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2009/05/02

> Iritzia: Juan Manuel de Prada > REPROBANDO AL PAPA

  • Reprobando al Papa
  • ABC, 2009-05-02 # Juan Manuel de Prada
Esto de que unos tíos que no saben hacer la o con un canuto se pongan a reprobar al Papa tiene un componente desquiciado y chusco que no lograría superar el principado de Andorra si mañana declarase la guerra a los Estados Unidos. Pero estas enormidades han adquirido carta de naturaleza en un mundo que ha perdido el sentido de la proporción; y donde los ineptos se creen con derecho a discutir con el sabio, o mejor dicho, a silenciarlo con sus chillidos. Pues para discutir son necesarias dos personas que aduzcan razones; pero cuando una aduce razones y la otra opone irracionalidad, consignas doctrinarias y aspavientos emotivos, la discusión se hace imposible y al sabio sólo le resta resignarse a que sus palabras sean tergiversadas, acalladas, anatemizadas por el guirigay de los ineptos. Benedicto XVI reclamó una humanización de la sexualidad, que consiste en liberar al hombre de la esclavitud de la promiscuidad, para combatir el mal en sus orígenes; y el Mátrix progre, en lugar de liberar al hombre de la promiscuidad sexual, lo exhorta a entregarse a ella sin recato, regalándole a cambio un condón. Que, una vez usado, deja al hombre a merced de la promiscuidad, o sea, a merced del mal que, según nos asegura, pretende combatir.

Pero el acceso de furia irracional con que el Mátrix progre ha respondido el llamado del Papa a la humanización de la sexualidad nos invita a esbozar aquí una reflexión sobre la dificultad insalvable que constituye tratar de afirmar la verdad profunda de las cosas, en una época que ha renunciado a la posibilidad del conocimiento, enfangada en un lodazal en el que sólo triunfan el embrollo y la desintegración de la razón. El Mátrix progre ha destruido la razón como guía de la acción humana, como motor de su voluntad; y cuando la voluntad humana se gobierna por el puro instinto, el mismo hombre ha sido destruido; esto es, animalizado. En esta coyuntura, la incomprensión con que han sido acogidas las declaraciones del Papa me recuerda dolorosamente aquel pasaje evangélico (Jn 18) en el que, llevado al pretorio, Jesús conversa con Pilato; basta con que veamos en Jesús, varón de dolores, a la Iglesia de la que Benedicto XVI es cabeza visible, y en Pilato al mundo. Benedicto XVI se esfuerza por entablar diálogo con el mundo, usando su mismo idioma, en busca de semillas de verdad: «Para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad; todo el que es de la verdad escucha mi voz». A lo que el mundo responde con arrogante indiferencia, incapaz de entender un lenguaje que apela a la razón: «¿Y qué es la verdad?». Y, ante el escepticismo de Pilato, Jesús calla, mientras crece el clamor rabioso de la multitud: «¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!».

Y en esas estamos. El Papa, en una carta reciente a los obispos transida de dolor, constataba que «la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento»; y añadía: «El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto». En la reacción furibunda del Mátrix progre ante las declaraciones de Benedicto XVI sobre la humanización de la sexualidad descubrimos la falta de orientación de un mundo que ya no se esfuerza por entender sus palabras, que ya ni siquiera las puede entender, porque le falta la luz que viene de lo alto. Es un signo escatológico clarísimo; y aceptando convertirse en diana del escarnio y la calumnia furiosa -en este contexto debemos situar este intento chusco de reprobación de los ignaros-, Benedicto XVI, varón de dolores, está preparando a los cristianos para afrontar la Cruz. Así de duro y así de simple: «Ecce Homo».

2009/03/20

> Berria: Hiesa > JUAN MANUEL DE PRADA: "LOS REPARTIDORES DE CONDONES SON LOS QUE CREAN EL SIDA"

  • “Los repartidores de condones son los que crean el SIDA”
  • Apuntó Juan Manuel de Prada, en el programa El Gato al Agua
  • Alba Digital, 2009-03-20 # Sonsolos Calavera
A pesar de no ser, ni de lejos, tema central del mensaje del Papa en África, uno de los temas que más ha centrado el interés de los medios de comunicación en torno al viaje de Benedicto XVI, han sido las palabras que pronunció sobre la postura de la Iglesia en la lucha contra el SIDA.

