ha recibido fondos del Gobierno norteamericano.

En la televisión francesa vi un largo programa sobre el reverendo Pattyn, en el que sus seguidores defendían la virginidad como prueba de virtud. Aparecía también un psicólogo francés dispuesto a discutir sus ideas y mostrarse respetuosamente en desacuerdo con ellos. Empecé a pensar: las ideas de Pattyn sobre la castidad coinciden con las de la cultura tradicional arábigo-musulmana y, sin embargo, en la televisión francesa hablan educadamente del reverendo porque es norteamericano, cristiano y blanco. Si un árabe o un musulmán hubiera dicho lo mismo, se habría enfrentado a un torrente de acusaciones -empezando por las de retrógrado, bárbaro- y lleno de desprecio por las mujeres. Como prueban numerosos ejemplos, este doble rasero de Occidente está muy extendido.

Hace poco hubo elecciones en Irán y el vencedor oficial fue el presidente Ahmadineyad. Pero los resultados se pusieron en duda y se oyeron acusaciones de manipulación. Los gobiernos occidentales se alzaron indignados e hicieron declaraciones públicas de apoyo a la democracia en Irán. Y eso me hace preguntarme: las elecciones egipcias están amañadas desde hace muchos años y el presidente Mubarak se ha afianzado en el poder a base de referendos manipulados, así que ¿por qué eso jamás ha provocado la ira de los políticos occidentales? La respuesta es que el propósito de este clamor no es promover la democracia en Irán, sino abochornar a su régimen, que es hostil a Israel y está intentando desarrollar su capacidad nuclear, o sea, que supone una amenaza para el imperialismo occidental. En cambio, el régimen egipcio, a pesar de ser despótico y corrupto, es dócil y obediente, y sus políticas sirven los intereses de Israel y EE UU, de modo que los medios occidentales pasan por alto sus faltas, por espantosas que sean.

Durante las manifestaciones recientes en Irán, la joven Neda Sultan fue abatida por un disparo de origen desconocido y su muerte ocupó los titulares de los medios de comunicación de todo el mundo. A los políticos occidentales les conmovió tanto el fallecimiento de esta joven que el propio presidente Obama, casi con lágrimas, dijo que era un hecho desgarrador. Pocas semanas después, en la ciudad alemana de Dresde, una mujer egipcia llamada Marwa el-Shirbini estaba asistiendo al juicio de un alemán que le había proferido insultos racistas porque llevaba un hiyab. Cuando el tribunal alemán multó al hombre con 2.800 euros por insultarla, el extremista saltó lleno de furia y atacó a Marwa y a su marido con un cuchillo. Marwa murió allí mismo y su marido fue llevado al hospital en estado crítico.

Sin embargo, el asesinato en Dresde de la mujer egipcia con hiyab no rompió el corazón del presidente Obama ni fue objeto de primeras planas en los medios occidentales. La razón es que el asesinato de Neda incrimina al régimen iraní, que es hostil a Occidente, mientras que el asesinato de Marwa demuestra que el terrorismo no es exclusivo de árabes y musulmanes. Un terrorista blanco alemán mata a una mujer inocente a la que no conoce y también intenta matar a su marido simplemente porque ambos son musulmanes y ella lleva hiyab, pero los medios occidentales no están interesados en transmitir esta información. Es decir, Occidente suele adoptar unos puntos de vista y unas políticas que son obviamente hostiles hacia los árabes y musulmanes.

Ahora bien, ¿son los árabes y los musulmanes meras víctimas inocentes de los prejuicios occidentales? Desde luego que no. Para empezar, no podemos utilizar Occidente como un término único. Hay millones de occidentales que no aman ni odian el islam, sencillamente porque no saben nada de él. ¿Y qué sucede con la imagen del islam que transmiten muchos de los propios musulmanes? Si un occidental decidiera descubrir el islam a través de estos musulmanes, ¿qué encontraría? A Osama Bin Laden, que le miraría, como recién salido de una cueva medieval, y anunciaría que el islam le ordena matar a todos los cruzados occidentales posibles, aunque sean civiles inocentes. O leería que el movimiento talibán ha decidido cerrar los colegios para niñas en las regiones que controla con el argumento de que el islam prohíbe la educación de las mujeres porque son deficientes desde el punto de vista intelectual y desde el religioso. Después tendría noticia de declaraciones de quienes se llaman juristas islámicos y dicen que, si un musulmán se convierte a otra fe, el islam le ofrece la elección entre arrepentirse o morir degollado. Algunos de esos juristas también afirman que el islam no reconoce la democracia y que es obligatorio obedecer a un gobernante musulmán aunque oprima y robe a sus súbditos. Dicen que está muy bien que las mujeres se cubran el rostro con el niqab para que los que las ven no se sientan empujados por el deseo sexual a acosarlas o violarlas. Y muchos aseguran que el profeta Mahoma se casó con su esposa Aísha cuando ella tenía nueve años.