En sus declaraciones a la prensa en el vuelo a Camerún subrayó la eficacia de la Iglesia al combatir esta enfermedad: “Pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos… Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios -afirmó-. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. Y explicó que la solución puede encontrarse en un doble sentido: “El primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humana que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante”, añadió.

Un día después de que el Papa manifestara esta postura, -siempre clara en este sentido- de la Iglesia, el ministerio de Sanidad respondió en España anunciando que enviará “un millón de preservativos a África para luchar contra la progapagación del virus del sida”, según reza una nota de prensa que publicó el departamento dirigido por Bernat Soria. El envío costará 120.000 euros que saldrán de los fondos del Ministerio. El anuncio de Sanidad estuvo acompañado de una petición al Vaticano para que rectifique. “Su Santidad el Papa está muy mal aconsejado. Debe entonar el ‘mea culpa’ porque al hablar de esta forma está dando un mensaje contrario a la evidencia científica”, pidió ayer el secretario general del Ministerio, José Martínez Olmos.

Lo que dice la ciencia
Sin embargo, el doctor Pablo Barreiro, adjunto del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Carlos III de Madrid sostiene que la campaña masiva de uso de preservativos sólo consigue agravar el problema. Respecto al envío del gobierno de España considera que “eso se llama tirar el dinero. Sólo lo van a usar 20 de cada 100″. Y es que asegura que el 80% de los africanos rechazan los preservativos por razones culturales. “El mensaje que se transmite con las campañas de fomento del preservativo es que el sexo es para jugar. Y lo que se consigue es aumentar el consumo de sexo, sabiendo que no van a usar esa medida que se propone”, aclara.

En África hay unos 25 millones de infectados y tasas de infectados de entre el 20 y 30% en algunos países. Pero, como explica a ALBAdigital, en Uganda, y en otros países desde hace unos quince años, se ha extendido todo un movimiento social en defensa de una sexualidad responsable basada en promover el ABC, que ha dado muy buen resultado. Se trata de promover en primer lugar la abstinencia o el retraso de las relaciones sexuales sobre todo en los jóvenes, la fidelidad entre las personas con pareja y en tercer lugar, el preservativo para personas con conductas de riesgo. “A los adolescentes se les habla de abstinencia y no se comete la barbaridad de empezar a hablarles de preservativos -subraya-. No se trata de café para todos, sino de adaptar el mensaje”. El resultado de esta estrategia es que alrededor de 1990 en Uganda, la prevalencia estimada del SIDA alcanzó un máximo del 20% de la población. Ahora está entre el 6 y el 7%, y Uganda se ha convertido en modelo de prevención del SIDA para los demás países africanos. “Desde el año 90 se ha visto una reducción muy marcada en los nuevos casos de infección por VIH”, señala.

La medida más eficaz
El doctor Barreiro considera que la educación de la población en la sexualidad responsable es lo más importante. “O se le da un sentido humano de relación con el otro, de expresión de amor y transmisión de vida o si no es así es difícil que se actúe responsablemente. El reto es recuperar los valores profundos de la sexualidad que nuestra sociedad ha mancillado. El sexo se ha convertido en puro placer, y si se vende como algo puramente lúdico. Educación y recuperar los valores profundos de la sexualidad es la mejor forma de prevención del sida”.

Este tema fue motivo de debate también en el programa El Gato al Agua. Allí, el escritor Juan Manuel de Prada recordó que la Iglesia es la que está con los enfermos de Sida en África. Y aclaró que “el Papa lo que ha dicho, a es que hay que humanizar la sexualidad, y para eso, la Iglesia lo que lleva diciendo siempre es que es algo que está íntimamente vinculado a la expresión de la afectividad. Y cuando dice que el condón no es la solución, es algo que es muy evidente -insistió-. Es como si a la gente le dices: ‘Prende fuego al bosque y vete con extintor, que no te pasa nada’. La dura realidad y lo vemos aquí en España es que cada vez se hace más propaganda del condón, se trivializa la sexualidad, y cada vez hay más embarazos no deseados, más abortos… Y la mejor prueba es que en los países africanos donde la Iglesia tiene más arraigo es en los países donde menos sida hay. Los repartidores de condones son los que crean el SIDA”, concluyó.

2009/01/04

> Iritzia: Juan Manuel de Prada > DERECHOS HUMANOS (Y II)

  • Derechos Humanos (y II)
  • XLSemanal, 2009-01-04 # Juan Manuel de Prada
Occidente –observábamos en un artículo anterior, a la vez que reclama el cumplimiento de los derechos humanos a otras naciones, se niega a definir objetivamente el contenido de tales derechos; se niega, incluso, a reconocer la existencia de una «naturaleza humana». Los redactores de la Declaración consideraban que la igualdad es la idea central del Derecho; y, aceptado que todos los seres humanos son iguales por naturaleza, se aceptaba que la naturaleza humana tiene algo que puede conocerse y que siempre y en todo lugar es lo mismo. Pero hoy se desprecia la idea de que exista una naturaleza humana y de que se la pueda conocer a través de la razón. Se defiende, a cambio, el constructivismo, que no es específicamente una ideología política (aunque tiene implicaciones políticas: del constructivismo nace, por ejemplo, la ideología de género, omnipresente en el bodrio llamado Educación para la Ciudadanía), sino más bien una postura relativista extrema, según la cual cada individuo puede configurar a su antojo su propia naturaleza, liberándose de supuestos roles culturales y sociales.

Si los derechos humanos pueden ser modificados por conveniencia política o interés particular, ¿cómo podemos esgrimirlos como modelos para otros? En una sociedad multiétnica y plurirreligiosa, la única base para los valores comunes reside en los derechos humanos; si estos derechos no se definen de manera clara, caeremos en un estado de anarquía ética. Pero hoy nos hallamos inmersos en un proceso feroz de redefinición de los derechos humanos. Así, por ejemplo, el «derecho a la vida», piedra angular de la Declaración, se conculca a través de códigos legales que admiten el aborto. El derecho al matrimonio «para todo hombre y mujer» que se contiene en la Declaración se desvirtúa mediante la legalización de matrimonios de igual sexo. El derecho del niño a conocer a sus padres naturales y a ser criado por ellos (o, en su defecto, por los padres adoptivos que restauran sus vínculos de filiación) se conculca cuando los niños ‘nacen’ de donantes anónimos. La Declaración proclama el derecho de la madre y el hijo a recibir una protección social especial, pero la maternidad es fuente de discriminación en los mercados laborales. También proclama, en fin, el derecho a practicar la religión de forma pública, pero el laicismo rampante está obsesionado en relegar su práctica a esferas privadas. Y así podríamos seguir, hasta comprobar que no hay derecho humano que no esté siendo desnaturalizado.

Vemos, pues, cómo triunfa el subjetivismo más absoluto –por no decir el nihilismo– en la configuración de los derechos humanos. Puesto que no hay naturaleza humana precisa, tampoco puede haber derechos humanos precisos, de modo que serán los que determinemos en cada momento, como resultado de un proceso político. Quienes propugnan una definición objetiva de los derechos humanos son tachados de fundamentalistas; y, puesto que no hay un modelo para definir el derecho, el poder mismo se convierte en derecho. Ya no hay una racionalidad ética; es el voto de la mayoría el que en cada coyuntura determina lo que es justo o injusto. Nos hallamos, en definitiva, ante la emergencia de un nuevo totalitarismo, aunque esta vez –a diferencia de los totalitarismos clásicos, tan ceñudos y despóticos– se disfrace de aritmética parlamentaria y filantropía. La satisfacción de apetencias, anhelos, pulsiones, incluso caprichos, convenientemente disfrazada con los ropajes de la emotividad, se erige en coartada para la formulación de nuevos derechos. De los cuales, además, quedan excluidos los nonatos, los ancianos, los enfermos, porque son débiles; esto es, ‘menos humanos’.

Esta desnaturalización de los derechos humanos es, en el fondo, el triunfo de un nominalismo radical. No puede haber –se nos dice– conocimiento de la esencia de las cosas sino a través del nombre que les asignamos. Basta, pues, que cambiemos el nombre de las cosas para que las cosas que existían dejen súbitamente de existir. ‘Familia’, por ejemplo, ya no significa nada en sí mismo, sino lo que nosotros queramos designar como tal. Y el aborto, que antes considerábamos un crimen execrable, podemos configurarlo como sacrosanto derecho, si nos conviene. Terminaremos como empezábamos, citando la Política de Aristóteles: «Las verdaderas formas de gobierno son aquellas en las que el individuo gobierna con la aspiración del bien común; los gobiernos que se rigen por intereses privados son perversos». Y pervierten todo lo que tocan, empezando por los derechos humanos.