El occidental leerá todo eso y no descubrirá la verdad en absoluto. No sabrá que la esposa del profeta no tenía nueve años, sino 19. No sabrá que el islam da a hombres y mujeres total igualdad de derechos y obligaciones. No sabrá que, para el islam, si alguien mata a un inocente es como si hubiera matado a todo el mundo. Y nunca se enterará de que el niqab no tiene nada que ver con el islam, sino que es una costumbre que nos llegó con el dinero del Golfo de una atrasada sociedad del desierto.

El occidental nunca se enterará de que el verdadero mensaje del islam es libertad, justicia e igualdad. Ni de que garantiza la libertad de creencias, es decir, que quienes quieren creer pueden creer y quienes no lo desean no tienen por qué hacerlo. Ni de que la democracia es esencial para el islam, porque un musulmán no puede llegar al poder sin el consentimiento y la decisión de los musulmanes. Después de todo eso, ¿podemos reprochar al occidental que considere que el islam es la religión del atraso y el terrorismo?

El año pasado, me concedieron el Premio Bruno Kreisky de Literatura en Austria y el primer ministro austriaco me entregó el galardón. Yo tenía que pronunciar un discurso con ese motivo y decidí hablar sobre la realidad del islam. Conté a los presentes que el profeta Mahoma era tan afable que, cuando se arrodillaba para rezar, sus nietos Hassan y Hussein solían saltar sobre su espalda para jugar. Él se quedaba arrodillado para no molestar a los niños hasta que terminaban de jugar, y entonces reanudaba sus oraciones. Pregunté al público: "¿Se pueden imaginar que un hombre que interrumpía sus rezos por unos niños defendería asesinar y aterrorizar a gente inocente?". La gente escuchó la historia con interés y muchos subieron después a preguntarme dónde podían encontrar informaciones genuinas sobre el islam.

Es cierto que la política occidental nos trata como pueblos coloniales que no merecen tener los mismos derechos que los ciudadanos de Occidente, y es cierto que sus medios de comunicación están predispuestos en contra de los árabes y los musulmanes, pero también es verdad que la lectura retrógrada del islam que hacen los wahhabíes y que se ha extendido por el mundo islámico ayuda a arraigar una imagen injusta y errónea de nuestra religión. Tenemos la obligación de empezar por nosotros mismos. Debemos rescatar al islam de todas las tonterías, falsedades e ideas retrógradas que se han asociado a él sin ninguna base. La solución es la democracia.

2009/04/30

> Iritzia: Gema Martín Muñoz > EXPULSADOS DE SU PATRIA

  • Expulsados de su patria
  • El País, 2009-04-30 # Gema Martín Muñoz . Directora general de Casa Árabe
En este mes de abril se cumplen exactamente 400 años del decreto de expulsión de los moriscos españoles firmado por Felipe III. Es éste un episodio trascendental en la historia de España, cuya realidad pasada no debe escapársenos para hacer una lectura actual. Aquella experiencia de intolerancia, fanatismo y racismo sociocultural y religioso está escasamente presente en nuestra memoria colectiva e histórica. Por ello, junto a la de los judíos, esta otra expulsión, cuantitativamente mayor pero menos divulgada, ha de ser recuperada para la memoria como algo que nunca debería volver a ocurrir. Este abril de 2009 en que se cumple su IV centenario brinda pues la ocasión para crear una nueva conciencia y sensibilidad sobre esas oscuras páginas de nuestro pasado.

Desde la toma de Granada, la ideología oficial española se vio dominada por la contraposición entre el cristiano y el moro. Lo ajeno se definía como musulmán y extranjero de acuerdo con el concepto de unidad, es decir, homogeneidad cultural y religiosa, que la nueva España católica instauraba. El morisco antes de ser definitivamente expulsado en el siglo XVII fue discriminado y perseguido, o víctima propiciatoria de todos los males que afectaban al país. Como escribía Juan Goytisolo en sus Crónicas Sarracinas, "el enemigo musulmán se convirtió durante siglos en una suerte de revulsivo destinado a cohesionar los esfuerzos de una cristiandad que, en virtud de la cercanía y empuje de aquél, se sentía directamente amenazada".

Descendientes de los andalusíes musulmanes que los Reyes Católicos forzaron a la conversión cristiana para poder seguir viviendo en su país, esta minoría siguió siendo vista con sospecha y definida como "inasimilable". Los moriscos se consideraban a sí mismos españoles en un sentido amplio y profundo, pero la sociedad hizo de ellos una minoría marginada y perseguida porque se dudaba de su fidelidad hispana y sinceridad cristiana. La pervivencia de costumbres, tradiciones, modos lingüísticos y una literatura aljamiada (castellano escrito con grafía árabe), en lugar de considerarse como uno más de los ricos regionalismos culturales existentes en los diversos reinos españoles, se valoró como la expresión de una quinta columna amenazadora y extraña a una españolidad liderada por un aparato represor inquisitorial.

La expulsión no fue un hecho exigido por la dinámica interna de nuestra historia, ni ocurrió como consecuencia de una presunta fatalidad histórica. Fue un acto de odio civilizacional y religioso, liderado por la propia esposa del monarca, Margarita de Austria, algunos consejeros del rey que les consideraban un peligro militar y para la seguridad, por los fanáticos de la pureza de sangre y por ciertas personalidades eclesiásticas, como el arzobispo de Valencia Juan de Ribera, si bien el Papa, Paulo V, no aprobó la expulsión y aconsejó que se continuase su catequización.

Entre las exageraciones de la escuela minimalista y maximalista, la opinión historiográfica más consensuada habla de 300.000 expulsados, más unos 10.000 o 12.000 muertos en el proceso de destierro, lo que equivalía más o menos a un 4% de la población total española. Este porcentaje tenía, además, un gran valor cualitativo porque en su mayoría constituía una población activa muy laboriosa que dominaba como ninguna otra las artes agrícolas, el uso del agua y aportaba importantes dividendos a las arcas estatales y de los nobles terratenientes.

De ahí que las consecuencias demográficas y económicas de su expulsión fueran graves y en algunos casos catastróficas (como en los reinos de Valencia y Aragón, donde constituían la tercera y sexta parte de la población, respectivamente), y en general una pérdida sustancial de vitalidad económica y demográfica para España.

Fue, sin duda, un factor de peso, aunque no el único, en la aguda recesión española del siglo XVII. Esta preocupación material y práctica, junto a otras circunstancias de tipo humanitario, motivó resistencias y desacuerdos con la decisión de la expulsión, dándose intentos de evitarla o no cumplirla. Calcular cuántos se quedaron o incluso volvieron clandestinamente tras la expulsión ha sido muy difícil de evaluar. No obstante, existen fuentes documentales suficientes para considerar que el componente morisco no desapareció en España a consecuencia de la expulsión.

Los moriscos españoles se desperdigaron por el Mediterráneo, e incluso por el continente americano y el África subsahariana (como Yuder Pachá, originario de Almería, y cuya influencia política y cultural llegó hasta Tombuctú), pero donde sin duda se instaló la mayor parte fue en la costa magrebí (Marruecos, Argelia y Túnez). Allí llevaron su rico componente cultural español, su sabiduría agrícola y ganadera, su patrimonio artístico, sus apellidos hispanos, y sus huellas quedan hasta hoy día visibles.

Sin embargo, su adaptación no fue fácil. El desarraigo y las dificultades para acostumbrarse a un mundo muy distinto del que venían les llevó tiempo y esfuerzo. Y no siempre fueron bien recibidos. Ellos eran españoles, y su lengua, costumbres, modo de vida e incluso práctica religiosa (unos se habían convertido en verdaderos cristianos y los que habían conservado secretamente su vínculo con la fe islámica la practicaban de manera más simple o imperfecta) distaban mucho del medio norteafricano al que llegaban deportados.

Una experiencia que, en conclusión, nos muestra el sufrimiento humano que la intolerancia puede generar cuando se esencializa colectivamente, para demonizarlo, a todo un grupo social, étnico o religioso; cuando se le erige en un "otro" global amenazante y se le deshumaniza para poder desembarazarse de él sin preocupaciones éticas ni humanitarias.

Como decía recientemente el escritor José Manuel Fajardo, "el Cuarto Centenario de la expulsión de los moriscos debería jugar el mismo papel que desempeñó en 1992 la conmemoración de la expulsión de los judíos: una ocasión para reconciliar a la sociedad española con su propia Historia" (EL PAÍS, 2 de enero de 2009). Y, más aún, cuando en los momentos actuales se experimenta un proceso creciente de desencuentro entre lo islámico y lo occidental, reproduciéndose estereotipos y prejuicios que recuerdan cómo se construyen discursos en torno a la incompatibilidad, la inasimilación y la amenaza, que después pueden justificar discriminaciones, exclusiones e intolerancias colectivas.

En la actualidad, entre los "miedos sociales" que se han ido extendiendo en los países occidentales la figura del "musulmán" se encuentra como una de las más prominentes. En consecuencia, las opiniones públicas y el sentimiento social se han centrado en la necesidad de defenderse "preventivamente" de la presencia de musulmanes en nuestro suelo.

Así, desde 2002, y de manera creciente, todas las encuestas sociológicas, nacionales e internacionales, muestran un sentimiento de rechazo hacia los musulmanes y una estrecha vinculación entre terrorismo e inmigración musulmana. Un factor muy significativo es el hecho de que los partidos de extrema derecha que se van arraigando en los diferentes países europeos han evolucionado desde sus posiciones globales xenófobas a especializarse en un discurso explícitamente antimusulmán. Con ese discurso promueven los sentimientos islamófobos a la vez que, a diferencia de la xenofobia global, lo filtran con más legitimación social, apoyándose en los prejuicios e imaginarios negativos con respecto al islam y los musulmanes. Los riesgos, pues, de intolerancia colectiva contra la identidad musulmana por lo que es y no por lo que algunos de sus individuos hacen, sin que representen al todo, nos puede llevar a situaciones de exclusión, intolerancia y racismo.

Por ello, nuestros moriscos, y su tragedia, pueden aún rendir un inapreciable servicio simbólico a favor de la recuperación de la memoria y la comprensión de las consecuencias humanas que representan las indeseables demonizaciones colectivas que ha vivido nuestra historia.